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Sevilla: Año Cero.

Carlos Mármol | 4 de abril de 2012 a las 6:05

Si esto no es el Apocalipsis, se le parece bastante. Sevilla, enredada de nuevo en el bucle eterno de su Semana Santa, quebrada este año –otra vez– por la inesperada lluvia, caprichosa en tiempo de sequía, recibió ayer la bofetada silenciosa de los presupuestos generales del Estado. Un golpe al ánimo con forma numérica: 270 millones de euros. Un 37,9% menos. Punto. Ni un céntimo más.

Sabíamos que las promesas de la reciente campaña de las elecciones autonómicas –ministros del PP prometiendo a Zoido pagar hasta aquello que nunca les correspondió, como la ronda urbana SE-35– quedarían más pronto que tarde en agua de borrajas con independencia del resultado, pero la intensidad del tijeretazo que Rajoy tiene que dar a las cuentas públicas del Reino –la deuda nacional supone el 80% del PIB y los bancos no entienden de barcos– resulta especialmente cruenta para Sevilla al coincidir con el día que se conocen los datos del paro, cuya evolución anual nos deja el regalo agrio de casi un 12% más de desempleados. El Armagedón: diluvia justo cuando no conviene, las cofradías ya salen a la calle hasta sin santos –vivimos tiempos de rigor y penitencia–, se intuye por todos lados la incertidumbre y, de una forma u otra, todos estamos a la intemperie.

No es raro que los empresarios sevillanos –su asociación patronal, sin líder oficial tras la dimisión de su presidente por no ser capaz de aceptar los resultados electorales–, después de lamentar ayer las negras estadísticas del Inem, se fueran a San Pedro (collación) a hacer una ofrenda floral al Cristo de Burgos, patrón benefactor de la organización empresarial. Llevan ya 35 años haciéndolo. Por lo que se ve, con escasos resultados: el cielo no termina de escuchar las plegarias. Aquí todavía no hemos llegado a hacer lo de México: poner a las imágenes sacras mirando hacia la pared de las iglesias cuando no nos conceden nuestros deseos primarios. No debe quedarnos demasiado, porque todo parece ir a peor.

Sevilla, sin estímulos públicos en forma de proyectos, está condenada al desempleo perpetuo y a seguir anclada en una decadencia sostenida de la que, algunos, todavía hacen bandera estética. Políticos milagrosos, nos sobran. Futuro cada vez tenemos menos. Sevilla: año cero.

Promesas, el vicio perpetuo

Carlos Mármol | 18 de marzo de 2012 a las 6:05

El PP desempolva todos los proyectos de infraestructuras pendientes en la provincia de Sevilla sin garantizar ni plazos ni presupuesto. Los socialistas se limitan a plantear el 25-M como un dique contra la involución.

Las campañas electorales cada vez se parecen más a una gran estafa. O a un extraño juego de trileros. O a una comedia que, en ocasiones, adquiere visos de tragedia, si se tiene en cuenta que se juega con las ilusiones de la gente y con la fe (ciega) de los ciudadanos en un sistema –la democracia– que cada vez es más formal –el ritual no se pierde– pero mucho menos sustancial. Lo mismo le ocurrió en su día a la Iglesia: todo el mensaje evangélico quedó sepultado bajo la mera liturgia.

El 25-M, al igual que los comicios municipales de hace apenas ocho meses y las últimas elecciones generales, ahondan en esta tendencia que consiste en que los candidatos –sin rubor alguno– se lancen a prometer cosas que ni siquiera tienen mínimamente estudiadas, desdigan con sus propias palabras casi todos sus hechos previos y, al cabo, limiten el debate público que debe ser inherente a una convocatoria electoral a una galería de fotos, un cuaderno de homilías y algunas misas de corte papal, con la grey moviendo banderitas al son del himno oficial. Vamos a ganar. Todo lo demás, en realidad, a quién le importa.

Este proceso, común a los dos grandes partidos, que son los que ocupan el escaso espacio disponible, aprovecha dos vicios comunes en los tiempos actuales: la insustancialidad (política) y la falta de memoria –relativa– del cuerpo electoral; incapaz, según algunos, de recordar lo que se dijo mucho más allá de una semana. No es cierto –nunca lo fue–, pero los estrategas de campaña de los candidatos trabajan siempre sobre estas dos premisas. Una: el elector funciona por un mecanismo emocional; la lógica no cuenta en una convocatoria electoral. Dos: la coherencia argumental es lo de menos; lo importante es la convicción con la que se defienden las incoherencias. Nadie se fija en el mensaje, sino el tono.

Esto es lo que dice el lugar común. Supongo que porque, en términos estadísticos, es lo que sucede. Sin embargo, hay algunas excepciones. Ciudadanos –votantes en términos electorales– que no sólo recuerdan lo que van diciendo los políticos en campaña, sino que incluso son capaces de mencionar lo que hicieron cuando gobernaban. Y que establecen diferencias. Jerarquías. Distancias. Y a partir de este ejercicio –crítico– obtienen sus propias conclusiones. Casi todas ellas dejan a los aspirantes a un cargo –alcalde, presidente de autonomía o candidato a presidir un Gobierno– en una situación escasamente edificante. No tanto porque exista una tendencia natural a criticar a la clase política –ellos niegan serlo, pero las evidencias los desmienten–, sino porque hacen su camino sin importarles demasiado sus propias renuncias. Piensan que no tienen el mínimo coste electoral.

Esta semana hemos asistido en Sevilla a un episodio ilustrativo. El PP, principal favorito en estos comicios, ha organizado una gira de actos por las localidades medias de la provincia –el cinturón urbano que todavía se le resiste– para intentar cosechar los votos que Javier Arenas necesita para lograr una mayoría suficiente, que en realidad se llamaría absoluta. Hasta aquí, lo lógico. Cada partido es libre de establecer su propia táctica de campaña. El problema surge cuando se analiza, con algo de sobriedad, sin los habituales entusiasmos, los mensajes de fondo lanzados por el partido conservador.

Todos ellos se han centrado en la política de infraestructuras, uno de los capítulos en los que la historia reciente de Sevilla muestra el escaso peso político que la provincia tiene no sólo en el ámbito andaluz, sino a nivel estatal. El discurso de Arenas, que en parte ya había puesto en práctica Zoido unos días antes, viene a afirmar que si los electores le otorgan su confianza dentro de una semana Sevilla logrará una ley de capitalidad –una vieja reivindicación de la ciudad– y, por arte de magia o milagro, recuperará el tiempo perdido en materia de inversiones públicas durante los últimos dos lustros.

Arenas no dejó –casi– nada por mencionar. Desde la red integral del Metro de Sevilla, cuya única línea hace tiempo que se quedó corta, pasando por la SE-40, la construcción de la SE-35 –una ronda urbana; municipal, por tanto– o el tranvía de Alcalá de Guadaíra. A juicio del aspirante popular, la Junta de Andalucía –el PSOE, en realidad– se “olvidó” de esta provincia después de la celebración de la Expo 92. “Esta provincia sencillamente dejó de existir”, sentenció el cabeza de lista popular.

Sobre el diagnóstico, hay poco que objetar. Son sencillamente datos estadísticos los que avalan esta tesis, aunque en otros territorios andaluces todavía continúe viva la vieja costumbre de los agravios contra la capital hispalense. Dicho esto, y dándole la razón a Arenas en el punto de partida de la discusión, lo cierto es que no sólo hay que analizar los presupuestos autonómicos, controlados por los socialistas en los últimos treinta años, para certificar estas carencias.

También los sucesivos gobiernos estatales han aprobado sus respectivas cuentas anuales con partidas de inversión muy débiles en relación al peso poblacional, económico y político que debería tener Sevilla. Y en esta cuestión, obviamente, algo también ha tenido que ver el PP. O lo que es lo mismo: los dos gobiernos presididos por José María Aznar, en los que Arenas jugó un papel político notable. Justo aquí es donde el discurso electoral del PP patina. Y la credibilidad política de su candidato resulta ser, cuanto menos, discutible. El PP sabe perfectamente que éste es uno de sus talones de Aquiles. Aunque parece confiar en que la memoria útil de los ciudadanos sea lo suficientemente escasa como para orillar semejante contradicción.

Un caso paradigmático es el Metro. El PP promete ahora hacer la red integral del ferrocarril metropolitano. Zoido lo pregonó durante su campaña, pero después pactó con la Junta un programa para dar prioridad a la línea 3, sin dejar de discutir el resto del proyecto. Parecía una solución razonable dado el contexto económico en el que vivimos. Sin embargo, vuelve a usarlo como argumento electoral. Habrá a quien le parezca lícito. A otros nos parece simplemente teatro: los gobiernos del PP en Madrid, con el ciclo económico a su favor, jamás llegaron ni siquiera a participar en la financiación de la línea 1. De donde se infiere que ahora difícilmente podrían asumir lo que entonces no quisieron pagar. Basta recordar, además, el reciente anuncio del ministro De Guindos sobre el inminente recorte del 40% en las licitaciones estatales en los próximos presupuestos para que la promesa del PP se derrumbe. Sencillamente: no es verosímil por muchas visitas de la ministra de Fomento que organice el PP. Visitas donde sólo se expresan buenas intenciones. Ni plazos ni presupuestos. Nada cierto.

La realidad es muy terca. Y los datos hablan sin excesiva glosa: el déficit de inversiones estatales que padece la provincia desde hace al menos dos lustros puede cifrarse en 2.173 millones de euros. El cálculo lo realizó en su día –2009– Francisco Ferraro, catedrático de Economía de la Universidad de Sevilla. Un argumento de peso que no induce precisamente a esperar un cambio de tendencia. Y que resta validez a la promesa electoral del PP de devolver a Sevilla el porcentaje de inversión del que viene privándosele en la última década. Esta deuda histórica oculta jamás la admitieron ni los socialistas ni los populares.

Los socialistas, asombrosamente, han querido sacar pecho al hilo del tropezón de Arenas. Para ellos el 25-M es ya el último dique contra la involución. El presidente de la gestora que dirige el PSOE sevillano tras su enésima crisis le mandó esta semana una carta al candidato popular en la que le reprocha que no quiera admitir la realidad. “Hemos hecho una segunda modernización”, le dice Manuel Gracia, el presidente de la dirección interina socialista. Basta ver las cifras del paro –el gran lastre de nuestra economía– para darse cuenta de cómo el papel lo aguanta todo. Sobre todo en campaña. Los socialistas prometieron en su día –Plan Estratégico de Alfredo Sánchez Monteseirín– el pleno empleo en la Sevilla de 2012. A la vista está que la promesa se ha cumplido. Nadamos en la abundancia.

Un ‘soufflé’ que se viene abajo

Carlos Mármol | 23 de diciembre de 2011 a las 6:05

La intervención municipal pone en crisis los presupuestos de Urbanismo al confirmar que los ingresos por venta de patrimonio son ficticios. El alto funcionario recomienda prudencia al gobierno al cerrar las cuentas.

Soufflé. [Del francés]. Dícese del alimento preparado con claras de huevo a punto de nieve y cocido al horno para que quede inflado y adquiera una consistencia esponjosa. La definición es del DRAE. Exacta. Ortodoxa. Y aplicable, a tenor de la opinión de la Intervención General del Ayuntamiento de Sevilla, a las cuentas de la Gerencia de Urbanismo presentadas en público hace apenas una semana.

El titular de este área municipal, Maximiliano Vílchez (PP), deslumbró a todos hace seis días al asegurar que las inversiones de este organismo autónomo, el más importante de todo el Consistorio, crecerían un 87% gracias a una reducción del gasto corriente “drástica”. El edil explicaba que los 21 millones de inversión previstos para 2012 respondían a “un verdadero anexo de inversiones” y resaltaba por su “carácter social” el capítulo de las subvenciones de capital, dedicado a fomentar la rehabilitación privada. La cuadratura del círculo.

¿Pero los círculos son cuadrados? Geométricamente hablando, no. Se trata de un problema matemático irresoluble, salvo que se opte por la fórmula de las repeticiones sucesivas. Precisamente en esta tarea está centrado el gobierno municipal del PP, que desde hace ya dos semanas defiende sus presupuestos –que tiene previsto validar en Pleno antes de fin de año– con argumentos más retóricos que ciertos.

La valoración política de las cuentas municipales ha seguido un patrón previsible: el ejecutivo de Zoido las defiende, en buena medida culpando al anterior gobierno local por la herencia recibida, y la oposición las critica por considerarlas “falsas de toda falsedad”. Nada nuevo bajo el sol. ¿Pero qué dicen los funcionarios, tan elogiados por el gobierno municipal? En concreto: ¿Cuál es la opinión del interventor sobre las cuentas de Urbanismo? El informe realizado por este alto empleado público, encargado de velar por el adecuado uso de los fondos municipales, viene a dar la razón –indirectamente, claro– a la oposición. Se trata de una opinión técnica. Difícilmente rebatible desde el punto de vista político. Municipal, en este caso.

El dictamen elaborado por la Invervención sostiene que las cuentas de la Gerencia para 2012 no acreditan de forma fidedigna el incremento de los ingresos municipales. Lo que supone que determinados capítulos de gasto corriente e inversiones no podrán cumplirse. Especialmente trascendente es la cuestión de las inversiones, ya que, frente a la tesis oficial –se invertirá un 87% más–, la realidad pedestre que dibuja la Intervención explica que los créditos consignados en las cuentas “no podrán disponerse hasta que se acredite la obtención de la financiación prevista”.

Dicho en román paladino: si la recalificación de la comisaría de la Gavidia, la sede municipal de la calle Pajaritos y otras operaciones de Patrimonio Municipal de Suelo (PMS) no culminan con éxito financiero –cosa que se antoja muy difícil–, todo el cuadro de proyectos a ejecutar en 2012 se viene abajo. Igual que un soufflé. En palabras del interventor: “Es aconsejable una previsión prudente de los ingresos que integran este capítulo porque eventuales desviaciones pueden afectar directamente a la nivelación del presupuesto”.

No es el único reparo que pone a las cuentas de la Gerencia. La lista es extensa. Vayamos por partes. En primer lugar, el capítulo de ingresos: el PP afirma en sus cuentas que la recaudación de Urbanismo crecerá un 0,98% más. ¿Cómo es posible lograrlo en un escenario inmobiliario paralizado casi por completo? El equipo de Zoido alega que por una “previsible mejora en el ritmo de liquidación de los ingresos pendientes de ejecutar” y por la nueva tasa de servicios urbanísticos.

El interventor discrepa:“Esta mejora no está acreditada en el expediente”. Y añade: “En consecuencia, deben adoptarse medidas cautelares en relación con la ejecución de los gastos no financieros de manera que las desviaciones que se produzcan en este capítulo no se materialicen en déficit presupuestario”. Oficialmente el PP presume de aprobar un presupuesto con un superávit de 1,7 millones, aunque dicha cifra responde sólo a la obligación legal de equilibrar las cuentas, que en 2010 registraron por primera vez déficit. La forma, por tanto, no se corresponde con el fondo.

Otro de los argumentos centrales del edil de Urbanismo al presentar el presupuesto fue la reducción de los gastos corrientes (personal y funcionamiento). Sobre este particular, el informe de la intervención plantea matices. En relación a personal [capítulo I] el alto funcionario advierte al gobierno local que, dado que no existe normativa estatal sobre equilibrio presupuestario, todos los gastos consignados para las retribuciones de los empleados públicos de Urbanismo, las aportaciones a su plan de pensiones y las plazas vacantes dotadas están “condicionados” por la normativa que se apruebe por el Ejecutivo central. El interventor incluso insiste al PP en tener “prudencia” al hacer los cálculos. Esto es: las previsiones de gasto en estas tres partidas son ficticias.

Intervención llama asimismo la atención sobre la falta de rigor en determinadas partidas de personal –conceptos retributivos sin concretar, esencialmente– y menciona la incorrecta adecuación del capítulo laboral a la normativa. “No se dice qué plazas están vacantes, cuáles se han ofertado y cuáles están pendientes”, explica. A su juicio, hace falta elaborar una relación de los puestos de trabajo de Urbanismo y una valoración de los complementos salariales de cada uno de los puestos.

Sobre el pago a los proveedores –otra de las banderas políticas del PP– el dictamen del alto funcionario municipal precisa que en las cuentas de la Gerencia se proyectan pagos durante 2012, cuando la normativa obliga a asumirlos antes de final de este año, incluidos, en su caso, los intereses de demora. También alerta de anomalías en los suministros –facturas que no se mencionan en la contabilidad– y en las adjudicaciones en curso que, a su entender, “deberán suspenderse hasta que no dispongan de crédito suficiente”.

Sobre las ayudas a la rehabilitación privada –810.368 euros que el PP denomina “gasto social”– el interventor revienta la burbuja:“No se acredita la existencia de un plan de ayudas públicas para estas actuaciones que justifique la consignación prevista”. De nuevo, el pastel se viene abajo. No se sostiene.

Infinitamente mejor, infinitamente menos

Carlos Mármol | 23 de diciembre de 2010 a las 20:04

La política sevillana es poderosa en la fabricación de paradojas. Al parecer, que la inversión municipal para el próximo año caiga de forma histórica –un 78%– debe ser motivo de orgullo. Cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar a las piedras, decía el Quijote. En Sevilla las piedras todavía no hablan. Todo llegará. Otra cosa es que al final realmente terminen diciendo lo que piensan, cosa que en esta ciudad siempre es difícil porque impera el miedo a hacerse enemigos. Y, además, estamos en Navidad. Por lo visto está prohibido ponerse dramáticos.

La etapa final de la era Monteseirín entra estos días en su fase terminal. La decadencia, lamentablemente, está viniendo a certificar muchos de los vicios que, durante los años previos, ya se habían puesto de manifiesto de forma más o menos expresa, aunque la Alcaldía se negara –todavía se niega, de hecho– a asumir la más mínima evidencia de lo que ocurre. El balance real de estos años de gestión parece que va a terminar dejando como legado el quebranto casi total de las arcas públicas, fruto de determinadas políticas municipales. Por supuesto, para invertir y mejorar la ciudad hay que gastar. Pero, como cualquier estudiante de económicas sabe, desde el punto de vista conceptual no es lo mismo una cosa que otra. Más bien son todo lo contrario.

¿Ha invertido el Ayuntamiento en los últimos diez años? Indudablemente. Eso no lo niega nadie. Tanto ha invertido Monteseirín que no queda dinero del Plan General, hay al menos dos sociedades públicas en situación empresarial crítica y la caja común cada vez recibe menos ingresos, sin mencionar los desvíos de dinero público que, por los indicios de la investigación judicial, se han perpetrado en sitios como Mercasevilla. La estructura municipal ha crecido exponencialmente en estos años: fundaciones, nuevas empresas, proyectos, iniciativas. Todo eso está muy bien. Tenemos políticos ambiciosos. La cuestión es saber si esto que el gobierno local llama inversión ha sido realmente productivo o, por el contrario, la administración del dinero público en Sevilla se ha hecho durante estos años sin reportar demasiado en el hecho de que la rentabilidad de cualquier inversión real radica en lo que los analistas llaman la tasa de retorno. No en el simple hecho de gastar en función de los caprichos políticos.

ALFREDO SANCHEZ MONTESEIRIN

Las cuentas locales para 2011, que han caído a niveles de hace casi veinte años, no son austeras por voluntad. Lo son por obligación. No quedaba otra salida. Tras dos lustros seguidos de grandeur, la realidad se impone de forma gráfica. Pura matemática. No necesita de los habituales exégetas amables. Son hechos: el presupuesto de 2010 prácticamente no ha podido ejecutarse dado el gran retraso con el que se aprobó en su día; el del año que viene va a nacer directamente muerto. La extraordinaria caída de la inversión es bastante más que una mera anécdota o una cuestión provocada exclusivamente por la crisis económica. Es la visualización del negro porvenir que espera a esta ciudad, cuya primera empresa, no se olvide, sigue siendo el Consistorio. Así nos va.

Lo divertido, si no fuera en realidad lamentable, es que desde Plaza Nueva se diga que es hora de “la tranquilidad, no de hacer más obras”. Estaría bien si, al menos, hubieran terminado algunos de los proyectos de los planes 8.000 y Proteja, para los que, por cierto, han pedido prórrogas. El dinero de estos programas paliativos frente a la crisis fueron cobrados en tiempo y forma. ¿En qué se lo han gastado si algunas de estas obras todavía no están hechas? Con los fondos consignados en el capítulo 6 del presupuesto –algo más de 30 millones de euros– no puede hacerse ni siquiera una reurbanización similar a la primera fase (parcial) del boulevard de Bellavista. Lo que implica que, descontando el gasto corriente y las crecientes inyecciones económicas para que Tussam y Lipasam no caigan de nuevo en la ruina (las consideran inversión cuando es dinero a fondo perdido) Sevilla va a pasar en pocos meses a tener un presupuesto similar al de un pueblo medio. No es de extrañar que el regidor diga que dejará el Ayuntamiento infinitamente mejor de lo que lo encontró. Infinitamente mejor y con infinitamente menos (recursos). Nos ha convertido en un extraño poblachón andaluz. Aunque, bien mirado, ¿acaso en alguna ocasión dejamos de ser justamente otra cosa?

Sevilla: el escenario inquietante

Carlos Mármol | 8 de agosto de 2010 a las 11:09

El inminente recorte de las inversiones estatales y autonómicas sitúa a Sevilla en una complicada coyuntura de parálisis económica, índice de paro creciente y quiebra del proyecto metropolitano a unos meses de las municipales.

Decía Baroja, el escritor vasco, el ogro malo de Itzea, recluido por temporadas más o menos largas en el viejo caserón que su familia todavía conserva en la Vera del Bidasoa, a un paso de la frontera con Francia, que la desgracia tiene al menos una cosa buena: hace discurrir mucho más a aquel que la sufre. Probablemente por el afán de poder dejarla algún día atrás. Quizás el consejo pueda servir de consuelo a los sevillanos que, además de maldecir estos días el calor patrio, hayan caído en la cuenta de la proliferación de malas noticias que, como estaciones de un improvisado vía crucis, se han sucedido en los últimos tiempos en relación al presente inmediato de la ciudad.

No se trata de la célebre profecía meteorológica que nos anuncia un futuro desértico, sin agua y, sólo si somos capaces de reinventarnos, similar al de la urbe norteamericana de Tucson (Arizona). Hablamos de asuntos más próximos y sustantivos. Cuestiones de hacienda. Dinero. Recursos. Ha querido el azar que en el breve lapsus de un mes la ciudad reciba dos fatídicas nuevas. La primera ha sido el recorte de las inversiones del ministerio de Fomento, cuyo impacto todavía está por concretar, pero que demorará en casi un lustro las obras de los tramos en ejecución de la SE-40 -la ronda de circunvalación que llevamos más y una década esperando- y dejará en suspenso todo el arco noroeste de su trazado.

La segunda, casi una réplica de la anterior, como sucede con los temblores de tierra, ha llegado esta misma semana. La Junta de Andalucía, en consonancia con la menguada salud de las arcas públicas estatales, ha decidido aplicar su propio plan de ajuste en infraestructuras poniendo en crisis hasta un total de nueve proyectos claves para el desarrollo del área metropolitana de Sevilla. Asuntos que venían demandándose desde hace al menos media década y que ahora serán víctimas de las órdenes de contención del gasto que, como resultado de la errática política del Gobierno, están aplicando en cadena todas las administraciones públicas. Desde Madrid al resto del país.

En esta lotería agria Sevilla ha salido especialmente malherida. Si bien es cierto que el tijeretazo estatal parecía agridulce (la SE-40 se hará tarde y será más barata; la prolongación de la línea de Cercanías del Aljarafe Norte, en cambio, se salva) en el caso de la Junta no es posible hacer una lectura amable. Por mucho que la consejera de Obras Públicas trate de atenuar el impacto de su decisión y los voceros oficiales sigan con la cantinela de la “reprogramación” (lo que a todas luces no hace más que empeorar la situación), lo cierto es que la mayor parte del ajuste que va a aplicar el Gobierno autonómico recaerá en la provincia de Sevilla. ¿Será una mera casualidad o, acaso, se trata una recurrente táctica política?

SEVILLA EL ESCENARIO INQ baja

Como siempre sucede, habrá opiniones para todos los gustos. Desde la de quienes dicen que en Sevilla se recortan más iniciativas porque es el territorio más favorecida por la Junta, a la de aquellos que piensan que el sacrificio que se demanda a los sevillanos no es justo ni en términos políticos, ni demográficos ni económicos. La disyuntiva, en todo caso, tiene cierto aire bizantino. Aunque no siempre se quiera entender desde otras provincias andaluzas, los datos son evidentes: el déficit histórico de inversiones tanto del Estado como del Gobierno autonómico en la capital de Andalucía es notable. Ésta es materia antigua. Y también un conflicto recurrente. Los presupuestos públicos de los últimos años de la burbuja inmobiliaria ilustran la tendencia a la baja en las inversiones de la Junta y el Gobierno en Sevilla, inferior a la media fijada para otros territorios. De donde se infiere que si con un ciclo económico expansivo las iniciativas sevillanas tardaban mucho en arrancar, en el nuevo contexto sencillamente no podrán echar a andar.

Podemos pues hablar de un escenario real de parálisis económica. Y lo peor: con vocación de perdurar. Sin la iniciativa pública la economía sevillana ni funciona ni crea empleo. Basta analizar los datos hechos públicos esta semana: mientras en España y en Andalucía, siquiera de forma coyuntural, las cifras del paro descienden de forma leve (unas décimas) en Sevilla la tendencia es justo la contraria. El paro sigue en ascenso. Casi 200.000 personas sobreviven sin esperanzas y sin poder salir de las listas del Inem.

La afección territorial

Junto a su derivación social, el recorte de las inversiones autonómicas trae a primer plano otra cuestión. Aparentemente menos visible pero trascendente. Y posiblemente estratégica: la afección territorial que tendrá la medida. El tijeretazo es un frenazo evidente a la aspiración -inconexa, desordenada, plena de dificultades, quizás, pero fundamental- de que Sevilla y su entorno puedan articular de una vez un proyecto metropolitano suficientemente viable y sólido como para dar un salto de escala político y económico. Un sueño con muchos enemigos que, aunque en fase muy embrionaria, es la única hoja de ruta propia con la que cuenta la ciudad para transformarse y empezar a jugar en una división distinta.

La Junta, si hay que hacer honor a la verdad, nunca ha estado por la labor. Posiblemente pensando en el ejemplo barcelonés: un área metropolitana fuerte, unida y cohesionada en la sede misma del poder autonómico siempre es contemplada por el mando regional como una amenaza, en lugar de como una oportunidad. Sea por este factor, o por la miopía de los alcaldes socialistas metropolitanos, lo cierto es que la Junta no ha tenido nunca voluntad de aprobar una ley de capitalidad para Sevilla ni ha sido activa en la formulación del Plan de Ordenación Metropolitana de la Gran Sevilla. Tardó más de 25 años en aprobar un documento global. Y si finalmente lo hizo fue a la fuerza, cuando el colapso urbanístico y de movilidad de la primera corona sevillana empezaba a amenazar la supremacía política del PSOE.

La estrategia que ahora quiebran los recortes se apoyaba en tres pilares: la reorientación del sector inmobiliario hacia la VPO, una apuesta (inversora) por el transporte público y la correcta selección de iniciativas económicas que, bien ubicadas en el territorio, permitieran equilibrar las actividades metropolitanas. A esta lógica obedece la construcción de la línea 1 del Metro y su prolongación mediante plataformas de tranvía hacia Dos Hermanas, Alcalá y el Aljarafe. El sector Norte, descolgado de la táctica global, obtenía como compensación un viario de gran capacidad (el acceso Norte) capaz de soportar la unión entre San José y La Rinconada. En términos regionales, la hoja de ruta se cerraba con la unión entre Sevilla y Málaga con un AVE directo y la conexión de la estación de Santa Justa con el aeropuerto de San Pablo. Un proyecto clave para ejercer la capitalidad territorial en Andalucía occidental.

Todo esto es lo que salta ahora por los aires. Quizás de forma coyuntural, según los más optimistas (casualmente, los regidores del PSOE), o puede que definitiva, según los mejores informados, que son pesimistas. El Estado va a dejar la SE-40 a la mitad, la Junta demora los tranvías y las carreteras y abre el melón para rediseñar el AVE al aeropuerto. El Estado cierra el grifo de las ayudas a la vivienda pública. Los bancos siguen sin financiar ni a los promotores ni a los adjudicatarios de VPO. Las empresas que no cierran, despiden. El empleo continúa en un profundo pozo negro. Todo parece ir en retroceso. El CIS certificaba esta semana que los españoles piensan que los políticos son el tercer problema del país. Nadie cree en nada ni en nadie. Todo termina dando igual. El relativismo intelectual predomina. El mundo inmediato se cae. Dentro de unos meses llegan las municipales. El escenario es inquietante