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Parasol: Pascua y mandarinas

Carlos Mármol | 16 de diciembre de 2010 a las 19:41

El alcalde, al que le quedan en el cargo algo más de cuatro meses, ha elegido la Navidad para volver a inaugurar parcialmente –creo que por cuarta vez, pero la verdad es que ya he perdido la cuenta– el Parasol de la Encarnación, que sigue sin acabar. La ceremonia consistió en un desayuno saludable en un bar cercano con un aguinaldo en forma de cesta: setas, nueces, alguna granada (sería por el informe del Consejo Consultivo, con sede en la ciudad de la Alhambra) y mandarinas.

Cabría preguntarse cuál era el motivo de tan amigable celebración, que al parecer era secreta. Si son las pascuas, que siempre han ido muy bien con las naranjas, como diría Manuel Vicent, nada que objetar. Cualquier otro se me escapa: la obra siguen sin terminar, el último plazo oficial –31 de diciembre– nunca se lo creyó nadie más que quien en la Alcaldía pensó que con el hecho de decretarlo terminaría cumpliéndose y la factura del artefacto de Jürgen Mayer sigue siendo un enorme misterio para quienes la van a pagar: los ciudadanos.

setas

Todo esto, evidentemente, no importa demasiado cuando de lo que se trata es de celebrar un éxito, aunque sea virtual. Porque, aunque la imagen del Parasol ya puede percibirse en su integridad en una de sus copas, lo cierto es que la obra no está ni mucho menos terminada. Igual que tampoco se acabó en su día la urbanización del entorno del complejo comercial, destrozada nada más ponerse la solería por el aparcamiento irregular, la suciedad y demás elementos que explican que Sevilla sea una de las ciudades con las peores calles de España.

Cuidadosos con el patrimonio público no somos mucho por estos pagos. Igual que los políticos no lo son con sus emblemáticas iniciativas: se salen de coste, de escala y se inauguran por trozos, no vaya a ser que la cinta inaugural le toque cortarla a otro, aunque sea del mismo partido. Que vamos tener unas navidades con Parasol no cabe duda. Hasta es el motivo elegido para las felicitaciones navideñas municipales, donde aparece la maqueta, porque sacar la obra, claro está, no queda demasiado cool. No hay que dejar que la realidad te empañe una buena inauguración, aunque sea tan parcial y sectaria como una determinada manera de entender la política.

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