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El argumentario imposible

Carlos Mármol | 6 de junio de 2012 a las 6:05

El equipo de Zoido ha logrado la cuadratura del círculo: convertir en un referéndum sobre su propia gestión la polémica generada por la construcción de la Torre Cajasol, que le fue impuesta y que no ha sabido manejar.

La escena es anecdótica. Pero revela cómo han sido las cosas. Un insigne miembro del equipo de gobierno de Juan Ignacio Zoido –muy dado a la campechanía– es preguntado por otro sobre su posición política en relación a la última resolución sobre la Torre Cajasol.

–“¿Que cuál es mi criterio? Pero cómo voy a tenerlo, si la dichosa resolución está escrita en inglés”.

El interlocutor se queda perplejo ante la respuesta, a la que sigue, como era de esperar, una sonrisa de complicidad. No hay mejor metáfora para resumir la situación: el gobierno municipal, a pesar de su robusta mayoría, parece no haber entendido ni de lejos, ni de cerca, ni antes, ni ahora, el evidente riesgo político que tenía entrar en la controversia generada al calor del rascacielos del Sur de la Cartuja.

Prueba de ello es la contradicción en la que ha quedado atrapado el alcalde. Animado por su círculo más próximo, insinuó en varias ocasiones que sería capaz de parar este proyecto para que Sevilla no perdiera su condición de Patrimonio de la Humanidad; extremo que incluso mereció letras de imprenta, es de suponer que con su beneplácito.

Esta semana ha consumado un extraño giro copernicano: después de que la Unesco haya elaborado una resolución previa para declarar como bienes en peligro a la Catedral, el Archivo de Indias y el Alcázar, el regidor ha proclamado que “personalmente” defenderá el edificio de César Pelli ante este organismo internacional. ¿Cómo es posible?

Las razones son múltiples. Casi ninguna de ellas deja en buen lugar al político que ocupa la Alcaldía con el mayor respaldo popular de toda la democracia. Lo más curioso es que en el aprieto se ha metido solo, porque, como ahora insisten en recordar desde la Plaza Nueva, Zoido ni impulsó este proyecto ni le gusta. Lo cual hace mucho más singular, que no exitosa, su estrategia política en relación a este asunto.

Para entender el trasfondo de la historia primero habría que cuestionar algunos lugares comunes. Ya saben: esas frases que se repiten –generalmente porque las ha dicho otro– sin reparar en si son ciertas. La esencial: “El PP nunca amparó a la Torre Pelli, que es un proyecto del anterior alcalde, que embarcó en la operación a la antigua caja sevillana, hoy integrada en Banca Cívica y, en septiembre, en Caixabank”.

La insistencia exculpatoria de Plaza Nueva es intensa pero no sólida. Es verdad que fue la obsesión de Monteseirín de pasar a la historia –otra cuestión es con qué repercusión lo ha hecho– el origen de la Torre Pelli; igual que fue la causa del Parasol de la Encarnación.

El proyecto se aprobó con la mayoría del anterior equipo municipal –PSOE e IU– y con un aval tácito, que no expreso, de la Junta, aunque la responsabilidad jurídica –la concesión de la licencia, que es lo relevante– sea competencia única del Ayuntamiento. Una de las vías de escape que ahora usa la Alcaldía para tratar de justificar su insólito cambio de postura intenta focalizar la atención en el hecho de que “el proyecto es del PSOE”. “De Chaves, Monteseirín y Pulido”, al que Zoido califica como “un militante socialista”.

Todo esto es cierto. Hay, sin embargo, otros factores que se obvian. Por ejemplo: el marco urbanístico a partir del cual se otorgó la polémica licencia de construcción –un Plan Especial– fue aprobado con el voto favorable del PP. Lo que implica que la construcción de la torre no fue, al menos a efectos políticos, una decisión exclusiva de PSOE e IU, sino también del PP, en cuyo grupo municipal estaban entonces muchos ediles del gobierno actual.

No pueden alegar ignorancia: el documento urbanístico que votaron incluía para la Cartuja Sur una “propuesta arquitectónica de 50 plantas”. Ni siquiera su respaldo fue flor de un día: el convenio urbanístico previo al Plan Especial, sobre el que éste se sustenta, fue ratificado en el Pleno por unanimidad. El PP votó a favor.

Estos datos aclaran un poco el panorama y matizan la tesis oficial. El proyecto era del anterior gobierno, cierto, pero el PP no se opuso nunca a su realización en las sucesivas ocasiones disponibles. Siempre votó a favor. Su primer cambio de postura se produce después de que los ciudadanos contrarios al proyecto, que forman una plataforma heterogénea donde conviven desde profesionales de reconocido prestigio a grupos conservacionistas, pusieran en práctica una doble táctica: acudir a la vía judicial y censurar su impacto en el ámbito patrimonial.

Este colectivo, que empezó a funcionar cuando el Plan Especial ya había sido aprobado –algo tarde para sus propios intereses–, no ha logrado hasta ahora respaldo judicial para paralizar las obras, pero, en cambio, sí ha conseguido que su visión sea asumida, en primer término al menos, por la Unesco. Una victoria que ha cogido a contrapié a todos. Promotores, políticos y a los propios críticos con la torre.

Zoido, tanto durante la campaña electoral como en los primeros meses de su mandato, siempre se alineó con las tesis de este colectivo. Hizo suya la idea de que, si corría peligro el status patrimonial de Sevilla, había que parar las obras. Pueden ver una muestra –por si alguien todavía lo pone en cuestión– en internet.

En enero, cuando la Unesco comenzó a alertar de que la torre afectaba al paisaje histórico de Sevilla, el alcalde llegó incluso a amagar con paralizar el proyecto unilateralmente si Cajasol no aceptaba renegociarlo. Fue un proclama transitoria: la entidad financiera reiteró que no tenía intención de suspender las obras y dijo que pediría indemnizaciones millonarias. Zoido calló. Esto es: otorgó. No movió pieza. Empezó a meterse en el jardín. Todavía no ha salido.

Intentó ganar tiempo quitando importancia a las alertas de la Unesco. Esta semana la cuestión dejó de ser opinable: la propuesta de resolución que se vota a finales de mes en San Petersburgo recomienda, de entrada, retirar a Sevilla su sello patrimonial. Para asombro general, Zoido ha empezado ahora a sostener lo contrario de lo que siempre dijo, negando además estar incurriendo en ninguna contradicción. Probablemente sea para no darle al portavoz socialista en el Ayuntamiento, Juan Espadas, el gusto de terminar haciendo precisamente lo que él le había propuesto a inicios de este año. Sin éxito.

Parece claro, de cualquier forma, que Zoido no sopesó bien la cuestión cuando se alineó en contra del rascacielos, acaso por dar más importancia a los titulares de prensa que al árido mundo del derecho urbanístico. Era la clave: según la ley, una licencia es un acto reglado –no graciable– y debe concederse siempre si se ajusta a derecho. Es el caso de la Torre Pelli. Revocar su permiso de construcción sin una razón urbanística –no valen las políticas ni las estéticas– implica incurrir en un acto administrativo nulo e, incluso, potencialmente delictivo.

Las licencias están amparadas por el principio de irrevocabilidad. Es el mismo talón de Aquiles de todos los grandes asuntos de su primer año de gobierno: Ikea, Alameda, Gavidia. Contar con una mayoría de veinte ediles no exime de tener que cumplir la ley y, en su caso, contar con razones defendibles ante terceros, incluso en sede judicial. Hace falta tener argumentos. Y el argumentario oficial de la Alcaldía, ahora se ve, es sencillamente imposible.

El alcalde niega que haya cambiado de posición. Quizás sea cierto: nunca la ha tenido. La Torre Pelli, más que un atentado a la Sevilla histórica o un proyecto con beneficios económicos, para el PP ha sido simplemente un argumento electoral. Un recurso para erosionar al anterior gobierno y a la Junta sin importar las consecuencias, que ahora son nefastas.

Si se consuma la propuesta de la Unesco, Sevilla sufrirá un revés en su marca exterior, una de las obsesiones del regidor. No es el único daño: la credibilidad del alcalde también va a bajar muchos enteros, si no lo ha hecho ya. Es el peligro de gobernar a base de golpes de efecto: las cañas se tornan lanzas. Algún capitular de la Plaza Nueva debería aprender inglés. Y otros, algo de urbanismo. Es duro, pero tiene sus satisfacciones.

  • luis

    Es importante que haya sacado a la luz que el convenio urbanístico, primero y el Pln Especial despues fue respaldado por el PP. Es importante porque conceder al licencia urbanistica conforme al Plan Especiaal era preceptivo. ¿Va Zoido contra los propios actos del PP?.
    Unavez más, Carlos, aciertas. Enhorabuena por tu artículo.

  • Sergio

    Qué pena de ciudad, necesitábamos un alcalde como Iñaki Azkuna y nos ha tocado un Jesús Gil. Lo más increíble de todo es que Zoido diga que nunca ha variado de postura, si miente en esto, ¿en qué otras cosas nos estará mintiendo sin que nos demos cuenta? Lo que hay que hacer es demostrarle a la UNESCO que si en otras ciudades no ha habido ningún problema por construir rascacielos, Sevilla no debe ser una excepción, ya está bien de que nos traten como al culo del mundo. Y si ciertas personas de ICOMOS tienen ínfulas de grandeza, que lo hagan por méritos propios, no a costa de hundir la imagen de toda una ciudad.

  • Mundoloco

    Que yo sepa, la Unesco no suelta ni un centimo en ayuda para los monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad, asi que…..
    por la misma regla de tres, derribemos el puente del alamillo y el del V Centenario, que son más altos que la Giralda.
    Sevilla existia muchisimos siglos antes que la Unesco naciera, y seguirá siendo Sevilla, esta vez con un aliciente mas: la torre Pelli.

  • Rubén

    Creo que has dejado claro la realidad de estos individuos. Cualquiera con un traje puede llegar a alcalde o edil, y lo peor es que Sevilla lo sufre a diario en sus carnes; que son el pueblo.
    Un saludo

  • Isidoro Neira

    No lo contempla, no lo dice, pero en la Torre Pelli lo que verdaderamente subyace y moviliza a determinados grupos que se ponen en contra de su ejecución no son estrictamente razones estéticas, son razones de precio de alquileres de oficinas, pues se sabe que el precio de m2 de estas oficinas va a ser muy competitivo y están en peligro otros intereses de otros grupos que tienen sus oficinas en renta ha tiempo.
    Se dice que quiénes asesoran a Icomos lo hacen a cambio de sumas importantes y, que cuando se sustancie su conocimiento igual llama la atención.
    À mon avis, Carlos, resulta obsoleta la idea de ciudad condenada a no poder crear su historia en cada tiempo, no debemos aceptar tener que reproducir miméticamente el barroco o un estilo de ciudad; estamos cansados de ver por todas las ciudades de Europa incluso en las ciudades imperiales del austro-húngaro, Viena, Praha y Budapest construcciones nuevas y bellísimas en la que materiales como el metacrilato combina perfectamente con la noble piedra escogida y cortada por los mejores canteros.
    Torre Pelli, en verdad terminará denominándose popularmente la torre de Triana, Torre Pelli digo no viene a salvar a Sevilla de nada pero volviendo la oración por pasiva tampoco puede hacerle daño pues no está en su casco antiguo, antes al contrario está en una zona completamente nueva, ahora hace 20 años y por tanto Torre Pelli/la torre de Triana lo único que hace es ser prueba de la dignidad de una ciudad que no admite agravio comparativo con otras ciudades que levantan sus iconos sin estar dentro del perímetro declarado por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad y no les pasa nada ni les quitan el título.
    Otrosi digo amigo Carlos, Torre Pelli o la Torre de Triana -su terminación-, será un aviso a navegantes y futuros inversores de que por encima de todo la seguridad jurídica es marchamo de una sociedad civilizada a la que como hijos de esta ciudad aspiro/aspiramos.
    Mis saludos

  • Manuel

    Somos la Capital del sur de Europa y tenemos un alcalde de pedanias…

  • Jose

    Enhorabuena por el artículo. Como siempre, un certero análisis de la situación.

  • ojosdegiralda

    Zoido, en contra de lo que muestra la caricatura, no es defensor incondicional de Torre Pelli. Nuestro alcalde lo que esta defendiendo es la calidad de nuestros monumentos ante una institución que quiere tomar a Sevilla como cabeza de turco. El trabajo de la UNESCO consiste en eso, defender monumentos de gente como los impulsores de la torre Pelli.

    Ya que legalmente Zoido no puede ni siquiera parar esa obra, lo que quiere es defender por encima de esa torre que los monumentos de Sevilla declarados patrimonio de la humanidad, ni son ni pueden ser eclipsados por una torre por muy hortera que sea. Por eso Carlos Marmol, “nuestro alcalde y nuestra ciudad necesitan el mayor apoyo posible frente a tanta injusticia que
    viene por ambas bandas”

  • Juan

    Estimado Carlos Mármol, me encanta su estilo objetivo y neutral. Siempre leo sus artículos-reportaje con gran interés y agrado. En el caso de la Torre Pelli-Cajasol (para distinguirla del resto de Torres Pelli que hay por el mundo repartidas, todas muy parecidas) yo siempre he escuchado o leido al Sr. Zoido hablar muy prudentemente. Siempre, desde que estaba en la oposición le he escuchado que cumpliría estrictamente la legalidad, primero para ver si podía paralizarla, y después para no paralizarla por tener todos los papeles en regla. Pero nunca ha dicho que la fuera a paralizar por gusto. Sólo si la Torre tenía algún defecto en sus licencias. Cuando comprobó que era absolutamente legal, dijo que haría todo lo que estuviera en sus manos para que Sevilla no fuera perjudicada por la Unesco, y eso creo que es lo que está haciendo. El Sr. Zoido (con el que no estoy de acuerdo en muchísimas otras cosas)no actúa aquí de manera (continua…)

  • Juan

    caprichosa, en mi opinión quiere el mal menor para la ciudad. Esto es, ya que no puedo pararla por la gran indemnización que habría que pagar a la promotora, al menos voy a intentar que no le quiten a nustros monumentos la calificación de Patrimonio de la Humanidad. Con una forma de actuar radicalmente contraria al anterior Alcalde, quizá por aquello de que era médico como el mismo se autodefinió, el Sr. Zoido no va a hacernos pagar a los sevillanos la indemnización (acuérdese proyecto de Moneo en el Prado)ni va a incumplir la legalidad (Biblioteca de la US en Prado) sólo prque él es el alcalde. Lo digo humildemente, y si las hemerotecas me contradicen, por favor sacadme del error.

  • Juan

    En otro orden de cosas dentro de esta polémica, mi opinión es que la torre no aporta nada positivo a la ciudad. Destruye el paisaje o linea del horizonte de la ciudad por confrontación. Ya ha pasado el tiempo en el que el ser humano desafía a la física en altura. Hay torres de más de 500 metros repartidas por el mundo. El diseño es anticuado y repetitivo. Por lo que no aporta nada ni por alardes técnicos ni por belleza u originalidad. Es insostenible económicamente a medio plazo dado el incremento de la oferta de oficinas que se va a producir cuando se inaugure. Y va a incrementar la densidad de tráfico en una zona donde ni siquiera está previsto que llegue el metro. Se hará, como se han hecho tantas cosas en la ciudad que han sido estériles, pero eso no la justifica.

  • Pablo

    El contraste entre Zoido y Monteseirín hace crecer, día a día, la figura de este último. Tenía un modelo de ciudad, promovía el avance de Sevilla. Zoido lo único que tiene es gana de revancha, cochedependencia y catetismo señoritil-tradicionalista.