La Noria » Archivo » Otras inquisiciones

Otras inquisiciones

Carlos Mármol | 28 de junio de 2009 a las 14:51

El PP fracasa en su intento de ‘armar’ una causa judicial general por el caso Mercasevilla mientras el gobierno local (PSOE-IU) simula, con la disolución de la fundación investigada, no saber de las irregularidades detectadas.

ESTÁ visto y comprobado que la política sevillana y el teatro –y no precisamente el bueno– cada vez se diferencian menos, si bien en cuestiones de dramaturgia urgente más de uno necesita con premura contratar a un buen asesor en la materia. No es además demasiado difícil de conseguir: algunos incluso cobran ya del Consistorio, vía subvenciones. Bastaría con llamarles a sede oficial y decirles convenientemente día y hora. Acudirían al instante legiones potenciales de candidatos a asesorar en el arte del buen parecer y mejor figurar. De fingir que se es como no se es. De intentar parecer mejor de lo que los hechos evidencian.

Teatro, al fin y al cabo, es lo que los tres grupos políticos municipales de Sevilla –todos– vienen haciendo desde que saltó a la luz pública el supuesto cobro de comisiones ilegales en la empresa municipal de alimentación, Mercasevilla. Un escándalo que está en los tribunales –hay en marcha una investigación de un juzgado de instrucción que ha sustituido las pesquisas iniciadas por la Fiscalía– y que ha comenzado a producir, como si fuera una máquina imperfecta, el habitual rosario de imputaciones, la desazón y alguna que otra seria preocupación en altas instancias. La cosa, efectivamente, no pinta nada bien. Más bien al contrario.

Las casualidades en política no existen. Ni tampoco, por mucho que alguno esté ahora sumido con dedicación absoluta en la tarea de su redacción, ante la falta de mayores capacidades intelecturales, las hagiografías repentinas. De loables vidas de santos sólo hay noticias expresas en la nutrida bibliografía eclesiástica. Y, como saben los expertos en Historia de la Iglesia, dicho sea con todo el respeto a quien piense lo contrario, lo suyo es descreer del autoincienso. Suele ocurrir que aquello que mejor se pinta es precisamente lo más frágil. O que detrás de la aparente fortaleza personal se esconde, agazapada, la debilidad. Cosa antigua: los romanos ya nos enseñaron que cuando se va a perder el Imperio es cuando más arcos del triunfo deben levantarse y las torres conmemorativas deben ser más altas.

En Mercasevilla los entremeses dramáticos han sido dos. Uno ha tenido a Zoido como protagonista estalar. Y el otro, al dúo que, por lo legal, forman Monteseirín y Torrijos. PSOE e IU, respectivamente. El goberno local. En el primer caso, la intención del único partido de la oposición en el Ayuntamiento –lo cual no es bueno ni malo; aunque ya se sabe que en la variedad está el gusto– era armar una causa general en los tribunales contra el ejecutivo que preside Monteseirín. Fue Zoido quien obligó a la Fiscalía de Sevilla a remitir sus instrucciones al juzgado –al denunciar los hechos en sede judicial– y el PP quien, a requerimiento de la juez, que reclamó más detalles y mayor concreción a su denuncia, presentó una querella criminal contra tirios y troyanos. Esto es: los supuestamente más implicados directamente en los hechos –petición de maletines con dinero– junto a otros muchos nombres tangenciales. No es por defender a nadie, pero el quite parecía excesivo. En la querella del PP aparece hasta el apuntador del teatro. Por si colaba. Y, a tenor de lo decidido por la magistrada, no ha colado. Es más: ha hecho que la credibilidad del líder de la oposición sea cuestionada por PSOE e IU. Es lo que tienen los excesos.

Los argumentos para hacer esta lectura no son propios. Parten del auto judicial, en el que se recrimina (de forma suave) al PP su obsesión por hacer una inquisitio generalis de la cuestión. La juez ha imputado a cuatro personas, de momento. El resto de nombres sugeridos por los populares están en barbecho, entre ellos al alcalde y a algún otro de sus hombres de mayor confianza. No porque sean inocentes de pecados varios, por acción y omisión, sino porque en este tema no hay prueba alguna contra ellos. El PP aún no se ha retractado: su portavoz justifica su decisión en base a lo que había leído y escuchado en algunos medios de comunicación. Sobran las palabras. En este punto habría que investigar, como casi siempre, qué fue antes: si el huevo o la gallina.

En el caso de PSOE e IU, el asunto discurre por idéntica senda: la de tratar de poner en escena una trama (novelesca, no se entienda mal el término) en la que algunos aparezcan como víctimas, en lugar de como consentidores tácitos. Será la juez quien formalmente acuse y juzgue. Es su oficio. Pero lo cierto es que, aunque ahora se pretenda hacer ver todo lo contrario, resulta evidente que la gestión de la Fundación Mercasevilla –cuya disolución han acordado los dos socios del gobierno local; los mismos que en su día decidieron su nacimiento– no ha sido ejemplar.

Sin entrar siquiera en cuestiones inquietantes. Al parecer, hubo un uso irregular de tarjetas de créditos, contrataciones extrañas e indemnizaciones por despido superiores a la legislación; en definitiva, utilización del dinero público con voluntad de poder. Ganar adhesiones y comprar silencios. No es que estas cuestiones sean nuevas: ocurren todo los días, son tan viejas como la propia historia. Lo que sorprende es que justo quienes han multiplicado los organigramas administrativos municipales –sufragados con dinero público– mediante experimentos como el de las fundaciones, cuyo fin es evitar los controles legales, se asombren ahora de que éstos no funcionen. Es realmente notable. Épico. Casi diría, sublime.

  • Ramón Espadas

    Enhorabuena por los dibujos tan poderosos que ilustran estos artículos. Creo sinceramente que son de lo mejor de la prensa no sólo local sino nacional.
    Gracias y saludos