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Sevilla: Año Cero.

Carlos Mármol | 4 de abril de 2012 a las 6:05

Si esto no es el Apocalipsis, se le parece bastante. Sevilla, enredada de nuevo en el bucle eterno de su Semana Santa, quebrada este año –otra vez– por la inesperada lluvia, caprichosa en tiempo de sequía, recibió ayer la bofetada silenciosa de los presupuestos generales del Estado. Un golpe al ánimo con forma numérica: 270 millones de euros. Un 37,9% menos. Punto. Ni un céntimo más.

Sabíamos que las promesas de la reciente campaña de las elecciones autonómicas –ministros del PP prometiendo a Zoido pagar hasta aquello que nunca les correspondió, como la ronda urbana SE-35– quedarían más pronto que tarde en agua de borrajas con independencia del resultado, pero la intensidad del tijeretazo que Rajoy tiene que dar a las cuentas públicas del Reino –la deuda nacional supone el 80% del PIB y los bancos no entienden de barcos– resulta especialmente cruenta para Sevilla al coincidir con el día que se conocen los datos del paro, cuya evolución anual nos deja el regalo agrio de casi un 12% más de desempleados. El Armagedón: diluvia justo cuando no conviene, las cofradías ya salen a la calle hasta sin santos –vivimos tiempos de rigor y penitencia–, se intuye por todos lados la incertidumbre y, de una forma u otra, todos estamos a la intemperie.

No es raro que los empresarios sevillanos –su asociación patronal, sin líder oficial tras la dimisión de su presidente por no ser capaz de aceptar los resultados electorales–, después de lamentar ayer las negras estadísticas del Inem, se fueran a San Pedro (collación) a hacer una ofrenda floral al Cristo de Burgos, patrón benefactor de la organización empresarial. Llevan ya 35 años haciéndolo. Por lo que se ve, con escasos resultados: el cielo no termina de escuchar las plegarias. Aquí todavía no hemos llegado a hacer lo de México: poner a las imágenes sacras mirando hacia la pared de las iglesias cuando no nos conceden nuestros deseos primarios. No debe quedarnos demasiado, porque todo parece ir a peor.

Sevilla, sin estímulos públicos en forma de proyectos, está condenada al desempleo perpetuo y a seguir anclada en una decadencia sostenida de la que, algunos, todavía hacen bandera estética. Políticos milagrosos, nos sobran. Futuro cada vez tenemos menos. Sevilla: año cero.

Un ‘soufflé’ que se viene abajo

Carlos Mármol | 23 de diciembre de 2011 a las 6:05

La intervención municipal pone en crisis los presupuestos de Urbanismo al confirmar que los ingresos por venta de patrimonio son ficticios. El alto funcionario recomienda prudencia al gobierno al cerrar las cuentas.

Soufflé. [Del francés]. Dícese del alimento preparado con claras de huevo a punto de nieve y cocido al horno para que quede inflado y adquiera una consistencia esponjosa. La definición es del DRAE. Exacta. Ortodoxa. Y aplicable, a tenor de la opinión de la Intervención General del Ayuntamiento de Sevilla, a las cuentas de la Gerencia de Urbanismo presentadas en público hace apenas una semana.

El titular de este área municipal, Maximiliano Vílchez (PP), deslumbró a todos hace seis días al asegurar que las inversiones de este organismo autónomo, el más importante de todo el Consistorio, crecerían un 87% gracias a una reducción del gasto corriente “drástica”. El edil explicaba que los 21 millones de inversión previstos para 2012 respondían a “un verdadero anexo de inversiones” y resaltaba por su “carácter social” el capítulo de las subvenciones de capital, dedicado a fomentar la rehabilitación privada. La cuadratura del círculo.

¿Pero los círculos son cuadrados? Geométricamente hablando, no. Se trata de un problema matemático irresoluble, salvo que se opte por la fórmula de las repeticiones sucesivas. Precisamente en esta tarea está centrado el gobierno municipal del PP, que desde hace ya dos semanas defiende sus presupuestos –que tiene previsto validar en Pleno antes de fin de año– con argumentos más retóricos que ciertos.

La valoración política de las cuentas municipales ha seguido un patrón previsible: el ejecutivo de Zoido las defiende, en buena medida culpando al anterior gobierno local por la herencia recibida, y la oposición las critica por considerarlas “falsas de toda falsedad”. Nada nuevo bajo el sol. ¿Pero qué dicen los funcionarios, tan elogiados por el gobierno municipal? En concreto: ¿Cuál es la opinión del interventor sobre las cuentas de Urbanismo? El informe realizado por este alto empleado público, encargado de velar por el adecuado uso de los fondos municipales, viene a dar la razón –indirectamente, claro– a la oposición. Se trata de una opinión técnica. Difícilmente rebatible desde el punto de vista político. Municipal, en este caso.

El dictamen elaborado por la Invervención sostiene que las cuentas de la Gerencia para 2012 no acreditan de forma fidedigna el incremento de los ingresos municipales. Lo que supone que determinados capítulos de gasto corriente e inversiones no podrán cumplirse. Especialmente trascendente es la cuestión de las inversiones, ya que, frente a la tesis oficial –se invertirá un 87% más–, la realidad pedestre que dibuja la Intervención explica que los créditos consignados en las cuentas “no podrán disponerse hasta que se acredite la obtención de la financiación prevista”.

Dicho en román paladino: si la recalificación de la comisaría de la Gavidia, la sede municipal de la calle Pajaritos y otras operaciones de Patrimonio Municipal de Suelo (PMS) no culminan con éxito financiero –cosa que se antoja muy difícil–, todo el cuadro de proyectos a ejecutar en 2012 se viene abajo. Igual que un soufflé. En palabras del interventor: “Es aconsejable una previsión prudente de los ingresos que integran este capítulo porque eventuales desviaciones pueden afectar directamente a la nivelación del presupuesto”.

No es el único reparo que pone a las cuentas de la Gerencia. La lista es extensa. Vayamos por partes. En primer lugar, el capítulo de ingresos: el PP afirma en sus cuentas que la recaudación de Urbanismo crecerá un 0,98% más. ¿Cómo es posible lograrlo en un escenario inmobiliario paralizado casi por completo? El equipo de Zoido alega que por una “previsible mejora en el ritmo de liquidación de los ingresos pendientes de ejecutar” y por la nueva tasa de servicios urbanísticos.

El interventor discrepa:“Esta mejora no está acreditada en el expediente”. Y añade: “En consecuencia, deben adoptarse medidas cautelares en relación con la ejecución de los gastos no financieros de manera que las desviaciones que se produzcan en este capítulo no se materialicen en déficit presupuestario”. Oficialmente el PP presume de aprobar un presupuesto con un superávit de 1,7 millones, aunque dicha cifra responde sólo a la obligación legal de equilibrar las cuentas, que en 2010 registraron por primera vez déficit. La forma, por tanto, no se corresponde con el fondo.

Otro de los argumentos centrales del edil de Urbanismo al presentar el presupuesto fue la reducción de los gastos corrientes (personal y funcionamiento). Sobre este particular, el informe de la intervención plantea matices. En relación a personal [capítulo I] el alto funcionario advierte al gobierno local que, dado que no existe normativa estatal sobre equilibrio presupuestario, todos los gastos consignados para las retribuciones de los empleados públicos de Urbanismo, las aportaciones a su plan de pensiones y las plazas vacantes dotadas están “condicionados” por la normativa que se apruebe por el Ejecutivo central. El interventor incluso insiste al PP en tener “prudencia” al hacer los cálculos. Esto es: las previsiones de gasto en estas tres partidas son ficticias.

Intervención llama asimismo la atención sobre la falta de rigor en determinadas partidas de personal –conceptos retributivos sin concretar, esencialmente– y menciona la incorrecta adecuación del capítulo laboral a la normativa. “No se dice qué plazas están vacantes, cuáles se han ofertado y cuáles están pendientes”, explica. A su juicio, hace falta elaborar una relación de los puestos de trabajo de Urbanismo y una valoración de los complementos salariales de cada uno de los puestos.

Sobre el pago a los proveedores –otra de las banderas políticas del PP– el dictamen del alto funcionario municipal precisa que en las cuentas de la Gerencia se proyectan pagos durante 2012, cuando la normativa obliga a asumirlos antes de final de este año, incluidos, en su caso, los intereses de demora. También alerta de anomalías en los suministros –facturas que no se mencionan en la contabilidad– y en las adjudicaciones en curso que, a su entender, “deberán suspenderse hasta que no dispongan de crédito suficiente”.

Sobre las ayudas a la rehabilitación privada –810.368 euros que el PP denomina “gasto social”– el interventor revienta la burbuja:“No se acredita la existencia de un plan de ayudas públicas para estas actuaciones que justifique la consignación prevista”. De nuevo, el pastel se viene abajo. No se sostiene.

El signo de los tiempos

Carlos Mármol | 18 de diciembre de 2011 a las 6:05

Los nuevos presupuestos municipales de Juan Ignacio Zoido no solucionan los problemas estructurales de las empresas del Ayuntamiento de Sevilla y son el preámbulo del duro ajuste que comenzará en primavera.

No va a ser algo inmediato, cosa de un día para otro, pero el inevitable proceso de ajuste de la estructura administrativa global del Ayuntamiento de Sevilla ya está en marcha. Los presupuestos que esta semana ha presentado el gobierno del PP, que destacan por vender una discreta reducción de los gastos corrientes y prácticamente convertir en una utopía el capítulo de las inversiones municipales, tienen un reverso (para algunos tenebroso, para otros lógico) que consiste en recortar significativamente (20%) la partida de transferencias de capital público que reciben la mayoría de las empresas y organismos autónomos del cabildo sevillano.

Del tijeretazo sólo se ha librado Tussam. Consecuencia de la crítica situación por la que desde hace años pasa la empresa municipal de autobuses, quebrada de facto tras doce años de gestión socialista (la firma siempre fue deficitaria, aunque nunca en las magnitudes actuales) y ahora nuevamente herramienta para los guiños electorales del PP, que ha decidido mantener un generoso cuadro de bonificaciones a pesar de que durante su etapa en la oposición solía alertar de que las iniciativas sociales van en perjuicio de la salud financiera de las compañías municipales.

El descenso de los fondos de las sociedades publicas del consistorio pudiera contemplarse en apariencia como una señal de austeridad política. Es una verdad a medias. Quizás podría también considerarse una medida adecuada en un contexto económico diferente (ahorrar tiene sentido cuando hay ingresos; cuando se vive en la ruina es sencillamente imposible) pero en la coyuntura vigente más bien parece anunciar la llegada a la gran encrucijada por la que antes o después pasarán las empresas públicas de Sevilla: los cambios en su actual sistema jurídico de gestión. Lo que algunos llaman privatización.

De momento no se ha producido ningún anuncio oficial que avale esta tesis. Es cierto. Aunque las noticias realmente importantes, y con costes sociales y políticos, nunca se desvelan con demasiada antelación. Al contrario: suelen adoptarse nada más llegar al poder (para que se olviden más fácilmente), de improviso y, últimamente, justo después de haber pasado por el trance electoral. Algo que convierte el hecho de votar en una estafa: los ciudadanos, como ha ocurrido en el caso de las elecciones generales, y en cierto sentido también en las municipales, sólo votan para expulsar a quien gobernaba, pero sin conocer el programa político que se les va a aplicar. Circunstancia que, por lógica, tiende a hacer pensar que será impopular, duro e inaceptable. Mejor no contarlo y aplicarlo una vez pasado el ritual de las urnas. Basta, sin embargo, mirar un poco alrededor para darse cuenta de que los tiempos duros que vienen (como anuncia hasta el Rey) lo serán para unos más que para otros y, de cualquier forma, supondrán que muchas de las situaciones que se antojaban eternas, permanentes, no volverán a ser como antes. Ni seguirán tampoco como ahora.

Esta semana el presidente de la patronal española, Rosell, ha propuesto que se despida a los empleados públicos (los funcionarios son una estirpe distinta) que no tengan funciones encomendadas. Intenta así abrir un debate para que la agenda del nuevo Gobierno que será nombrado la próxima semana comience por cuestionar el gran principio de la función pública: que es vitalicia. La historia no es nueva, pero a muchos todavía les parece inverosímil, increíble. Ocurrió en su día en la Argentina (los tiempos del corralito y el colapso moral y económico de la nación austral) y está pasando en Grecia. Incluso en Granada, que no está tan lejos, el Ayuntamiento del PP, como casi todos, anunció hace días la desaparición de una serie de organismos municipales creados en etapas de prosperidad relativa. Entre los organismos eliminados está incluso la Gerencia de Urbanismo, el gran foco de poder, junto a la Alcaldía, de cualquier consistorio.

La crisis ha instaurado un nuevo dogma político. Es el propio de los momentos de derrumbe: “Todo está sujeto revisión”. Dentro del concepto revisión se incluye la palabra ajuste, que en realidad es recorte. Reprogramación, según la vieja terminología del PSOE. Tras cuatro años de debacle económica, con un paro galopando como un caballo demente y las empresas en el esqueleto (muchas pregonan ahora el discurso de rebajar los sueldos porque algunas ya no tienen fondos ni para despedir, y si despiden más saben que su estructura no podrá seguir funcionando), las miradas se dirigen hacia el sector público. La disyuntiva es trágica: o los servicios básicos o los empleados públicos. Ambas cosas, en algunos casos, no son compatibles.

Probablemente algunos crean que esta reflexión es excesiva. Incluso que se adelanta a los acontecimientos. Veremos. Lo que sí habría que empezar a preguntarse, a menos que gusten las mentiras piadosas, es por qué si esta cuestión está empezando a estar en todas las agendas políticas (europeas, nacionales, incluso regionales; véase el caso de Cataluña) en Sevilla todavía se mantiene en un segundo plano. ¿Una singularidad de corte meridional? Puede que sí. Aunque en realidad es un mero simulacro: se llaman elecciones autonómicas.

El PP municipal ha condicionado toda su agenda de gobierno en Sevilla a los comicios regionales (en los que Javier Arenas se juega todo a César o nada, como César Borgia) y es lógico que desde la Alcaldía no se den pasos para sembrar la semilla de la inquietud entre los empleados municipales, especialmente cuando una de las tácticas del PP andaluz ha sido posicionarse a favor de los funcionarios en el duro conflicto que mantienen con el Gobierno andaluz. Y, sin embargo, la rueda no está quieta. Se mueve.

Esta semana el ejecutivo de Zoido, además del recorte en las transferencias, ha resucitado el proyecto de Monteseirín (esta herencia al parecer no les parece contaminada) de crear la Corporación Municipal DeSevilla. El holding empresarial que en su momento llegó a ambicionar dirigir, con quebranto económico notable para las arcas públicas, el hombre de confianza del ex alcalde, Manuel Jesús Marchena.

La medida, con algunos cambios cosméticos, reaparece ahora con el argumento del ahorro. En positivo. Ya. Hay quien no lo ve igual: la nueva corporación municipal puede ser el principio del plan de reconversión del Ayuntamiento, una nueva superestructura libre de compromisos que impondrá un único convenio colectivo a todos los empleados municipales (con cláusulas adecuadas a los nuevos tiempos) e impulsará un modelo de gestión privada para empresas que, de momento, son públicas. Y ruinosas.

La cosa tiene poco misterio. Puro sentido común: si en los tiempos actuales las entidades y organismos municipales reciben menos transferencias públicas, no pueden endeudarse ni para gastar ni para invertir, sus ingresos estructurales siguen mermando (Urbanismo depende de un mercado inmobiliario desaparecido; Lipasam y Tussam de precios inferiores a los costes) y el Consistorio no sube los impuestos, el Ayuntamiento está abocado al colapso. Emvisesa, la empresa de la vivienda, parece ser el campo de pruebas para el experimento: en 2012 no iniciará ningún proyecto nuevo. Un derribo mudo. Con silenciador. ¿Los argumentos? Siempre queda la justificación habitual: la herencia recibida. Y el signo de los tiempos. La nueva era comienza en marzo. Está escrito.

Disputas presupuestarias

Carlos Mármol | 8 de marzo de 2009 a las 17:41

Las dos facciones del PSOE de Sevilla se enfrentan de nuevo por el control del presupuesto municipal, donde los ‘críticos’ intentan ajustar cuentas internas a los ‘oficialistas’ reduciendo al mínimo su cuota de poder político.

SIN TREGUA ni perdón. Como en las películas de Clint Eastwood. La lucha fratricida que durante las últimas semanas siguen reproduciendo en el interior del Ayuntamiento de Sevilla críticos y oficialistas, las dos familias políticas del PSOE, enfrentadas desde hace tiempo por el control del poder, cualquier que éste sea, ha tenido esta última semana al presupuesto de la ciudad como involuntario escenario de batalla. Algo llamativo si se tiene en cuenta que de su aprobación –todavía pendiente, por cierto– depende el funcionamiento mismo de la institución –el Consistorio es la primera gran empresa de Sevilla– y buena parte de los cuidados paliativos con los que los políticos sevillanos dicen querer intentar atenuar los efectos de la grave crisis económica.

Sevilla necesita, dada la actual coyuntura, un urgente impulso que únicamente puede proceder de las administraciones públicas. Con la espectacular caída de ventas y las conocidas restricciones al crédito, el sector privado difícilmente puede tirar ya del carro de la economía local, donde gran parte del tejido empresarial –de tamaño pequeño y mediano, salvo honrosas excepciones– tiene todos sus esfuerzos puestos en el reto de sobrevivir al frenazo en seco de la economía; un tsunami que algunos no quisieron ver en su día y que, desgraciadamente, parece haber llegado con la intención de quedarse. Al menos, por un largo tiempo. Lo suficiente para que muchos de los que hace un año no veían problemas en el horizonte sean ahora quienes más lamenten en público no haber evitado ciertos excesos.

Sea como fuere, las cuentas municipales eran –y son– una oportunidad para intentar frenar el grave deterioro económico de Sevilla. Razón suficiente para que los dos partidos del gobierno local (PSOE e IU) hubieran hecho el esfuerzo de aprobar en tiempo y forma las cuentas. No ha sido así. La excusa oficial a tal dilación reza de este modo: “Debido al caudal de trabajo que han tenido los servicios municipales con la elaboración de los proyectos adscritos a los programas estatales y autonómicos contra la crisis”, las partidas presupuestarias ordinarias han tenido que esperar su turno. Y así continúan: esperando.Porque lo cierto es que con marzo bien entrado aún no hay presupuesto sancionado.

Situación excepcional

La justificación oficial de este singular retraso, sin embargo, no convence a casi nadie. Dado el número y la eficacia de los funcionarios del Consistorio, extraña que éstos no puedan hacer dos cosas al mismo tiempo: por un lado, elaborar los proyectos de los planes anticrisis y, por otro, afinar el presupuesto, en el que suele haber –por desgracia– escasa capacidad creativa. Todo el mundo que siga desde hace cierto tiempo la vida municipal sabe que las cuentas anuales son una suerte de copias prácticamente casi milimétricas de las del año anterior. Entre otras cosas, por la escasa capacidad de ejecución cierta de la maquinaria municipal, que suele encadenar año tras año las mismas partidas de gasto. De esta espiral burocrática no ha escapado ninguno de los distintos gobierno locales de los últimos veinte años.

¿Cuál es entonces la razón de que el presupuesto no esté aprobado todavía? Si durante una década Monteseirín siempre ha sido capaz de aprobar las cuentas de su gobierno en tiempo y forma, ¿por qué en esta ocasión ha optado por apurar el calendario incluso hasta llegar a sobrepasarlo? La única diferencia frente a años anteriores es el litigo interno en el que está inmerso el PSOE local. Algo tendrá pues que ver la pugna entre oficialistas y críticos. De hecho, bien pudiera sostenerse que esta agria colisión de intereses –por ser diplomáticos– es la razón principal por la que las cuentas no han sido aprobadas, lo que da una idea de cuál es el motor real que mueve al gobierno local: la lucha por el poder, en lugar de los intereses de la ciudad.

Y en esta guerra, precisamente, cada uno de los actores ha elegido su propio papel. Torrijos, primer teniente de alcalde y portavoz de IU, teóricamente neutral en la batalla de los socialistas, ha optado por el bando de los críticos. Esto es: los partidarios de la continuidad de Monteseirín en la Alcaldía. Significativo ha sido a este respecto su pronunciamiento de esta semana apostando porque el primer edil agote su mandato. Algo que, en la dirección del PSOE provincial, en cambio, no ven tan claro.

Los críticos, que son los que controlan el área de Hacienda –desde la que se hace el reparto del dinero–, han hecho táctica con el presupuesto: al intento inicial de arrinconar a Emilio Carrillo ante los sindicatos –la pelea del Pleno de hace dos semanas–, se ha sucedido la presentación de la cuentas sin reunión previa con los oficialistas, cuya cuota política –que nunca fue grande– se ve aún más recortada como resultado del ambiente de confrontación que late en el seno del PSOE local.

A aquellos que creían en la tesis de un pacto entre enemigos íntimos la realidad los desmiente casi a diario. Es lo que decía Antonio Machado: hay que saber diferenciar las voces de los ecos. En el conflicto de los socialistas existen una multitud de ecos y ruidos replicantes, pero no hay muchas voces que hablen con criterio propio. De momento, los sevillanos siguen esperando el desenlace de esta guerra. La crisis, al parecer, puede esperar.