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Resumen del Grupo B: El fracaso se llama España

Jesús Ollero | 24 de junio de 2014 a las 15:38

 

Decir ahora que el batacazo de España se veía venir es engañarse. Se pudo ver venir el riesgo de no cumplir las expectativas, de llevar a un equipo más o menos adecuado, de si el lugar de concentración (a 10 grados jugando a 30) era el idóneo. Todo eso, y lo que se quiera añadir, ya no vale para nada. Lo único cierto es que la selección completó el peor Mundial de su historia y que su defensa del título ha sido horrible. Nada más. Ahora hay que planificar la Eurocopa de Francia, con algunas caras nuevas (algunas, no tantas), procurar recuperar el mando del vestuario y analizar, verdaderamente, qué jugadores deben/quieren seguir.

Puede que España nunca vuelva a lograr nada que se le parezca a lo que ya logró, por eso es mejor mirar con perspectiva, dar gracias eternas a quienes tanto nos dieron y comenzar de nuevo. La selección volverá a estar en situación de hacer cosas grandes en torneos internacionales, no sabemos si tan grandes pero sí instalarse definitivamente en el imaginario colectivo de los candidatos reales. Y lo hará sin Xavi, Villa y probablemente Casillas, Xabi Alonso o Torres. Casi nada.

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Dicho lo cual, todo pudo dar la vuelta como un calcetín con aquella ocasión de Silva en la jugada anterior al empate de Holanda. La frivolidad del canario respondida por un cabezazo matador de Van Persie. España se diluyó como un azucarillo, surgieron las dudas y las dificultades físicas y mentales y el equipo se desplomó. El partido contra Chile fue una lamentable prolongación del anterior, con cambios insuficientes para salir del atolladero, nula capacidad ofensiva y cabezas agachadas. Eliminación al segundo partido. Asombroso. El partido contra Australia, un bolo de verano en pleno Mundial, no valía absolutamente para nada. Sólo para no hacer aún más duro el regreso.

Holada ha sido la campeona del grupo, se vengó de la derrota contra España en la final de 2010 y se cruzará con México en octavos. Hueso duro pero no es Brasil. Y habrá que ver qué efecto tiene la alegría que ha mostrado Holanda contra los aztecas. Aplastaron en el segundo tiempo a España con fútbol directo, pases largos y abiertos y una velocidad endiablada. Contra Australia sudaron tinta cuando deberían haberse paseado y aprobaron con nota el examen frente a Chile sin poder disponer de Van Persie por sanción. Robben ha asumido el liderazgo y está bordando el Mundial. Pero el entramado defensivo sigue ofreciendo algunas dudas y por ahí decidirá la oranje dónde tiene su techo. De momento evita a Brasil hasta una hipotética final.

Chile dio la talla frente a España y el cara o cruz contra Holanda salió rana. Australia sacó sus nervios y se arriesgó a un empate que habría cambiado por completo el desarrollo del grupo. Se mantuvo y aprovechó la tristeza de España para amarrar una clasificación muy meritoria. El cruce es feo, muy feo, pero Chile, como México, es mal compañero de viaje. Lo que ha brillado Bravo es una noticia agridulce: está muy bien pero le han llegado más de lo que querría Sampaoli. Por cierto, el seleccionador de Chile clavó su predicción: “España no es la misma. La veo un tanto aburguesada”.

Australia ha mejorado en conjunto pero ha involucionado técnicamente. Ya sin Kewell, Viduka, etc, lo confió todo a un Bresciano que físicamente ya no llega pero siguie siendo lo mejor que tiene, y a un delantero que siempre fue centrocampista y que hace tiempo se destapó como gran goleador: Cahill volvió loco a Chile y a Holanda, pero ellos y Leckie son poca cosa para el nivel que había en este grupo y despidió sin pena ni gloria contra España.

Vuelve el ‘otro’ de Manchester

Antonio Galiano | 24 de octubre de 2011 a las 18:13

El dinero no da la felicidad, pero no cabe duda que ayuda a conseguirla. El ejemplo más claro es que no puedo imaginarme hoy un hombre más contento que un aficionado del Manchester City. Bueno sí, uno del Levante, pero es una felicidad diferente. El equipo español vive en un lugar que nunca ha catado y que sabe que no le corresponde; el City, tras años de conformarse con no pasar apuros o ascender de categoría, se ha permitido el gustazo de humillar a domicilio a su eterno rival y ve el futuro con perspectivas de convertirse  en otro Chelsea -y sin tener un Mourinho en el banquillo-.

No sé si hay comparación del todo precisa, pero lo que pasó el domingo en Old Trafford puede ser equiparable, salvando las distancias, a que el Atlético de Madrid o el Inter de Milán le endosaran un 1-6 al Real Madrid o al Milan, aunque en otro tiempo hubiera sido más bien al contrario. Hay aficionados que desconocen que el City no es el nuevo rico de la ciudad -más bien el viejo-, ya que, por historia y afición, siempre ha sido el primer club de Manchester.

El City ha pasado los últimos 25 años a la sombra de la meteórica progresión del United de Alex Ferguson. Los más jóvenes sólo hemos visto como el que creíamos el único Manchester relevante se convertía en el equipo más fuerte de la Premier y una potencia europea. Pero sin profundizar demasiado en el pasado, hasta mediados de los 70, fecha en la que empezó su declive el City, el United tenía una afición mucho más pequeña que había ganado algunos adeptos por el trágico accidente en el que murió su plantilla al completo en 1958.  A partir de los 80 -más aún en los 90- el City se convirtió en un equipo ascensor que incluso llegó a bajar a la tercera división -único equipo inglés con títulos europeos en hacerlo-. Pero todo eso parece haberse acabado con la llegada del grupo inversor de los Emiratos Árabes que ahora es su propietario.

Así es como el segundo equipo de Manchester es ahora de nuevo un club de moda en Europa. No sólo se permite el lujo de arrebatarle los mejores jugadores del continente a los equipos más potentes, sino que lo que le sobra -algunos futbolistas que serían titulares indiscutibles en muchos equipos de élite- lo cede o lo malvende sin ningún tipo de tapujo. Para enterdernos, es como un  conjunto armado por un niño que ficha en un videojuego, porque si no, nadie comprende que se junte a Balotelli, Tévez, Adebayor o Robinho sin tener en cuenta la salud del vestuario o que se haga de Yaya Touré el jugador mejor pagado de la Premier. Vamos, la versión cutre y magnificada del Florentino de los galácticos.

Tras cuatro años de derroche y de pruebas de entrenadores, el equipo parece haberse consagrado donde más lo necesitaba. Es cierto que el resultado del derbi hasta el minuto 81 no era tan escandaloso -sólo un 1-3-, pero el baño de juego si lo fue. La cara de Ferguson al final del partido, nada acostumbrado a estos ridículos, lo decía todo. No recuerdo un resultado que me llamara tanto la atención en contra del United. Sin embargo, si juntas a gente como Silva, Agüero, Balotelli -con todo lo loco que esté- y un rematador como Dzecko, a poco que se centren y se ajusten, el resultado es demoledor.

¿Es realmente el City un equipo que se puede hacer un grande de Europa o se quedará en experimento? Si Mancini, que deja  serias dudas como entrenador y como gestor de vestuarios, hace lo que tiene que hacer, los celestes tienen todas las papeletas de ser este año campeón en Inglaterra y madurar en la Champions como posible discutidor de la aparente supremacía de Madrid y Barcelona.

La fórmula no parece muy complicada: que jueguen Silva y Agüero y nueve más y que el dinero no se acabe, claro. Aunque los gérmenes de vestuario -como Tévez o el impredecible Balotelli- o los que puedan llegar con esa política indiscriminada de fichajes presentan el riesgo de estropearlo todo. Ahora que el talento parece haberse asociado, a poco que haya una buen plan para regular los egos y las cabezas semiperdidas -las declaraciones de Silva sobre Del Bosque tampoco anuncian que esté muy centrado- no se pudrirán sus aspiraciones. Si es así, los aficionados del City pueden volver a disfrutar de muchos lunes felices y reclamar con justicia su lugar a los ojos de los que creían que en Manchester sólo lucía el rojo diablo.