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Vílchez, concejal interestelar

Carlos Mármol | 30 de julio de 2011 a las 6:00

Lo del nuevo delegado de Urbanismo es realmente notable. Va camino de convertirse en la gran estrella dentro del firmamento de los galácticos de Zoido. Y eso sin haber empezado todavía a mandar (dicen) en la Casa. Para profanos: la Casa es la Gerencia de Urbanismo. El concejal, que fue delegado del Gobierno en Cádiz durante la etapa de Aznar, y que es letrado de la Seguridad Social, ha terminado en Urbanismo por decisión (unipersonal, desde luego) del nuevo alcalde. Bueno. Para eso tiene mayoría (absolutísima) el regidor. Nada que objetar. Cuenta con todo el derecho a elegir a sus amigos y colaboradores.

Hasta ahora Vílchez había destacado por su sonrisa: al menos eso cuentan las crónicas de la nueva Giralda TV, tan objetiva como la anterior, que glosó su primera rueda de prensa como si fuera poco menos que una comparecencia de Rem Koolhaas, el autor de Delirious de Nueva York.  En fin. Víchez cae bien y no presenta demasiadas aristas. La derecha civilizada y liberal, según algunos. El problema es que cada vez que habla de la materia que gobierna (el urbanismo) suenan todas las alarmas.

Primero se despachó hace unas semanas abriendo un debate hermenéutico similar al nominalismo de Guillermo de Ockham: “Lo de Ikea no es recalificación, sino modificación puntual”. Gracias por la aclaración. Basta consultar el diccionario para ver que los académicos de la lengua (de urbanismo no hay academia que brille, fije y dé esplendor: el sector no es tan ilustre) piensan lo contrario. Como este extremo ya lo dejamos aclarado en una Noria anterior, no vamos a insistir ahora en todos los argumentos (evidentes) que desmienten la mayor. Vílchez quiso aquel día dar una lección de urbanismo y terminaron dándosela (desde la oposición) a él. Y eso que esta oposición todavía está padeciendo el tremendo golpe electoral y los veinte ediles de Zoido (Juan Ignacio).

Tras semejante aportación conceptual, el edil de Urbanismo tuvo el arrojo de irse con el alcalde a la barriada Regiones Devastadas (donde el anterior ayuntamiento proyectó un ecobarrio para realojar a los vecinos de las viejas casas baratas) para sacar pecho por haber “desbloqueado” su construcción. Cosa milagrosa: el proyecto nunca estuvo detenido. Se inició cuando los bomberos (funcionarios municipales) decidieron hacer el obligado informe de seguridad que exigía la licencia. Nada más que un trámite.

De gestión política en esta cuestión hubo más bien poco, por no decir nada. La única decisión del PP a este respecto fue despedir (con toda la legitimidad de su victoria, por supuesto) al anterior gerente de Emvisesa, la empresa municipal de la vivienda, Juan Carlos de León, precisamente quien permitió que existiera  realmente la medalla que Vílchez y Zoido se pusieron (a sí mismos) ese día.

Esta última semana hemos visto una réplica del mismo epifenómeno, esta vez con el pretexto de una comisaría de policía de barrio contratada por el anterior gobierno. También ha pasado lo mismo en una entrega de pisos de VPO (cosa loable) hecha por la anterior coalición PSOE e IU. Sin rubor alguno, ambos asuntos han sido objeto de la voluntad de apropiación selectiva del gobierno local. Está visto que miedo escénico, respeto a las cámaras, no tiene el PP municipal, que sólo mira hacia atrás para exculparse de su inactividad política (en cierto sentido natural, lleva sólo mes y pico) y, tanto si puede como si no, fagocitar los méritos ajenos.

Total, la cosa no tiene ningún riesgo: son pocos quienes se atreven a hacer honor a la verdad so riesgo de llevarle la contraria a los triunfadores. Ya se ve claramente en qué consistía aquello de la Ciudad del Talento: en apuntarse los méritos ajenos amplificando ad infinitum las sombras de la gestión previa. Sin cortarse.

Ayer, en el Pleno municipal, tuvimos otra prueba irrefutable de que lo de Vílchez va a ser, en este mandato, un asunto superlativo, digno de la máxima atención: el edil de Urbanismo nos desveló a todos que el anterior alcalde firmó (en secreto) un supuesto convenio con Ikea en el que venía a hacer lo mismo que ahora quiere hacer Zoido. Dicho en seco: pasarse el PGOU por el arco del triunfo para que la multinacional sueca tenga su recalificación a la carta. El acuerdo fue esgrimido por el PP como el nuevo secreto templario: “fijarse (que diría Lopera) que Monteseirín también estaba por la labor en lo de Ikea”. A eso algunos lo llaman golpe de efecto. Admirable.

Claro que, si se piensa bien, o en su defecto un rato, no se entiende muy bien entonces la tesis de la necesidad del cambio en el Consistorio que pregonaba el PP durante la campaña electoral: ¿si Zoido quiere hacer lo mismo que quería hacer Monteseirín (en urbanismo, al menos) por qué el actual gobierno se oponía completamente a todo en su etapa de la oposición? Parece que estamos ante una evidente contradicción.

Por otra parte, el hecho de que dicho convenio (que no fue aprobado al final en foro municipal alguno porque los técnicos de Urbanismo no autorizaron el Plan Parcial que presentó Ikea para consumarlo) exista no supone en realidad argumento alguno en favor de la operación. Sencillamente acerca un poco más los perfiles del anterior y el actual alcalde. No sé qué gana el PP con esta extraña táctica. Lo suyo era el cambio. La luz frente a las sombras. Porque tanto si Monteseirín realmente rubricó dicho acuerdo (cosas peores firmó el ex alcalde) como si dentro de unos meses suscribe uno parecido Zoido (al tiempo), el fondo de la cuestión no cambia en absoluto. Lo de Ikea seguirá siendo una recalificación a la carta que atenta contra el PGOU y que debe autorizar la Junta de Andalucía.

¿O acaso las cosas son mejores o peores dependiendo de quién las proponga?

Extraña esta obsesión del PP de señalar con el dedo al anterior gobierno local para casi todo, como si siguieran gobernando PSOE e IU en lugar de ellos. Parece una pelea de colegio entre escolares. “Pues tú, mucho más”. Lo grave es que tan edificante escena se repita en el foro político que representa a Sevilla. Sería recomendable algo más de seriedad argumental. La inteligencia de los ciudadanos, que votaron a Zoido, ya lo sabemos, las obviedades no hace falta repetirlas, exige política de altura. No más batallitas.

De todas formas, lo más llamativo son las afirmaciones hechas ayer por el delegado Víchez con respecto a esta cuestión de la recalificación de Ikea. El edil dijo que el Plan Parcial de Ikea no tiene informe negativo de Aviación Civil, ni lesiona el PGOU ni, en su opinión, supone nada más que una gran oportunidad de inversión. La opinión es libre. Los hechos no. Debería repasar el delegado los informes de sus funcionarios en relación al Plan Parcial de Ikea, donde se mencionan todas estas cuestiones.

La recalificación de Ikea no se aprobó, firmara Monteseirín lo que firmara, sencillamente porque alguien, un funcionario anónimo (aunque tiene nombre), hizo bien su trabajo. Por lo visto, para el PP el valor de los empleados municipales depende de si lo que digan en sus informes le viene bien o mal a sus objetivos políticos. Los jefes de servicio que critican el Plan Centro (otros empleados públicos del área de Movilidad, en cambio, sí asumieron la contrata de las cámaras instaladas) son buenos. Los de Urbanismo, como no han permitido la cuestión de Ikea, malos. No parece muy justo. Ni equilibrado.

Vílchez quizás debería, con todos los respetos que me merece, emular a sus propios funcionarios. Y hacer bien su trabajo. Aquí pegaría acaso citar aquella célebre frase de Rubalcaba: “Nos merecemos (un edil de Urbanismo) que no nos mienta”. Añadiendo: “Que no nos hable de transparencia y siga sin decir sobre qué bases está negociando con Ikea y otras empresas las recalificaciones urbanísticas. O que dé más credibilidad a una empresa (que en esto es parte interesada) que a un capitular electo del Ayuntamiento; al menos, de entrada”. Pero, como queremos ser ante todo corteses, y se trata del concejal de la sonrisa, sencillamente diremos: “Nos merecemos un edil de Urbanismo que respete el trabajo de sus funcionarios”. Simplemente.

  • Ruiz

    Con los nombramientos de jefaturas que ha hecho en Urbanismo se ha lucido. Ha encumbrado a lo más granado de la ultraderecha.