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Las acrobacias de Julio

Antonio Galiano | 4 de octubre de 2011 a las 19:25

A esta hora supongo que llego tarde para sorprender a alguien si digo que Julio Baptista hizo ante el Getafe un gol que seguramente será uno de los mejores tantos de la temporada, y no sólo en España. La imagen poderosa del brasileño acertando con el remate de espaldas en el minuto 92 -para delirio malaguista- seguro que ya ha sido visionada hasta en China, aunque pese a los esfuerzos de la Liga por acercarles la competición, el partido les pillara en un horario inadecuado. Bueno, que no se quejen, que les tocó frotarse los ojos en directo con el gol de Íñigo Martínez al Athletic desde 54 metros.

Pero si echamos la vista atrás, no es la primera vez que el ex sevillista -del cual no se comprende que no haya triunfado en el Real Madrid, el Arsenal o la Roma- regala una perla de esta talla al aficionado. Que yo le recuerde, éste es su tercer gol de chilena, todos  marcados en España. Es un caso curioso, porque la corpulencia de La Bestia no invita a pensar que sea un jugador especialista en este arte llevado a la quinta esencia por el mexicano Hugo Sánchez, pero ha demostrado que su agilidad supera con creces a su aspecto.

Con este tanto, el internacional brasileño sigue alimentando la estela de otros compatriotas suyos que ya dejaron la marca de su tijera en la Liga. Ronaldinho maravilló con dos remates de este estilo que acabaron en las redes de Villarreal y el Atlético de Madrid; Rivaldo enloqueció al Camp Nou -y especialmente a Gaspart- metiendo al Barcelona en Champions gracias a un gol de chilena en el último minuto ante el Valencia.

Personalmente, pese a la belleza del remate de Rivaldo y al momento en el que lo hizo, mi chilena favorita, por encima incluso de la del Málaga, es la que Baptista le coló a la selección de Cataluña. El control orientado con el muslo y el remate certero a la escuadra contraria -que el portero fuera Toni no le resta méritos- parece de videojuego. A esta última también hay que sumarle otra tijereta con el Real Madrid ante el Betis que acabó en gol.

Así pues, para que no se pierda, aquí queda con tres obras el por ahora legado acrobático de Baptista.

- Real Madrid-Betis (2007/08):

- Cataluña-Brasil :

Que la figura no eclipse a la leyenda

Antonio Galiano | 15 de febrero de 2011 a las 0:00

Ronaldo Luis Nazario de Lima lo deja.  Si hace poco se retiró en una de las facetas en las que era más efectivo -decidió poner fin a su saga de vástasgos con un cortecito donde más duele cuatro hijos reconocidos después-, el lunes 14 de febrero de 2011, el fenómeno anunció su otra retirada: las dolorosas secuelas de sus lesiones y un problema de tiroides -que le hace engordar y que no puede tratarse sin dar positivo por dopaje- le han empujado a abrazar lo que el mismo ha definido como  “su primera muerte”.

Hoy es el día para mirar atrás y reflexionar sobre esta figura. Soy de los que pienso que el fútbol no ha sido justo con Ronaldo. Sí, lo ha ganado todo menos la Champions -incluido dos veces el balón de oro, uno después de estar al borde de la retirada por una lesión de rodilla que todo el mundo no supera-, sin embargo, da pena la probabilidad de que los mas jóvenes  lo recuerden por  su exagerado peso en el declive de su carrera. Esa imagen de ex futbolista cuarentón no hace justicia a la del delantero más letal que recuerdo haber visto con uso de razón. Por eso, cuando ha anunciado su retirada, pese a lo duro de la noticia, me ha parecido una excepcional y alegre decisión.  La ovalada figura de un jugador al que la suerte ha maltratado da así paso por fin a una leyenda a la que, en su ocaso, le han robado hasta el nombre.

No sé por qué es un futbolista al que le tengo una estima especial, aunque supongo que será porque, casualidad o afición, he visto en directo los momentos clave de su carrera. Lo vi en televisión por primera vez cuando contaba yo diez años, en mi primer Mundial con un uso de razón como dios manda, el del 94. Del de Italia sólo recuerdo el gol de Stojkovic a España en octavos -la primera de muchas decepciones que al final han visto recompensa-. Cuando Carlos Alberto Parreira dio la convocatoria, lo incluyó pese a sus insultantes 17 años.  Por entonces también le llamaban Ronaldinho y se decía de él que era otra de esas tantas reencarnaciones de Pele, pero como era la primera que yo escuchaba, pues le di importancia.  No jugó ni un partido en un equipo conservador dirigido por Mauro Silva y Dunga y encomendado a la calidad de Bebeto y Romario, pero su imagen festejando la copa, con el pelo corto rizado y esos dientes XL, servirían de presentación mundial a lo que luego vendría.

Dos años mas tarde, en la temporada 1996/97, fichó por el Barcelona previo paso por el PSV Enindhoven, curiosamente, el mismo club desde donde llego Romario al club catalán. Para mí, ese Ronaldo, en su demarcación, ha sido el mejor jugador que he visto en un terreno de juego. Lo tenía todo: rapidez, disparo, regate, desborde, remate, honestidad -no importa que le dieran una patada dentro del área, por aquel entonces, si podía seguir, seguía-, y sobre todo potencia. Estuvo sólo una temporada en el Barcelona, pero lo ganó todo menos la Liga, que perdió ante el Madrid de Capello-. Ese año dejó goles imborrables, como el que  marco ante el Valencia o, el más sonado, el del Compostela, por el que el ya fallecido Bobby Robson se echaba las manos a la cabeza enloquecido  junto a un joven Mourinho en el banquillo del Multiusos de San Lázaro. Particularmente, lo que más me impactó de esa temporada es que siempre que escuchaba el típico “Gol en Barcelona” del Carrusel o a toro pasado veía los resúmenes, había marcado. Tremendo.

Cuando se marchó al Inter de Milán le perdí un poco la pista. Excepto algún partido trasnochando viendo el Tercer Tiempo de Canal + o algún resumen de las mejores jugadas del fútbol internacional en Más deportes o El Día después, la mejor jugada que le recuerdo con el Inter es la del amago que le hizo al portero del Lazio en un gol que marcó en una final de la antigua Copa de la UEFA. Por  supuesto que también tengo grabado en la cabeza el día en el que volvía a jugar tras lesionarse gravemente la rodilla y se partió nada más salir intentado hacer una bicicleta, pero ese episodio trágico merece mención a parte.

Al Mundial del 98 llegaba como el indiscutible mejor jugador del mundo. Marcó goles e hizo un buen mundial, pero los rumores sobre su desvanecimiento antes de la final del campeonato y la contundente derrota de la verdeamarella en la final le prohibieron de hacer historia en esa cita. Un año más tarde vendría su primera gran lesión.

Era la temporada 1999/2000 y se partía el tendón rotuliano de la rodilla derecha. Un año de baja para cortar la progresión fulgurante del delantero. Se especuló incluso con que tenía que dejar el fútbol, pero volvió a jugar, ya en la temporada 2000/2001.  Como decía antes,  si algo recuerdo especialmente es que una noche de entre semana,  haciendo zapping, y  sin saber ni siquiera que se jugaba la final de la Copa de Italia en Canal +, di con el partido de su vuelta. Había pasado el minuto 15 de la segunda mitad y Ronaldo iba a volver jugar. Salía desde la banda. Recibió cerca de la frontal del área, encaró a dos jugadores del Lazio, bicicleta con la pierna derecha y, al pasarla por encima del balón y apoyar, crack. Caía desplomado delante de Mihailovic. El árbitro paraba el partido pese a que no hubiera habido falta consciente de la gravedad. Los gestos de dolor dejaban frío a cualquiera, más aún sabiendo el año que había pasado. De nuevo se le dio por muerto, por segunda vez, y esta vez con más razón.

Pero la fuerza y el esfuerzo del que en estos últimos años ha servido de chiste para muchos, le hizo volver otra vez. Esta vez con más fuerza,  para jugar y ganar el primer Mundial disputado en el continente asiático, el del 2002 en Corea y Japón. Encima, pichichi del campeonato, con un aspecto muy peculiar: un visera de pelo encima de la frente en su habitual cabeza rapada. Esa resurrección le valió para recalar en el Real Madrid ese mismo año, pero ni allí, donde Zidane y Figo recalaron en busca de ganar de Champions, pudo ganar el título sin el que se va a jubilar. Sí ganó la Liga, que en su anterior periplo español se le escapó. En Madrid, a parte de en el terreno de juego, dio mucho que hablar en la prensa rosa. Tras toparse de nuevo Capello -esta vez en su propio equipo, acabó traspasado al Milán en el mercado de invierno de principios de 2007.  Allí poco hizo,  excepto cambiar de peinado -dejándose el pelo a lo afro- y lesionarse gravemente por tercera vez. La misma lesión de siempre, diferente pierna.

¡Sorpresa! Se recuperó, otra vez, y se marchó al Corinhintians, donde la imagen de su cuesta abajo se ha perpetuado hasta que el dolor le ha empujado por fin a la dignidad. Ahora toca empezar a olvidar la imagen física que ha dejado para que no emborrone lo que ha sido. Esto por  fortuna quedará en las videotecas, las hemerotecas e internet para que se recuerde como debe, como yo lo hago, y no pase a la historia como el otro Ronaldo.  No se lo merece.

A hacer puñetas el modelo

Jesús Ollero | 30 de noviembre de 2010 a las 12:04

campnou

Semanas de incesantes análisis, discursos grandilocuentes por parte y parte, bravatas y demás, y al final sólo un equipo en uno de los Barcelona-Real Madrid más desiguales que recuerdo, cuando se esperaba justo lo contrario. Sin buscar culpables, porque en este tipo de situaciones se cometen serias injusticias señalando a unos o a otros, entiendo que Mourinho ha sucumbido en cierta medida a los empalagosos elogios de la prensa madrileña-madridista olvidando las dos formas básicas de encarar el potencial del Barcelona.

La baja de Higuaín, indudablemente, trastoca toda la forma de jugar del Madrid y posiblemente imposibilita una presión eficaz arriba. No es Özil el elemento que mejor siga la presión que ha vestido de blanco, que digamos, y Cristiano Ronaldo bajó los brazos muy pronto viendo que Benzema no le seguía y que Di María estaba muy hipotecado con Alves.

Introducir a Benzema en lugar de a un centrocampista fuerte y físicamente espectacular como Lass Diarra fue el principio del fin del Madrid. Guardiola fue fiel a sí mismo. Mourinho lo fue al Madrid de esta temporada, pero no a Mourinho. Con Lass habría obtenido igualdad de número por el centro y mayor capacidad para controlar a Xavi, muy cómodo con Busquets e Iniesta cuando Xabi Alonso sólo tiene cerca a Khedira y la salida de balón del alemán parece insuficiente.

Si la presión adelantada es poco viable, al menos aguantar el tipo en el centro del campo. Esa premisa no se dio y Mourinho tampoco quiso cargarse a Özil o Benzema con un cambio que a los veinte minutos, con 2-0, era un clamor. El Barcelona estuvo siempre comodísimo y cualquier intento por apoyar la sangría por el centro se convertía en un pase abierto para buscar la espalda, amplísima, de Sergio Ramos y de Marcelo.

Conste que hablar después de lo que se ha visto tiene poco valor y que es posible que Mourinho sea capaz de convertir este palo en un punto de rebote. El Barcelona es el equipo más brillante del fútbol moderno (entiéndase el inicio del fútbol moderno en el Milan de Sacchi) y pocos han conseguido frenarle. Mourinho ya lo hizo. Pero no así. Quiso hacerlo como se espera que lo haga el Madrid en lugar de hacerlo como se espera que lo haga Mourinho.

El Barcelona tuvo el viento de cara en momentos clave –los dos primeros goles no son razonables a este nivel, puede haber penalti a CR7 con 2-0, Villa sentencia en posición dudosa…– pero era cuestión de tiempo que derribara al oponente y que lo hiciera con contundencia. Es evidente que el nivel futbolístico azulgrana es superior, pero la capacidad de equilibrar defensa y ataque del Madrid le situaba en un estadio parejo. Si el ataque no funciona porque no se huele el balón y se defiende adelantado sin guardar la línea, el resultado es el duelo más descafeinado de los últimos años: busquen una cita de este porte que estuviera resuelta en veinte minutos.

“Es una derrota muy fácil de digerir”, dijo Mourinho. No creo que el madridismo piense eso, ni el barcelonismo tampoco. “Si ganamos, mañana será martes; si perdemos, mañana será martes”, señaló la víspera. Vaya martes… Guardiola, a lo suyo, habló de cantera y de humildad, elogió al Madrid y vaticinó una Liga apretada hasta el final. Mourinho miró hacia dentro y puede que este 5-0 tenga sus consecuencias (Sergio Ramos, Khedira, Benzema…) Esperemos que la Liga aguante la emoción bastante más que el duelo del Camp Nou.

PD: Volvamos al título. Lo mejor es enemigo de lo bueno. Lo bueno es mantener el ideario de un equipo. Ayer, lo mejor era otra cosa. A hacer puñetas el modelo, pues.

Resumen del partido

El pique con Cristiano Ronaldo por su empujón a Guardiola

El 5-0 de la temporada 93-94

Príncipe de Asturias: ¿Mourinho? ¿Guardiola? Pregunten a Mediapro

Jesús Ollero | 18 de octubre de 2010 a las 14:30

Para que luego digan que la prensa no tiene influencia, durante el fin de semana hemos presenciado el mejor ejemplo de cómo conseguir que se haga algo que contraviene claramente los intereses de los clubes. Con Marca a la cabeza, la prensa capitalina ha conseguido convencer a Florentino para que Mourinho dé marcha atrás en su negativa a dejar participar a los jugadores del Real Madrid en la entrega del Premio Príncipe de Asturias de los Deportes a la Selección Nacional de fútbol, más que nada porque se celebra la noche del viernes 22 y el equipo juega contra el Racing el sábado a las 20 horas.

Entiendo perfectamente el simbolismo del premio, de la selección, etc, etc, etc, etc, pero parece evidente que el enemigo de la organización del evento no ha sido precisamente Mourinho, ni Guardiola. Fecha prefijada para un prefijado calendario que indica desde julio qué viernes son víspera de partido para los equipos que juegan la Champions. No es el caso (lo que hay es Copa del Rey) pero Barcelona y Real Madrid juegan el sábado por decisión de Mediapro, la que maneja las retransmisiones, para entendernos. El último fin de semana sin ser previa de Champions jugaron ambos el domingo…

Toda la artillería mediática clama contra Mourinho (salvo alguna honrosa excepción que señala directamente al programador de partidos) cuando anuncia que no piensa permitir a ninguno de sus internacionales españoles estar en Oviedo para la ceremonia. Guardiola, con toda la lógica, secunda al portugués y los jugadores más representantivos de la selección, en principio, no están convocados para el Premio Príncipe de Asturias.

Tal es el coñazo que ha estado dando la prensa, deportiva y general, con este tema que Florentino se reunió con Mourinho en un hotel de Málaga y Valdano ya anunció en La Sexta justo antes del Málaga-Real Madrid que Casillas recogería el galardón con el compromiso de regresar en avión privado a la capital de España esa misma noche. Caray, La Sexta, la cadena televisiva del mencionado programador… Mejor un mal arreglo que un buen pleito, debió pensar el portugués. Guardiola mantiene el tipo con una salida a Zaragoza fijada para las 18 horas del sábado, con una prensa bastante menos volcada con la selección y con el temor a no poder contar con Xavi y liberarlo para que acompañe a Casillas: “No va a ir ningún jugador que tenga que jugar el sábado”. Todavía hay quien insiste en culpar a Guardiola

Particularmente defiendo la opción de los técnicos, aunque el desbloqueo ha debido llegar de otra manera y no con esta marejada mediática a mayor gloria de quien no debe tenerla (un sector de la prensa). Es normal que los dos técnicos intenten evitar que alguna de sus estrellas acuda a un acto público la noche anterior a un encuentro y a muchísimos kilómetros de distancia. Cualquier esfuerzo por la selección es poco, muy bien, pero en este caso creo que quien debió empezar a esforzarse por convertir gala y fútbol en compatibles es precisamente la organización de la gala, que ha corrido un serio riesgo de reducir la presencia de la selección a Vicente del Bosque.

“Entre Mourinho y Guardiola, le han asestado un golpe de muerte al Príncipe de Asturias del Deporte. El declive era claro y ahora esto”. Esto decía un auténtico tótem del periodismo nacional, Ramón Trecet, en su twitter. No puedo más que discrepar con el maestro. En todo caso, lo que han hecho es defender los intereses de su empresa como es su obligación. Para defender a la selección y al galardón del órdago de Mediapro debieron intervenir otros, me temo.

Mou, sweet Mou

Jesús Ollero | 16 de septiembre de 2010 a las 18:44

Por mucho que intentemos aferrarnos al entrenador que todos llevamos dentro, reconozcámoslo: Mourinho está muy por encima de cualquier genialidad que nuestra cabeza pueda producir. Si la afición del Madrid logra entender que para ganar no siempre hay que jugar como en los videojuegos, Florentino puede haber fichado al técnico que le dé la gloria que él mismo se quitó eliminando al buenagente Del Bosque, ese que ganó dos Copas de Europa y parecía que las había comprado en unos almacenes, a tenor del trato recibido cuando se fichó a un técnico elegante para echar al técnico que ganaba.

Dicho lo cual, al Madrid le han hecho media ocasión en tres partidos, y aunque hayan sido rivales menores es algo digno de ser tenido en cuenta. Media ocasión, ojo. Este equipo va a ganar un montón de partidos por el simple hecho de no encajar goles. Con lo que tiene arriba, pocas veces se quedará a cero (algunas, claro) y todo junto puede presentar el Real Madrid más competitivo en años. Justo lo que se buscaba. Y encima es el pararrayos más descomunal que se ha visto en tiempos recientes. Todos los focos y todas las broncas para él, toda la tranquilidad para los jugadores.

Mourinho no ha inventado ni la rueda ni el fuego, pero sí logra que la implicación del personal, del multimillonario personal, se multiplique. La arrogancia convertida en esfuerzo y puesta al servicio del colectivo. Qué maravilla… Recuerdo cómo la grada del Bernabéu despreció hasta el hartazgo a Fabio Capello. En sus dos etapas. Y en las dos fue campeón de Liga. En la primera, además de perder el primer partido de Liga en la segunda vuelta (en Vallecas), tuvo la osadía de defenderse de una cagada de pretemporada con un lacónico: “miro a mi lado y sólo veo a Milla y al hijo del presidente”. Era Fernando Sanz, hijo de Lorenzo, que por supuesto desde entonces estuvo deseando cargarse al italiano. Con Mou todo es distinto. Y mira que lloró con el 0-0 de Mallorca: “Ahora diréis que en quince días esto tiene que cambiar mucho, pero en estos quince días sólo tendré de la primera plantilla a Dudek, Adán (los dos porteros suplentes), Pedro León y Granero”. El día de Osasuna le pitaron (“me toca aguantar”). Ya no.

Soy muy de Mourinho, lo reconozco. Pero mucho, mucho. No sólo porque hizo de mi querido Inter el rey del mambo después de haber visto esa camiseta de rayas negras y azules arrastrándose por multitud de estadios con entrenadores mediocres y/o sin personalidad.

No me extraña nada, pero nada, que la Federación de Portugal esté dispuesta a hacer lo que haga falta para que Mourinho sea seleccionador. Igual no es ninguna atrocidad que una persona sea capaz de doblar cargo. Nos libraría de un buen puñado de prejubilados (y no lo digo por Del Bosque precisamente porque está en su punto más alto, pero igual sí por un ex triunfador como Fabio Capello) y derribaría muchos mitos poco fundamentados que a veces se usan de forma interesada, como la doble función de Scariolo en la selección española de baloncesto.

Dependerá de Florentino, como siempre, que para eso es un ser superior.

PD: No creo que Mourinho hubiera reservado, nunca, al mejor jugador del mundo. Y menos tan pronto. Vale que era lógico pensar que no había mejor ocasión de darle descanso que recibiendo en casa al Hércules, pero mira luego… Evidentemente hablo de Xavi, el jugadorazo que permite al Barcelona jugar como el Barcelona que todos queremos ver.

Pues eso, este es Mourinho