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Una cofradía portuaria

Juan Carlos Cilveti Puche | 15 de abril de 2014 a las 9:23

El 1 de octubre de 1993 y el 20 de mayo de 2006, constituyen dos fechas muy significativas en la historia del puerto de Málaga. En ambas jornadas, los titulares de una misma cofradía de pasión, visitaban el recinto portuario para celebrar unos actos que muy bien podríamos denominar como  marítimo-religiosos.

En la tarde del viernes 1 de octubre de 1993, el Cristo de la Buena Muerte y Ánimas, situado en un altar en el muelle número uno, presidió la llegada del buque de transporte de ataque Castilla L-21. Con la asistencia del Rey, amén de un buen número de autoridades civiles y militares, 650 legionarios integrantes de la Agrupación Táctica Canarias, regresaban a España tras finalizar una misión en Bosnia-Herzegovina.

Después de completarse el desembarco de las tropas, la explanada del muelle de Ricardo Gross, sirvió como escenario para, además de dar la bienvenida a los soldados, rendir homenaje a los diez militares que habían dejado sus vidas en las tierras de la antigua Yugoslavia. Pero con independencia de estas circunstancias, a las que habría que añadir la presencia regia, lo más destacado de aquella tarde de otoño se centró en el titular de la Congregación de Mena que por primera vez visitaba el puerto malagueño.

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El buque de transporte de ataque CASTILLA L-21 que participó en la celebración de octubre de 1993 (Foto: Eugenio Castillo)

Tras aquel acto tan especial, muchos años más tarde, la cofradía que aglutina a marinos y legionarios, nuevamente regresó a las instalaciones del puerto. La celebración de los 250 años de vinculación entre esta hermandad y la Armada Española, propició una ceremonia única en la historia malacitana.

El 19 de mayo de 2006, la fragata Reina Sofia F-84 y el buque de asalto anfibio Galicia L-51 atracaban respectivamente en los muelles 1 y 2. Al día siguiente por la tarde, tras quedar reubicada la fragata en el muelle 3-A1, La Virgen de la Soledad de Mena estrenando trono procesional, entraba por las columnas del puerto. Luciendo la medalla de la ciudad que ese mismo día le había sido impuesta por el Alcalde, y portada por 270 hombres de trono que vestían túnicas de color negro diseñadas para la ocasión, la Virgen, situada en el muelle de Cánovas, recibía los honores de las dotaciones de los dos engalanados buques de guerra que la estaban esperando.  Culminado el acto con la entrega de un fajín que convertía a  Nuestra Señora de la Soledad en almirante honoraria de la Armada, el cortejo, tras algo menos de dos horas en el puerto, regresaba en procesión solemne a Santo Domingo recorriendo las principales calles del centro de la ciudad.

OLYMPUS DIGITAL CAMERATrono de la Virgen de la Soledad de Mena en el puerto en mayo de 2006.

Y aunque el puerto malagueño está acostumbrado desde hace muchos años a recibir a la Virgen del Carmen en su trono, la presencia de una hermandad de pasión, primero con su Cristo y luego con su Virgen en su trono procesional, constituyen todo un acontecimiento que ya forma parte de los anales de la historia del puerto y la ciudad.

Si la advocación carmelitana recibe el calificativo de marinera, los titulares de la Congregación de Mena, dejando a un lado lo que de peyorativo podría tener esta palabra, muy bien podrían ostentar la denominación de portuarios.

“LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas (15 de abril de 2014).

 

Cargadores de tronos

Juan Carlos Cilveti Puche | 5 de abril de 2012 a las 17:57

Cargadores de tronos

José ‘El Caimán’ vivió la época en la que los trabajadores del puerto eran fundamentales para la Semana Santa · Estuvo más de 30 años sacando tronos.

LOS hechos más significativos acontecidos en la historia de Málaga, han tenido siempre, de una u otra forma, una muy estrecha relación con el puerto. Y aunque ahora, tal vez esos recuerdos no sean demasiado gratos para algunos, durante muchos años, la Semana Santa (un claro ejemplo de acontecimiento de relevancia para la ciudad), se nutrió de portuarios para salir a la calle.

Finalizada la Guerra Civil, la Málaga portuaria, con una población activa que superaba los mil trabajadores a pie de muelle, constituyó un muy importante pilar en la Semana de Pasión. Convertidos en unas piezas fundamentales, los hombres que día a día cargaban y descargaban barcos echándose todo a sus espaldas, portaron, durante muchos años, la gran mayoría de los tronos que salían en procesión.

Con 67 años, José Guerrero Triano, apodado El Caimán, es uno de los supervivientes de aquella época; una época en la que los cargadores del puerto, por una semana, se convertían también en cargadores de tronos. Hijo y nieto de portuarios, a los 16 años, José comenzó a trabajar en los muelles, y ese mismo año, se estrenaba sacando la Virgen de La Sentencia. Tras aquella primera experiencia que le aportó 35 pesetas, amén de un paquete de tabaco y un bocadillo (estos eran los honorarios de la época para un cargador portuario por sacar un trono), el hijo de El Caimán padre siguió la tradición familiar, y año tras año, simultaneó el trabajo en los muelles con el del varal.

José ‘El Caimán’, la semana pasada en el puerto de Málaga.

Trabajando a dos hombros (cada día con uno diferente), José recuerda su primera Semana Santa completa; una semana en la que de domingo a domingo sacó, junto a otros cargadores portuarios: La Cena, las vírgenes de El Cautivo, El Rocío, La Paloma, Mena, La Expiración, El Sepulcro, y finalmente, el trono del Resucitado.

“Los capataces nos tallaban un rato antes de salir, y tras darnos la ropa el tabaco y el bocadillo, comenzábamos el trabajo sabiendo que si se hacía bien, casi siempre había algún dinerillo más de lo inicialmente se había contratado” comenta José. Con un ticket en el bolsillo que era picado a mitad del recorrido (así se verificaba que el trabajo bajo el varal se realizaba), al final del desfile, los cargadores portuarios recibían su paga; un dinero que en la mayoría de los casos se gastaban minutos después de la procesión compartiendo vino en alguna taberna.

Con algunos incidentes modificados y magnificados por el paso de los años, la presencia de los portuarios en los tronos de Málaga fue decayendo a finales de los años sesenta, siendo sustituidos éstos por otro tipo de portadores pagados que precedieron de los actuales hombres de trono.

Jubilado en 2004 tras 44 años de vida portuaria y cerca de 30 bajo un trono, El Caimán resume su paso por la Semana Santa como “una época feliz y gloriosa”. Emocionado al recordar a los compañeros que se fueron, José sonríe recordando aquel cartucho de pescado frito que, un año, el mayordomo de La Estrella les dio a los portuarios tras su desfile, o aquellas zapatillas de tela blanca marca La Rueda que todos los cargadores de los muelles lucieron bajo la virgen de Zamarrilla y que no aguantaron el recorrido. Una verdadera institución de una Semana Santa muy diferente a la de hoy día.

El Caimán, derecha, y su padre, agachado, con la Cena en los 60.

Especial “LA MAR DE HISTORIAS” publicado en la página Marítimas (3 de Abril de 2012).