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Sevilla se hunde, Roma se tambalea

Carlos Mármol | 23 de mayo de 2011 a las 6:10

Zoido arrasa a los socialistas y consigue la segunda mayoría absoluta en el Ayuntamiento de Sevilla en casi tres décadas · Espadas no logra atajar la sangría de votos del PSOE en los distritos · IU vuelve a la oposición.

El infierno, tan temido, se convirtió ayer en una realidad para los socialistas. Juan Ignacio Zoido, el candidato del PP a la Alcaldía de Sevilla, resultó anoche elegido como futuro alcalde de la ciudad después de que los sevillanos, que acudieron a las urnas en número muy superior a lo que habitualmente acostumbran –ocho puntos más de afluencia; es necesario remontarse al año 1995 para recordar un índice de participación similar en unas elecciones locales– concedieran al político conservador la soñada mayoría absoluta que necesitaba desde que hace ahora cinco años comenzase la interminable batalla por la Alcaldía.

Un lustro después, la victoria es un hecho. Rotundo, además. Sin matices. Sin reparos. Sin dudas. Absolut Zoido. Los indecisos, que en todas las encuestas realizadas en los meses previos a estos comicios han ayudado a los socialistas a soñar con una dulce derrota que les permitiera al menos reeditar la alianza de gobierno con IU, se posicionaron ayer claramente a favor de los populares. Zoido se convierte así en un político singular: será el primer alcalde del PP que gobernará la capital de Andalucía con mayoría absoluta –Soledad Becerril tuvo que gobernar hace dieciséis años con los andalucistas– y se convertirá en el primer regidor de la historia democrática reciente con un respaldo popular tan amplio.

Nadie había conseguido hasta ahora sacar 20 ediles en el Ayuntamiento. La mayoría absoluta que ayer dieron los votantes al alcaldable del PP es la primera que se produce en la vida política municipal en los últimos casi treinta años. Sevilla siempre ha estado gobernada por diferentes gobiernos de coalición (con distintas fuerzas políticas) salvo durante el periodo del socialista Manuel del Valle. El segundo alcalde de la democracia tan sólo disfrutó de mayoría suficiente (19 de los 31 ediles) en el primero de sus dos mandatos, el que discurrió entre 1983 y 1987. Consecuencia, en buena medida, de la histórica llegada del PSOE de Felipe González al poder tras la Transición.

Si en aquel entonces el resultado de las municipales confirmó todo un cambio de ciclo político a escala nacional, la victoria del PP en Sevilla parece augurar ahora lo propio tanto en Madrid –las elecciones generales serán dentro de un año– como en Andalucía, que renovará la presidencia de la Junta en 2012.

Dirección San Telmo

La lectura en clave regional de los resultados de Sevilla resulta inevitable. Los populares habían planteado hace tiempo la cuestión como una suerte de plebiscito simbólico para la inminente batalla de San Telmo. Y, dadas las evidencias que ayer arrojaron las urnas, el imperio socialista en Andalucía empieza a temblar por si llegan de verdad a cumplirse las cábalas que ya han señalado todas las encuestas. Los socialistas andaluces quizás prefieran, como han hecho los sevillanos en los últimos meses, restar valor a estos augurios, tratar de animar a una tropa muy desmotivada –tras lo de ayer probablemente hundida en la miseria– e insistan en que le darán la vuelta a las encuestas. De cumplirse el mismo guión que en Sevilla ha acontecido, todo esto no servirá de mucho. Más bien nada. La burbuja Zoido, sobre la que hasta ahora había ciertas dudas de que estuviera algo hinchada, se ha convertido ya en un terrorífico tsumani (para los socialistas) que puede terminar llevándose por delante a todo aquel que ose ponerse en su camino.

¿Cuál ha sido la clave de una victoria tan brutal? El contexto político nacional. La grave situación económica. Evidentemente. Pero no hay que olvidar tampoco la confluencia de otros dos elementos casi simultáneos:los más que notables errores del último gobierno presidido por Alfredo Sánchez Monteseirín junto a la hábil estrategia del PP de intentar aproximarse (al parecer con bastante éxito) al segmento del electorado moderado de determinados barrios que, a pesar de votar históricamente a los socialistas, ha visto en el producto del candidato popular –un movimiento supuestamente interclasista, populista y cercano a sus necesidades más básicas– una forma de castigar al PSOE o de forzar un giro en las prioridades políticas municipales. Sin descartar ambas opciones juntas.

Zoido, durante la fase final de su larga precampaña electoral, lanzó una y otra vez el mismo mensaje a los electores con dos objetivos básicos: tratar de romper la confianza del electorado socialista en el PSOE –tarea en la que ha tenido a la crisis económica y al desgate del Gobierno de Zapatero como sus grandes aliados– y horadar, aunque fuera de forma excesiva, la imagen de Izquierda Unida, la coalición que hasta ahora tenía la llave del gobierno local y cuya deriva causaba preocupación entre los votantes socialistas ideológicamente más tibios.

A juzgar por los resultados electorales, ambos objetivos han sido logrados. Primero, porque la pérdida global de concejales de la alianza formada por los socialistas e IU, que ahora tendrá que volver a la oposición, ha sido más que notable: hasta cinco ediles (cuatro socialistas y uno de IU) han cambiado de bando. Ahora son del PP. Un trasvase llamativo que difícilmente puede achacarse únicamente a los votantes llamados de centro, sino que es fruto de una corriente de opinión ciudadana que claramente no avala los últimos cuatro años de un gobierno local marcado por las acusaciones de corrupción, el dispendio económico y, sobre todo, la falta de iniciativa para atender las necesidades básicas de los distritos.

Los hechos no admiten réplica. Son numéricos. Los populares han logrado rentabilizar casi el 50% de todos los votos en juego, lo que supone un incremento de ocho puntos porcentuales con respecto a hace cuatro años. Los socialistas caen hasta casi diez puntos en porcentaje de voto. De ambos elementos se infiere que no hablamos de una derrota puntual, ajustada o circunstancial, sino de un auténtico movimiento telúrico –con alcance y duración– que quiebra los cimientos del tradicional, y hasta ahora casi omnímodo, suelo electoral de los socialistas sevillanos. Hay que remontarse hasta 1995, cuando la candidatura del PSOE a la Alcaldía estuvo encabezada por José Rodríguez de la Borbolla, para recordar unos peores datos de representación. Aunque con un matiz: Borbolla, pese a obtener un concejal menos que Juan Espadas, no bajó de los 100.729 votos. El nuevo candidato socialista ha hecho descender este listón a 98.494 votos.

La debacle, en casa

El segundo elemento determinante del hundimiento socialista es que se ha producido en casa. En sus feudos territoriales de siempre. Zoido ha crecido en todos los distritos –tanto en aquellos en los que ya ganó hace ahora cuatro años, como también en los que hasta el momento le habían sido algo menos fáciles– pero ha llegado al punto de cruzar el Rubicón al convertir al PP en la primera fuerza política en los distritos Este-Torreblanca-Alcosa y Macarena, auténticos feudos del PSOE. Algo asombroso. Inaudito.

Especialmente elocuente es el vuelco en los barrios del Este de Sevilla, donde el PP ha conseguido el 40% de los sufragios ante unos socialistas que hace cuatro años tenían en su poder la mitad de todos los electores en disputa. Igual ha ocurrido en la Macarena: el PSOE ha perdido 12 puntos porcentuales de voto donde el PP ha crecido más de un 8,6. En Cerro-Amate, zona de Sevilla en la que hace cuatro años seis de cada diez votos eran socialistas, los populares aumentan en casi diez puntos más. Zoido parece haber sido capaz de quebrar de forma definitiva el techo electoral que su partido tenía, desde el punto de vista sociológico, en los barrios obreros de Sevilla. Un factor que, aparentemente, iba a impedir ad eternum su triunfo. Hasta ayer.

La debacle de los socialistas es rotunda. Y tendrá consecuencias internas –hay congreso provincial en un año;las agrupaciones rebeldes volverán a la guerra contra la dirección–, aunque lo más alarmante es que parece ser un cáncer a cámara lenta:los socialistas no captaron ni el 30% de los sufragios. Zoido les saca 20 puntos. Más de 66.000 votos. Y lo ha hecho en su propio terreno de juego. Juan Espadas, el nuevo candidato socialista, no ha sido capaz de atajar la sangría. Ni tenía tiempo, ni medios suficientes ni una estructura orgánica comprometida con la victoria. Demasiado ha conseguido aguantando los 11 concejales electos. Ahora empieza su travesía del desierto.

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