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El ZENOBE GRAMME

Juan Carlos Cilveti Puche | 9 de julio de 2019 a las 8:56

En julio de 2002, en concreto entre los días 11 y 16, el puerto de Málaga fue el escenario del final de una de las etapas de la regata Cutty Sark.  Esta ya desaparecida carrera de barcos de vela, en aquella fecha, eligió las aguas malacitanas para la conclusión de una navegación  entre Alicante y Málaga; un tramo de regata que congregó a 19 veleros antes de seguir una ruta que los llevaría a La Coruña.

Con el recuerdo de aquellos días y con la añoranza de unas intensas  jornadas que convirtieron al puerto malacitano en el epicentro mundial de la navegación (algo que hasta la fecha no se ha vuelto a repetir), hoy les hablaré de uno de los buques de vela que participó en este evento y que hace unos días regresó a Málaga.

Llevando el nombre del investigador belga que construyó la primera dinamo que permitió el uso industrial de una máquina de corriente continua, el Zenobe Gramme es un buque de dos mástiles aparejado con velas bermudas.  Construido entre los años 1960 y 1961 en los astilleros Boelwerft  situados río Escalda, este velero de 136 toneladas de registro bruto, 28 metros de manga y una superficie vélica de 700 metros cuadrados, comenzó su vida de mar convertido en un buque de investigación oceanográfica.  Realizando estudios sobre los fondos marinos, en 1968, auspiciado por la Universidad de Lieja, el Zenobe Gramme visitaba por primera vez Málaga dentro una campaña por el Mediterráneo. Reconvertido en 1970 en un barco escuela para estudiantes de la marina de guerra belga, este velero, ya con la numeral A958, centró su carrera en la instrucción militar y en la participación de eventos marítimos internacionales. Ganador de la Cutty Sark en 1976 donde además su dotación obtuvo una mención especial por realizar un rescate, el Zenobe Gramme repetía en  aguas malacitanas en julio de 2002 participando en esta misma regata.

Y aunque su llegada de hace unos días  nada tiene que ver con la conmemoración de aquel atraque, este velero tripulado por siete marinos con capacidad para 10 estudiantes, ha regresado 18 años después de aquel evento. Una escala que recuerda aquellas jornadas en las que el puerto de Málaga fue  el objetivo internacional de la navegación a vela.

IMG_20190707_120419Velero ZENOBE GRAMME atracado este fin de semana en el muelle dos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 9 de julio de 2019.

Dr. Jekyll y Mr. Hyde

Juan Carlos Cilveti Puche | 28 de noviembre de 2017 a las 9:27

Cuando los diseñadores de este yate finalizaron los trabajos previos a su construcción, definieron a este motovelero como la reencarnación náutica del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Les estoy hablando del My Song, uno de los más modernos y tecnológicos barcos de recreo privado de su clase que existe en la actualidad.

Atracado en el muelle dos con una pequeña avería, este coloso es propiedad del empresario italiano del mundo de la moda Pier Luigi Loro Piana. Construido en los astilleros finlandeses Baltic Yatchs en 2016, el My Song, cuarto yate que ha tenido este armador con el mismo nombre, participa de unas características técnicas que lo hacen único y que ya le han hecho acreedor de un premio internacional.

Fabricado en su totalidad con fibra de carbono, este motovelero de 39’6 metros de eslora y 105 toneladas de desplazamiento (de estas 36 forman parte del lastre situado en su quilla y orza), monta tres velas con una superficie total de 2.210 metros cuadrados; un trapo que supera  a muchos de los veleros clásicos que habitualmente visitan las aguas malacitanas.

Con interiores propios de un gran yate, unas de sus más significativas innovaciones, dejando a un lado su revolucionario sistema de propulsión retráctil, se centra en que sus techos, paredes y suelos están fabricados en su totalidad con lino compactado, un textil nada habitual en este tipo de construcciones.

Y aunque se podrían decir muchas otras cosas de este super yate, vuelvo al apodo literario que sus diseñadores le dieron. Un velero, el Dr. Jekyll, que puede navegar a unos rápidos 16`5 nudos antes de convertirse en Mr. Hyde y surcar la mar a 55,6 kilómetros  por hora, una velocidad propia de un velero de alta competición.

OLYMPUS DIGITAL CAMERASuper velero MY SONG atracado en el muelle dos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 28 de noviembre de 2017.

La goleta XARIFA

Juan Carlos Cilveti Puche | 4 de julio de 2017 a las 8:43

Hoy les hablaré de un velero que hace unos días atracó en el puerto; una goleta de tres mástiles y 90 años de edad cargada de historia y nombres propios. Construida en 1927 en los astilleros británicos J.S. White & Co., el primer propietario de este barco fue Franklin Morse Singer, un regatista hijo del creador de las máquinas de coser Singer y de la modelo que sirvió de inspiración para la Estatua de la Libertad. Bautizada como Xarifa, esta goleta de 50 metros de eslora, entre 1930 y 1951 cambio en varias ocasiones de armador, llevando durante estos años los nombres: Erasing, Radiant, Oiseau Blanc, Georgette y Capitana. Usado fundamentalmente como yate privado, además de cómo pesquero, buque oceanográfico y escenario para el rodaje de diferentes películas, por la cubierta de teca de este velero que inspiró una biografía sobre Cristóbal Colón que ganó el premio Pulitzer en 1943, pasaron personajes de la talla de Jacques Cousteau, Orson Welles, Jeanne Moreau o Rainiero de Mónaco que, en 1960, consiguió que esta goleta que volvía a lucir su nombre original, asentara su base en el principado y se convirtiera en un lugar de referencia para la diplomacia y la alta sociedad internacional

Tras permanecer en aguas monegascas hasta 2008 y ser durante algunos años la residencia del multimillonario italiano Carlo Traglio, en 2012, el Xarifa era comprado por una empresa que lo restauraba y reformaba en 2012 en unos astilleros de Vigo.

Una histórico velero que durante varios días permaneció atracado en el muelle número uno junto a la bicentenaria Farola; una estancia que como en otras ocasiones he referido al respecto de  determinados barcos con cierta significación, pasó sin pena ni gloria.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAGoleta XARIFA hace unos días en el muelle número uno.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 4 de julio de 2017.

Mini yacht cruises

Juan Carlos Cilveti Puche | 6 de junio de 2017 a las 9:01

Esta pasada semana, el puerto recibía dos muy especiales primeras escalas crucerísticas. Con un par de días de diferencia, las aguas malacitanas acogían a los buques Variety Voyager y Panorama II; dos barcos, uno de ellos de vela, que se salen por completo de los habituales estándares de buques turísticos que estamos acostumbrados a ver.

En la década de los años ochenta, algunas de las navieras dedicadas al mercado crucerístico decidieron apostar por  una serie de barcos pequeños que, con las prestaciones de los grandes buques turísticos, ofrecieran la exclusividad de los barcos de recreo privados. Denominados yacht cruises, estos buques, rápidamente encontraron un sector de negocio en la industria crucerística; una opción  que se ha mantenido como una alternativa a los estandarizados  y masificados viajes por mar.

Y aunque los yacht cruises siguen despertando interés para los turistas que buscan algo diferente, desde hace unos años, determinadas empresas que comercializaban viajes en grandes yates, han irrumpido con fuerza en el mercado crucerístico con buques aún más pequeños. Ofertando barcos con capacidades inferiores a cien pasajeros (esto les permite estar considerados como buques de crucero), la compañía Variety Cruises, la que trajo esta pasada semana a dos de sus barcos por primera vez a Málaga, podría ser un claro ejemplo de lo que les estoy contando. Sin abandonar sus habituales rutas por las islas griegas, su principal campo de acción, esta naviera posicionará durante cinco meses a sus velero Panorama II en aguas malacitanas para ejecutar unos cruceros de ochos días. Unos interesantes viajes realizados en lo que muy bien podríamos denominar como mini yacht cruises.

Panorama II1Motovelero PANORAMA II  en su primera visita a Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 6 de junio de 2017.

Velas en el puerto

Juan Carlos Cilveti Puche | 17 de enero de 2017 a las 9:35

Cuando los barcos navegaban a vela, el mantenimiento en perfecto estado del denominado trapo era una de las más importantes actividades a bordo. Con una serie de marineros adiestrados al mando del llamado maestro de velas o velero, las reparaciones, que en la mayoría de los casos se hacían en la mar, siempre eran rematadas en puerto; una circunstancia que generaba una abundante mano de obra procedente de tierra. Así pues, la existencia de velerías o  talleres de fabricación y reparaciones de velas formaban parte de los más habituales negocios en cualquier puerto del mundo. En Málaga, además de haber varios de estos locales en las inmediaciones del recinto portuario, existían algunos tinglados a pie de muelle dedicados a estos menesteres; unos lugares en los que, fundamentalmente, se mejoraban los arreglos que la marinería ya había hecho mientras el barco estaba navegando.

Cuando la vela dio paso al vapor, las velerías dejaron de existir, y hoy día, salvo en contados lugares, los talleres que se mantienen activos se dedican fundamentalmente al mundo de la vela deportiva y de recreo.

En algunas ocasiones, los veleros que aún navegan por el mundo muestran parte de su trapo cuando están atracados en puerto; una tarea que casi siempre atiende a la necesidad de que el velamen se mantenga seco. Pero con independencia de esta circunstancia, algunas veces hay que afrontar reparaciones; un hecho que se pudo apreciar hace unos meses en el puerto malacitano cuando varios marineros del moderno velero turístico de cinco mástiles Wind Surf estuvieron trabajando durante varias horas sobre una de las cinco grandes velas de este buque mientras permanecía atracado  en el muelle número dos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAReparación de una de las velas del WIND SURF en Málaga.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 17 de enero de 2017.

Aprendiendo a navegar

Juan Carlos Cilveti Puche | 12 de abril de 2016 a las 8:23

Este pasado fin de semana, se volvió a repetir una imagen que ya es muy habitual en el puerto malagueño. A bordo del velero de bandera polaca Fryderyk Chopin, un grupo de estudiantes era instruido por la tripulación del barco en los fundamentos básicos de la navegación a vela.

Con estas lecciones prácticas de náutica, estos  jóvenes constituirán el grueso de la dotación de este buque en su próxima salida a la mar; una circunstancia que fundamenta la vida de estos veleros tripulados por estudiantes.

Teniendo a la nación polaca como uno de los principales países en los que parte de los estudios, ya sean básicos o superiores, pasan por unos meses de embarque, la labor que   realizan este tipo de barcos constituye algo habitual en la vida académica de los estudiantes de ese país.

Estando a la cabeza de estos veleros el veterano Pogoria (un barco muy habitual en las aguas malagueñas que combina viajes educacionales con rutas para amantes de la navegación), el Fryderyk Chopin, constituye la segunda opción polaca si hablamos de este tipo de barcos.

Construido en 1992 en los astilleros Dora Shipyard de la localidad Gdansk siguiendo los planos de una goleta de principios del siglo XVIII, este velero de dos mástiles y 55 metros de eslora, desde su botadura, ha navegado siempre con estudiantes.

Adscrito a una escuela canadiense en sus primeros años, y posteriormente gestionada por una universidad privada polaca, en la actualidad, el Fryderyk Chopin, trabaja para una fundación que mantiene la tradición de completar la educación desde la mar. Una circunstancia que nos permitirá seguir viendo a estudiantes aprender nociones de náutica a bordo de este velero atracado en el puerto malagueño.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAFryderyk Chopin en el muelle número dos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 12 de abril de 2016.

El MUSTELA

Juan Carlos Cilveti Puche | 23 de febrero de 2016 a las 8:22

En la década de 1860, el Mustela fue uno de los más conocidos veleros que operaron en el puerto malacitano. Propiedad un marino holandés apellidado Daaf (no está muy claro si éste era su nombre de pila o su apellido), este barco, durante unos años navegó de forma regular entre Málaga y Gibraltar.

Pero con independencia de esta circunstancia, lo más destacado de aquel barco lo constituía su muy especial forma; una estructura habitual en los mares del Norte de Europa nada frecuente en las cálidas aguas del Mediterráneo.

El Mustela, que aludía con su nombre a la denominación latina del armiño, uno de los más significativos miembros de la fauna de los Países Bajos, era un típico barco de carga holandés; un velero de un solo mástil con botalón donde se aparejaban una gran vela cangreja y uno o dos foques. Y aunque estas características eran muy parecidas a la de los místicos, las naves autóctonas de la cuenca Mediterránea, la más significativa peculiaridad de este barco (quizás esto lo hizo tan popular al ser tan diferente al resto de los buques que operaban en aguas malagueñas), eran las dos grandes planchas de madera que iban situadas sobre sus costados en el centro de su eslora. Estas piezas, que técnicamente se denominan orzas de deriva, son unos estabilizadores que este tipo de veleros, con el fondo plano, llevaban para mejorar su navegabilidad.

Realizando una salida fija todos los lunes con destino a Gibraltar, el Mustela, que además de carga podía embarcar a algunos pasajeros, navegó durante al menos diez años por las costas malagueñas adquiriendo una muy especial popularidad; un hecho, fruto sin duda de sus muy especiales formas que lo convertían en un velero diferente.

CIMG2696.1Réplica de un velero holandés similaer al MUSTELA.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 23 de febrero de 2016.

Christian Radich

Juan Carlos Cilveti Puche | 24 de noviembre de 2015 a las 7:58

Participando de la muy especial circunstancia de ser un barco civil usado temporalmente como un buque escuela militar, el Christian Radich, cumplimentó la pasada semana su habitual visita anual al puerto malacitano.

Construido en 1937 en los astilleros noruegos de Sandefjord, este velero aparejado como una fragata de tres mástiles, comenzó su vida de mar como un barco destinado a la enseñanza de marinos mercantes. Tras cumplimentar su primer viaje trasatlántico en 1939 para visitar la Exposición Universal de Nueva York, el barco siguió navegando hasta 1940, momento en el que las tropas alemanas lo requisaron para ser usado como cuartel general de las tripulaciones de submarinos. Después de ser bombardeado en 1945 y quedar semi hundido en el puerto de Flensburg, el Christian Radich, dos años más tarde fue reflotado para ser restaurado en Noruega.

Manteniendo su aspecto original, esta fragata de casco de acero, 62 metros de eslora y 27 velas que le proporcionan una superficie de empuje de 1.360 metros cuadrados, retomaba su actividad como escuela para marinos civiles; un hecho que la hizo internacionalmente famosa cuando a su bordo se rodó el documental Windjammer, una película filmada en un extraño formato panorámico denominado Cinemiracle.

Reconvertido en 1999 en un buque para estudiantes, y fletado temporalmente por la marina de guerra noruega para la preparación de sus guardiamarinas, el Christian Radich, desde 2007 ha visitado casi ininterrumpidamente una vez al año las aguas del puerto malagueño. Una escala de descanso, siempre otoñal, que nos permite admirar el majestuoso y elegante mascarón de proa (un retrato de la hija del constructor del buque) de un barco de otra época.

2015-11-20 11.02.11CHRISTIAN RADICH atracado en su última visita al puerto.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 24 de noviembre de 2015.

El velero del Zar

Juan Carlos Cilveti Puche | 6 de octubre de 2015 a las 8:16

Compartiendo estancia con los veleros La Grace y Pogoria, este fin de semana atracó en aguas malacitanas la fragata de bandera rusa Shtandart. Construido entre los años 1994 y 2000 en los astilleros de la ciudad de Olonets, este barco, es una fiel réplica del buque insignia de la flota del zar Pedro I el Grande; un velero que navegó fundamentalmente por el mar Báltico entre los años 1703 y 1719.

Sin planos de construcción, y con la idea de aprovechar algunos retos originales que se encontraban en tierra de 1727, fecha en la que el velero fue desmantelado, en 1994, un grupo de entusiastas del mundo de la mar planificó su construcción tal y como, tras su desguace, había ordenado Catalina I, la sucesora del zar Pedro.

Sin poder aprovechar ninguno de los restos que quedaban, la réplica de la fragata, fabricada en su totalidad con maderas de roble y pino, se hacía a la mar en junio de 2000 bajo el control de la marina de guerra rusa y la gestión de un grupo de empresas privadas constituidas en una asociación.

Con 128 toneladas de registro bruto y 34,5 metros de eslora, la Shtandart, que en sus tres mástiles monta un total de 14 velas con 620 metros cuadrados de superficie, navega por el mundo participando en los más importantes eventos marítimos. Manteniendo una tripulación fija de 6 personas más 19 alumnos que embarcan y desembarcan en sus diversas travesías (este buque sigue la tradición de otros barcos que navegan con jóvenes para su instrucción náutica), la fragata del zar Pedro I el Grande está considerada como una verdadera joya de la navegación; un velero repleto de detalles de otra época que ha pasado por el puerto de Málaga, todo hay que decirlo, sin pena ni gloria.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAFragata rusa SHTANDART atracada en el muelle dos.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 6 de octubre de 2015.

José Pacheco

Juan Carlos Cilveti Puche | 15 de septiembre de 2015 a las 9:26

Quizás, unos de los nombres más conocidos en el puerto de Málaga durante la segunda mitad del siglo XIX, fuera el del capitán José Pacheco. De padre malagueño y madre catalana, José, tras un muy breve periodo de escolarización, comenzó a navegar en un pesquero; un pequeño velero patroneado por su padre en el que aprendió todas las artes de la mar. Cumplidos los 19 años, José se hizo cargo de su primer mando, y a bordo de un falucho transportó todo tipo de mercancías a diferentes localidades del litoral malagueño. Poco tiempo después, un armador malacitano le ofreció trabajar en el Virgen de Málaga, un místico que operaba de forma habitual por diversos puertos del Norte de África. Con autorización para gestionar personalmente cualquier tipo de carga (un concesión que los propietarios de los barcos daban a los capitanes sobre los que tenían mayor confianza), muy pronto, José se ganó la fama de buen negociador; un hecho que le llevó a capitanear cada vez mejores buques.

Con apenas 25 años, el capitán Pacheco tomaba el mando del místico San Julián, un velero de dos mástiles con el realizaría unos muy especiales viajes; unas rutas que marcarían su carrera profesional y que le aportaron unas muy abundantes ganancias transportando de Tánger a Málaga cargamentos de sanguijuelas.

Cumplimentados aquellos exitosos embarques y después de mandar varios barcos más, José, con algo menos de cuarenta años se hizo armador. Aferrado al mundo de la vela cuando el vapor ya era una realidad, el capitán Pacheco compró dos veleros; una tartana que bautizó como Assumpta, el nombre de su madre, y un místico que él mismo mandó hasta el momento en que dejó de navegar y al que renombró como San José.

Místico navegandoMístico similar a los que capitaneó José Pacheco.

Columna “LA MAR DE HISTORIAS” publicada en la página Marítimas 15 de septiembre de 2015.