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Maquillaje de cinco estrellas

Carlos Mármol | 31 de enero de 2010 a las 17:17

La auditoría definitiva de Mercasevilla, conocida esta semana, desvela el proceso de saqueo al que ha sido sometida dicha empresa municipal por los anteriores gestores, avalados por los dos partidos del gobierno local.

verdad y mentiras baja

COSAS veredes, Sancho, que harán hablar a las piedras”.

La frase, todo un clásico, acostumbra a vincularse a Cervantes, que la habría puesto en boca del Quijote. Hay sin embargo quien defiende –basta con ir a internet para contemplar cómo los españoles nos matamos a discutir incluso por estas cosas– que en realidad data de los tiempos remotos del romancero castellano, la tradición oral que permitió nacer, entre otras obras, el Cantar de Mío Cid, poema que glosa las gestas de Ruy Díaz y que oculta otra grandiosa lección de vida:

“Dios, qué buen vasallo, si hubiera buen señor…”.

Epopeya triste de un destierro injusto.

Sobre las autoridades

Los filólogos suelen utilizar este tipo de sentencias, entre otras cosas, como muestras de autoridad. Literaria, se entiende. El primer diccionario de la lengua editado por la Academia en el siglo XVIII se conoce con el nombre de compendio de autoridades porque la regulación de la lengua se ejemplifica mediante citas de escritores célebres. Rúbricas capaces de refrendar con su docto ejemplo lo que se sostiene en público. Curiosamente, en el mundo empresarial ocurre lo mismo sólo que, por lo que señalan los hechos recientes, uno puede fiarse más de los escritores que de los auditores. Quién iba a decirlo.

Mercasevilla es un buen ejemplo. El consejo de administración de la empresa municipal de alimentación ha conocido esta semana el contenido del escrutinio técnico definitivo de la etapa en la que los anteriores directivos de la entidad, ahora procesados en los juzgados por dos causas distintas, gobernaron el barco. Da miedo. Por no decir terror. El diagnóstico económico, encargado a Deloitte, desvela que durante el último lustro las cuentas oficiales de Mercasevilla han sido falseadas, saqueadas y maquilladas de forma sostenida. Con premeditación y alevosía. Sin cortarse.

La radiografía augura además un cáncer societario: pérdidas reales de 5 millones de euros mientras los balances hablaban de reparto de beneficios. Dividendos. Superávit. Y lo peor es que hay riesgo de metástasis: la empresa pública está abocada a la quiebra si la Junta de Andalucía no asume directamente el pago del expediente de regulación de empleo aprobado para “rejuvenecer a la plantilla”, calculado en unos nueve millones de euros. La Junta ya ha emitido su veredicto: no hay nada firmado, no hay nada que pagar. Punto.

El gobierno local (PSOE e IU), que fue quien nombró a los directivos cuya gestión está en cuestión, dice sentirse engañado por su conducta. Oficialmente los representantes municipales en el consejo de administración –de todos los partidos políticos; en esto no hay distingo alguno– lamentan no haber conocido antes estas irregularidades, descubiertas tan sólo a raíz de la instrucción judicial que lleva la jueza Alaya, con la que algunos socialistas parece que han perdido el Norte hasta el punto de cuestionar al propio poder judicial.

Extraña esta ignorancia teniendo en cuenta que quienes firman las cuentas son ellos. Quienes cobran dietas por evaluar la marcha de la empresa –que se nutre de fondos públicos– son ellos. Y quienes fueron elegidos por el Pleno para tal misión son ellos. Ni uno solo de los ediles –tanto del gobierno como de la oposición– ha reconocido este extremo. Andan ensimismados con el guión de la función de la tarde: los socialistas, haciéndose los suecos; los populares, jugando con los truenos de Júpiter. Los ciudadanos, mientras tanto, atónitos.

Sin responsabilidad

Aquí nadie tiene culpa de nada. Por no tener, probablemente no la tiene ni la empresa que en esos cinco años en los que se ha saqueado Mercasevilla bendijo las cuentas oficiales. Se llama Price Waterhouse y se dedica a elaborar auditorías. Es una autoridad en la materia, aunque los hechos no contribuyen mucho. Obviamente, hay excusas para todos los gustos: “Se nos facilitó información incorrecta e inexacta para la realización del trabajo”. Si se tiene en cuenta que es Mercasevilla quien elige y paga a su autoridad financiera, se entiende casi todo. Demasiado se entiende. El cazador no planeaba ser cazado. Maquillaje de cinco estrellas.

Claro que las responsabilidades tocan a todos. Incluidos los trabajadores ¿Hay necesidad de hacer un expediente para rejuvenecer la plantilla en una empresa que, aparentemente, va bien? ¿Es lógico duplicar los gastos de una sociedad pública para que siga pagando parte del sueldo a quienes se iban a acoger a este plan y, al tiempo, también a los nuevos trabajadores contratados para cubrir bajas? Barra libre de prejubilaciones con cargo, como siempre, a la bolsa del común. La noticia, por mucho que se mire, no tiene perfil bueno. Si esto ocurre en una empresa local de Sevilla, ¿qué es lo que no pasará en el sinfín de organismos, fundaciones y empresas municipales y autonómicas? Laus Deo.

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