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Despedida en el Esturio

Carlos Mármol | 17 de febrero de 2012 a las 21:38

La cita era en Coria. Patria chica del protagonista. Lugar: restaurante Esturio. Algunos malévolos, acaso destilando cierta ironía susánida, dicen que era una suerte de comida de difuntos. Otros simplemente hablan de una sencilla despedida. Los más sosegados (sobre todo después de comer) usaron ayer otro término: un simple homenaje. Cada cual que elija la palabra que prefiera, aunque lo cierto es que el ágape, cuyo objeto era homenajear al que hasta hace apenas unos días ha sido el secretario general del PSOE de Sevilla, resulta ilustrativo de cómo (de mal) están las cosas en el seno del partido después de haberse celebrado la última de las perpetuas guerras púnicas de los socialistas sevillanos.

Primero el menú: caldereta y complementos. No se pagó a escote. Lo que implica que fue una invitación personal del homenajeado. Todo un detalle. Y significativo. De los casi 100 asistentes, prácticamente la mitad era gente que no tiene nada que ver con la política activa. Amigos personales de José Antonio Viera. Gente de su confianza, pero sin un perfil relacionado con la gestión pública. Muchos relacionados con Coria.

El resto de los comensales sí han tenido hasta ahora (porque su futuro inmediato es justo una de las cosas que están completamente en el aire) cargos de responsabilidad. Evidentemente, estaba Ramón Díaz, ex diputado autonómico y principal amigo de Viera. Enrique Cossinou (cuyo apellido recuerda a los formalistas rusos), secretario de Organización hasta el domingo, también se pasó por el acto.

En la cuota institucional, apenas tres delegados provinciales de la Junta de Andalucía: Mougán (Educación), Paqui Amador (Innovación) y Tomas Martínez (Salud). Punto. No fue Bernardo Bueno (Cultura) ni ninguno más de los hombres del PSOE sevillano en las consejerías. Lo que dice bastante  en términos de coherencia.

Según alguno de los presentes, dos de las ausencias más notables fueron las de quienes se enfrentaron a Viera en los congresos provinciales de 2004 y 2008 para conquistar la secretaria general de Sevilla. Sus rivales (al menos oficiales) en el partido. Ni estuvo el histórico Pepe Caballos, a quien Viera ganó un congreso por la mínima gracias al apoyo del chavismo, entonces en el poder institucional, ni Demetrio Pérez, que en 2008 intentó disputarle el mando de la organización pero sin contar con los avales necesarios para hacerlo. Un error que tuvo bastante de inducido.

En el apartado municipal, las presencias de alcaldes de nivel medio fue escasa: los regidores de Castilleja, Coria (que recibía en casa), Las Cabezas y Morón. Los grandes regidores metropolitanos sí acudieron, ambos con séquito. Toscano, principal aliado de Viera en la última fase de su mandato, fue con sus fieles. También estuvo Antonio Gutiérrez Limones, especialista en estar siempre con el aparato, aunque en esta ocasión el aparato haya dejado de serlo por voluntad propia. Se ve que con la gestora no se reorienta. Todavía. Tiempo al tiempo. También estuvo el hombre de Viera en la Federal: el alcalde de La Rinconada.

Los críticos de Sevilla capital, que en sus tiempos eran siempre anónimos (alguno no se atrevía a dar la cara; no se la fueran a romper entre compañeros), ahora reivindican su protagonismo. Tras la victoria de Rubalcaba, creen que pueden andar sobre seguro. Veremos. Entre ellos estuvieron Evangelina Naranjo, secretaria local de Miraflores y Alfonso Mir, de la agrupación Sur y ex gerente de Lipasam. Ambos fueron solos. Si fue de forma voluntaria u obligada es harina de otro costal.

Y, por último, pero no por ello menos importante, se pasó por el lugar el interventor de Rubalcaba, amigo personal de Antonio Hernando, el ex secretario de Vivienda (algunos lo llamaban viceconsejero, pero era tan sólo un exceso de amor) de la Consejería de Obras Públicas, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, ahora cesado (por exigencias del guión) y pregonado (y pregonante) candidato a diputado en las Cinco Llagas in extremis. Celis, el número siete, acudió, según algunos de los presentes, con su séquito mayor: su intelligentsia. Enemigos durante años y, ahora, comensales del almuerzo póstumo. Cosas veredes, Sancho.

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Legitimidad variable

Carlos Mármol | 26 de enero de 2012 a las 6:06

La destrucción de la mayoría que gobernaba el PSOE de Sevilla desde 2008 provoca un realineamiento entre las distintas ‘familias socialistas’ con vistas a la cruenta batalla del verano, cuando se dirimirá el control del partido.

Todo se reduce a una cuestión de legitimidad. O a su diatriba, por ser más exactos. La profunda fractura producida este fin de semana en el seno del PSOE de Sevilla, la principal agrupación de los socialistas en España, no es un efecto colateral del posicionamiento en dos bandos al que obligan las vísperas del inminente congreso federal del próximo mes de febrero. Se trata de una quiebra mucho más honda que trastoca el frágil tablero del poder que gobernaba este partido en la provincia desde hace ya casi cuatro años, cuando el todavía secretario provincial, José Antonio Viera, fue reelegido como el líder de toda la organización con un respaldo de un 80% de la militancia.

El conflicto desatado hace ahora una semana altera este statu quo. Y está provocando un realineamiento de las distintas familias que cohabitan en el seno del PSOE –la convivencia entre las diferentes tribus se ha tornado en muchos casos imposible a la vista del cariz de los últimos enfrentamientos– con vistas al próximo verano, cuando, pasadas las elecciones autonómicas, comience la ronda de congresos territoriales. Primero, el regional; después, el provincial. Un proceso que afectará directamente al corazón del PSOE andaluz, ya que la mayoría de la que disfruta José Antonio Griñán, dada la oposición interna existente en muchas de las provincias, depende del posicionamiento monocolor de los socialistas sevillanos. Justo el pilar que se ha destruido hace unos días en lo que Griñán llamó el congresillo.

¿Quién es la mayoría?

La primera cuestion que habría que preguntarse ahora es cuál es la actual mayoría en el partido. Uno de los sectores en liza, el liderado desde la regional del PSOE por su responsable de Organización, Susana Díaz, se adjudica el predominio de la organización sevillana en base a una singular teoría: la actual Ejecutiva ya no respaldaría al secretario provincial, José Antonio Viera, al que desde San Vicente se da por políticamente amortizado con el argumento del escándalo de los ERE.

Evidentemente, se trata de una opinión. Interesada, por supuesto. Y algo tardía además, puesto que la cuestión de los expedientes de regulación de empleo lleva más de un año ardiendo. Con ella se busca agitar la situación interna del PSOE sevillano –que todavía dirige Viera– apuntalando la idea de su supuesta falta de legitimidad. Como teoría ofensiva, tiene su lógica, aunque los hechos hasta ahora no terminan de corroborarla por completo. ¿Es cierto que Viera ha perdido la mayoría en la dirección del partido? ¿En qué foro orgánico del PSOE se ha visualizado esta pérdida de confianza?

De momento, en ninguno. Precisamente el hecho de que durante el tormentoso congreso del pasado fin de semana se llegara in extremis a una lista única evitó que aflorase esta cuestión. Si se hubieran votado dos listas sí habría quedado claro quién tenía –con independencia de los motivos– la mayoría en el PSOE de Sevilla. Sin votación diferenciada, seguimos en el terreno de las conjeturas. O lo que es lo mismo: de las versiones. Lugares comunes que se transmiten para intoxicar (en beneficio propio) a la prensa con objeto de asentar un juicio de valor que, acaso, aún no sea muy compartido.

Esto explica que el sector susanista (afín a la secretaria de Organización) se asigne directamente una supuesta legitimidad orgánica superior a la de Viera. Su discurso se basa en dos elementos: el recuento de los posibles aliados potenciales dentro de la Ejecutiva y, sobre todo, el factor de poder que supone el control de la Diputación Provincial y de la Junta de Andalucía, donde todavía se reparten los sueldos disponibles. Teniendo en cuenta ambos factores, Díaz cree tener al alcance el control del PSOE sevillano.

Ocurre, sin embargo, que tal teoría viene a ser como un dogma de fe. Uno puede creer o no en ella, pero no hay manera de demostrarla: la Ejecutiva no ha tenido la opción de elegir entre los dos bandos en liza. Por otra parte, la dirección provincial, surgida del congreso de 2008, representa a la jefatura del partido, pero no a la totalidad de las familias de Sevilla. Las principales minorías socialistas sevillanas fueron excluidas de la dirección hace algo más de tres años, pero no están muertas. Andan refugiadas en las asambleas territoriales. En la capital son mayoría. Esperan simplemente el momento adecuado para despertar.

Lo que sí es un hecho objetivo –confirmado por ambas partes– es que la tríada que formaban Viera, Díaz y Villalobos, el presidente de la Diputación, se ha roto de forma definitiva. Completa. Algo que se veía venir hace un año pero que no había cristalizado hasta ahora, cuando la situación obligaba a alinearse. Que Viera no cuente ya con mayoría dentro de su Ejecutiva es una cuestión que aún está por ver. Pero lo indiscutible es que el equilibrio de fuerzas que representaba la hasta ahora dirección política provincial ha saltado por los aires. Viera, de hecho, se negó hasta en cuatro ocasiones a sentarse a negociar con Díaz durante este último conflicto, tal y como le había reclamado Griñán. El secretario provincial fue categórico. No. Sólo admitió a Villalobos como interlocutor. Una muestra del deterioro de las relaciones personales entre los referentes del antiguo sector oficialista.

Desde la dirección regional del PSOE se insiste en interpretar la batalla del último congreso provincial bajo el prisma del congreso federal, postulando además una mayoría intuida entre los delegados, aunque los 55 elegidos en la lista de consenso de Sevilla van a votar en secreto al nuevo líder estatal del PSOE. Por tanto, su adscripción a cualquiera de ambos sectores no es del todo segura. Tan sólo aproximada.

La verdadera guerra, en realidad, acaba de comenzar. El conflicto no tiene tanto que ver con el resultado del cónclave estatal –que evidentemente marcará el futuro inmediato, pero no explica la inusitada violencia verbal de los recientes enfrentamientos– sino con las listas autonómicas y con la incógnita mayor: ¿quién será el futuro administrador del PSOEde Sevilla, única plaza que ha soportado la marea azul del PP? Ésa y no otra es la cuestión.

Una lista sin vetos

Vayamos a los hechos. El único elemento disponible para analizar la verdadera composición de fuerzas en el PSOE –que muta sin descanso en función de los acontecimientos– es la lista de delegados aprobada el sábado. Siendo cartesianos, se trata de la única certeza, con independencia de las interpretaciones. ¿Qué mayoría refleja esta lista?

Obviando las dos versiones posibles, la relación de delegados muestra (en clave interna) un ajustadísimo empate. De hecho, la resolución del conflicto se alargó durante horas sólo porque la dirección regional no aceptaba el acuerdo que, de madrugada, habían apalabrado Villalobos y Viera: 27 delegados para uno y Griñán como primus inter pares. Los susanistas exigían el 70% de la lista y vetaban a militantes concretos. Los vieristas mantuvieron el pulso asumiendo un empate como mal menor con el fin de no mostrar debilidad, cosa que hubiera sido evidente si la batalla termina con una lista encabezada por Griñán diferente a la de Viera, lo que hubiera forzado a cambiar de posición de golpe a muchos de militantes.

El acuerdo se saldó al final con un reparto de 25 delegados para cada sector y 5 para Griñán, de forma que el presidente apareciera como ganador. ¿Pero quién ganó en realidad? Nadie. Lo que sí es comprobable es que la posición de partida de los susanistas no se impuso –de una proporción de 7 a 3 delegados pasaron a 5 a 5– y los vetos, salvo en el caso de Alfonso Guerra, que Griñán no quiso, no salieron adelante. En la lista están todos los malditos: históricos como José Caballos o significados enemigos políticos de Díaz, como Alfonso Gómez de Celis o Evangelina Naranjo.

Cualquiera en el PSOE de Sevilla sabe que si la lista la hubiera elaborado Susana Díaz a su voluntad todos estos delegados jamás aparecerían en ella. Y aparecen. Prueba de que, a veces, las victorias pregonadas en realidad son derrotas silenciosas. Camufladas.

Los ‘muertos’ no se tocan

Carlos Mármol | 22 de enero de 2012 a las 6:05

La crisis de los socialistas sevillanos, provocada por la decisión de la dirección regional del PSOE de copar manu militari la lista de los delegados al congreso federal, termina con una derrota disfrazada de empate.

La última guerra púnica de los socialistas sevillanos, la agrupación más importante de un PSOE menguante, ha sido la más violenta de cuantas se recuerdan por estos pagos, habituados desde antiguo a resolver con dagas brillantes, y de madrugada, los viejos conflictos familiares mientras se reivindica sin reparos el singular sentido meridional de la santa lealtad. Hoy te abrazo con ternura; mañana quizás te asesine por la espalda. Quién sabe. No es nada personal: sólo es política.

Desde 2004, cuando el aparato regional en pleno se rebeló contra la mayoría natural del PSOE de Sevilla, representada por José Caballos, con una vehemencia que era fruto del terror, más que de la valentía, no se había visto tanto calibre en las dentelladas. La historia ha vuelto a repetirse ahora, para estupor de los militantes a los que de verdad les duele el postrado presente de su viejo partido, durante toda esta intensa semana. Aunque con ciertas variantes en relación a aquel agrio congreso de hace ya casi ocho años.

Muchos actores han revivido las mismas escenas de entonces, pero con papeles distintos. Verdugos de antaño han pasado a ser víctimas repentinas, mientras otros sufrían un extraño dèja vu por persona interpuesta. Las circunstancias, de todas formas, son un poco diferentes. En 2004 había un elemento esencial que ya cada vez es más dudoso: una perspectiva real de seguir cerca del poder. Cosa que a setenta días de las próximas elecciones autonómicas no está nada clara. Ni de lejos.

La batalla de los delegados al congreso federal (que promete ser épico) terminó ayer a destiempo, con la tarde más que avanzada, el cuerpo cortado y un ceremonial con forma de pax armada. Lista única. Empate aparente. Sonrisas forzadas y un amargo sabor de boca después de una larga madrugada de ceniza en la que los principios de acuerdo se rompían sin pensar que, en la vida, a veces hay pulsos que aunque parezca que se están ganando en realidad se pierden. Sólo cabe disfrazarlos y esperar. El verdadero conflicto, que es mucho más profundo y tendrá sus inevitables réplicas inmediatas en las listas autonómicas, y en el panorama que se abrirá en función de lo que ocurra en el mes de marzo, recién ha comenzado. Será cruel.

El parte bélico es éste: todos los soldados, generales incluidos, están muertos. Pero, en realidad, ellos todavía no lo saben. La metáfora usada por uno de los principales actores de la tragicomedia socialista, el presidente de la Diputación Provincial, Fernando Rodríguez Villalobos, que habló de muertos (políticos) vivientes que aspiraban a resucitar, no pudo ser más certera. Al tiempo que inoportuna, porque en el PSOE sevillano casi nadie puede ya tirar la piedra sin esperar recibir, a su vez, una pedrada del contrario.

El congresillo socialista de ayer, en realidad, fue una misa vociferante de difuntos. Una verdadera puesta en abismo. Un velatorio con un finado (el propio PSOE) cuyo duelo parecía la tropa del libro (ahora también película) de Rafael Azcona. Los muertos no se tocan, nene.

Todo comenzó con una especie de golpe de estado. Fruto tanto de la inconsciencia como de la debilidad. La difícil situación interna del PSOE en Andalucía (conflictos en casi todas las demarcaciones provinciales) provocó que la batalla de Sevilla, que podía haberse diluido sin problemas, se transformara en una guerra a vida o muerte. A sangre. O se ganaba (por decreto) o no habría monedas suficientes que cambiar en el cambalache de talentos que será el inminente cónclave federal.

Los números, que no salían, precipitaron el conflicto e hicieron estallar una pugna en la que lo que se decidía no eran ya los enviados al congreso mayor, sino el propio control del partido en Sevilla (un cónclave ordinario por adelantado, sin que mediara convocatoria alguna), la mayoría política estable de la organización y, sólo por extensión, el posicionamiento oficial en el duelo Chacón/Rubalcaba. Por ese orden.

Como todas las guerras, incluso las caprichosas, requieren de algún tipo de argumento moral, al igual que las dictaduras suelen intentar dotar de cierta representatividad las imposiciones, la actual dirección regional recurrió a tres argumentos y a un ariete para dar la batalla. Las razones más o menos se resumen así: la mayoría de Sevilla debe copar toda la lista de los delegados al congreso federal, el actual secretario provincial (José Antonio Viera) está políticamente muerto por el escándalo de los ERES y quien no esté con San Vicente es que discute al presidente de la Junta, José Antonio Griñán, que, sorprendentemente, se precipitó al avispero del PSOE sevillano sin reparar en que su mayoría en Andalucía depende de esta agrupación provincial.

El ariete elegido era el más convincente: Villalobos, que ocupa un cargo honorífico en la ejecutiva provincial pero tiene en su mano la llave de las nóminas de cientos de militantes socialistas y asimilados. La Diputación Provincial. El mensaje estaba claro: se trataba de las cosas, cada vez más escasas, de comer. La ideología brillaba por su ausencia en todo el planteamiento de guerra.

La victoria, además, parecía segura a tenor del antecedente de 2004. Al final, hubo derrota (es de suponer que en buena medida debido a lo bronco del planteamiento de origen), aunque se disfrace de empate ajustado y la cosecha no se quiera remover en demasía para no minar todavía más la imagen del candidato a la reelección en la Junta, que se ha alineado con una parte del partido en Sevilla en detrimento de la contraria. Un error mayúsculo. Tanto como para lograr el inaudito milagro de convertir en aliados coyunturales (vieristas y minorías críticas) a los más antiguos enemigos. Realmente notable.
De humor negro.

¿Qué ha ocurrido? Pues que parece que el supuesto muerto decidió fenecer con cierta dignidad. Ya se sabe: cuando a uno ya no le queda casi nada que perder es cuando, paradójicamente, las victorias, o las derrotas honrosas, como se quiera llamar al resultado final, son más fáciles. Se puede arriesgar hasta el final. Uno quizás seguirá estando muerto sin saberlo pero, al menos, ganará el tiempo suficiente para elegir cómo será su propio entierro y, en su caso, hasta los herederos.

La fragmentación en dos del PSOE sevillano, episodio que ya avanzamos hace casi un año, en el mes de marzo de 2011, en una de estas vueltas de la noria, cuando el timón del partido en Sevilla no era todavía resultado de una disputa en campo abierto, sino soterrada, no va a dejar a nadie vivo si dentro de unas semanas se produce el posible derrumbe del Imperio Romano, que es San Telmo (Palacio). Todos los actores de la tragedia (para ellos) o de la comedia (para el PP) son difuntos previsibles: los críticos seguirán siendo minoría, los vieristas tendrán que asumir la rotunda erosión del escándalo de los ERES y los susanistas, si no salen bien del congreso federal y pierden las elecciones autonómicas, pueden llegar a convertirse en jóvenes cadáveres. Salvo Villalobos. Hasta Griñán, con su retórica autosuficiente, está invitado al entierro, que probablemente será en un camposanto yermo. Con el nuevo sol en su cénit.

Parece que durante esta semana de ira bíblica (varios de los personajes de la trama tienen barba de evangelistas), mientras los socialistas sevillanos se apuñalaban con estrépito para confeccionar una simple lista de nombres, nadie pensaba en los motivos del deceso que viene. Parte médico: la sociedad, preocupada por el paro, la debacle económica, la falta de futuro, el desastre cotidiano, dejó de prestar atención a la eterna función bélica del PSOE, que, en vez de lanzar un mensaje para capear la crisis sin renunciar a determinados valores, prefirió dedicarse al descabello mutuo.

Un mensaje glorioso a sólo unas semanas de ir a las urnas. Laus Deo.

Batalla por la república fenicia

Carlos Mármol | 11 de junio de 2011 a las 6:15

Las familias socialistas intentan buscar reacomodo en los escasos puestos a repartir tras la debacle  del 22-M. La próxima guerra serán las listas al Congreso y el Parlamento. Los críticos reavivan el descontento interno.

Napoleón decía que la política es una fatalidad moderna. En el caso de los socialistas sevillanos, el 22-M se ha convertido en Waterloo: la convocatoria electoral ha terminado en lo que los franceses llamarían fatalité. O lo que los griegos denominan katastrophe. Algo presente y con visos de convertirse en permanente. La situación interna, que nunca estuvo bien, ha empeorado; como ocurre después de todas las debacles.

Los tratadistas políticos clásicos sostienen que un periodo de destierro es necesario en toda carrera política. Los mensajes más trascendentes de la humanidad, aquellos que construyen valores e ideas, incluso los religiosos, y la política no es más que una extraña forma de religión, proceden siempre de los desiertos, el fracaso, el retiro, la inevitable caída en desgracia. Los socialistas sevillanos se enfrentan ahora a eso mismo: un singular infierno que avistan con un grado de desconcierto sólo comparable a la sensación de repentina fractura de un imperio que, como todos, se imaginó eterno y será perecedero.

Claro que, en todo hundimiento, el estilo es lo que marca las diferencias. Se puede fracasar con dignidad, valentía e incluso cierto heroísmo, aunque ninguno de todos estos atributos libre nunca a los derrotados de las miserias de la condición humana: teléfonos que dejan de sonar, confesiones de solidaridad privadas que en público nunca se expresan, cobardías, desconfianza, adhesiones que sólo buscan el interés propio. La vida.

La situación del PSOE de Sevilla no responde a una foto fija. Tiene múltiples lecturas. Tantas como familias cohabitan dentro de la organización. Pero el denominador común de todas ellas pasa por la ausencia de un liderazgo indiscutible en el seno orgánico. Por supuesto, formalmente no existe vacío de poder: la secretaría general sigue en manos de José Antonio Viera, que ya dijo en su momento que (salvo novedad procesal) su mandato terminará cuando está oficialmente previsto (2012), nunca antes, y la ejecutiva (oficialista en su integridad, aunque no tan monocolor como se supone) rige los rumbos del partido. Hacia qué dirección concreta ya es otra cuestión distinta.

La realidad, sin embargo, es que en Sevilla capital –donde las distintas agrupaciones socialistas aún se encuentran divididas en un bando rebelde y otro afín a la actual dirección– las tensiones de siempre se han intensificado en las últimas semanas por tres motivos: la propia derrota, la reducción del campo de juego (para todos) y la creencia, por parte de los críticos, de que ya cuentan con el pretexto que esperaban, en algunos casos hasta con entusiasmo, para volver a dar su particular batalla con objeto de poder contar algo en el PSOE.

No es una casualidad que en estos compases iniciales del nuevo mandato municipal tanto el PP, que sigue obsesionado con amplificar la crisis interna de los socialistas a pesar de sus 20 ediles electos, como determinados sectores del PSOE –en buena parte procedentes de la etapa de Monteseirín– coincidan por separado (o quizás no tanto), por vías indirectas, en tratar de poner en cuestión la figura del candidato socialista, Juan Espadas, que hoy se convertirá en el nuevo jefe de la oposición.

Tal ofensiva no es gratuita ni fruto de una determinada posición ideológica. Responde al poder en su condición menos noble: la capacidad para mantener en la política activa –cobrando de las arcas públicas pero dedicados en exclusiva a la actividad partidaria– a los cuadros afines. La escuadra. Nada que no haya ocurrido antes, aunque la intensidad de la actual derrota dibuje un escenario más dramático: un caudal de cargos de confianza, esenciales en la composición de fuerzas y los equilibrios de poder en el seno de las distintas asambleas territoriales buscan acomodo en los escasos lugares disponibles.

Dos son los terrenos inmediatos de enfrentamiento: la cuota de asesores externos del grupo municipal socialista –que oscilará entre seis y ocho personas– y la Diputación, donde Fernando Rodríguez Villalobos se ha convertido –descontando los puestos autonómicos, cuya vigencia en el tiempo es de sólo diez meses– en el gran deseado por unos y otros. Los suyos y los ajenos.

Como la oferta de puestos a repartir es escasa y la demanda bastante grande, y la aritmética todavía no sirve para hacer milagros, los que entran en juego son los padrinos y las madrinas, que intentan buscar refugio seguro a sus peones para no perder ni su cuota de respaldo orgánico (deserciones, cambios de mando) ni la apariencia de solucionar la vida ajena que siempre ha ido asociada al poder.

Las presiones en el caso del grupo municipal todavía están abiertas. Los susanistas han intentado lanzar a las agrupaciones el mensaje de que ellos controlarán el grupo (están empotrados en la lista de Espadas) a través de Alberto Moriña, su referente municipal, que hace unos días filtró que iba a ser el nuevo portavoz. Obvió, sin embargo, algunos datos objetivos: Espadas ha articulado en realidad un núcleo duro de tres personas (Mercedes de Pablos, Eugenio Suárez Palomares, Antonio Muñoz) que estarán por delante de Moriña en las labores de dirección.

La jefatura del grupo la ejercerá directamente él. El mensaje político a las agrupaciones, en su mayoría críticas con la actual dirección, y en las que Espadas no tiene más remedio que apoyarse para los cuatro años de oposición que tiene por delante, es nítido: los susanistas no tendrán el mando exclusivo del grupo municipal. El objetivo: no perder la autonomía, pese a todos sus inconvenientes, lograda a la hora de elaborar las listas. Algo necesario para poder trabajar desde el ayuntamiento sin interferencias externas y vital si, en el futuro, en el horizonte de 2012, Espadas pretende jugar un papel orgánico que pueda compensar la evidente erosión del liderazgo oficial, discutido por algunas agrupaciones a pesar de su triunfo en el congreso de 2008.

El sector crítico tampoco mantiene una posición única: derrotados tras el pulso a Viera, hay quienes analizan la situación interna para una hipotética rebelión y quienes juegan a la integración. ¿Cómo? Tendiendo la mano a la dirección y al candidato a cambio de ganar cuota. Una estrategia que no obstante combinan con la amplificación hacia el exterior de cualquier episodio de tensión entre las agrupaciones y la dirección, frecuentes además dada la difícil coyuntura política y humana que se vive en el PSOE sevillano. La táctica: pax interna con protagonismo o ruido.

Tras la composición del Ayuntamiento y la Diputación –la pelea inmediata– la siguiente batalla serán las listas para las elecciones generales y autonómicas. Diciembre. Pretendientes para ser diputados regionales o nacionales –incluso con un escenario de derrota– suman ya legión entre los históricos, los oficialistas sin sitio, los críticos con ambiciones y quienes desean seguir. No va a haber sitio para todos incluso aunque el Parlamento andaluz gane diputados.

En todos los debates –reuniones que terminan a gritos, asambleas de cinco horas de duración en las que el candidato debe aguantar el tipo ante militantes ofuscados que dan su visión de la derrota, encuentros en restaurantes (en algunos casos, los últimos pagados con dinero municipal)– se repiten distintos argumentos (siempre a conveniencia) en los que, no expresamente, sino de forma tácita, subterránea, late la misma pulsión interior: el pánico a quedarse sin asidero.

Dicen que el cambio es la única forma de perdurar en la vida. Los socialistas han mutado tanto desde los tiempos en los que renunciaron al marxismo (“antes socialistas que marxistas”, decían) que, en lugar de ideas o propuestas, la polémica no sale de los cauces fenicios. Fenicia: dícese de la frágil república de navegantes del Mediterráneo que no dejó filosofía ni grandes obras arquitectónicas. Un imperio exclusivamente mercantil, diluido por el correr de la historia, cuyo único objetivo era el comercio. El dinero.

El disputado timón del PSOE de Sevilla

Carlos Mármol | 6 de marzo de 2011 a las 6:30

Las diferencias de criterio entre el secretario general del PSOE, José Antonio Viera, y la número dos de los socialistas andaluces, Susana Díaz, abren divergencias en la organización en pleno escándalo por los ERES.

De momento tienen la apariencia de ser hostilidades cruzadas, incluso se diría que civilizadas. Pero parecen ser la semilla de una guerra futura. Dependerá de las circunstancias. Y, como tantas veces sucede en política, de las afinidades personales, sin olvidar las siempre imprevisibles alianzas tácticas. Las profundas divergencias de criterio existentes entre el secretario general del PSOE de Sevilla, José Antonio Viera, y la actual número dos de los socialistas andaluces, Susana Díaz, tienen desde hace bastantes meses desconcertadas a las diferentes sensibilidades que cohabitan en el seno de esta organización política que controla el Ayuntamiento, la Diputación Provincial y la mayor parte del poder municipal en Sevilla.

No se ha producido ningún enfrentamiento expreso. Es cierto. Pero desde que Díaz –número dos de Viera en el PSOE sevillano cuando éste accedió a la secretaría general del partido en 2004– ascendió al núcleo duro de mando en el PSOE andaluz (en el congreso regional que liquidó al chavismo y abrió la etapa del griñanismo) se han producido significativos desencuentros mutuos, muchos subterráneos, que dan a entender a significativos militantes (al menos es lo que transmiten en privado todas las familias, siempre con el compromiso previo de guardar la confidencialidad) que existe en estos momentos un alto riesgo de que se genere una bicefalia de facto con posibilidad de derivar en un enfrentamiento frontal a medida que pase el tiempo.

Viera y Díaz no han mostrado de momento en público sus crecientes desencuentros. Diversos episodios insinúan sin embargo que la distancia entre ambos, antes estrecha, se agranda. El ejemplo más gráfico tuvo lugar hace unas semanas: el secretario general convocó una importante rueda de prensa para salir al paso de las acusaciones del PP que lo responsabilizan del caso de las irregularidades existentes en los expedientes de empleo de la Junta de Andalucía (pieza derivada del caso Mercasevilla) y cursó avisó a todos los notables (amigos y antiguos enemigos) de que su presencia en dicha cita sería no sólo apreciada, sino valorada. Estuvieron todos sus fieles y también los que hasta hace muy poco tiempo querían directamente derribar a Viera (Monteseirín, entre ellos). A Susana Díaz no se la vió, aunque sus afines sí estuvieron representados por algunos ediles sevillanos, fundamentalmente el actual portavoz, Alberto Moriña.

¿Por qué no fue Díaz a respaldar públicamente a Viera? Esa misma tarde habían quedado ambos para verse con Juan Espadas, el candidato a la Alcaldía. El lugar: San Vicente. El asunto: discutir a tres bandas la lista de la capital para las municipales. Un proceso que ha traído de cabeza a casi todos los grupos que aspiran a mantener cierta cuota de poder propio dentro del PSOE. “Aparentemente no tienen ningún problema. Pueden aún sentarse juntos en una misma mesa. Pero hay mar de fondo”, explica un socialista que no está directamente adscrito a ninguno de ambos sectores.

La principal incógnita es saber hasta qué punto estas divergencias son profundas. O si tienen cauce para no terminar en un conflicto abierto. La lista de las municipales ha sido uno de los terrenos de juego. No es el único, pero sí el principal. Unos días antes de que la nómina definitiva se hiciera pública (con la sorpresa de la inclusión de varios independientes en los puestos de salida) las versiones predominantes en el PSOE sevillano barajaban tres escenarios. Opción A: las listas las iba a elaborar Susana Díaz. Algunos secretarios de las agrupaciones locales insistían que donde se adoptaría la decisión final sería en la calle San Vicente. Opción B: las listas las decidiría el candidato a la Alcaldía, que es quien más se juega en la pelea. Espadas deseaba vía libre para hacer su equipo. Opción C: las listas, tal y como establecen los estatutos, las definiría la dirección provincial (Viera) y después las votarán las distintas asambleas territoriales.

La batalla de la lista

Todas ellas eran opiniones interesadas. Su mera existencia denota sin embargo que entre los antiguos aliados se percibe ahora cierta desconfianza. Dudas. La lista definitiva resultó al final fruto de un acuerdo entre las tres partes (Viera, Díaz y Espadas). Un punto intermedio al que no fue nada fácil llegar. El candidato a la Alcaldía solicitó unas semanas antes a las agrupaciones una nómina de nombres (hasta diez) para estudiar cómo incorporarlos a su equipo. Espadas quería estos nombres sin imposiciones: su nominación no implicaba que fueran ocupar cargo algo, mucho menos que se convirtieran en capitulares. Se trataba, según su entorno, de tener una adecuada base de datos de gente capaz de incorporarse al Ayuntamiento.

La propuesta en cuestión fue hecha en una reunión con los diferentes secretarios locales. Al día siguiente de esa cita, según confirman representantes de todas las sensibilidades, el secretario de Organización del PSOE sevillano, Enrique Cossinou, que llegó al puesto tras el ascenso de Díaz, y del que dicen que fue la persona de consenso entre Viera y la secretaria de organización del PSOE andaluz después de que ninguna de sus opciones personales previas fuera bien vista por el contrario (Viera quería a Ramón Díaz, ahora diputado), llamó uno a uno a todos los secretarios locales para matizarles la oferta de Espadas y explicarles que, en realidad, no hacía falta dar nombres. Que la dirección del partido era quien, conforme a los estatutos, designaría a los elegidos, previa evacuación de las correspondientes consultas. ¿En nombre de quién hizo esa llamada Cossinou? ¿Díaz o Viera?

El hecho cierto es que, a pesar de este episodio, la lista de las agrupaciones se entregó. Después llegó el escrutinio. El resultado ya es conocido: Espadas situó a sus independientes en los primeros puestos de la candidatura y el resto de los nombres, salvo cuotas menores, los asignó Díaz. ¿Debilidad de Viera? Depende de cómo se mire. El secretario general no tiene demasiados fieles propios en el aparato local (gente contada; casi todo su peso está en la provincia) y probablemente la presencia de los independientes, además de satisfacer el deseo de Espadas, sea la vía indirecta usada por Viera para equilibrar el creciente peso del susanismo.

El fin de los críticos

La batalla de la lista ha tenido hasta hace sólo unos días por la calle de la amargura a los principales referentes de cada una de las agrupaciones. El debate ideológico ha brillado, como suele ocurrir, por su ausencia. La importancia de la nominación radicaba no tanto en el hecho de subrayar un cambio de ciclo –algo lógico– sino que tiene una lectura interna más profunda: es una forma de socavar definitivamente los cimientos, ahora inestables, del antiguo grupo de afines a Monteseirín. Sin poder institucional en sus manos (cosa que sólo se consigue si se va en las listas) perdurar en el poder al frente de las distintas agrupaciones –salvo casos sobrenaturales, como el de José Caballos, antiguo factótum del PSOE– se antoja una tarea titánica. El respaldo de los militantes socialistas nunca es gratuito, sino que espera (es la cultura del partido) contraprestaciones concretas. Tangibles.

barco baja

En la partida actual juegan otros elementos. Algunos a largo plazo. La clave regional, por ejemplo. ¿Cuál es la opinión del secretario general del PSOE andaluz, José Antonio Griñán, sobre los dos referentes del PSOE sevillano? Griñán ganó el congreso que abrió una nueva etapa en el socialismo andaluz gracias al PSOE de Sevilla. Hasta entonces el equilibrio de fuerzas en el seno de los socialistas se había repartido entre los gaditanos (de donde procedían Chaves y Luis Pizarro) y los jiennenses (agrupación controlada por Gaspar Zarrías). Dos asambleas con escaso peso real de militantes en comparación con Sevilla, pero de cuya combinación Chaves obtenía la estabilidad necesaria para reinar sin oposición. Cuando el PSOE de Sevilla reclamó mayor cuota en el seno de la organización (el intento de Caballos de alcanzar en 2004 la secretaria general del partido en Sevilla), Chaves ordenó su decapitación política y consolidó el statu quo hasta que Zapatero forzó su marcha a Madrid. En ese justo momento es cuando Viera (después de que Monteseirín renunciara a liderar la operación contra Caballos) asumió la secretaría general del PSOE en Sevilla.

Desde entonces él y Díaz, que es la que realmente controla las asambleas locales afines a lo que se conoce como el oficialismo, han hecho equipo. Hasta que la perspectiva de la situación política cambió por dos factores: el ascenso de Díaz (convertida en la mano derecha de Griñán) en la estructura regional y el gran factor de desestabilización actual. El grave escándalo de los expedientes irregulares de empleo tramitados por la Junta de Andalucía.

El líder del PSOE sevillano ya ha hecho llegar el mensaje de que no piensa dimitir. En sus planes no figura una retirada previa a la fecha en la que tendrá que celebrarse el congreso provincial ordinario: julio de 2012. Él mismo lo hizo constar hace unos días: “Mi contrato con el PSOE dura hasta julio de 2012”. Otra cuestión es que, a raíz del cariz que están tomando los acontecimientos –Viera ha sido acusado por el PP pero no se encuentra afectado aún por la instrucción judicial– desde la dirección regional se precipite una salida forzada. ¿En qué bando estaría ahora Díaz? La salida de Antonio Rivas de la Ejecutiva provincial (forzada por la dirección regionalesta misma semana) parece una manera de situar una línea de protección para Viera. Que sea suficiente o no es cuestión distinta.

Una salida prematura de la actual dirección política del PSOE sevillano se antoja muy improbable. Aunque en política todo es posible. Si ocurriera la hoja de ruta está clara: habría que nombrar una gestora (controlada por Díaz en su condición de secretaria de Organización regional) que preparase un congreso extraordinario. La guerra.

La decisión de Viera es resistir. Cualquier cambio en la actual composición de fuerzas del PSOE sevillano tendría repercusión en la dirección regional, lo que podría generar más inestabilidad al presidente de la Junta. El momento, además, con independencia de la presión política por el caso de los ERES falsos, no es bueno. Los socialistas tienen unas elecciones locales en puertas y unos comicios autonómicos y generales dentro de un año. Ninguna de las encuestas les dan mayoría en dichos ámbitos. Abrir ahora cualquier tipo de crisis en el seno de la organización con semejante panorama es suicida. Aunque no sería la primera vez que las claves orgánicas se imponen a las electorales. Antecedentes, existen.

Cábalas electorales

De momento todo el mundo está a la expectativa. Por prudencia y por miedo a dar pasos en falso. Hace falta aún ver qué ocurre en las sucesivas citas electorales y, en base a los resultados (que irremediablemente dejarán un bando de vencedores y otro de vencidos), sopesar una operación para, en su caso, intentar el asalto (directo o de cuotas) al poder. En el caso de Sevilla capital es evidente que una derrota de Juan Espadas en la lucha por la Alcaldía complicaría el tablero de juego.

Espadas es la apuesta personal de Viera para mantener el gobierno local ocupado durante doce años por Monteseirín. Si gana y es capaz de formar gobierno con IU, el secretario general de Sevilla tendría un cierto respiro (en función de las novedades judiciales del caso de los ERES). Si pierde ante Zoido la polémica es inevitable: los críticos, apeados de las listas locales y pertrechados todavía en sus agrupaciones, buscarían revancha. Susana Díaz está en una posición intermedia. Con riesgos y ventajas a partes iguales: puede eludir su responsabilidad política (descargándola sobre Viera) ante una hipotética derrota o, aunque parezca paradójico, una debacle también puede servir para volver a estrechar lazos. No hay nada que una más que los enemigos comunes.

El futuro político de Díaz tiene su gran prueba de fuego en los siguientes comicios regionales. Si el PSOE no llega a formar gobierno con IU para retener la Junta –los sondeos dan a Arenas mayoría absoluta– el tsunami puede ser de tal magnitud que nadie de los que ahora mandan quede a salvo de la quema. Díaz, que ya controla buena parte de la estructura del partido en la capital, puede entonces decidir dar la batalla para suceder a Viera en 2012. De forma directa o indirecta. Porque lo que parece más bien claro es que el actual secretario general del PSOE sevillano no se presentará a la reelección. Cuestión distinta es cómo aborde este difícil tránsito: si planteando su propia fórmula frente a las aspiraciones de Díaz (dejando el poder a alguien de su confianza) o renunciando a competir. Dicho de otra forma: lo que está en discusión es si dicho proceso –el cambio de timón en el PSOE sevillano que llegará dentro de algo más de un año– será una suerte de herencia o, acaso, una ceremonia similar a la muerte del padre.

Algunos ya van tomado posiciones ante la inestabilidad: el presidente de la Diputación, Fernando Rodríguez Villalobos, justo antes de su nombramiento formal, se autopostuló con seguridad para seguir cuatro años más al frente de la Corporación Provincial. Dentro del partido hay quien antes de que estallara la crisis de los ERES sostenía que Viera soñaba con un retiro dorado al frente de la institución provincial. Pero las cosas han cambiado por completo. Tanto que en el PSOE de Sevilla ahora mismo nadie está seguro de casi nada.

La opción Viera

Carlos Mármol | 9 de marzo de 2010 a las 17:58

SIN hoja de ruta definida para la fase previa a la carrera electoral –que, según la tradición, no debería demorarse más allá del año antes de los comicios– el PSOE tiene por delante una sola incógnita: ¿Quién va a ser el cabeza de lista? Con Monteseirín fuera del tablero y dos candidatos virtuales –Juan Espadas, inteligentemente discreto; Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, silente pero alerta– la resolución a dicha cuestión se presenta complicada, delicada y, sobre todo, azarosa. El capricho, bastante más que en otras ocasiones, tendrá un papel esencial en la elección final.

Mientras los analistas se distraen haciendo quinielas y con los nombres habituales, un sector del partido en Sevilla empieza a armar el argumento que se pondrá encima de la mesa de negociación, en la que –parece obvio– quien se sentará, en primer término, será José Antonio Griñán. El presidente de la Junta, que será investido secretario general en el inminente congreso del PSOE andaluz, tendrá que bendecir la designación. Lo que aún no está tan claro es si será él quien directamente proponga un nombre –y en consecuencia asuma solo la responsabilidad plena– o se limitará a avalar una propuesta ajena, obviamente cocinada desde la organización socialista sevillana. El aparato.

La batalla por Sevilla es clave para las autonómicas de 2012. Y, por tanto, para Griñán, que aunque lo relativiza sabe que todas encuestas señalan la misma tendencia: empate técnico con el PP en Andalucía e, incluso, una ajustadísima victoria de Javier Arenas. Otra cosa diferente es que el PP gobierne. De ahí que el escenario actual aconseje que la elección del candidato a la Alcaldía hispalense sea lo menos arriesgada posible y que la culpa, por si las cosas salen al final mal, o sea de otro o esté suficientemente compartida.

Hay quien dice que existe un candidato durmiente. ¿Y si el cabeza de lista estuviera ya bajo los focos y, como en las novelas de detectives, precisamente por eso esté tan bien oculto? ¿Y si el tapado de Viera fuera él mismo? El secretario general del PSOE de Sevilla, que en 2007 ya quiso quitar a Monteseirín como candidato a la Alcaldía –el terror de Chaves a tal mudanza fue la única razón por la que el alcalde siguió–, tiene clavada la espina de su abrupta salida del Consistorio al inicio de este mandato. Fue de número dos, acaso porque confiaba en una dimisión prematura del regidor, pero optó por marcharse cuando el alcalde rompió casi todos los puentes.

“Es lógico que después de que Griñán haya amortizado a Monteseirín acaricie la idea de volver como candidato”, reconocen algunos hombres cercanos al propio alcalde. En la Ejecutiva socialista no responden. Tampoco lo desmienten. Salvo que a última hora aparezca una estrella, la opción Viera es, a día de hoy, posible. Incluso probable. Tan sólo queda que Griñán la considere también la fórmula válida. O acaso la menos arriesgada. “Cuando existen opciones reales de ganar todo el mundo quiere opinar y decidir; cuando el escenario no es tan bueno, en cambio, son las direcciones provinciales las que tienen que asumir todos los riesgos”, sostiene un importante socialista. “Viera no decidirá solo, pero será quien hable primero”, afirma otro.

VIERA

¿Existe otra alternativa?¿Juan Espadas? La Ejecutiva provincial, que presume de que Espadas es una de sus cuotas en el Gobierno regional, deja que el globo del consejero de Vivienda se infle. Es fácil. Basta con no desmentir nada de lo que se diga y darle, como en el congreso extraordinario, protagonismo. Claro que no hace demasiado tiempo el candidato de la mayoría oficialista era Emilio Carrillo, ex vicealcalde y concejal de Urbanismo. Y, sin embargo, desde Luis Montoto –la sede provincial del PSOE– se le dejó caer cuando la presión de las huestes del alcalde hicieron imposible la vida inteligente en el Ayuntamiento. ¿Se pensaba ya entonces en la fórmula Espadas o en realidad Viera intuía que Carrillo había cumplido su función y no importaba su marcha? Este cambio de caballo hace pensar que a quien le interesa que todavía no esté claro quién será el candidato es justo a la dirección provincial. Mientras más dudas existan, más opciones tiene de convencer al resto de actores que participarán en la decisión. Sin alternativas a la vista, con un escenario electoral hostil y dado el grado de incertidumbre, todo conduce a confiar la suerte a la fortaleza de la marca PSOE en Sevilla. ¿Quién encarna dicho concepto? El secretario provincial.

La opción Viera tiene ciertos inconvenientes. Pero no distintos a la alternativa Espadas. El grado de conocimiento popular de ambos es bastante bajo, lo que, en cualquier caso, nunca ha sido motivo suficiente. A Zoido en 2007 tampoco lo conocía todo el mundo: ganó las elecciones. Quizás gracias más al rechazo del electorado hacia Monteseirín que por méritos propios. Con el alcalde ya fuera de juego, este elemento desaparece del todo del tablero de juego. La guerra sólo tiene dos combatientes: Zoido y el PSOE. Un PSOE que, al final, ha tenido el arrojo de sacar del poder a Monteseirín. Para muchos, aunque algo tardía, ya es una buena decisión.

Ni el perfil político de Viera ni su personalidad –adusta, desconfiada, según sus críticos; seria– permiten un candidato populista. Todo lo contrario al alcaldable del PP. Sería un cabeza de lista con experiencia de gobierno –ha sido delegado de la Junta en Sevilla, consejero de Innovación, delegado del Gobierno central en Andalucía–, responsable de la principal agrupación socialista de España –en resultados electorales, al menos– y con mando para movilizar a las bases del partido. Ganó con un respaldo de más del 80% el último congreso provincial. Controla el aparato y, aunque hay agrupaciones de la capital que ahora no le son afines –otras sí–, si Griñán respaldase la operación muy raro sería que muchos de los militantes que ahora son tenidos por críticos no terminen mudando, en horas venticuatro, en oficialistas. Cosas más sorprendentes se han visto en una organización que, como bien dice Antonio Gutiérrez Limones, alcalde de Alcalá de Guadaíra, cercano primero a los críticos y después alineado en el último congreso provincial junto a Viera, “siempre ha sido muy del aparato”.

El secretario general, además, llegado el caso de una derrota, tiene vía de escape: podría presidir la Diputación –basta ser concejal– y, desde aquí, plantar cara a Zoido, conservando los resortes institucionales que permiten conservar el poder orgánico. La oposición de las agrupaciones de la capital que durante los últimos dos años han sido afines a Monteseirín –entre otras cosas, por las prebendas del poder– no es un obstáculo. Podrá entorpecer, pero Viera cuenta con la estructura provincial del PSOE, la Diputación y la posibilidad de elegir junto a Griñán al nuevo rey socialista en el Ayuntamiento. No le preocupan las direcciones locales que, en teoría, controlaría Gómez de Celis.

Sólo tiene una obsesión: impedir la salida interina que plantean los críticos. Esto es: que el sucesor sea el edil de Urbanismo y Presidencia. Ésa era la jugada que se ensayó hace dos meses, previamente acordada entre Monteseirín y Celis, y que, según algunos, parece desinflarse porque, aunque Griñán tiene cierta simpatía personal por el delfín de Monteseirín –es militante de la agrupación que éste lidera–, esto no implica que sea forzosamente el elegido. Tampoco lo contrario.

La Ejecutiva lanza el nombre de Rosamar Prieto como piedra para taponar esta vía de agua. Nadie, sin embargo, cree que tal tesis pueda ser tomada en serio, lo que no implica que, llegado el caso, no termine sucediendo. Los motivos: con ella el PSOE seguiría sin referente durante demasiados meses ante un Zoido sin rival, cuando se nombre al candidato se entrará en una situación de bicefalia (justo el motivo por el cual se va a hacer un congreso regional) y una supuesta huida de Celis dejaría al Ayuntamiento sin una parte de su intelligentsia. Rosamar Prieto tendría problemas para contar con cuadros técnicos. La cuestión no es tanto quién va a reinar en el Ayuntamiento, sino quién va a terminar en condiciones todo lo que Monteseirín dejará a medias. Un requisito esencial para poder presentarse ante el electorado.

El ritual de seducción hacia el presidente de la Junta es intensísimo: Viera lo cortejó durante el congreso extraordinario de esta semana; Celis lanza, indirectamente, mensajes hacia la Ejecutiva federal y algunos de sus fieles insinúa una hipotética salida hacia responsabilidades autonómicas dentro del grupo de los jóvenes valores socialistas. Lo cierto es que Griñán tiene tan despistados a todos los aspirantes a algo en el PSOE que cualquiera puede decir una cosa y, al tiempo, pensar justo lo contraria. Estar aparentemente bien posicionado y quedarse fuera de foco. Males del cesarismo.

Noticias de un atasco coral

Carlos Mármol | 14 de septiembre de 2008 a las 13:02

La falta de respuesta institucional al grave colapso de tráfico que esta semana sufrió el Aljarafe central es otra muestra más de la necesidad de articular una Autoridad Única Metropolitana que responda ante los ciudadanos.

EN los años setenta, década en la que nacieron los treintañeros de la generación del escepticismo, un director de cine italiano, Luigi Comencini, dirigió una coproducción cinematográfica célebre por su elenco –los mejores actores europeos de aquel momento, junto algunas estrellas ya algo vetustas– y por su motivo: los singulares avatares de un rosario de conductores atrapados durante varias e interminables horas en un increíble atasco de tráfico. Una especie de comedia coral que pretendía –pero lograría sólo a medias– simbolizar el absurdo de una civilización –la nuestra– que promete a cada momento el paraíso y la comodidad y, por contra, sólo ofrece frustración y problemas.

El film, algo así como una suerte de precedente bastante menor de las películas de contrapunto constante que, sobre la base de los gélidos y certeros relatos de Raymond Carver (Short Cuts), tan bien rodara Robert Altman –con todas las lógicas salvedades existentes en esta comparación–, tiene cierta similitud con el episodio que se ha vivido en Sevilla al inicio de la semana: el colapso circulatorio del área central del Aljarafe y de buena parte de la capital hispalense. Más de diez horas de un monumental atasco que, aparentemente, estuvo provocado por la masiva afluencia de personas a los centros comerciales de Castilleja de la Cuesta (Aire Sur e Ikea) en un mismo momento.

El episodio pudiera parecer un suceso aislado. Y lo cierto es que su envergadura fue bastante singular, aunque, desgraciadamente, hace tiempo que ha empezado a convertirse –aunque con una intensidad algo menor; en todo caso, muy relevante– en la moneda diaria de la Sevilla metropolitana de la que tanto hablan los mismos políticos que tan poco hacen por convertir en cierto el viejo y noble sueño de la Gran Sevilla. Un mismo territorio metropolitano proyectado hacia el futuro sobre los cimientos de un pasado irremediable, con sus luces y sus sombras, y algo superlativo.

Por lo que parece, esta aspiración –el proyecto que podría hacer que Sevilla cambiara de escala económica y urbana– está condenada a no salir nunca del papel porque la voluntad política de convertirla en cierta es puramente retórica. Los ensimismamientos de aldea pesan mucho más que el sentido común. Y los reinos de taifas –cada uno de los ayuntamientos que han hecho durante las últimas dos décadas la guerra por su cuenta sin importarles demasiado el resultado final ni caer jamás en la cuenta de que, en realidad, la batalla es otra muy distinta a la que mantienen con su vecino– perduran sobre la colaboración mutua.

Los socialistas, cuyo poder en la provincia es casi absoluto, tienen a su cargo el gobierno de la mayor parte de los consistorios metropolitanos. Pero es justo esta omnipresencia, paradójicamente, el principal obstáculo para aplicar una estrategia común que atenúe los problemas que sufren a diario los ciudadanos (votantes, en la terminología de los políticos). Probablemente porque el PSOE sevillano es una organización con tantos conflictos intestinos y abundancia de contradicciones como, mutatis mutandi, el peronismo argentino, donde la derecha y la izquierda –si es que estos términos todavía guardan algún sentido– se mudan en su contrario sin problema alguno.

En dirección contraria

Quizás la única reflexión posible tras el gran atasco no sea tanto cómo se ha llegado a la situación de colapso que vive la Sevilla metropolitana –parecen muy claras las razones: simple y pura dejadez institucional–, sino qué puede hacerse ahora para salir de él. Y, sobre todo, quién va a hacerlo. Porque lo más llamativo del asunto no son las fotos de los sevillanos presos en sus propios coches, ni los relatos de su experiencia –más de uno debería aprender que la gente tiene voz y puede hacerla oír con independencia de las regladas consultas electorales–, sino justo aquello que no se ha visto. Una imagen no contemplada: algún responsable político dando la cara ante la situación, explicando qué piensa hacer y tomando alguna decisión. Aportando liderazgo.

Ninguno de los numerosos cargos institucionales ha querido cargar con este muerto: ni Monteseirín, ni Viera, ni Zoido. Ni el alcalde de Castilleja, ni ninguno de los altos cargos de la Junta, empezando por Carmen Tovar, ex alcaldesa del municipio que autorizó la ubicación de los centros comerciales que, en teoría, provocaron el atasco –que no el colapso, que es pretérito y tiene legión de autores–, y ahora delegada del gobierno autonómico. Tampoco en la consejería de Obras Públicas o en la Diputación estaban por oír las quejas ciudadanas. Y no hablemos del Gobierno central, cuyos delegados de zona tendrían una agenda de trabajo apretadísima como para tener que preocuparse –y ocuparse– de que esto no vuelva a suceder.

Acaso el problema no consista ya en la discusión de si es necesario crear una Autoridad Única. Parece claro que sí. Al menos, para tener a alguien a quien exigir responsabilidades. Magro consuelo, de cualquier forma. La verdadera incógnita del asunto es quién va a ponerle el cascabel al gato. ¿Quién será capaz de caminar en la dirección correcta sin incrementar la abultada nómina institucional de ausentes y, al tiempo, podrá doblegar el inmenso océano de intereses creados que impiden que el proyecto de la Gran Sevilla salga adelante?

Septiembre, el mes más cruel

Carlos Mármol | 20 de julio de 2008 a las 12:59

Congreso PSOE Sevilla

El secretario general del PSOE de Sevilla, José Antonio Viera, emplazó ayer a las asambleas de la capital al mes de septiembre para reflexionar sobre la nueva situación política e introducir cambios en la forma de trabajar del gobierno de la ciudad.

MUCHOS se preguntarán, dentro y fuera del PSOE de Sevilla, cuál es la razón por la que, una vez clara la derrota de los críticos en el congreso de ayer, una notable parte de ellos decidió, contra lo que había venido siendo su norma de conducta hasta ahora, apoyar de manera expresa y decidida a la lista que encabezaba José Antonio Viera. ¿Una obligación fruto de las circunstancias o una incoherencia? Probablemente la única vía para tratar de recomponer la tensa situación creada en los últimos meses, en los que las jóvenes promesas, que se han revelado menores, han jugado a ser una mayoría que, visto lo visto en el Congreso, no supone mucho más de un 10% de la representación oficial.

¿No es contradictorio plantear un pulso desde hace meses a la dirección existente del partido, tratar de montar una candidatura alternativa sin tener los avales suficientes, apurar las opciones de retirada e integración y desoír las advertencias de que la cosa no iba bien para después, en horas veinticuatro, como diría el clásico, darle la vuelta a esta situación y pasar a votar en masa en favor de la mayoría dominante?

Bien es cierto que no todos los críticos actuaron así en esta nada edificante función teatral: hubo quien, en coherencia con lo dicho en este tiempo, al menos se abstuvo a la hora de votar o eligió la fórmula del sufragio en blanco. Una forma indirecta de decir no cuando todo obligaba a decir sí. Al menos, a éstos nadie les podrá acusar de veletas. Otra cosa son aquellos que han decidido diluirse en la nueva mayoría, de cuyo núcleo de poder, lógicamente, han sido desplazados por completo. Probablemente unos lo habrán hecho por instinto de conservación y otros por táctica. Porque, aunque la relación de fuerzas ha quedado esbozada de forma manifiesta, el nuevo giro que Viera promete dar en el PSOE de Sevilla no ha hecho, en realidad, más que empezar. En primer lugar, en lo que se refiere a la integración. Probablemente este concepto, tan subjetivo, en el caso de los críticos del PSOE consista, en el mejor de los supuestos, en poder seguir respirando. Que el statu quo no cambie. En un partido donde es tradición que las alteraciones orgánicas tengan inmediata traducción institucional, que algún señalado opositor siga de portavoz municipal, por ejemplo, sería, por así decirlo, una manera de integrar. O de esperar hasta ver qué hacer.

Lo que parece claro es que Viera, que hace cuatro años llegó a la cúpula de los socialistas como una solución temporal ante un problema llamado Caballos –el líder natural no ha tocado demasiado pelo en la nueva Ejecutiva pese a haber dado sus avales a Viera; cosa que, en cambio, sí ha conseguido Carmelo Gómez con menos peso y mucha menos experiencia– está dispuesto, si no a perpetuarse en la cúpula del PSOE, al menos a permanecer en ella durante algún tiempo y dejar cierta huella. Y para cumplir este objetivo ha hecho una Ejecutiva a su medida (sin las componendas del anterior Congreso, pero recompensado a sectores divergentes del partido) y planea, a partir del mes de septiembre, afrontar la gran operación: rediseñar, junto a las asambleas de la capital, hasta ahora controladas por Gómez de Celis y algunas otras familias más, la coyuntura municipal. Para este objetivo parece tener, además, luz verde de San Vicente, a la vista de la cuota sevillana obtenida en la nueva Ejecutiva regional y la marginación de cualquier referente de la corriente que lideraba Demetrio Pérez. No parece tener además prisa. Cuenta con un grupo empotrado en el Ayuntamiento. Y con Emilio Carrillo, el concejal de Urbanismo de Monteseirín, como nuevo y emergente referente de esta nueva etapa. De ahí que acaso haya que cambiar algo el clásico verso de T.S. Eliot. Abril ya no es el mes más cruel. ¿Será septiembre?