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Banastas malagueñas

Juan Carlos Cilveti Puche | 6 de noviembre de 2012 a las 12:38

HASTA hace no demasiados años, la estandarización y las muy estrictas normas que rigen el transporte de mercancías por mar no existían. De esta forma, cualquier recipiente más o menos grande susceptible de ser usado para albergar carga, podía ser estibado sin ningún tipo de problema a bordo de un barco.

A finales del siglo XIX, el puerto de Málaga, inmerso en un rico y variado tráfico comercial, era un claro ejemplo de los muy diferentes tipos de recipientes y embalajes que, por aquellos años, se movían en cualquier puerto del mundo. Cargas sólidas o líquidas almacenadas en balas, fardos, sacos, toneles o barricas, constituían una imagen habitual en cualquiera de los muelles malagueños.

Pero además de esta variedad de grandes envases, y quizás, con una cierta exclusividad, el puerto de Málaga, durante muchas décadas movilizó diferentes cargas almacenadas en unos recipientes, permítanme la expresión, muy propios de la tierra. Las banastas, que no son otra cosa que grandes cestos hechos de mimbre o de finos listones de madera entretejidos, sirvieron durante años para transportar casi cualquier tipo mercancía manufacturada en tierras malagueñas.

Y aunque al parecer estos recipientes tienen su origen en el sector pesquero (la agricultura también podría haber sido la fuente de estos), lo que sí está claro, es que en la Málaga de los siglos XVIII y XIX, existieron diferentes talleres artesanales donde se fabricaron banastas especialmente destinadas a albergar productos exportados por vía marítima en rutas fundamentalmente de cabotaje.

Unos recipientes muy significativos del pasado portuario malagueño que hoy día no tendrían cabida en el transporte de mercancías por mar.

Descarga de un barco a finales del siglo XIX en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (6 de Noviembre de 2012).

SAN TELMO

Juan Carlos Cilveti Puche | 5 de agosto de 2011 a las 21:12

Aunque otras muchas veces les he recomendado libros (y lo seguiré haciendo), en esta ocasión, mi recomendación es algo especial.

Al tratarse de un libro escrito por mi padre, en el cual, he participado mínimamente, la labor de contarles de las excelencias de esta obra, además de llenarme de orgullo, también me hacen pensar, que, tal vez, esté publicitando algo que yo no debería hacer.

Pero, habiendo conocido el día a día de este libro, y la ilusión con la que su autor ha trabajado, creo que esta dura, larga y muy intensa labor de investigación marítima, debe ser reseñada y dada a conocer.

Tras aparecer en 1982 un modelo didáctico (una corbeta) en el Instituto de Enseñanza Media ‘Vicente Espinel’ de Málaga, el autor de esta obra, el cual, fue uno de los expertos que acudió a valorar e identificar el hallazgo, comenzó a investigar sobre este barco.

Con el conocimiento de la existencia en Málaga una escuela de Náutica, la aparición de este modelo didáctico (ya les hablé hace mucho de este barco), sirvió de escusa al autor para adentrarse en la olvidada historia del Real Colegio Náutico de San Telmo de Málaga.

Después de muchos años de concienzuda investigación, ahora, sale a la luz este libro; una obra que desvela la  apasionante historia de esta Institución.

Real Colegio Náutico de San Telmo de Málaga según la Ordenanza de 1787, que así es como se titula el libro, reseña en tres apartados, todos los hechos y circunstancias que desde su creación y hasta su desaparición, se vivieron en esta Institución de enseñanza.

Con una introducción que relata de una forma muy acertada y sucinta la historia de la navegación, el libro, ya en su segunda parte, se introduce en una pormenorizada descripción de cómo era colegio, mostrando de una forma detallada cómo era la vida de los estudiantes y profesores, amén de mostrar también, cómo se vivía el día a día en esta Institución.

Tras esta segunda parte, la obra se sumerge en un amplio número de documentos de la época (algunos de ellos inéditos), donde el lector podrá encontrar cartas y escritos de las personas que  vivieron y protagonizaron la historia del Colegio.

Para finalizar, además de una serie de índices, el libro presenta unas láminas y planos desplegables que junto a las demás ilustraciones del libro, completan a la perfección  el conjunto de esta obra; una obra que está prologada por Francisco Cabrera Pablos, doctor en historia y Académico de la Real Academia de San Telmo de Málaga y de la Academia de Ciencias de Málaga.

Real Colegio Náutico de San Telmo de Málaga según la Ordenanza de 1787.

Autor: Nemesio Ángel Cilveti Ripoll.

EDITORIAL: GSP EDITORES, 11/2003

ISBN: 978-84-933550-8-1

Año: 2011.

295 páginas.

Encuadernación rústica.

Les dejo un enlace por si les interesa el libro.

Real Colegio Náutico de San Telmo de Málaga según la Ordenanza de 1787


Los jardines

Juan Carlos Cilveti Puche | 29 de marzo de 2010 a las 19:16

Como el galeón Andalucia sigue en Málaga y les había prometido seguir hablando de él, aun arriesgándome a ser pesado, hoy les contaré algo curioso que creo que les interesará.

Tras realizar dos visitas al buque; en ellas ya pude verlo de quilla a perilla (esta es otra expresión que tendremos que revisar), mi impresión sigue siendo muy buena. Es, como les decía, un barco barco.

Visto casi todo lo que se podía ver, he de decirles que entre otras cosas, me llamaron mucho la atención los “excusados”; una de las pocas licencias a la modernidad que lleva este buque, y que me da pie para hablarles de cómo eran estas imprescindibles instalaciones en estos barcos de aquellos años.

En los buques de vela de esa época, y especialmente en los barcos del siglo XVIII, los retretes se denominaban “Jardines”.

Estas instalaciones se situaban en dos zonas muy determinadas del barco; los de la oficialidad iban a popa y los de la marinería a proa.

En el caso de la oficialidad, los jardines se colocaban en un pequeño añadido (un habitáculo) más o menos disimulado en la balconada de popa (a una y otra banda). Es curioso que en los navíos del XVIII, los jardines llevaban una especie de canaleta que terminaba casi a nivel del agua.

popa Andalucia blog

Popa del galeón Andalucia. Aunque no están, a la altura del final de la

balconada, a cada banda, deberían ir más o menos los jardines.

Este pequeño habitáculo del que les hablo, no era cosa que una especie de caseta donde se colocaba un tablón con un agujero; creo que sobran mayores explicaciones.

En el caso de los jardines de proa, la cosa era muy diferente. Aprovechando los brazales y las gambotas (las tablas que forman como un enrejado a proa), la marinería tenía allí sus excusados. El uso de estos era algo muy simple; agarrado a algún cabo de la jarcia, sólo había que sentarse, y posteriormente, con unos cubos que solía haber en aquella zona, baldear el jardín.

proa Andalucia blog

Espolón donde se ubicaban los jardines de proa.

Y aunque esta infraestructura estaba muy bien delimitada en el caso de los navíos, en los galeones, la cosa, sin estar tan estructurada, también era similar: jardines a popa para los oficiales y jardines a proa para la marinería.

Una curiosidad más. En los navíos del XVIII, había un marinero que se denominaba Capitán de Jardines. Su misión estaba clara. Era el encargado de mantener limpios estos lugares.

Termino con otro comentario. Aunque hice una foto a uno de los excusados del galeón Andalucia, me resisto a ponerla. Quizás una imagen de este lugar no sea algo de demasiado buen gusto.