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La excepción sevillana

Carlos Mármol | 26 de marzo de 2012 a las 6:05

El PSOE resiste la marea electoral del PP en Sevilla lo suficiente para robarle la mayoría absoluta a Arenas. Zoido gana en la capital pero pierde apoyo en relación a las municipales. IU es la fuerza política más beneficiada.

Una victoria diabólica. Amarga. Sin consuelo. El PP, que había planteado desde hace algo más de año y medio estas elecciones autonómicas como una enmienda a la totalidad a los treinta años de gobierno socialista en Andalucía, se quedó ayer a las puertas del poder regional –el Palacio de San Telmo donde Arenas dijo no querer sentarse– porque la provincia de Sevilla, cuya importancia electoral era mayúscula, no respondió con el entusiasmo deseado al mensaje de cambio político lanzado por el líder del PP. Sevilla era clave. Y la clave le cerró la puerta de la mayoría absoluta al PP en Andalucía clavando sus listas en los 50 diputados. A cinco –muy lejos– de la ansiada mayoría absoluta.

Dado que el órdago del PP era total –o César o nada, parecía ser la apuesta de Arenas–, la victoria del Partido Popular, por el juego cruel de las paradojas políticas, se ha convertido en realidad en una especie de infierno de terciopelo. Ha hecho historia al ser por primera vez la lista más votada en Andalucía pero este factor no impedirá que PSOE e Izquierda Unida puedan formar una mayoría suficiente –y legal– en la cámara andaluza. Salvo que la coalición de izquierdas permita al PP gobernar, como ocurrió en Extremadura, no habrá cambio de régimen –según la terminología usada por los populares– y la marea azul que comenzó hace ahora nueve meses en las elecciones municipales parece tocar a su fin. Retrocede.

Si se tiene en cuenta que la fuerza política más beneficiada en el nuevo mapa electoral andaluz es IU –los socialistas han perdido casi diez puntos de respaldo y hasta nueve parlamentarios en relación a la última convocatoria regional– la intensa huida del electorado del PSOE no ha seguido esta vez el guión de las pasadas municipales, cuando –en Sevilla, al menos– terminó beneficiando al PP.

En esta ocasión los electores socialistas se han escorado claramente hacia posiciones de izquierda –quizás como consecuencia de determinadas medidas adoptadas por el Ejecutivo de Rajoy, en especial la reforma laboral– o sencillamente no han ido a las urnas, como señala el notable descenso del índice de participación. En cualquier caso, la demonización de IU –táctica puesta en práctica por el PP en las municipales– no ha tenido efecto alguno en el ámbito andaluz. La coalición de izquierdas ha doblado su respaldo electoral. Algo que marcará la política regional durante los próximos cuatro años.

Que la victoria electoral de Arenas corría el serio riesgo de convertirse en un agrio cambio a medias se confirma si se analizan los resultados electorales en la provincia. Sevilla se convirtió en las pasadas elecciones generales en la aldea gala del PSOE en España –junto a Barcelona– y, en esta ocasión, ha vuelto a ser el principal territorio donde los electores han optado por sostener la hegemonía socialista.

El PP debía incrementar como mínimo en cinco puntos su respaldo electoral en una serie de localidades medias sevillanas –doce pueblos donde las municipales y las generales parecían señalar un cambio de tendencia política– y conservar su ventaja en la capital. Su táctica fue tratar de exportar al área metropolitana y a la mayor parte de estas localidades el llamado efecto Zoido –la popularidad del alcalde hispalense, para algunos más bien populismo– pero la operación ha tenido un éxito discreto. Escaso.

Y no precisamente porque los socialistas hayan aguantado bien en estas plazas. El PSOE ha perdido en la provincia algo más de 31.000 votos –a pesar de que en términos relativos su respaldo electoral crece casi un punto y medio– en relación a las pasadas elecciones generales. Los socialistas no han crecido. Al contrario: muchos de sus votantes han emigrado a las candidaturas de IU –que gana hasta 24.000 votos en términos reales y crece tres puntos y medio– o sencillamente han optado por otras fuerzas minoritarias, que copan juntas 45.000 votos. Su victoria provincial es mínima. Frágil. Delicada. Aunque también suficiente.

El PP: baja la marea

¿Entonces? Parece que el voto prestado que los populares lograron cosechar en las pasadas generales –condicionadas por la gestión de la crisis económica del ex presidente Zapatero– ha emigrado de sus candidaturas. Así lo confirman los datos: el PP ha perdido 76.130 votos en la provincia de Sevilla en relación a los comicios generales. Un retroceso de casi tres puntos y medio. Suficiente para que la situación de partida –que ya era bastante ajustada– se haya complicado hasta dejar a Arenas sin mayoría suficiente para poder desalojar al PSOE de la Junta.

El análisis por localidades no deja lugar a dudas. Los primeros meses de Gobierno del PP en la Moncloa han hecho retroceder a casi todas las candidaturas elaboradas por Arenas en estos municipios. Si el objetivo oficial era ganar cinco puntos en relación a las generales, lo cierto es que los resultados son una broma cruel: esta cifra –cinco puntos de respaldo electoral– es justo lo que el PP ha perdido de media en muchas de estas localidades estratégicas.

En el área metropolitana, donde el PP de Sevilla creía haber abierto una vía de agua contra el PSOE en municipios como Alcalá de Guadaíra o Dos Hermanas, los datos electorales señalan de forma nítida un retroceso de las candidaturas populares en relación a hace sólo unos meses. Un desgaste intenso. Y llamativo. Sólo puede obedecer al efecto de las primeras medidas de gobierno de Rajoy: subida de impuestos, una polémica reforma laboral, incremento del paro.

Tres factores que, sin llegar a mejorar los resultados de los socialistas en la provincia, han sido más que suficientes para que el pulso a la grande planteado por Arenas no haya salido. El PP estableció su propio techo –tres puntos porcentuales de distancia con el PSOE en la provincia– en las últimas elecciones generales. Ahora esta horquilla está en ocho puntos. Una distancia que aleja definitivamente a Arenas de San Telmo, impide a los populares arriar la bandera del PSOE en la provincia y, a pesar de las apariencias, aconseja no ser excesivamente triunfalista en el caso de la capital.

Un retroceso relativo

En la urbe hispalense se ha producido el mismo proceso, aunque con variantes, que en otras localidades provinciales. Los resultados de Sevilla tenían especial interés para medir la resistencia de la figura política del alcalde hispalense, Juan Ignacio Zoido, que encabezaba –de nuevo– la lista provincial a la cámara de las Cinco Llagas. Tras nueve meses de gobierno, el regidor ha vuelto a ganar claramente en la capital andaluza, lo que confirma que, en su caso, su suelo electoral todavía es suficientemente sólido.

Su victoria, sin embargo, padece el mismo mal que en el resto de la provincia están sufriendo las candidaturas del PP: pierde votos. Aunque, en su caso, de forma mucho menos acusada. Los datos señalan que en relación a los comicios generales –Montoro fue el cabeza de lista por Sevilla, pero Zoido tuvo gran protagonismo– el PPha perdido ya más de 21.000 votos. Casi dos puntos. Es un desgate relativamente discreto pero cuya importancia se debe al hecho de que no se produce con relación a los socialistas –el PSOE deja escapar más de 8.314 votos, aunque en porcentaje crezca más de un punto– sino con respecto a sí mismo.

El regidor, que logró 20 ediles de los 33 que tiene el Pleno de la Corporación hace nueve meses, comenzó su mandato con un respaldo global del 49% de los electores sevillanos. Algo histórico. Esta cifra –su techo electoral– bajó ya en las generales –el PP tuvo más votos en la capital pero cinco puntos menos de respaldo electoral– y ahora se ha situado casi siete puntos por debajo de la foto electoral que le llevó a la Alcaldía. Desde entonces a ahora el PP ha perdido 17.000 votos. Una cantidad de sufragios que no pone en peligro su notable apoyo popular pero que señala –también en la capital– que ya se está produciendo un proceso similar a la bajada de la marea en el mapa político provincial. En Sevilla, el agua llegó a la capital pero sigue sin inundar la provincia. Sevilla nació como una isla menor del río Guadalquivir. Políticamente, hasta dentro de cuatro años no va a dejar de serlo.

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