La Noria » Archivo » Zoido: el mensaje ecuménico

Zoido: el mensaje ecuménico

Carlos Mármol | 12 de junio de 2011 a las 6:15

El nuevo alcalde de Sevilla inaugura la futura etapa municipal con un discurso en el que apela a la honradez, la honestidad, la cercanía a los ciudadanos, la ley y la biblia.PSOE e IU anuncian una oposición muy activa.

Lo dijo Tomás de Kempis: “Ni mejor porque te alaben, ni más vil porque te desprecien; lo que eres, eso eres”. Juan Ignacio Zoido, el candidato del PP a la Alcaldía, se convirtió ayer en el sexto alcalde de Sevilla de la democracia. Fue investido con el apoyo de sus 20 concejales, mientras el movimiento ciudadano 15-M protestaba en las puertas del Consistorio en demanda de un sistema democrático más participativo y ante una representación (ilustrativa) de lo que el PP considera que debe ser la Sevilla oficial. Gracias al extraordinario respaldo logrado el 22-M en las urnas y con el presidente de la Junta (el siguiente enemigo a batir por parte del PP) delante.

La ceremonia, marcada por la legislación de régimen local vigente, tradicionalmente añeja, similar en algunos momentos a un sufrido pregón, permite formular algunas intuiciones inmediatas. La primera: Zoido no va a ser un gran orador. Mucho menos un retórico. No es una crítica. Ni siquiera un reproche. De entrada, como cualquier gobernante, tiene cien días de gracia. Tan sólo es la constatación de una mera evidencia. Nada nuevo, por otra parte: sus seguidores lo ven como un hombre de acción (al decir de Baroja) más que como un intelectual. Sin embargo, en los momentos políticamente solemnes dicho carácter no deja de producir una cierta sensación de extrañamiento.

El nuevo alcalde, del que todos esperaban ayer un mensaje expreso y más concreto sobre los ejes por los que discurrirá durante los próximos cuatro años el futuro de la ciudad, se diferenció de todos sus predecesores en el cargo (casi todos ellos presentes, salvo su más directo antecesor) por una primera intervención pública sorprendentemente corta y casi de oficio. En la segunda, algo más amplia, se extendió más al exponer las líneas maestras de su proyecto político para Sevilla, pero las enumeró de forma similar a las cientos de intervenciones que ha hecho durante su larga y eterna campaña electoral (5 años ha durado) y que ayer, por fin, le llevó al puesto máximo del poder municipal. Lanzó adjetivos y sustantivos, pero eludió los verbos. No dio excesivos detalles ciertos. Explicó mucho el qué pero sin decir el cómo.

La importancia de este hecho es, en todo caso, relativa. La mayoría absoluta del PP abre una nueva etapa en el Ayuntamiento que no se va a caracterizar por los altos mensajes ni los alardes verbales, sino que (en teoría) deberá juzgarse en función de los hechos. La elocuencia política, que tan bien queda para la historia local, ha quedado fuera de escena desde el primer momento.

Es cierto que el discurso de Zoido, que presume de ser un hombre de pueblo, nunca ha sido muy dado a los matices, los grises o a la complejidad argumental. Su estilo es bastante más llano, sencillo y, en ocasiones, ayer mismo pudo oírse, algo redundante. Repetitivo. Ya con el bastón de mando en sus manos, el nuevo alcalde pronunció profusamente, casi se diría que en exceso, ante el auditorio del Salón Colón (autoridades civiles, religiosas y militares presentes), las palabras “talento” y “Sevilla” como principales elementos de lo que él mismo espera que sea su etapa como gobernante.

Cuatro años que van a estar marcados por la aplicación de su singular teoría sobre el hecho, en su opinión, de que para gobernar una ciudad no es necesario ningún tipo de ideología, sino sencillamente eficacia. Soluciones efectivas y reales contra los problemas básicos. Una Sevilla igual que un reloj suizo. Una suerte de Suiza hispalense que ojalá sea cierta, y posible, más allá de todas las promesas de campaña. El nuevo líder de la oposición, Juan Espadas, lo puso ayer en duda: “Una ciudad no es un metabolismo estático ni puede ser un reloj”.

Zoido, que ya se proclamó a sí mismo “alcalde de la luz” en 2007, cuando el pacto PSOEe IU le impidió llegar a la Alcaldía en el primer intento, circunstancia que a lo largo de los últimos cuatro años dio lugar a un estilo de oposición algo resentido, se sacudió ayer esta carga (para bien de todos) y comenzó el tránsito que va desde la expectativa del poder hacia el ejercicio mismo del mando. Es de suponer que en su caso será toda una satisfacción, aunque este camino no está (para nadie) exento de peligros, trampas y dificultades. Su mayor reto consistirá en saber salvarlas con seso.

El bastón de mando que desde ayer empuña el político del PP, al que no se le puede discutir su apabullante victoria electoral, tiene mieles y hieles. Permite beneficios y causa perjuicios.Tiene el brillo de las maderas nobles pero también las espinas inherentes al ejercicio del poder.

La primera dificultad, precisamente, es la obligación a cambiar de discurso y, al mismo tiempo, tratar de ser coherente. Solventar toda una paradoja. Zoido anunció ayer que será un alcalde leal pero reivindicativo con el resto de instituciones públicas (el primer año será clave para ver si en el mandato que ahora estrena como regidor predominara lo primero o lo segundo), anunció que reclamará a la Junta la capitalidad de Sevilla (primer conflicto a la vista), proclamó su honradez (a algunos de sus adversarios políticos se la ha negado en algunos de sus momentos en la oposición) y garantizó que será, ante todo, un gobernante cercano a los ciudadanos. Un servidor público.

Todo correcto. Nada censurable. Cualquier político tiene derecho a decir lo que estime conveniente. Sobre todo, dirán algunos, si ha sacado veinte concejales. Es una manera de verlo, claro. Porque este derecho de expresión es idéntico para políticos, fontaneros e incluso periodistas. Es una de las grandes virtudes de la democracia, incluso imperfecta, que tenemos. Que la gente hable con total libertad de conciencia. Sin miedos. Que diga realmente lo que piensa y, sobre todo, haga algo tan inusual como útil:argumentar lo que afirma.

El nuevo alcalde tiene por delante muchos problemas urgentes que no pueden esperar más. Ahora le toca cumplir con los ciudadanos. El tiempo de las eternas promesas ha terminado (en su caso, con éxito) y comienza el de los hechos. Soluciones sin excusas. Quien ha lanzado desde la oposición a los ciudadanos un mensaje de que nada es imposible (con talento, trabajo y esfuerzo) debe aplicar ahora estos mismos principios (no otros) en busca de la eficacia, entendida ésta no sólo en términos empresariales, sino sobre todo sociales. De justicia. El gran problema de Sevilla es el paro. Después la cohesión social. Zoido habló ayer de la ley (la Constitución) y la biblia como sus dos particulares grandes creencias vitales. Su “faro en la vida”.

Respetando ambas cuestiones, el cambio de tono y mensaje, aunque sin perder necesariamente la coherencia política, sino por exigencia de las nuevas circunstancias, parece obligado. Ortega y Gasset lo explicó extraordinariamente bien:si uno no es capaz de salvar sus propias circunstancias no se salvará a sí mismo. En el caso de Zoido su circunstancia política ha mutado: tiene que pasar de hacer una oposición inquisitorial al gobierno efectivo. De la denuncia constante en la plaza pública al ejercicio del gobierno. De prometer a hacer. No será nada fácil. Ni tarea sencilla. Sobre todo si no se tiene suficiente cintura ante las críticas, que llegarán porque son tan democráticas como las victorias electorales.

La oposición municipal (PSOE e IU) estuvo ayer cortés y crítica a partes iguales. Su actitud y sus mensajes auguran una etapa de control político muy activa. Nada cortesana y, probablemente, muy útil para la salud democrática de Sevilla. Tanto como la adaptación de Zoido a su nueva condición (accesoria, no se olvide; en la vida el poder es un atributo temporal) en la que sobresale ya el nuevo discurso ecuménico (tan diferente al pronunciado hace cuatro años, como le recordó ayer Espadas; y tan lejano al mensaje, admirable y elocuente, que le tocó hacer en su día a Jaime Raynaud, su antecesor como candidato y un político al que el PP debería tener en bastante mayor estima) del nuevo regidor, que promete una Sevilla sin los vicios del sectarismo, sin listas negras y diáfana. Ojalá sea cierta, aunque determinadas algaradas verbales, oídas ayer en el propio Salón de Plenos, lamentablemente no permitan ser totalmente optimistas. El tiempo, el único señor, nos sacará de dudas.

  • J. Ramos

    Más bien diría yo, nada optimistas. De momento, ya demostró que no tiene nada de cintura para las críticas cuando ayer no paró de hacer gestos y sonrisas socarrones, (incluso chulescos) mientras hablaba la oposición, hasta el punto de que el secretario le tuvo que “avisar” de que tenía que seguir con el protocolo, porque estaba entretenido haciendo gestitos. Según su discurso de ayer, a mi me da que los próximos cuatro años se va a limitar a seguir haciendo campaña, que es lo que se ha aprendido de memoria. Eso sí, espero que los periódicos que le han hecho la supercampaña para auparlo al poder, entre ellos este periódico y, en concreto, uno de sus redactores, hagan la misma labor de control al gobierno (en algunos casos incluso de oposición) que han hecho con el gobierno anterior. De cualquier manera, igual que con las setas de la Encarnación, lo justo es que, una vez que arranquen, esperemos como mínimo los cien días para ver si el árbol da frutos.

  • andaluz20007

    Zoido lo tiene muy fácil para hacerlo mejor que el gobierno anterior. Solo tiene que gestionar bien los fondos públicos y gastarlo en lo que la ciudad necesita. El gobierno de Monteseirín y Torrijos se ha caracterizado por gobernar para ellos, para sus caprochos y durante 8 años se olvidaron de que existía una ciudad y unos ciudadanos. Se les veía felices. Torrijos repartiendo ingentes cantidades de dinero público en proyectos de cooperación para Cuba o Venezuela, ya fuera un tanatorio o un cine móvil. Mientras en Sevilla los difuntos no podían ser incinerados porque no había dinero para unas piezas estropeadas en el tanatorio municipal. Toda una metáfora de la realidad. Monteseirín era, en cambio, el eterno soñador, “La construcción de un sueño” era su lema y a medida que se hacía más poderoso, más soñaba en pasar a la historia, en terminar siendo reconocido como un gran alcalde. Se le veía tan crecido, tan orgulloso de mandar, de ser el alcalde. Mientras la ciudadanía lo veía cada vez más en la luna y un alcalde no puede vivir en la luna. Monteseirín ha dejado cosas buenas, indudablemente, pero no le vamos a echar de menos. La avenida peatonal, el metrocentro, las setas, la piel sensible… La avenida es morir de éxito; necesita a leguas un cambio, en poco tiempo se ha convertido en una vía incómoda y peligrosa. Entre el tranvía, la invasión de veladores, el carril bici y la masificación de turistas… poco queda de esa vía amable para el peatón. El metrocentro está condenado al fracaso, es el tranvía a ninguna parte. El tiempo terminará reclamando una parada de metro en Plaza Nueva, Campana y Alameda, lo que debió ser, y el metrocentro pasará a mejor vida. Pasarán años pero no el tranvía no tendrá largo recorrido en las actuales circunstancias. La piel sensible acabará diluyéndose como azucarillo; primero se cambiarás bancos y farolas(el propio Monteseirín ya lo había previsto y aprobado en un pleno) y con el tiempo se cambiarán losetas y estructuras. Y de las setas, mejor no ser catastrofista pero pregunten cuánto está costando ya su mantenimiento y las dificultades para encontrar empresas que quieran instalarse allí… ¿Qué más queda de tantos años de gobierno y tanto dinero gastado? Los barrios están sucios y añejos en su infraestructura, han faltado políticas de cohesión social, de dotar de valor nuevas zonas de la ciudad, de políticas culturales permanentes(red de teatros, apuesta por zonas de galerías, potenciar festivales independientes…). Lamentablemente, los 12 años de Monteseirín ha sido un paso atrás para la ciudad. Le ha faltado empuje para sacar adelante los grandes proyectos que generan modernidad y riqueza: SE-40, red de metro, ciudad de la justicia, parques tecnológico y comerciales, etc. Nada de eso se ha hecho ni desde el ayuntamiento se ha dicho nada mientras se gastaban ingentes cantidades de dinero en tonterías, en política de escaparate, en ínfulas de modernidad y grandeza que no eran tales. No es más moderno tener un proyecto como Metrosol parasol que una moderna y eficiente red de metro. La modernidad es otra cosa… Zoido es un melón por calar pero estoy seguro que rentabilizará mejor el dinero público y si no lo hace, lo pagará caro en las urnas. Él lo sabe y sabe que cada gesto, cada pasito que dé, será juzgado con dureza desde muchos sectores de la ciudad que no lo tragan y que no le perdonan haberse llevado “prestados” tantos votos. Ojalá Sevilla salga ganando con el cambio porque no podemos esperar más, la ciudad necesita levantarse de una vez y salir de tanta apatía.