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Dos días de lluvia

Juan Carlos Cilveti Puche | 29 de marzo de 2016 a las 9:40

Superada la Semana Santa y los sempiternos problemas meteorológicos, hoy les comentaré dos sucesos portuarios relacionados con la lluvia. Y si bien muchas de las operaciones  habituales que se realizan a pie de muelle se ven afectadas cuando las nubes deciden descargar, en algunas ocasiones, el agua caída del cielo ha tomado un protagonismo especial que ha afeado determinados actos más o menos solemnes realizados en los muelles malagueños.

Con motivo de la inauguración del Museo Picasso, el 27 de octubre de 2003, a bordo del buque escuela Juan Sebastian de Elcano, llegaban a Málaga los reyes de España para sellar con su presencia la apertura de esta pinacoteca. Bajo una intensa lluvia, el velero de la Armada española atracaba en el muelle número dos, y la recepción programada en los adoquines portuarios, quedaba cancelada por fuerza mayor.

Varios años más tarde, otro barco de la Armada afrontaba una circunstancia similar. El  20 de marzo de 2008, el transporte de tropas Contramaestre Casado A-01 llegaba a aguas malacitanas para desembarcar a los legionarios del 4º tercio Alejandro Farnesio que, cumpliendo su tradicional cita anual, debían desfilar por las calles en un cortejo procesional. Tras quedar atracado en el muelle 3-A1, el buque, que había cumplimentado toda su maniobra sin la habitual presencia de las tropas cantando en cubierta, debido a una intensa tromba de agua, anulaban la ceremonia de desembarco, y los legionarios, sin poder desfilar tras poner pie en tierra, se subían a unos autobuses para desplazarse a la iglesia de Santo Domingo.

Dos jornadas que ya forman parte de la reciente historia portuaria malacitana y en que la lluvia tomó un muy especial protagonismo.

OLYMPUS DIGITAL CAMERATransporte de tropas CONTRAMAESTRE CASADO atracando bajo la lluvia.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 29 de marzo de 2016.

Balcones de primera en la Semana Santa de 1925

Juan Carlos Cilveti Puche | 31 de marzo de 2015 a las 8:44

La Semana Santa de 1925, se estrenó con la primera salida a la calle de la por entonces denominada cofradía de la Sagrada Cena Sacramental de Nuestro Señor Jesucristo. Este hecho, junto con el aumento de los precios de los alquileres de los balcones que ya por entonces se rentaban para ver los desfiles procesionales en la calle Larios, se vio reflejado en una curiosa circunstancia marítima.

A la cuatro de la tarde del 5 de abril (Domingo de Ramos), el buque de la Compañía Trasatlántica Española Infanta Isabel de Borbon fondeaba en la dársena de Guadiaro. Realizando su habitual escala mensual en aguas malacitanas, este vapor, que llegaba procedente de Almería, cubría la llamada Línea de Buenos Aires o del Plata; una ruta regular que saliendo de Barcelona paraba en los puertos de Almería, Málaga, Cádiz, Tenerife-Las Palmas, Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires.

Construido en los astilleros William Denny & Bros. en la localidad escocesa de Dumbarton, el Infanta Isabel de Borbon fue entregado a la Trasatlántica a principios de 1913, siendo en aquellos momentos junto a su gemelo el Reina Victoria Eugenia, el buque de pasaje más moderno y equipado de toda la flota española. Con 10.348 toneladas de registro bruto y 145 metros de eslora, este vapor propulsado por tres hélices fue calificado por los cronistas de la época como “un canto de cisne”; un apelativo que hacía referencia a sus lujosos interiores donde se combinaban los estilos Imperio y Luis XVI con suntuosas telas de la Real Fábrica de Tapices de Madrid.

Dedicado en exclusividad a la ruta sudamericana, el Infanta Isabel de Borbon, tras haber navegado con cuatro clases diferentes: primera, segunda, tercera preferente y emigrante, a principios de los años veinte redujo su acomodación a tres categorías, pudiendo embarcar a un total de 1.008 pasajeros.

35-IIB-lipct19-jpegVapor de la Compañía Trasatlántica Española INFANTA ISABEL DE BORBON.

Pero regresando a la escala malacitana de este buque en abril de 1925, momentos después de finalizar el fondeo en la dársena de Guadiaro, unas barcazas iniciaban la carga de unas mercancías que debían viajar a Argentina. Mientras esto ocurría, José Luís Duarte, el consignatario de la Compañía Trasatlántica en Málaga se reunía con el capitán del vapor para ultimar los detalles de una actividad que se había preparado para los pasajeros de primera.

Teniendo en cuenta que las paradas de los buques de esta naviera en el puerto malacitano duraban habitualmente ocho horas, el señor Duarte, tras telegrafiar días antes a las oficinas centrales de la compañía, ofreció la posibilidad de que los 53 viajeros que ocupaban los camarotes más pudientes del Infanta Isabel de Borbon pudieran ver el desfile procesional de la Sagrada Cena desde varios balcones de calle Larios.

Tras celebrarse a las seis de la tarde una merienda especial a bordo (de ésta también participaron en sus respectivos comedores los 94 pasajeros de segunda y los 374 que navegaban en tercera), los viajeros de primera clase acompañados de varios oficiales del buque y el consignatario desembarcaron para ver la procesión.

Y aunque la hora límite para regresar al barco eran las 23:00 (el Infanta Isabel de Borbon debía salir a las doce de la noche), el selecto grupo de viajeros no llegó a bordo hasta las 00:30, una circunstancia que motivo por el que el vapor de la Compañía Trasatlántica Española saliera de Málaga a las dos de la mañana, hora en la que según las crónicas de la época se encerró en la iglesia de la Victoria el cortejo procesional de la Sagrada Cena Sacramental de Nuestro Señor Jesucristo.

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Cartel de la Semana Santa de 1925.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” 31 de marzo de 2015.

Un crucero de selectos turistas castellanos

Juan Carlos Cilveti Puche | 19 de abril de 2011 a las 8:43

El 17 de abril de 1930, Jueves Santo, quedaba atracado el INFANTE DON JAIME que coincidió en el puerto con el REINA VICTORIA donde llegaron los primeros legionarios para desfilar en la Semana Santa.

Lo que hoy les contaré, además de ser una peculiar historia marítima,  enlaza a la perfección con mi muy personal teoría de que la Semana Santa malagueña; ni en el pasado ni en la actualidad, se ha promocionado con vistas al mercado de turistas que llegan a Málaga por mar.

A primeras horas de la mañana del jueves 17 de abril de 1930, quedaba atracado en el muelle de Guadiaro (el número dos), el buque de la compañía Trasmediterránea Infante Don Jaime.

Realizando un viaje turístico, este moderno buque de 3.946 toneladas de registro bruto y 101 metros de eslora, que había sido botado en los astilleros italianos Cantieri Navale Triestino de Monfalcone en junio de 1929, y entregado a la compañía Trasmediterránea en agosto de ese mismo año, llegaba por primera vez al puerto de Málaga.

Procedente de Alicante y con 195 turistas de nacionalidad española a  bordo (curiosamente el cronista de la época calificaba a estos como “un ramillete de distinguidas personalidades de los más ilustres apellidos castellanos”), el Infante Don Jaime, era recibido como  por entonces era costumbre recibir a los buques que con turistas visitaban por primera vez al puerto malagueño.

Infante Don Jaime blog

INFANTE DON JAIME

Mientras se realizaban las pertinentes formalidades tras finalizar la maniobra atraque, el señor don José Pérez Asensio, delegado de la compañía Trasmediterránea en Málaga, subía al barco para saludar al capitán. Una vez concluido el trámite, y después de ultimar algunos detalles de la recepción que horas más tarde se realizaría a bordo,  se iniciaba la carga de diversos suministros. Entre otras cosas, las plumas del Infante Don Jaime  embarcaban un variado cargamento de fruta fresca.

A las once de la mañana, coordinado por diversos empleados de la oficina malagueña de la Trasmediterránea, comenzaban a desembarcar los pasajeros; los cuales, repartidos en dos grupos: unos a pie y otros en coches de caballo, iniciaban un recorrido turístico. Tras conocer los lugares más típicos de la ciudad, los pasajeros del Infante Don Jaime, invitados por la delegación en Málaga de la compañía propietaria del barco, disfrutaban de un refrigerio en un “elegante salón de comidas del centro de la ciudad”.

Finalizado el almuerzo, la gran mayoría de los turistas castellanos asistían a los oficios religiosos; y ya de camino al puerto, realizaban las tradicionales estaciones de penitencia del Jueves Santo en diferentes iglesias malagueñas.  

A las cinco y media de la tarde, y mientras los pasajeros del  Infante Don Jaime  esperaban el embarque de diversas autoridades para celebrar una recepción a bordo, llegaba al puerto de Málaga el buque, también de la compañía Trasmediterránea, Reina Victoria; el cual, procedente de Ceuta, traía a las primeras tropas legionarias que desfilarían en la Semana Santa malagueña.

Con “bollería, pastas, sándwiches, café, chocolate y vino de Málaga” (así reza la crónica de la época), se agasajó  a las autoridades que asistieron a la merienda que conmemoraba la primera escala en Málaga del buque Infante Don Jaime.

Pasadas las ocho de la tarde, el  barco seguía su viaje turístico con destino a Sevilla; y curiosamente, el Infante Don Jaime nunca más regresaría al puerto de Málaga.

Una singular historia de la que se podría sacar una más que curiosa paradoja. Tras una muy completa jornada de Jueves Santo en Málaga, aquellos 195 selectos turistas castellanos, no pudieron disfrutar de ningún desfile procesional; algo que, salvando las distancias del tiempo y las circunstancias, enlaza a la perfección con lo que ocurre en la actualidad, cuando alguno de los buques de crucero que escalan en el puerto malagueño durante estos días ignoran la Semana Santa.

 “LA MAR DE HISTORIAS” publicado en la página Marítimas (19 de Abril de 2011).

 

Los buques de crucero ignoraron la Feria

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de agosto de 2010 a las 9:53

Un excesivo triunfalismo crucerístico otorga a unas escalas turísticas una relación inexistente con los festejos de Agosto. De los cinco que llegaron, en sólo uno el pasaje tuvo tiempo real de vivir el ambiente.

Días antes de comenzar nuestros festejos de agosto, todos los medios de comunicación malagueños, se hacían eco de la siguiente noticia: Cinco buques de crucero visitarán Málaga durante la semana de feria. Y como apostilla a este titular, se hacía referencia a los miles de pasajeros y tripulantes que vendrían a bordo de estos barcos.

Y aunque esta noticia es totalmente cierta; efectivamente, durante la semana de feria han llegado cinco buques de turistas (siendo rigurosos habría que decir que los barcos han sido cuatro, ya que uno de ellos ha repetido), la idea general de que todos estos barcos escalaban al reclamo de nuestros festejos de agosto, no es del todo verdadera.

Pormenorizando y analizando en conjunto las escalas de estos buques, sólo uno, o si me apuran dos, han podido tener a nuestra feria como un atractivo más, de casualidad, en el paquete de posibles actividades realizables en la ciudad de Málaga.

El Adventure of the Seas, con escalas semanales cada sábado desde el pasado 26 de junio (escalas con embarque y desembarque completo del pasaje), para nada ha llegado a nuestro puerto al reclamo de la feria. El Pacific Dream, independientemente del incidente por el que ha cancelado varias de sus escalas malagueñas, con una operativa similar al Adventure, tampoco nos llegaba para ofrecer a sus pasajeros farolillos, vino o baile. En ambos casos, los turistas desembarcados, ya con su viaje finalizado, se marchan a casa; mientras que la mayor preocupación de los que inician aquí su crucero, era embarcar y empezar a disfrutar al instante de sus vacaciones. En estos casos, no hay demasiado tiempo para excursiones o visitas programadas de ambiente.

Pacific Dream blog

PACIFIC DREAM atracado en Málaga.

El tercer buque en discordia, el Louis Majesty, realizando desde el 22 de junio escalas semanales todos los martes, tal vez haya podido ofertar a sus pasajeros en tránsito algo de feria. Teniendo en cuenta que el barco atraca sobre las seis de la tarde y se marcha a las doce de la noche (una hora antes todos a bordo), tampoco las posibilidades son demasiado excesivas.

Con todo esto, de las cinco visitas realizadas por cuatro buques diferentes entre los días 14 y 21 de agosto (la semana de feria), sólo un buque, el Aidavita con una larga escala de once horas, ha podido ofrecer a sus pasajeros la posibilidad de disfrutar de un rato de fiesta.

Teniendo en cuenta el exitoso año crucerístico que nos espera, amén del buen trabajo que desde el puerto y desde fuera de él se está haciendo para, como alguien diría, consolidar a Málaga (que ya lo está) como un puerto para barcos turísticos, me parece verdaderamente absurdo lanzar a los cuatro vientos noticias como estas; informaciones cargadas de un triunfalismo fuera de lugar, que afortunadamente, hoy por hoy, Málaga como puerto de buques de crucero no necesita.

Con un tráfico turístico estabilizado que tiende a la desaparición de la estacionalidad; muy pronto las dos temporadas crucerísticas malagueñas (la de Primavera y Otoño) se convertirán un continuo durante todo el año, intentar subir al carro de este éxito a la feria (también se podría decir lo mismo de la Semana Santa), raya en la frivolidad. Si todo marcha como hasta ahora, y no morimos de éxito, muy pronto, las dos semanas grandes de nuestra ciudad estarán plenamente integradas en la oferta crucerística de Málaga, y no habrá que hacer encajes de bolillo vendiendo informaciones que chirrían.

Las cifras crucerísticas de la Feria 2010.

Fecha Buque Escala Desembarque Embarque Tránsito
14  Agosto Adventure of the Seas 05:25/17:10 3.500 pax*. 3.500 pax. 0
15  Agosto Pacific Dream 09:20/13:00 1.200 pax. 0 0
17  Agosto Louis Majesty 18:05/23:55 0 0 1.500 pax.
19  Agosto Aidavita 07:40/18:00 0 0 1.538 pax.
21  Agosto Adventure of the Seas 05:25/17:00 3.500 pax. 3.500 pax. 0

 *Pax: Pasajeros.

Artículo “LA MAR DE HISTORIAS” publicado en la página Marítimas (24 de Agosto de 2010).

Histórico Lunes Santo con accidente

Juan Carlos Cilveti Puche | 30 de marzo de 2010 a las 8:15

El año 1921 marca un importante hito para la Semana Santa de Málaga. Tras constituirse en enero la Agrupación de Cofradías, la Semana de Pasión de aquel año arrancaba con un nuevo aliciente; algo que según los expertos, supuso una verdadera revolución en el mundo cofrade.

Y mientras todo esto ocurría, el puerto de nuestra ciudad vivía una de las etapas más activas y febriles de su historia moderna. Con tráficos que enlazaban nuestros muelles con puertos de los cinco continentes, aquellos significativos días de marzo, además de constituir una fecha histórica para Semana Santa malagueña, también tuvieron su importancia, y mucha, en el ámbito portuario de la ciudad.

Con los muelles casi al completo de ocupación, el lunes 21 de marzo (Lunes Santo), la ciudad se estremecía ante un terrible accidente en el puerto.

El pailebote de tres palos Nati, que desde hacía unos días se encontraba atracado en el muelle transversal, y que en esa jornada, había completado una carga de barriles de gasolina y petróleo destinados a Santander, explotaba y se incendiaba pasadas las ocho y cuarto de la tarde.

Tras la fuerte explosión que arrojó al capitán y a un marinero al muelle, el barco comenzó a incendiarse por su banda de estribor; un fuego que obligó al grumete de 14 años a tirarse al agua, mientras una espesa columna de humo marcaba en el cielo malagueño el lugar del accidente.

Al instante, varios obreros portuarios y  carabineros acudían en auxilio del Nati; mientras las campanas de la Catedral, comenzaban a tocar avisando del incidente. Muchos de los malagueños que se encontraban en los alrededores del puerto para ver los desfiles procesionales, al reclamo del aviso sonoro, entraban al recinto portuario para ver lo que ocurría.

Con el barco sensiblemente escorado y ardiendo, y con tres tripulantes del Nati heridos de gravedad tumbados sobre el muelle (además de los que resultaron despedidos por la fuerte explosión, otro marinero pudo salir del buque por su propio pie), al lugar de los hechos, comenzaron a acudir diversos grupos de auxilio. Un retén de bomberos iniciaba las labores de extinción del fuego, mientras que un piquete de la Guardia Civil y efectivos de la Cruz Roja coordinaban la evacuación de los heridos.

Mientras todo esto ocurría; y quizás, ésta sea la nota más simpática de aquella triste tarde noche portuaria, un buen número de bomberos que se encontraban listos para desplazarse desde el Ayuntamiento a la iglesia de los Mártires donde debían participar en una procesión, fueron avisados. Vestidos con sus uniformes de gala, estos bomberos acudieron para combatir el peligroso incendio del Nati.

Con los heridos ya en la casa de socorro del Hospital Noble, y con los bomberos luchando contra el fuego del pailebote, al muelle transversal, llegaban para recibir información el alcalde, el gobernador civil, el comandante de Marina y  el comisario jefe de Policía.

Tras algo menos de cuatro horas luchando contra el fuego, finalmente, a las doce de la noche, los bomberos daban por concluida su actuación sobre el Nati; una actuación que debieron retomar al día siguiente cuando una nueva explosión terminaba de hundir al velero matriculado en San Sebastián.

Aquel accidente de marzo de 1921 se saldó con tres marinos heridos y ocho bomberos lesionados (todos con quemaduras de diversa consideración), un barco hundido y 230.000 pesetas, el valor de la carga incendiada, perdidas.

Un importante suceso portuario ocurrido en una Semana Santa histórica.

Nati blog

                                                                                                                                                                 Foto del incidente reproducida de un diario de la época

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (30 de Marzo de 2010)