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¿Dónde está el Metro de la Encarnación?

Carlos Mármol | 9 de junio de 2010 a las 14:10

El Ayuntamiento, en contra de lo prometido en el concurso de ideas, nunca reservó espacio para la gran estación del centro.

Sucede igual que con la religión. Es cuestión de fe. O se cree o no se cree. No hay más que hablar. En el caso del paso del Metro por la Encarnación –opción descartada este lunes por la Junta de Andalucía– casi nadie ha creído de verdad en tal posibilidad. Sin embargo, hasta ahora ningún político se ha atrevido a decirlo en alto. Hay silencios que hablan solos. Lo grave no es tanto este hecho, sino que, igual que en determinado sentido le ocurre a Zapatero con el devenir de la crisis económica, desde la Alcaldía se ha sostenido hasta hace poco justo lo contrario de lo que señalaban los hechos. Ahora sencillamente ya no se dice nada. Se calla. Y se otorga. Parece evidente que el metropolitano no parará en el enclave urbano del casco histórico en el que, en teoría, su impacto en beneficio del pequeño comercio sevillano iba a ser mayor.

Estación Duque

La Junta de Andalucía, que hace dos días presentó los anteproyectos del resto de las líneas del Metro, ha tenido que ser la encargada de romper el cuento. En palabras del director de Ferrocarriles Andaluces, José Luis Nores, la estación central de la línea 2 del Metro –para cuya ejecución no existe ni fecha ni presupuesto– debe ir forzosamente en la plaza del Duque. O, en el peor de los casos, en la plaza del Cristo de Burgos. Nunca en la Encarnación. ¿No era allí donde iba a construirse? Nores fue elocuente: “Para hacer la estación en la Encarnación tendríamos que derribar las setas. El proyecto ya no cabe”.

La opción de la plaza del Duque, a priori, presenta problemas que en la Encarnación, si se hubieran hecho las cosas bien, no existían. O eran menores. El día que se construya el Metro en el Duque habrá que cavar una boca inmensa: 32 metros de diámetro y 50 de profundidad. Previamente deberán hacerse catas arqueológicas –la normativa obliga a realizarlas en cualquier solar del casco histórico–, adecuar el proyecto final al resultado de éstas –lo que puede condicionar la ubicación y el diseño de la estación– y, sobre todo, tener a cielo abierto durante muchos meses el corazón de Sevilla. ¿Es que de verdad no había otra opción mejor?

El concurso de ideas

Efectivamente, existía otra alternativa. Desde el principio, además. Más o menos ha estado sobre la mesa, aunque con variantes, hasta que el gobierno local, sin decir nada a nadie (igual que sucedió cuando se certificó la imposibilidad técnica de construir el Parasol), optó por dejar caer por la vía de los hechos consumados la idea de ubicar en la Encarnación el gran intercambiador de transporte público del centro de Sevilla. La decisión de que el Metro parase en la Encarnación era una apuesta política municipal. El Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) no llegaba tan lejos. Situaba en esta parte del centro el intercambiador interno de transporte público, pero los redactores del Plan General, conscientes del relativo compromiso de la Junta de Andalucía, plantearon con más vehemencia la opción de unir la estación de Santa Justa con la estación de autobuses de Plaza de Armas a través de la línea 2. El Plan no llega a designar formalmente a la Encarnación como un espacio consagrado al Metro, pero sí distribuye alrededor de la histórica plaza todos los modos de transporte públicos previstos para el centro.

Prueba de que la decisión era más política que técnica es que esta cuestión condiciona el concurso de ideas que, hace ahora un lustro, convocó la Gerencia de Urbanismo para diseñar la Encarnación. A todos los arquitectos que participaron –incluido Jürgen Mayer, el padre del Parasol– se les exigió que en sus propuestas incluyeran una solución para que en la Encarnación estuviera el intercambiador principal del Metro. El responsable de esta convocatoria, el arquitecto cordobés Pedro García del Barrio, ex gerente de Urbanismo en la urbe califal, incidió en público en repetidas ocasiones precisamente en la condición de gran foro de transporte público que debía pasar a tener la futura Encarnación.

Europa - Bronce - 03

Si se echa un vistazo al texto de las bases del concurso[www.sevilla.org/encarnacion/esp/bases/bases.html] se solventan todas las dudas. Uno de sus párrafos reza así: “Se pretende la reordenación [urbana] basada en los nuevos criterios de movilidad y ordenación del transporte publico a lo largo del eje Puerta Osario-Campana, que supondrá un nuevo diseño para el intercambiador de transporte existente [en la actualidad] en la plaza”. Y prosigue: “La prevista conexión a la red de Metro, con una estación en la Encarnación, le añade a su condición histórica de vacío interior una nueva: la de puerta metropolitana. Condición esta última significante, ya que incorporará desde el punto de vista cuantitativo un caudal de usuarios importante, adjetivados por la condición desestructurada del movimiento por el espacio-tiempo del habitante de la metrópoli”(sic).

A pesar de las peculiares licencias conceptuales del texto –es evidente que lo escribió un arquitecto– la idea central es meridiana. La Encarnación iba a albergar una parada de Metro que permitiría ir desde el centro de Sevilla al aeropuerto y a la estación del AVE. Era la principal puerta de entrada a la Sevilla moderna que, como proyecto político, quería encarnar Monteseirín. El propio alcalde insiste en esta idea en el libro editado para glosar las bondades del Parasol. El regidor asegura en él: “La Encarnación, como decían las bases del concurso, será siempre mercado, plaza, puerta, puerto, estación, aeropuerto, puerta, plaza y mercado. Todo sucesivamente y a la vez, eso debe ser la encarnación de Sevilla”.

Los planes debieron de cambiar. La prueba es que cuando Mayer redactó el proyecto básico de las setas –donde, según Urbanismo, comete los errores que han provocado el extraordinario desajuste económico del proyecto– ya no reserva suelo para el Metro. No sólo eso: el sistema en el que se apoyan los Parasoles –bastante profundo– hipoteca por completo esta posibilidad, al ubicarse de lleno tanto por el ámbito del solar del antiguo mercado como sobre la plaza ya existente. El propio diseño del Parasol impide pues la construcción de la estación. Nadie, sin embargo, dijo nada en la Plaza Nueva. Poco después la Alcaldía empezó a hablar de llevar el tranvía. Otra iniciativa que tampoco ha llegado a concretarse. Lo único cierto es que la Encarnación tendrá setas pero carecerá de parada de Metro. Modernidad a medias.

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