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Hombre mirando a sudoeste

Carlos Mármol | 29 de enero de 2012 a las 6:05

Zoido ha dado marcha atrás tras su anuncio de paralizar por decreto la construcción de la Torre Pelli. El alcalde tomó esta decisión sin reparar en que su margen de movimientos es extraordinariamente escaso. Casi se diría nulo.

Probablemente en la Alcaldía, entre los gruesos muros medievales, con vistas a la Giralda, alguien pensó que a él, el alcalde los veinte concejales, nadie iba a ser capaz de decirle que no. No iban a dejar un ruego suyo sin atender. Pero cuando hablamos de dinero –y de eso, sustancialmente, se trata– la diplomacia suele tropezar con la fuerza de las evidencias. Algunos lo denominan pragmatismo. Otros sencillamente cosas del poder. Como se prefiera. El caso es que la promotora de la Torre Pelli, la entidad financiera Cajasol, vino a decirle a Zoido exactamente eso: no.

La respuesta, conociendo el paño hispalense, era bastante previsible. Esperar otra cosa distinta hubiera sido una sorpresa. Sin embargo, a algunos los cogió con el paso cambiado: confiaban en la coherencia del político que ocupa, gracias a su rotundo apoyo en las urnas, la Alcaldía. Aunque frente a determinadas circunstancias, ya se sabe: las cosas empiezan a mutar, las opiniones comienzan a matizarse y al final termina uno mirando, como se decía en la película que Subiela hizo sobre la poesía de Vicente Huidobro, al sud(o)este. Justo donde se levanta el esqueleto del futuro rascacielos, discutido por unos, alabado por otros, de la impar Sevilla.

El problema de fondo no es tanto que Cajasol haya dicho nones, sino que lo hace después de que el alcalde hubiera lanzado un mensaje unívoco: las obras de la Torre Pelli deben detenerse sí o sí. Por las buenas (la vía diplomática) o por las malas (la vía ejecutiva). De momento ninguna de las dos ha dado el más mínimo resultado: el rascacielos seguirá ascendiendo hasta que alguien tome una decisión (y asuma sus consecuencias) o hasta que la Unesco aclare si va a hacerle caso a sus propios asesores o, en cambio, optará por ignorarlos. La incógnita de Samarcanda, cuya expedición reclaman los principales interesados en defender hasta el final el proyecto. Por motivos evidentes.

Zoido parece que ha dado marcha atrás. En horas veinticuatro. Sin transición. De momento el alcalde ha anunciado que, más que la negativa a su petición, le preocupa “resolver el problema”. Habría que preguntarse cuál es el problema, si la torre (para algunos consiste justo en esto) o el bosque en el que se ha metido el regidor por su costumbre de seguir a ciegas el consejo de sus asesores, obsesionados en alimentar la máquina de los golpes de efecto sin reparar en que, a veces, las cosas no basta con simularlas, sino que llega el día de hacerlas. Exactamente en eso consiste gobernar una ciudad. En tomar decisiones, no sólo en hacer proclamas.

Lo extraordinario es que el regidor hispalense se lanzara a la piscina sin saber si había agua. El Guadalquivir queda cerca de la torre, pero parece que hubiera sido mucho más prudente elevar las pertinentes consultas, informarse, barajar, sopesar y, sólo después, tomar una resolución firme.

En los lances urbanísticos, que son dagas mortales cuando se carece de la debida mesura, el actual gobierno municipal lleva un rosario glorioso de arrepentimientos. Nada grave. Cosas del periodo en prácticas (siete meses lleva el PP gobernando el Consistorio), pero que, indirectamente, empeoran la imagen de un político cuando, además de fallidas, en lugar de admitirse honestamente, se reiteran. Sucedió con la famosa recalificación de Ikea, que iba a arreglarse en un santiamén. Todavía estamos esperando no ya una solución, sino una postura clara. Ocurrió a continuación con la venta de la comisaría de la Gavidia –que no hay técnico en Urbanismo que quiera informarla, por motivos obvios– y ha vuelto a repetirse ahora con la torre del Sur de la Cartuja, que no puede pararse (por mucho que se quiera) sencillamente porque la ley –de momento– lo impide.

Es curioso: el desarrollo urbanístico del Sur del antiguo recinto de la Exposición Universal lleva casi 15 años en discusión porque sus antiguos promotores pretendían sacar adelante un proyecto lucrativo privado con independencia del marco urbanístico común. Ahora, en cambio, es la red jurídica que arropa al urbanismo la que protege al edificio de Pelli. Un giro copernicano que ha demorado más de una década y que termina convirtiendo a los defensores de sus propios intereses en vehementes reivindicadores de la ley.

El fondo de la cuestión es nítido. El margen real de movimientos del Ayuntamiento –que es el legal– es bastante escaso. Casi nulo. Por eso causa cierta incredulidad ver al gobierno local anunciando una decisión –en este caso parar las obras de la Torre Cajasol– que sencillamente no puede defender en base a la legislación vigente. Hasta que el TSJA no resuelva el recurso presentado por las entidades ciudadanas opuestas al proyecto –que discuten que la licencia se diera correctamente– o la Unesco no defina su posición definitiva de forma expresa estamos en un punto muerto. Justo lo que necesita el rascacielos para convertirse en un hecho consumado.

El derecho urbanístico, disciplina árida pero vital para entender la política municipal, sólo permitiría revocar la licencia –cualquier licencia– por una razón urbanística objetiva. El problema es que, hasta ahora, ésta no aparece por parte alguna. Salvo que los promotores de la Torre Pelli hubieran cometido una infracción urbanística, cualquier orden de paralización sería nula de pleno derecho e, incluso, delictiva. Palabras mayores. ¿Por qué? Porque en nuestro corpus legal una licencia urbanística está condicionada por el principio de irrevocabilidad. Esto es: la administración, una vez dada, no puede ir contra ella salvo por los cauces establecidos. Con razones indiscutibles. Y en este caso no se vislumbra ninguna, salvo que el Consejo Consultivo, que tendría que informar una orden de paralización, diga lo contrario.

Zoido puede –si quiere– ordenar la paralización de los trabajos, aunque esto sería como comprar un billete directo a los juzgados. A más de un asesor puede partírsele el corazón viendo al regidor ante la puerta de la Audiencia como reo, en lugar de como denunciante. Parece pues que el Ayuntamiento, hasta ahora, parece no tiene clara la cuestión de fondo. El alcalde ha cambiado de discurso en dos ocasiones, no quiere que se hable de la cuestión en el Pleno –lo pidió el PSOE esta semana– y, tras la negativa de los promotores, recurre a las normas del viejo libro de protocolos: nombrar una comisión de trabajo e intentar que otras administraciones –Junta y Estado– se animen a apoyarlo, aunque todavía no se sabe muy bien para qué. La cuestión de momento es ganar algo de tiempo y apelar al “interés general”, que, como todo el mundo sabe, es un concepto indeterminado, mientras que la licencia es algo determinado. Concreto. O está bien o está mal.

Cabe la posibilidad de que el alcalde revise de oficio del permiso de construcción, pero este trámite, si concluye con que la licencia es acorde a derecho, sólo reforzaría la posición de Cajasol. Modificar el PGOU, cosa a la que tan dado es el PP, tampoco arreglaría nada: con independencia de que es un proceso largo e incierto, no invalidaría la torre, cuya construcción se sustenta en el Plan Especial vigente. El regidor puede argumentar en base al reglamento de servicios de las corporaciones locales, una normativa de 1955, todavía en vigor, cuyo artículo 16 permite dejar sin efecto las licencias “si se incumplieren las condiciones a que estuvieren subordinadas”. Es decir: si cambiaran las circunstancias.

¿Han cambiado? De forma objetiva, no. Y, en todo caso, esta vía no eximiría de indemnizar a los promotores por el perjuicio causado. La disyuntiva por tanto no consiste ya en detener o no las obras, sino en cuánto cuesta hacerlo. La factura, se adivina, será enorme. Millonaria. ¿Están dispuestos a pagar los ciudadanos por que no se haga nada en el Sur de la Cartuja? Conviene pensárselo. La decisión que se tome, si es errada, puede destrozar la carrera política de cualquiera. Incluido Zoido.

  • Nene

    Es la Giralda del siglo XXI. ¿Os imagináis la misma mentalidad a finales del siglo XII, en la época almohade? Ya, por aquel entonces, había mentes más adelantadas que la de ciertos comentarios que se ven en la red. Si no, recordad a Pedro I de Castilla (el cruel): “Hagamos un templo tal que las generaciones venideras nos tomen por locos” refiriéndose a la catedral de Santa María (Nota para los de fuera: así se llama la de Sevilla).
    ¿Qué supuso esa “locura”? Hizo a Sevilla salir del fango y mirar al cielo de tú a tú. Volvamos a hacerlo. Dejemos crecer a nuestra niña. Ella se lo merece.

  • jose

    Su art. es magnífico. Como es costumbre. Se ve que Vd., a diferencia del Alcalde, se mueve con soltura por el derecho urbanístico. En realidad a éste no le hace falta, a despecho de su formación jurídica el regidor se mueve por intereses partidistas que no por motivos jurídicos. La jugada de la biblioteca del Prado le salió bien, a la postre sus compañeros jueces le dieron la razón, aunque siga sin entenderse como pudo anularse nada menos que un PGOU cercenando la autonomía municipal al respecto. No menosprecie la falta de escrúpulos de Zoido, ni su populismo ni su interés partidista, que no los de sevilla. Tampoco su astucia pueblerina, que puede llegar hasta la emboscada, ni su mala leche. Esta es una lucha política entre los que se creen dueños de sevilla, sus ayatolás, y los sufridos paisanos, que tenemos con aguantarlos sin que nos sirvan de defensa nuestras propias leyes. Ellos, y Zoido, están por encima. A propósito, aprovecho que Vd. es el subdirector de este diario para recomendarle que entre sus comentaristas incluya a conspiscuos antipartido popular, así equilibrarían Vds. el sentido antipsoe del carlos colón o de la cernuda. El periódico ganaría en centrismo e imparcialidad.

  • Mulliner

    El mejor argumento que esgrimen los partidarios de la torre Pelli es que introduciría a Sevilla en la modernidad. En mi modesta opinión, es un argumento de catetos, ¿qué modernidad es posible si de una parte se construye la torre y de otra se vuelve a cambiar el nombre de la calle Pilar Bardem (no debió ponerse ese nombre) para renombrarla con el nombre de una virgen, otra más? Para el forastero que llega a Sevilla, todo tiene nombre de santos, cristos, vírgenes, papas, obispos, etc. ¿No está bien de tanta falsa beatería?, ¿de dónde se sacaron eso de que Sevilla es “mariana”?

  • Antonio Rasero

    Estimado columnista. Este lector le agradece los finos análisis a los que nos tiene acostumbrados. Le propongo un cambio de tercio, con todo respeto, mirando al patrimonio que tiene la capital, infravalorado e infrautilizado. Teniendo un gran desempleo y por contra una gran afluencia de turistas, deberíamos crear empleo basándonos en lo último referido. Patrimonio a explotar (y cuidar):
    S.Hermenegildo(¿museo de S.Santa con aportaciones de todas las hermandades?); Monasterio de S.Jerónimo (¿museo-colección Pickman?. Recordemos que la colección es del estado); Monasterio de S.Clemente (¿museo de la ciudad?); Colección Fundación Cajasol (antiguas S.Fernando y el Monte)a exhibir en la sede central de la misma entidad cuando se trasladen a la susodicha torre. Atarazanas, Casa de la Moneda, Fábrica de Artilería…
    Recuerdo la triple maqueta de la ciudad (también en desuso) y que podría exponerse, por ejemplo, en Sta.Clara. Urgiendo a su vez la restauración de la Torre Fadrique y rellenar este espacio.
    Es una vergüenza que este patrimonio, excepcional, no sea visitable para el turismo y los ciudadanos.
    Saludos y gracias.

  • javier

    Esto es de chiste, se lleva realizando un sin fin de documentos para tener todos los permisos legales y construir bajo la legalidad la Torre Cajasol, se genera empleo, actividad economica y movimiento a una zona de la ciudad que está dormida desde 1992 y ahora pretenden pararla una pandilla de señoritos andaluces que creen que Sevilla es solo de las murallas para dentro. Muy Señores mios Sevilla es mucho mas que eso, Sevilla también la componen sus barrios periféricos, y cualquier tipo de actuaciòn que implique fomento del empleo es mas que aceptable. QUE SON 280.000 PARADOS EN SEVILLA QUE NO OS ENTERAIS!!! ¿TODAVIA QUEREIS MAS? Habria que construir 200 torres mas como esta alrededor de la Sevilla eterna.

  • Gerardo

    Menos mal que en el siglo XII no había Unesco, de lo contrario hoy no tendríamos Giralda.

  • Eugenio

    Con este alcalde Zoido,nos toca, otra vez, 4 años mínimo de retroceso en nuestra Sevilla.Es alucinante ver lo costoso que es avanzar en el progreso y lo fácil que es retroceder con este tipo de personajes que sólo le interesan las procesiones y verse en las primeras páginas de periódicos.Lo importante de ésto es que después el tiempo los pone en su sitio y su nombre solo se recuerdan en las actas municipales de las hemerotecas.

  • Agustin

    Pues se vé que usted le ha dado sólo unos meses de crédito al alcalde, porque ya le parecen mal sus actuaciones. Yo prefiero esperar algunos años. Llámeme prudente, si quiere.

  • paco

    Es horrorosa, pero esta casi hecha. Si un rascacielos, ex modernidad.

  • Rubén

    Realmente la Torre solo beneficia a Cajasol, no entiendo porqué se puso en peligro el título de la Unesco pudiéndose optar por otros terrenos. Tampoco veo relación entre modernismo y un rascacielos, creo que hay proyectos mucho más modernos, pero si el banco quiere hacerse un rascacielos pues que lo haga, si da trabajo mejor que mejor; aunque el caso es que Cajasol no es Santa Teresa. ¿Cuánta gente despidió Cajasol en 2011 y cuanta gente irá a la calle cuando estén sus oficinas en la torre?
    Ya es demasiado tarde para predicar contra los banqueros, pues tienen las llaves de la ciudad y hacen lo que quieren con el patrimonio.
    Y a todos los que apoyan la torre les pregunto ¿qué sacáis de esto? El mantenimiento y construcción de la Torre lo lleva su propia constructora, como Juan Palomo.

  • ross

    Mulliner, le recuerdo a vd. que la conversión del callejero de Sevilla en el “pograma” de la semana santa llegó a su apogeo en época de la sra. Becerril. Entonces se dió carta blanca a las juntas vecinales (manipuladas por los de siempre), se quitaron hermosos y antiguos nombres de calles sin connotaciones políticas (Vgr.: Varflora se convirtió en Real de la Carretería)e incluso se incurrió en lo más kitsch al nombrar una calle cercana a la Alameda como “Divina enfermera” (al parecer, otra advocación mariana de las muchas que los capillitas conocen al dedillo)

  • Juanma

    Yo no creo ni necesaria ni que aporte modernidad la torre, nadie recuerda el destrozo de la Plaza del Duque, seguro que los nuevos edificios modernizarían y darían empleo, con el paso del tiempo, si ahora nos preguntaran ¿volveríamos a permitirlo.

  • John

    Magnífico artículo que hila muy fino.
    Pero creo que se olvida de la primera parte del cuplé, ya que considero a lo expresado en el blog la segunda.

    El ayuntamiento de Monteseirín, CajaSol, Ayesa y la Junta han provocado esta situación y le han metido las cabras en el corral al actual alcalde.
    Cajasol está realizando una política de hechos consumados para caminar hacia lo irreversible. Si no a cuento de qué han triplicado los turnos de trabajo.
    Las advertencias de la Unesco se conocían desde hace 4 años y se han dilatado en el tiempo para que una vez llegado el momento no hubiese marcha atrás.

    En el caso de la torre Pelli se está hablando muy poco de los verdaderos culpables de este callejón sin salida que han provocado y mostrado la torpeza del actual equipo de gobierno.

  • alber