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Juan Espadas: Pistas para un aterrizaje

Carlos Mármol | 28 de abril de 2010 a las 20:22

El virtual candidato del PSOE a la Alcaldía se ha dejado ver en Feria, prepara su puesta de largo ante las agrupaciones locales, ultima una agenda de encuentros informales y sopesa su nuevo ‘discurso político’.

Sin prisas pero sin pausa. Sin anunciarlo a los cuatro vientos pero empezando a hacerse, de una u otra manera, presente. Con otro estilo. Juan Espadas, ex consejero de Vivienda de la Junta de Andalucía y candidato oficioso del PSOE a la Alcaldía de Sevilla en 2011, ha comenzado a dejarse ver en determinadas ceremonias civiles. Un salto de escala, menor, si se quiere, pero que marca el inicio del aterrizaje suave en la política municipal que a lo largo del próximo mes de mayo debería intensificarse notablemente.

Hasta abril, Espadas, señalado desde hace meses como la opción cierta de la Ejecutiva Provincial para sustituir a Monteseirín en la Alcaldía, venía guardando un más que prudente silencio. Ni afirmaba ni desmentía. No mostraba excesivo entusiasmo en público por confirmar las conocidas quinielas políticas ni tampoco se autodescartaba. Simplemente esperaba el momento procesal oportuno: asistía a las reuniones orgánicas junto a la dirección del PSOE sevillano y se mantenía en segundo plano. Fiel a su carácter. Discreto. Serio. Visible pero mudo.

El respaldo de Griñán

La luz verde a su candidatura desde el nuevo aparato regional -el presidente de la Junta, esencialmente- ha propiciado un sutil cambio en las formas. Aunque aún no se ha producido la ratificación expresa del PSOE Federal -que ha aceptado ya adelantar de alguna manera el calendario para nominar a los cabezas de listas en ciertos núcleos urbanos-, los hechos no engañan: Espadas sigue sin hablar en demasía -no puede todavía hacerlo como candidato- pero ha empezado a dejarse ver en determinados actos públicos de la ciudad. El movimiento más significativo es la reciente escenografía de la Feria. Primer día: Griñán y la plana mayor del PSOE de Sevilla paseando junto al candidato por el Real de Los Remedios. Monteseirín, ausente. Portada de periódico. Segundo día: el hipotético cabeza de lista del PSOE acude a la Maestranza. Toros. Tercer acto: el ex consejero de Vivienda reunido en la caseta municipal con el alcalde, que por vez primera habla en público de la hipótesis de la candidatura de Espadas. En teoría, la elogia. Posteriormente, almuerzo en una caseta particular con el regidor. No hace falta dar muchos más detalles. Se entiende todo.

La puesta de largo

La maquinaria del PSOE empieza por fin a moverse tras resolver la gran incógnita: Monteseirín agotará el mandato. Con esta certeza sobre la mesa se han acelerado los tiempos, relativamente escasos, para empezar a sacar a la luz al nuevo candidato. Le quedan todavía algunas semanas más entre bambalinas, pero no demasiadas. La puesta de largo de Espadas será en una inminente ronda de actos públicos en las distintas agrupaciones locales del PSOE de Sevilla. Viera dio en su momento alguna que otra pista: “mi propuesta va a encantar”, dijo el secretario general. No es raro: siendo ya evidente que la decisión de poner punto final al ciclo municipal de Monteseirín no es cosa sólo de la Ejecutiva Provincial, sino voluntad de la nueva dirección regional, no se augura rebeldía alguna en el proceso. Y eso que hasta hace bien poco la mayor parte de las asambleas del PSOE en la capital declaraban ser críticas y afines al todavía regidor en su particular conflicto con Viera. Ingratas mudanzas políticas. La vida misma.

ESPADAS EN LA MOQUETA baja

Espadas, pues, ha optado por empezar con una dramaturgia de corte ortodoxo: comenzará el ritual de su presentación en los foros donde se reúnen las bases del PSOE sevillano, que son en primer término las que tendrán que apoyar su candidatura y ayudarle en la difícil carrera electoral. A partir de aquí llegará todo lo demás. La dirección del partido ya ha expresado claramente lo que piensa. Incluso ha dicho ya quién. Los militantes, en su conjunto, deberían contribuir al objetivo de mantener la Alcaldía, so riesgo de pérdida del poder municipal y, en consecuencia, muchas otras cosas más. Alguna de ellas tocan de forma directa el corazón de las agrupaciones socialistas. Un ilustre militante del PSOE lo resume con dos preguntas encadenadas: “¿Alguien va a discutir ahora la opción de Griñán, que ganó el congreso regional por abrumadora mayoría? ¿Alguien va a contradecir la apuesta de Viera, ganador de la batalla entre Monteserín y los oficialistas?”. No lo parece.

La cohabitación

Las cosas, sin embargo, no van a ser fáciles. Aunque el candidato vaya durante las próximas semana haciéndose más presente, una de las grandes preocupaciones entre los dirigentes socialistas sevillanos y andaluces es la cohabitación -durante casi un año- con Monteseirín en la Alcaldía. Una fórmula con la que ya se contaba, pero que, en función de la actitud que tome el todavía regidor, puede complicar bastante las cosas. Hasta la Feria, el reducido entorno de Monteseirín insistía machaconamente en que el cabeza de lista del PSOE iba a ser Viera. Tras la reunión del Real, el propio alcalde -que ha dicho en público que su opción para sucederle era Celis- ya elogiaba las posibilidades del aspirante. Lo hacía de forma aparentemente muy cordial -frente a Zoido- pero significativa.

Partida de póker

El encuentro entre ambos permitió poner las cosas en claro y, según fuentes de ambas partes, fue productivo en líneas generales. Lo que se ignora es si es el principio de un guión pactado o sólo una situación coyuntural. Lo cierto es que Monteseirín ha perdido desde entonces su habitual beligerancia: no ha sido demasiado categórico a la hora de valorar la mediación en el conflicto de Tussam del PSOE regional -un episodio inaudito- ni, de momento, ha vuelto a hacer saltar las alarmas. Obviamente necesita mejorar su punto de partida en la negociación sobre su salida de la Alcaldía hacia otro destino político, todavía incierto. Todo hace indicar, sin embargo, que la partida de póker no ha terminado. No se discute ya quién ganó la mano -eso está ya bastante claro-, sino si la victoria de Viera será dulce o amarga, dependiendo de los resultados electorales. Y justo en eso Monteseirín tiene bastante que decir. Y que hacer.

No es extraño pues que la cohabitación sea una de las cuestiones que preocupan en Luis Montoto. El alcalde no se muestra vehemente pero no da puntada sin hilo: los cambios en el gobierno han sido menores para evitar injerencias externas y por evidente falta de banquillo; y los puestos vacantes -la vicepresidencia de Tussam- son ocupados por afines. Cualquier paso atrás implicaría mayor tutela del PSOE provincial, que tiene decidido, al tiempo que lanza a Espadas, trazar una línea de control que impida que éste se contamine con las consecuencias de los once años de gestión de Monteseirín. En especial en las empresas municipales. Hay quien lo expresa con una frase: “Mientras más hable el alcalde sobre lo bueno que es Espadas, peor para Juan”.

La dificultad del papel del candidato radica precisamente en lograr un determinado punto de equilibrio que, sin romper del todo con los aciertos de los últimos años, permita hacer un discurso nuevo, más pegado al terreno. Menos bronco. Más educado. Este capítulo es justo el que está más verde. Espadas, que tendrá una oficina propia, está elaborando una agenda de actos y encuentros con diferentes sectores de la sociedad sevillana pero aún no tiene claro el tono del mensaje. El mensaje suele ser, con frecuencia, el estilo. Y el estilo, como decía el célebre conde de Buffon, es el hombre. Siempre

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Espadas no irá a la Plaza de España

Carlos Mármol | 27 de marzo de 2010 a las 15:36

La propuesta, en bruto, tenía tantas ventajas ciertas como evidentes inconvenientes políticos. Unos sólo veían las primeras; otros, los segundos. En plena discusión interna, un día se filtró interesadamente la idea -aquí nada es inocente- y la cosa al final va a terminar quedándose en barbecho.

Bastaba mirar la cosecha del consejo de ministros de ayer para darse cuenta de que algo fallaba: no aparecía por ningún lado el nombramiento formal de Juan Espadas como nuevo delegado del Gobierno central en Andalucía. Tampoco se produjo la destitución de Juan José López Garzón de este mismo cargo. De momento todo continúa igual. Lo que, por otra parte, tampoco significa que quizás no vayan a producirse cambios a medio plazo. Desde luego, ahora no toca. Igual que el soneto con estrambote de Cervantes: “Fuese y no hubo nada”.

La verdad del cuento es que la propuesta llegó a existir. Estaba quizás sin cocer, pero era verosímil. Los socialistas, por tanto, han decidido dar marcha atrás apenas unas horas después de que saliera la noticia. ¿Por qué? ¿Las críticas del PP? ¿Los evidentes problemas de solapamiento que implica ocupar un puesto institucional de tanto nivel y, al mismo tiempo, tener que hacer en apenas un año una campaña electoral a la Alcaldía de Sevilla cuyo éxito no está garantizado? ¿La mencionada confusión entre lo público y lo privado? ¿Un desacuerdo con el PSOE federal?

La lista de posibilidades es infinita. Además, unas no invalidan a las otras. Hay tantas opciones como gente haciendo cábalas y proyecciones sobre la Alcaldía hispalense y, por tanto, sobre ellos mismos. Unos porque están dentro y quieren salir hacia otros horizontes y no saben todavía cómo. Otros porque están fuera y desean tomar el control. Entre todos -el aspirante, el cesante, la interina y el aparato- están llevando la espiral de descoordinación a tal punto de que puede existir quien piense que Monteseirín no era tan mal comunicador.

CONSEJO DE GOBIERNO ANDALUZ-ESPADAS

Pero lo cierto es que Juan Espadas es el primero que no veía la cosa clara. La propuesta ha sido expuesta sin la cocina suficiente. Además, el candidato -hipotético, aún- sabe perfectamente lo que implica ejercer un puesto institucional: dedicación completa, integral, total. La Delegación del Gobierno supone tener que coordinar las Fuerzas de Seguridad del Estado en un territorio que es el 20% de España y liderar el resto de políticas de la Administración central en Andalucía. Demasiado tajo para compartirlo con visitas a los distritos y presentaciones públicas sobre el nuevo proyecto socialista para la ciudad de Sevilla. El precio -humano y vital- de las fotos se antojaba a todas luces excesivo.

Por otro lado estaba la cuestión estética: iniciar la carrera electoral desde un puesto institucional de tanta importancia se antojaba un hecho imposible de no censurar, incluso aunque se estuviera de acuerdo en la estrategia del PSOE de dotar a su supuesto cabeza de lista para las elecciones de 2007 de una plataforma que le garantice visibilidad. También están los descontentos: López Garzón no tiene ganas de dejar el cargo. “Habrá llamado a Madrid para quejarse, se habrá movido, seguro”, comentaba ayer un dirigente relacionado con este nuevo sainete municipal.

En cualquier caso, el primer tropezón de la opción Espadas -diga lo que diga la versión oficial; que en realidad aún no dice nada- ya se ha producido. Sería de desear que no se repita en cierto tiempo. Quizás así se explique que, un día después del galimatías de esta última semana -Espadas estando pero sin estar, Monteseirín marchándose sin marcharse y Rosamar Prieto con hambre de Alcaldía- la dirección provincial quisiera bajar el balón al suelo. Aparentar un control de la situación que, dada la profusión y actividad de los actores de la trama, no tiene visos de durar demasiado.

Viera se entrevistó con Monteseirín en privado. El encuentro nunca fue anunciado por el PSOE de Sevilla. La Alcaldía sí dejó caer el momento de su celebración, al igual que otras citas. Es de suponer que como vía de presión para acelerar las cosas y que éstas salgan (en parte) en el sentido adecuado. Desde que Griñán anunció que Monteseirín no repetiría como candidato cada paso del todavía regidor municipal requiere exégesis.

Todas las interpretaciones conducen al mismo mensaje: quiere un salida digna, pero no le gusta las que tiene en el horizonte. Sólo así se explica que redactara su carta de despedida -cuando todavía le queda un año de mandato- y dejase alimentar la tesis de que no llegaría como alcalde a la Semana Santa. No sólo va a llegar, sino que puede que incluso termine iluminando la Feria de Abril. “Aquí hay Monteseirín para rato”, comentaba ayer otro ilustre militante socialista, afín al regidor.

Las primeras ideas hechas al regidor no son de su agrado. O quizás no gusten a su entorno, que en este proceso es casi tan importante como el propio regidor. El discurso de Monteseirín fue ayer de tono conciliador y constructivo. Habló de un proceso de colaboración entre el Ayuntamiento y la dirección provincial “interesante y delicado que hay que llevar con cuidado” para que el proyecto de ciudad iniciado por su gobierno sea impulsado por el futuro candidato. Qué lejos están estas palabras de las que dijo Monteseirín en su día, cuando defendía ante José Antonio Viera (entonces el número dos de la lista electoral del PSOE a las pasadas elecciones municipales) “la independencia de la institución” frente al intento de “injerencia” de us propio partido. Este tránsito retórico resulta muy llamativo.

Al parecer, el alcalde quiere cariño. Apoyo. No le basta con su entorno político. Lo ansía de la Junta de Andalucía y del PSOE de Sevilla. En román paladino podría entenderse el culebrón en el sentido de que la propuesta de reubicación -que es lo que negocia con el PSOE; sobre el sucesor la postura de Monteseirín ha dejado hace tiempo de importarle a la Ejecutiva- aún no le satisface.

Hace falta tiempo para alcanzar un acuerdo. Y, como era previsible, mientras este asunto no se cierre, la permanencia en la Alcaldía del regidor se da por seguro. Digan lo que digan ciertas voces que insisten en lo duro que resulta para Monteseirín seguir cuando se sabe públicamente que no será el cabeza de lista del PSOE en 2011. Vincular su salida del Ayuntamiento a su candidatura fue un error de libro. Probablemente por eso ayer el propio regidor insistía en que, de momento, “no hay un candidato” elegido para sucederle. Una de dos: o la cosa va a durar bastante (y Espadas tendrá que esperar más)o alguien aún está dándole vueltas a la cabeza.

Movimientos en el tablero

Carlos Mármol | 25 de marzo de 2010 a las 13:13

Politica 09/10

SALIR va a terminar siendo casi más difícil de lo que fue entrar. Es lo que ocurre cuando no se tiene adonde ir. O cuando hay que volver a un destino poco apetecible. Un día después de que las opciones de Juan Espadas como próximo candidato del PSOE a la Alcaldía de Sevilla quedaran claramente de manifiesto tras la operación para hacerlo aterrizar en la Delegación del Gobierno en Andalucía, el resto de actores políticos implicados en la transición desde el régimen de Monteseirín a la nueva era municipal continúan agazapados en sus puestos –que atisban más efímeros cada día que pasa– y lanzan mensajes para que su salida de la Plaza Nueva –alguno la llamaría expulsión– sea lo menos dolorosa posible. Está visto que la etapa Monteseirín –que ha marcado un hito en la historia reciente de Sevilla– no puede terminar de forma sosegada y tranquila. Ya lo dijo el clásico: el carácter (casi siempre) acostumbra a ser buena parte del destino.

La plataforma

Lo de Espadas aún estaba a medio cocer. Pero es la segunda señal –tras su salida del Gobierno andaluz– que dice hacia donde va a girar la opción de Viera (con el aval expreso de Griñán) para capitanear la reconquista del Ayuntamiento. El tiempo dirá si también de la Alcaldía. Solventar esta incógnita sólo corresponde a los electores.

Los socialistas saben que su candidato requiere de una plataforma institucional para empezar a elevar –a marchas forzadas– su escasa popularidad. No había demasiadas opciones: la Delegación del Gobierno en Andalucía conlleva –por su condición de tercera autoridad institucional en la región– una generosa cuota protocolaria. Ya se sabe: un político que no aparece en una foto (aunque su capacidad de gestión sea infinita) es, a efectos prácticos, como si no existiera. El puesto, que en su día ocupó de forma breve el propio José Antonio Viera (también Zoido), garantiza esta cuota de pantalla. No es tan seguro, sin embargo, que sea neutro: su teórico radio de acción comprende toda la Comunidad Autónoma –en la provincia el que manda es el subdelegado; el prefijo no ayudaría mucho– y esto podría suscitar determinadas críticas de otros territorios andaluces. El PP ya empezó ayer a ir en esta dirección. Es el principio de lo que viene.

El segundo inconveniente de la operación es estético: el actual titular de este mismo puesto, Juan José López Garzón, se desayunó ayer la noticia en los periódicos. Un factor que demuestra escaso tacto. O quizás sugiere que su etapa como coordinador de las políticas estatales en Andalucía ha sido escasamente valorada. En política, incluso en la vida, no puede tratarse a la gente como meros instrumentos de los que prescindir en función de las circunstancias. A López Garzón se le buscará acomodo (como siempre) pero, ciertamente, los detalles en este proceso no se están cuidando todo lo que debieran.

Monteseirín no se fía

Hay, sin embargo, a quienes estos matices han dejado de importarle. Lo trascendente es el incierto futuro. Un ejemplo: en el PSOE, incluso en el caso de ciertos críticos que hasta ayer mismo le reprochaban a Espadas su militancia en Dos Hermanas, se empiezan a hablar maravillas del hipotético aspirante. Motivo suficiente para que, tras haberse caído del caballo (en singular), algunos antiguos alfredistas estén dispuestos a lo que llaman un gesto de responsabilidad: ayudar al candidato del PSOE a ganar la Alcaldía.

O lo que viene a ser lo mismo: ayudarse a sí mismos. En el partido esta actitud –que consiste en arrimarse al nuevo poder una vez que el anterior ha caído en desgracia– se resume con la misma frase: “Nos peleamos, sí, pero una vez que se decide quién va a ser el cabeza de lista del PSOE, éste es el candidato de todos”. No siempre pasa. Claro que, dada la coyuntura, ésta es la única fórmula si se quiere sobrevivir (o intentarlo) con los vientos oficialistas que soplan –y bien fuertes– dentro del PSOE de Sevilla. ¿Dónde están los valientes?

Los mensajes no dejan de circular. No sólo en privado: ayer apareció la primera teoría sobre la salida digna que se le va a dar a Monteseirín: una cosa relacionada con el Guadalquivir. El término obedece a su falta de concreción: una especie de empresa pública cuyo objetivo sería transformar el cauce del Guadalquivir en un territorio de innovación y excelencia.

Oficialmente, se dice en el PSOE, no se ha planteado nada a nadie. Quizás sea la idea que el secretario provincial, José Antonio Viera, formule al alcalde en una reunión inminente. Si fuera así, la opción podría haber sido ya carbonizada: el regidor hispalense no quiere un destino virtual, genérico e indefinido. Aunque la fórmula –una empresa pública– es justo la que pidió en su día porque, entre otros factores (personales), le permitiría recolocar a algunos de sus colaboradores. De momento, desde la Alcaldía no se quiere (oficialmente) entrar en el juego. Monteseirín, dicen, no tiene prisa. La orden oficial de Griñán –agotar el mandato municipal– no ha cambiado. Que se sepa. Claro que quizás el alcalde no esté, políticamente hablando, en la mejor coyuntura para exigir nada.

Aspiraciones de Celis

El segundo asunto a resolver, tras la cuestión Monteseirín, es la salida de su delfín: Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. Desde el principio sus opciones de refugiarse en la Junta de Andalucía han sido un argumento durante la fase previa de la sucesión. Otra cosa es que cuajen. O, al menos, que lo hagan de la manera deseada. Celis puede tener la opción de acompañar a Monteseirín en su salida del Ayuntamiento, aunque todavía hay que casar los deseos con la realidad. Aquí es donde aparecen algunos problemas. El primero es el rango: el edil de Urbanismo aspiraría a una viceconsejería. Hay quien piensa que sería más que suficiente con una simple dirección general.

¿Dónde? Algunas tesis señalaban ayer a la Consejería de Economía e Innovación que dirigirá Antonio Ávila. Otra teoría lo situaba en Obras Públicas y Vivienda, por aquello de que ahora ocupa el área de Urbanismo. Una tercera línea teorizaba (con cierto cariño) sobre su hipotético aterrizaje en la consejería de la Presidencia.

Celis desea salir del Ayuntamiento tanto como Monteseirín. Fracasadas sus opciones de relevar al alcalde desde dentro –el plan de acción inicial de los críticos– sabe que el siguiente movimiento de la Ejecutiva provincial que dirige Viera será alterar el statu quo del grupo municipal. Su portavocía tiene los días contados. Quienes no se salvarán de la quema son los demás alfredistas: Celis no podrá tirar de ellos en su nuevo destino, así que se impone un mensaje catastrofista. ¿Si son purgados quién va a gestionar el Consistorio? “Hay que dejar las cosas como están. Espadas no ganará las elecciones si no se termina la Encarnación o no se culminan los proyectos”.

Rosamar se postula

Ajena a estas cuestiones, ayer volvió a postularse –por segunda vez y sin esperar a que Monteseirín se haya ido– Rosamar Prieto, presidenta del Pleno. Hipotética alcaldesa interina durante la transición hacia el espadismo. Prieto, que se mostró encantada hace semanas con la idea de llegar a la Alcaldía de rebote, dijo que si es alcaldesa no lo será en funciones. Querrá mandar. En el último Pleno ya colisionó (de frente) con Torrijos. Rosamar representa el sector más conservador del PSOE, dicen sus críticos, que los tiene. Tanto como rendidos e interesados adoradores. El difícil proceso de transición que van a ensayar los socialistas está lleno de peligros.

El escenario se antoja muy confuso: los críticos calibran las vías de escape (los que pueden) o ruegan (los que no pueden) por la integración; Prieto busca dejar huella (un año para pasar a la historia parece escaso) y Espadas tiene, desde fuera, el reto de ganar las elecciones. Demasiadas piezas en un tablero que no deja de moverse. La Ejecutiva socialista se reúne hoy para cubrir los huecos derivados del congreso regional. Elección del nuevo secretario de organización y reasignación de funciones. Es de esperar que Viera, que ayer se dejó ver con Espadas, lance algún mensaje nítido. Otra cuestión es que se entienda.

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