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El ‘nuevo’ Pepe

Antonio Galiano | 28 de noviembre de 2011 a las 18:28

Temporada nueva, vida nueva. El Real Madrid parece haber salido más fuerte con creces de los varapalos de humildad que el Barcelona le ha asestado hasta ahora con la eliminación de la Liga de Campeones, la consecución de la Liga y la victoria en la Supercopa de España. Los de José Mourinho se han empeñado en corroborar la máxima que sostiene que los equipos del luso son mucho mejores en su segunda temporada y, tras pasar un ligero bache frente al Levante y el Racing de Santander, se han convertido en una máquina de ganar que acumula 13 victorias seguidas.

¿Qué ha cambiado? Pues no sabría decirlo con certeza, pero parece que tienen más hambre y que no sólo juegan al contragolpe. Pero lo que sí parece modificado es el chip de Pepe, que podría haberse arreglado. Al internacional portugués se le ha aparecido la Virgen y todavía no ha protagonizado ninguna de sus locuras en el presente ejercicio. Ahora, hasta se cree con potestad para denunciar el juego duro de los contrarios.

En apenas tres meses, Pepe ha pasado de intentar cazar cualquier pierna con una media azulgrana a recriminar a los jugadores del Atlético de Madrid la agresividad con la que se emplearon en el Bernabéu durante el derbi madrileño. El zaguero luso parece haber calmado sus ansias y ha dejado de entrar como un criminal. Sigue yendo fuerte al balón, pero no se le ve que esconda intención mala alguna en sus acciones. Va con una renovada limpieza.

Hay que celebrar sin duda que el jugador del que he visto más idas de cabeza agresivas en un campo de fútbol -a la par con un maestro premeditado como Roy Keane- cambie de actitud de repente. Sin embargo, lo que no puede pretender ahora es dar lecciones a los demás. Estamos hablando de un central que pateó la espalda de un rival, Javier Casquero, tras hacerle penalti. No parece digno que de golpe y porrazo tenga el poco decoro de echar en cara a otros compañeros que vayan al límite cuando ninguna de sus entradas se acerca ni por asomo a la colección que él exhibió en el carrusel de clásicos de la temporada pasada -bueno, la de Perea a Cristiano quiere imitarlo pero no llega-. Todas esas patadas -y algunas de las que dio ante el Olympique de Lyon en cuartos de Champions afilando los dientes de cara al Barça- eran propias de partidos de no federados y podrían tener cabida en un manual en el que cualquier central con bigote, de los antiguos, haría con orgullo el prólogo. Aún así ha tenido suerte y no ha lesionado a nadie de gravedad.

La transformación de Pepe -no daría por segura ni la suya ni la del Madrid hasta que no pase el partido ante el Barcelona el 10 de diciembre- parece encuadrada dentro de un lavado de imagen general de la entidad blanca encabezada por Mourinho con la famosa barbacoa de hace dos meses. Con el viento a favor, ahora no hay quejas de los árbitros y el propio técnico se ha propuesto superar en descaro a su defensa central denunciando también el juego duro del Atlético. “Las espinilleras de carbono son caras pero merecen la pena“, dijo tras el partido con ironía. ¿De qué tendrá Pepe hechos los tacos que intentó marcar en en la espinilla de Alves? Es más, ¿de qué material serán las espinilleras de Messi? Interesaría saberlo, visto lo que aguantaron el año pasado.

Está bien que el Madrid se apunte al juego limpio, pero es indecente que pongan el grito en el cielo después de lo propuesto en la final de Copa del Rey y las semifinales de la Liga de Campeones. No hay que demonizar a Pepe. Desde que lo vi debutar en la ida de la Supercopa con el Sevilla en el mismo Sánchez Pizjuán me pareció un central con unas condiciones físicas y de anticipación extraordinarias al que le falta -aparte de un poco de cabeza-  moderación y que alguien le enseñe condiciones tácticas. Fernando Hierro por ejemplo le podría dar unas clases de esto último para convertirlo en un referente. Tampoco a Mourinho, al que es muy fácil hacerlo y del que es de admirar su capacidad de convencer y motivar a un grupo de veinteañeros millonarios, algunos casi sin educación, para que hagan lo que el quiere en un campo de juego. Pero les vendría bien a ambos recordar de vez en cuando que la gente tiene memoria.