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Sevilla: la batalla que viene

Carlos Mármol | 19 de febrero de 2012 a las 6:04

La mayoría absoluta de Arenas depende de lo que ocurra en Sevilla el próximo 25-M. Las encuestas otorgan la victoria al PP por primera vez. Enfrente tiene a un PSOE partido en dos mitades y cuya dirección es interina.

La batalla va a ser desigual. Casi imposible. No es que el resultado esté ya escrito de antemano, pero el sentido común (además de todas las encuestas que vienen sucediéndose desde hace más de un año) auguran que el inminente enfrentamiento entre el PP y el PSOE en Sevilla tiene bastantes visos de terminar por derribar la última bandera socialista que todavía ondea, aunque cada vez más rota, en la provincia considerada la nueva Numancia.

Claro que en la vieja urbe celtíbera, asediada por los romanos durante años, los postreros resistentes optaron por suicidarse antes de rendirse. En el caso de los socialistas sevillanos la cosa ha sido justo al revés: se han rendido ante el PP (matándose entre ellos) antes de haberse suicidado. Lo que no deja de ser una forma indirecta y singular de autolesionarse.

Evidentemente, no por eso nos vamos a librar de la campaña electoral. Ni de lejos. Campaña habrá. Los tres grandes candidatos darán sus mítines, acariciarán a los niños, irán a los colegios y a los parques, visitarán los mercados y repetirán sus salmodias por doquier, sin importarles que buena parte sus espectadores los miren con el escepticismo propio de quienes no tienen nada que escuchar porque hace tiempo que son víctimas de una crisis que no roza a la clase política.

Encontrar algo de emoción en la pugna por el control de la Junta de Andalucía va a ser cosa difícil. Sólo se antoja posible con inducción exterior. Principalmente, de origen químico. Es lógico: será la tercera convocatoria electoral sucesiva en apenas medio año. Y siempre con idéntico planteamiento de arranque: los resultados de Sevilla condicionarán –en un sentido o en otro– el panorama general. En este caso, Andalucía.

La marea azul

El escenario político ha cambiado poco desde los comicios municipales, cuando el PP comenzó a darle la vuelta completa al poder en España, aunque las primeras decisiones del Gobierno de Rajoy hagan a algunos fantasear con la posibilidad remota de una victoria por la mínima (con IU de socio, obviamente) o, incluso, una derrota dulce frente a las huestes conservadoras. Puro autoengaño. Consecuencia de la más absoluta desesperación. Los comicios regionales están perdidos de antemano para los socialistas desde hace algo más de un año y medio. Es una sensación general. En algunos casos, casi una certeza. Todavía no es un hecho, es cierto. Pero todo indica que no va a haber demasiado partido que disputar, aunque éste vaya a ser el mensaje oficial con el que el PSOE trate de contener una previsible sangría de votos tan masiva como –para algunos– injusta, al no obedecer al entusiasmo (discutible) que despierta la opción alternativa. Lectura vana, en todo caso:un voto de expulsión, fruto del rechazo general o del hartazgo, a efectos prácticos cuenta igual que aquel cuyo origen es consecuencia directa del idealismo. O de la ingenuidad. Además, es más cruel.

La caída de Sevilla, si es que finalmente sucede, va a tener mucho de catártico. Aunque no en el buen sentido: liberará de nuevo todas las tensiones en disputa en el seno del PSOE de Sevilla, lo que supone reabrir la caja de Pandora de la agrupación socialista más importante de España. En el último mes ya se ha visto –en directo– la violencia política que alimenta a las tribus indígenas del socialismo sevillano. No será nada cuando, entre los meses de junio y julio, con la Junta acaso en manos ajenas y la Diputación Provincial como único asidero cierto, comiencen los inevitables ajustes de cuentas. La debacle del PSOE en Sevilla es la puerta de la mayoría absoluta que necesita Javier Arenas para gobernar Andalucía. Y ya está casi entreabierta. Hasta enero, si las cosas se hubieran hecho de otra manera distinta, si la inteligencia se hubiera impuesto al estómago, todavía podría dudarse de que el fuerte del PSOE sevillano cayera. Ahora no quedan muchas dudas. Caerá.

Basta ver los primeros mensajes lanzados por el presidente de la gestora que ha tenido que hacerse cargo de la dirección provincial del partido, Manuel Gracia, para presentir la inmensa debacle que viene. No se pueden pedir milagros. Ya se sabe: éstos son cosa imposible (para los agnósticos) y excepcional (para los católicos). Para los socialistas resultan improbables. ¿O es que alguien cree que una organización política puede apuntalar su decreciente fuerza electoral cuando casi la mitad de sus militantes ni siquiera han podido discutir la lista que se presenta ante todos los electores? ¿Van a hacer campaña a favor de una candidatura que no reconocen? Parece harto improbable, salvo por los habituales teatrillos de barrio.

Que la dirección federal del PSOE no iba a impugnar la lista de Sevilla, encabezada por Griñán, era algo de libro. Todos los actores de la reciente tragedia del PSOE de Sevilla lo sabían. Ahora bien, esto no significa que el aval de Rubalcaba arregle el problema de origen, que es de legitimidad: los candidatos que se presentan al Parlamento andaluz bajo las siglas socialistas en Sevilla no han tenido el respaldo de, al menos, la mitad de los dirigentes sevillanos. Mal punto de partida cuando de lo que se trata es de salir a la calle –en el peor de los momentos– para contarle a la gente que hay que votar al PSOE para salvar los servicios públicos y el Estado del Bienestar.

Por otra parte, no existen antecedentes de éxito que atenúen la frágil situación política de los socialistas en Sevilla a cuarenta días para sus elecciones más trascendentes desde el principio de la autonomía. Una gestora es una dirección política interina. No tiene en sus manos los resortes con los que contaba la anterior Ejecutiva provincial, destrozada tras la decisión de José Antonio Viera de dimitir del cargo por las presiones de la dirección regional que encabeza Griñán.

La distancia se reduce

Todo conduce pues a la victoria del PP. Un ejercicio teórico con vocación práctica. Basta analizar los datos electorales históricos de Sevilla para ver el pozo negro. La última foto fija –las generales– marcó una escasísima distancia entre populares y socialistas en Sevilla. Apenas 32.110 votos. Un máximo de tres puntos a favor del PSOE. Desde entonces, el desgaste de los socialistas ha sido incesante:el escándalo de los ERE –cuyo epicentro es la provincia–, su incapacidad para armar un mensaje político sólido –cosa inaudita cuando se cuenta con una maquinaria tan enorme como la Junta de Andalucía, asombrosamente sin pulso político alguno desde hace meses– y, por último, las guerras púnicas del congreso federal y las listas electorales.

El último sondeo realizado, elaborado por Cadpea, ya otorga al PP una ventaja de más de siete puntos frente a los socialistas en Sevilla. Por primera vez en la historia. Es cierto que la muestra de esta encuesta es bastante discreta –apenas cuatrocientas entrevistas– y que la bolsa de indecisos (aquellos que no confiesan el sentido de su voto; bien por no tenerlo decidido, bien por no querer revelarlo) todavía es numerosa. Del orden del 25%.

Pero, dado el antecedente de las municipales, ya no puede decirse con seguridad plena, ni siquiera por intuición, que esta estratégica bolsa de votantes vaya a apoyar al final a los socialistas aunque sea sin llegar a admitirlo públicamente, casi de forma vergonzante. Hace ocho meses, los indecisos de la capital hispalense votaron en masa a Zoido, que logró 20 concejales. ¿Ocurrirá lo mismo en el caso de Arenas?

Todavía es un misterio. La provincia no es la capital y en muchos pueblos el suelo electoral del PSOE es difícil que se mueva. Pero tampoco tiene que producirse un terremoto. No hace falta. Los datos reflejan que durante los últimos años los socialistas sevillanos han perdido 144.349 votos. El PP ha ganado casi 70.000 sufragios. Tienen la Junta al alcance de la mano. Todo depende de Sevilla.

  • luis

    El probñema es zoido y su nefasto equipo de concejales merovingios (los reyes orgazanes del medioevo francés) que han dejado el poder en manos de funcionarios adictos al poder mande quien mande. El alcalde ya ha demostrado quien manda en Sevilla: los propietarios de las grandes bolsas de suelo y todavía no ha entrado en juego Tablada, pero entrará despues de las elecciones. Y……..sin embargo tenemos que votarlo para impedir que el Gobierno más corrupto de la historia de España continúe humillando a Andalucía.¿ no tenemos otra alternativa?. No, rotundamente no. Esta es la ley de hierro de los pueblos que no son exigentes con sus gobernantes.,,