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Atarazanas: las guerras indígenas

Carlos Mármol | 20 de marzo de 2011 a las 6:43

La batalla abierta por la Fundación Atarazanas para que se modifique el diseño del futuro CaixaForum previsto en el antiguo astillero de la Sevilla de Indias se sustenta en una visión patrimonialista de la ciudad.

Sevilla tiene la suerte, o la desgracia, según se mire, de despertar un intenso sentido de la propiedad entre sus propios habitantes. La ciudad es (debe ser, al menos) de todos. Pero a lo largo de su larga historia los intentos de apropiación simbólica y física han sido una perdurable constante. Cada sevillano sueña con su propia imagen de la patria. Cada grupo social cree tener el derecho indiscutible a que su visión sobre esta pobre urbe milenaria sea asumida por los demás. No basta, como ocurre en otros lares, con proponer una mirada propia que añadir a las ya existentes, sino que se persigue que ciertas perspectivas personales, en ciertos casos dogmáticas, sean asumidas (por las buenas o por las malas) por todos, acaso por aquello que sostienen los dramaturgos: no hay teatro posible si el actor no cuenta con un escenario.

La Fundación Atarazanas, una entidad civil que hasta ahora ha sobrevivido, e incluso progresado moderadamente durante los últimos tiempos gracias a acuerdos financieros puntuales con instituciones locales (Junta de Andalucía, Universidad, Ayuntamiento), ha decidido, en consonancia con esta visión patrimonialista sobre Sevilla, plantear una extraña batalla, probablemente tardía, contra el proyecto de la Caixa para construir un centro cultural en el edificio que, junto con la Catedral y el Alcázar, simboliza el glorioso pasado de la ciudad. Los antiguos astilleros de Alfonso X El Sabio.

El derecho a la pelea no se lo niega nadie. La razón ya es cosa distinta. Los miembros de esta entidad, presidida por Manuel del Valle, ex alcalde socialista de Sevilla, notable prohombre que ejerce como embajador ante terceros, pretenden ahora invertir el sentido del tiempo (algo muy sevillano, por otro lado) para que las decisiones adoptadas durante los últimos tres años para poner en valor este histórico edificio hispalense sean reconsideradas.

En esencia lo que quieren es obviar una serie de hechos objetivos. Primero: el edificio en cuestión es titularidad de la Junta de Andalucía. Dos: la consejería de Cultura adjudicó en 2009 su gestión integral durante 75 años a la entidad financiera catalana. Tres: la concesionaria convocó entonces un concurso público de arquitectura para transformar el inmueble, respetando su pasado, que ganó el sevillano Guillermo Vázquez Consuegra, y cuyo resultado será la construcción del tercer CaixaForum de España y la recuperación de los astilleros, cuya zona más importante queda convertida en una plaza pública.

Algunos de ustedes se preguntarán cuáles son los motivos por los que esta entidad civil, cuya labor en la difusión de las Atarazanas (en buena medida subvencionada por todos) hay que reconocer, desean tumbar el proyecto de la institución catalana. Yo también. Según su versión, su pretensión no es en realidad oponerse a los planes de Caixa, sino introducir en su programa de usos para el edificio un espacio museístico propio concebido por sus miembros cuya idoneidad consideran que debe estar fuera de toda duda. En su opinión, sin su idea (que consiste en excavar una de las naves de las Atarazanas para instalar una galera que permita recrear la actividad fabril de la construcción de barcos) el edificio corre el riesgo de ser destruido por una (diabólica) entidad financiera que, además, resulta ser de fuera de Sevilla.

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Para entender toda la cuestión hay que echar la vista atrás. El nacimiento de esta fundación, ubicada ahora en uno de los pabellones de la Sevilla del 29, que ha venido reclamando la recuperación del histórico astillero hispalense, es singular. Como otras iniciativas civiles sevillanas, todas respetables, aunque con determinados intereses, la entidad ha practicado hasta ahora lo que bien pudiera calificarse como una vieja costumbre local: hacer lobby entre los indígenas de la tierra.

Amparándose en cuestiones compartidas y casi indiscutibles (el amor a las Atarazanas y su deseo de recuperarlas) han venido tejiendo una serie de alianzas con grupos políticos municipales, instituciones locales y diversas entidades cuyo fin es armar una red de influencia tan tupida que prácticamente convirtiera en inevitable el hecho de hacerse tácitamente con la gestión efectiva del edificio. Quizás esta pretensión fuera lógica durante el periodo de tiempo en el cual la Junta, propietaria del inmueble, no sabía realmente qué hacer con él, cuando se limitaba a pagar obras de consolidación (las últimas dirigidas por el arquitecto Antonio Barrionuevo) que si bien garantizaban la estabilidad estructural del primitivo astillero no permitían más que una reutilización esporádica y parcial.

El tablero de juego cambió a partir de la entrada de la Caixa. La entidad financiera buscaba un inmueble para construir su célebre complejo cultural (idéntico a los que ya funcionan en Madrid y Barcelona) y la administración autonómica llegó a la conclusión de que las Atarazanas eran el enclave adecuado. A partir de ese momento, la apuesta de la Junta ha sido entregar el edificio naval a quien puede rehabilitarlo, adaptarlo para acoger usos culturales (de los que Sevilla no está precisamente sobrada) e incluir a la capital hispalense en unos circuitos expositivos que ahora pasan de largo. Una opción que para algunos pudiera ser discutible pero que indudablemente busca devolver a Sevilla un patrimonio histórico que la propia ciudad hasta ahora no ha sabido explotar por sí misma.

Aquí, precisamente, reside la gran paradoja de todo este asunto. Sevilla, usualmente tan orgullosa de su pasado, no ha sido capaz durante lustros de articular una alternativa para dotar de vida a las Atarazanas. La fundación que lleva su nombre no pudo convencer a las instituciones financieras locales (en buena parte éstas han dejado de serlo con el nuevo mapa financiero) para acometer su proyecto y, aunque reconociéndole su loable tarea en la difusión del edificio, parece haber cumplido un papel que toca a su fin en el momento en el que un operador externo decide invertir en Sevilla con presupuesto, plazos y un proyecto de prestigio.

Lo razonable hubiera sido tratar de colaborar en la gestión del futuro centro (no imponer sus contenidos) para aprovechar la experiencia de los últimos años. En su lugar, los patronos de esta entidad, al verse rechazados por la Caixa, que estima incompatible su idea con sus planes, han articulado esta semana un peligrosísimo discurso que consiste en dar a entender que sin su participación en el proyecto, que no ganaron porque nunca se presentaron (carecían de fondos suficientes), ni las Atarazanas serán el monumento que represente a Sevilla ni (lo que resulta mucho más grave viniendo de un ex alcalde) la reforma planteada supondrá “la rehabilitación integral del edificio”, al que se le falta “al respeto”.

Las opiniones sobre el proyecto arquitectónico de Vázquez Consuegra son libres. Lo que no es opinable son los hechos: el diseño arquitectónico no toca las arcadas que dotan de una misteriosa monumentalidad al primitivo astillero (más bien las devuelven a los sevillanos) y ha sido bendecido oficialmente por la Comisión de Patrimonio, órgano competente en la materia. El CaixaForum respeta los antiguos astilleros porque se asienta sobre ellos; un pecado según Del Valle (“el edificio sólo va a servir para cimentar el CaixaForum”, dijo esta semana el ex regidor) que más bien parece ser su principal virtud. Una muestra de respeto.

Probablemente haya sevillanos que todavía sueñen con recrear la urbe mítica que encontró el rey San Fernando o que contempló la llegada de los galeones de Indias. La ciudad, sin embargo, es bastante más: un palimpsesto en el que deberían poder leerse sus múltiples escrituras, sin excluir ninguna. La condición de sevillanos no debería hacer creer a nadie que tiene la verdad absoluta sobre Sevilla. Nadie elige su lugar de nacimiento. Lo que sí elegimos quizás es lo que queremos ser: si indígenas o cosmopolitas.

  • David

    Descorazonador. No avanzamos. Triste espectáculo para aquellos que aún creen que nuestra Sevilla puede crecer, evolucionar, mejorar. Cada proyecto es una batalla que hay que librar. Batalla por cierto que ha de librarse siempre, siempre, con el armamento propio de los milicianos palestinos, frente a los tanques, aviones y misíles de aquellos que consideran que Sevilla es suya.

    Algunas confrontaciones se han ganado pero otras muchas se han perdido y aquellos que creían que Sevilla podía convertirse en una ciudad cosmopolita, orgullosa de su pasado y ambiciosa respecto a su futuro, terminaron frustrados, marchándose con sus ideas, ilusiones e inversiones a otros lugares donde sí fueran, al menos, respetados.

    Me decía el otro día un amigo que en un reciente viaje a Nueva York coincidió con un sevillano de aquellos que creen que más allá de la aldea del Rocío y de Matalascañas, lo único que existe es el mar Océano precolombino, lleno de monstruos marinos. Pues bien, este sevillano de pro consideraba que Nueva York era una ciudad que según él “no le llegaba a Sevilla ni a la suela de los zapatos”. Si fuera una excepción, perfecto. Lo triste es que son legión. Así nos va…

  • Alberto

    Es una pena que los principales y, lo que es más triste, únicos enemigos de los sevillanos seamos nosotros mismos. Tenemos una ciudad llena de identidad, pero parece que nos empeñamos en que ésta sea excluyente. No nos damos cuenta que aquí cabe todo y que el único obstáculo es nuestra propia mentalidad. No dejamos de ponernos palos en nuestras propias ruedas. Ingnoramos las atarazanas y ahora el señor del Valle pretende hacernos creer que están amenazadas. Una muestra de como hacer las cosas muy tarde y muy mal, de manipular información y deformarla.
    Bienvenido el Caixaforum a Sevilla, que las cajas de aquí lo tomen como ejemplo de gestión Gran proyecto y necesario.

  • Maese Maesa

    El proyecto de la Fundación Atarazanas me pareció bastante intersante cuando lo presentaron, pero su lamentable reacción al chocar contra la “falta de respeto” de la Caixa y la “arrogancia” de Vázquez Consuegra lo que ha demostrado es que la mayor arrogancia y falta de respeto hacia la oportunidad que supone para todos los sevillanos el disponer de un Caixafórum en la ciudad, proviene de la Fundación. Espero que la Fundación y su círculo de influencias no perjudiquen al proyecto de abrir en Sevilla el que, hoy por hoy, es uno de los mejores centros culturales de nuestro país.

  • INDIGNADO

    Lo increible es hacer planes con el dinero de los demás. Donde estaban antes, cuando nadie hacía nada en el edificio? Hay gente experta en esta ciudad en torpedear todo lo que se hace, todo lo que representa modernidad y contemporaneidad. Movida por poderes fácticos que son los mismos que cometieron los mayores esperpentos arquitectónicos, tiraron palacios, hicieron el duque, la Magdalena, la calle Imagen y el sitio perfecto donde vivir el horrible barrio de los Remedios, lo que critican las Setas, la bienal de Arte, el Ave hasta que llegó, la expo que sería la gran ruina¡¡¡ Hacen mucho ruido, pero son los de siempre, los que se creen que seguimos en el XVII porque no conocen el XVII. Hay que vencer a esos aburridos a los que zancadillean todo y a todo ponen trabas.

  • Sevalber

    Todo depende del cristal con que se mire. Si para unos el CaixaForum respeta Las Atarazanas al asentarse sobre ellas, para otros ese es precisamente su principal defecto. Distintas maneras de acercarse al mismo suceso guiadas por los procesos de apropiación del espacio que cada uno de nosotros haya desarrollado durante su vida. Y ambas me parecen igualmente “patrimonialistas”…

    Curioso que a partir de ahí se origine un conflicto entre “indígenas” y “cosmopolitas”… Como si ambas cosas fueran incompatibles entre sí, como si estos procesos psicosociales obligaran a tomar una de dos direcciones posibles, como si para tener cualquier opinión sobre el tema hubiera que estar previamente en una de las dos trincheras…

    CaixaForums hay varios, Atarazanas de Sevilla sólo una. Espero que a partir de ahí la cosa llegue a buen puerto.

    Un saludo.

  • Carlos Mármol

    Estimado Sevalber: no es una cuestión de trincheras, sino de hechos objetivos. Un proyecto tiene presupuesto, plazo y un diseño arquitectónico. Además de la concesión jurídica del edificio. El otro carece de casi todos estos atributos, necesarios para su viabilidad. Pretender equipararlos por igual falta sencillamente a la realidad. Por lo demás, cada uno defiende aquello en lo que cree, pero con las mismas reglas del juego. ¿Se presentó la Fundación Atarazanas al concurso para gestionar el espacio? ¿Tienen financiación?
    Un saludo.

  • Silvestre

    Una pena.Había un proyecto de la Caixa y creo que ya no lo hay.Sevilla iba a contar con espacios, repetadas las Atarazanas, abiertos y con arte como en Caixa de Madrid y creo que el patrimonialñiasmo ha tirado por la borda el proyecto. En hora buena, sevillanos paisanos míos.¡Vivan las fiestas primaverales!

  • Sevalber

    Hablaba de la dicotomía que creo usted plantea entre indígenas y cosmopolitas por cuestiones patrimoniales (la última frase de su artículo). No me pareció que en ella se refiriese usted a los aspectos legales, yo desde luego en este concepto no he equiparado nada, aunque eso no impide que se pueda llegar a acuerdos.

    Saludos.

  • antonio

    El monstruo de la Encarnación, era un modelo de vanguardismo, de arte novedoso. Ahora cuando el alcalde Monteseirin se marcha parece que no es tan bonito ni tan novedoso. La torre Pelli, sera el faro que iluminara el mundo. Mientras, se han destruido los escasos vestigios visigoticos de la ciudad y no pasa nada, eran antiguos; los baños arabes no los han salvado ni la alianza de civilizaciones. Ahora se trata de destruir unos astilleros medievales, que más da, hay tantos en el mundo..Es paradojico que Sevilla conserve tradiciones ancestrales como los cultos publicos y sin embargo casi nadie mueve un dedo por la destruccion de su patrimonio unico en el mundo. Supongo que si un futuro gobierno municipal autodenominado de izquierda, decide hundir la Giralda por ser un edificio fascista y construir una torre ultramoderna que va a dar mucho trabajo directo, indirecto y medio pensionista, habra tantos aplausos como lo hubo en su dia con el engendro de la Encarnacion, que ha roto para siempre la armonia y la espiritualidad que irradiaba de la iglesia de la Anunciacion. Da igual van a coronar a mi cofradia…..

  • Ruben de Tarso

    El Proyecto del CaixaForum saldrá sí o sí. Reconozco que las ideas de la Fundación me gustan, con la recreación de la galera, pero reconozco que sus propuestas parten desde una posición de desventaja considerable, porque están intentando modificiar un proyecto ya en marcha, cuando en su tiempo, no hicieron nada para recuperar las atarazanas, que tiempo han tenido. Así que es momento de callarse y dejar que “La Caixa” haga su trabajo.

  • reyes abad

    con la de años que se ha estado ignorando el valor artístico, el potencial espacial y la belleza de las Atarazanas…

  • ale

    Esta Sevilla es un poema. Del Mio Cid. No creas. Demasiados castellanos instalados en esta Sevilla (Reconquista), demasiados iluminados (Se creen marqueses) ¡Una pena! de verdad. Que gentes, porque no se van 2 años al Rocio y revienta de cantar. Todos necesitamos descanso.

  • Hispalense

    A mí no me acababa de convencer el proyecto que presentó la fundación atarazanas. Pero partían de una premisa que comparto al cien por cien, dejar las atarazanas como un simple vestíbulo del Caixaforum es desperdiciar todo su potencial. En cualquier otra ciudad se aprovecharía ese magnífico espacio sacándole todo su rendimiento. Claro está que ahora leo en los comentarios que, como siempre, la culpa de todo la tienen los rocieros, los capillitas, los que les gusta la feria, y hasta si me apuran, el corpus de Triana. Al fin y al cabo acusar a estos señores es absolutamente gratuito, pues nunca contestan. Me gustaría que al menos por una vez, todos nuestros modernos culpasen a los verdaderos culpables de todo lo que pasa en Sevilla, con nombres y apellidos: Políticos inútiles, cuando no corruptos. Empresarios más pendientes de la subvención que de ser realmente emprendedores. Santones de la cultura cuya brillantez artística o intelectual brilla por su ausencia,etc. En fin,lo de siempre,al final la culpa será de los rocieros (y que conste que jamás fui a dicha romería). Por cierto, en Barcelona no han dejado sus atarazanas para poner allí el Caixaforum.

  • sawa

    Enhorabuena, sr. Mármol, por su nagnífico artículo. Penoso ver a un ex-alcalde socialista (tan pusilánime en su tiempo de regidor frente a los ataques mediáticos de la “Sevilla eterna” a la Expo) liderar ahora una Asociación que hace lo único que muchos saben hacer aquí: criticar y poner palos en la rueda en vez de dar la cara en concursos públicos y poner el dinero sobre la mesa.
    El proyecto de la Caixa y de Consuegra me parece magnífico desde el punto de vista arquitectónico, respetuoso con la historia del edificio y muy interesante para el turismo en la ciudad en estos tiempos de crisis y para los propios sevillanos, que podremos disfutar de una magnífica programación cultural.