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Un sevillano con amante

Carlos Navarro Antolín | 12 de abril de 2015 a las 5:00

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EN la ciudad que se pirra por descorrer el visillo para llevarle la vida al vecino sin ser visto, son decenas las leyendas sobre las amantes de unos, los queridos de otras y los dimes y diretes de patio. Sevilla se lleva la vida a sí misma de tal forma que un ilustre sevillano dijo que los dos lugares donde se puede ir con un amante sin ser avistado por el público cotilla son el Alcázar y el Museo de Bellas Artes: donde nunca hay sevillanos. Ocure que hay un sevillano con querida oficial que lleva más de veinte años flirteando con su amada, a la que dedica sus pensamientos, sus alegrías, sus enojos, sus meses, sus días, sus horas, su tiempo… No, no es aquel en el que ustedes están pensando en la ciudad que siempre acierta al pensar mal. Ni tampoco todos esos otros nombres que se le vienen a la mente. Todo el mundo sabe que este sevillano lleva continuamente en la cabeza a su querida, que controla todos sus movimientos, que vive sin vivir en él cada primavera, que acaba el verano y está pensando en ella, que bebe los vientos por sus hechuras, que se contonea con ella cada vez que tiene ocasión en público o en privado. Todos lo saben al estilo de Sevilla cuando todos saben algo: todos callan ante la notoriedad. Rafael Carretero Moragas tiene una amante que absorbe sus horas. Y, claro, esta amante tiene nombre de dama acicalada con aromas de jacaranda cada abril a la sombra de los árboles de Gitanillo de Triana: su amante es la Feria. Y su amor se remonta a 1979.

Aquella Feria del 79 fue un desastre. El concepto erróneo de igualdad que se implantó en un buen sector de la sociedad con la instauración de la democracia se evidenció esa Feria. Los caballistas se metían en los terrenos de albero reservado para los peatones y los puestos de venta ambulante proliferaban sin control de ningún tipo, muchos de ellos vendiendo lechugas. Decenas de vecinos tomaron como propia la Caseta Municipal. Un despropósito que puso en jaque a aquel primer gobierno tricolor que presidía un señor en toda regla: el andalucista Luis Uruñuela. El jefe de bomberos era entonces Rafael Carretero, hijo del jefe de protocolo del Ayuntamiento. Uruñuela encarga a Carretero que ponga orden en la Feria. Lo destina a Fiestas Mayores, donde hoy sigue como jefe de la sección técnica. Unos vienen y otros van, Carretero siempre está. Uruñuela le dio plenos poderes. Carretero no es que sea jefe de ninguna sección, área o servicio. Carretero hace de Carretero, el funcionario atípico, enamorado de su trabajo, que echa más horas que un mulo arrendado. La Feria que ha llegado a nuestros días es una combinación de la estética de Bacarisas con la logística de este hombre corpulento, orondo y con una barba inconfundible que te echa la mano por el hombro para comentarte cualquier novedad:”Hermano, te voy a decir una cosita en la que me tienes que echar un cable…”

Carretero parece más el ejecutivo de una empresa privada que el funcionario consagrado a ordenar expedientes, que dedica media mañana al desayuno y la otra media a llevar los papeles al despacho del político para que los firme.

Carretero llegó al puesto y se inventó la línea Maginot de la Feria: la calle Costillares. Colocó una hilera de nuevas casetas como separación entre la ciudad de las lonas y las atracciones. Los empresarios de las atracciones se opusieron al considerar que esta nueva calle impediría el acceso del público a los cacharritos. Boicotearon la Feria con su ausencia. Las depauperadas arcas municipales dejaron de recibir pingües beneficios ese año. Carretero convenció a Uruñuela de que había que aguantar las presiones. Y el Ayuntamiento aguantó. Al año siguiente hubo Calle del Infierno.

Carretero también se inventó la adjudicación por lotes de las parcelas de las atracciones para impedir que los empresarios se pusieran de acuerdo para pujar a la baja en la subasta. Y comenzó a dignificar la portada con sus diseños propios inspirados en monumentos de la ciudad.

Optó por vallar el real para preservarlo durante todo el año, para que nadie altere el palmo de ciudad por el que se desvela. Carretero tiene la Feria en la cabeza: controla los electricistas, los caseteros, los de la empresa de tubos, los feriantes de la Calle del Infierno, las potencias de luz contratadas, los horarios de carga y descarga, el tío de la empresa que expande el albero, el tío que echa el producto para que albero no se levante, los planos que revelan las entrañas del real…

La suya es la Feria de día, cuando ora y labora, ejemplo de conciliciación del ocio y el trabajo, cuando ejerce de feriante antiguo, con el traje, la camisa abrochada hasta el cuello huérfano de corbata y el sombrero de ala ancha. La manzanilla servida en pequeñas dosis, que el día es largo y la Feria también. Siempre se queda en la puerta de la caseta, como el alguacil clavado en el albero con la oreja en la mano, a la espera de que sea el socio quien lo reciba. Caseta viene de casa y nadie entra en una casa sin que el dueño le abra paso. Educación se llama. Carretero baila sevillanas. Muchas. Ytiene caseta en Joselito El Gallo, una caseta de tronío que genera muchas leyendas sobre supuestas prestaciones que otras no tienen. Todo falso. Ocasi todo. Lo que sí tiene la caseta de Carretero es un diseño de gran loft idóneo para el baile y tiene –ahora viene lo bueno– un reservado que no lo mejora ningún hostelero pretencioso de Madrid. Un reservado con ventana directa a la cocina, una dependencia donde Carretero cierra la puerta, descansa y pone el modo off durante un rato, ese lugar donde el delegado de Fiestas Mayores de turno no lo encuentra. Porque Carretero ha sobrevivido a muchos delegados de Fiestas Mayores. Con el socialista Fernández Floranes tuvo sus tiranteces. Y hubo uno del PP,Adolfo Lama, que le telefoneaba al despacho por las tardes para controlar su presencia, cuando las únicas señales de vida en el Ayuntamiento son las impresoras que se han quedado encendidas.

–Dime, Adolfo. ¿Te creías que no estaba trabajando? Aquí estoy.

La Feria es una gran obra, una construcción tan colosal como efímera, con un gran inconveniente para este arquitecto técnico: tiene fecha de inicio. No admite retrasos. La obra del AVE puede sufrir demoras y reformados del proyecto. La Feria no admite dilaciones. Peor aún, la Feria se puede topar y se topa con huelgas de bomberos, de conductores de Tussam y de operarios de Lipasam. En una ocasión, siendo alcalde Alejandro Rojas-Marcos, una huelga de empleados de limpieza perfumaba la Feria como nunca. Varios socios de casetas, hartos del conflicto, dejaron las bolsas de basura a las puertas de la Caseta Municipal. Carretero preparó una alternativa. La empresa Martín Casillas recogería los residuos con escolta policial. Pero Rojas-Marcos, que siempre sobreactuaba en situaciones límite, terminó cediendo a las presiones.

Carretero es el último gran personaje de la Feria, de una Feria exenta de glamour, donde ya no hay reinas, ni actrices, ni el recordado Pepe El escocés. Cuando dos guiris contemplan cómo comen jamón los sevillanos, Carretero les ofrece del plato. “Este gesto nunca lo olvidarán, hay que procurar que se lleven una imagen positiva de la ciudad”. A esas horas en que el real está dominado por los repartidores de hielo y viandas, Carretero va obsequiando pines de la portada a los que hacen la Feria: los porteros soñolientos, los cocineros afanados en el menú del día, los camareros que están plegando la cama y poniéndola en el altillo de la trastienda…

Rociero y hermano de Los Gitanos, ve el Corpus desde la azotea del Ayuntamiento cuando quiere examinar el cortejo y estudiar mejoras. Sufrió mucho cuando José María del Nido apretó la puya a cuenta del escudito del Real Betis dibujado en la portada del centenario sevillista. A partir de ahí se metió en el burladero. Congenió mucho en los años noventa con un delegado de Fiestas Mayores de 25 años, el niño Jaime Bretón.

Felizmente casado con María Luisa, Carretero tiene una amante con la que no se cita en el Museo ni en el Alcázar. Toda Sevilla sabe que se ven en público. Carretero ama la Feria. Y la Feria se deja cortejarpor quien bien la quiere. Le quitó los puestos de lechuga y le puso mantón de Manila. Yo creo que a Carretero le ocurre con la Feria como a Alfonso Jiménez con la Catedral: les gustan hasta cuando llueve.

  • observador

    un profesional como la copa de un pino y gracias al él tenemos la feria que tenemos…..mejorable probablemente, pero seguro que ya esta en ello. Enhorabuena

  • Antonio

    Yo he tenido la suerte de conerse a este señor y he visto como funciona y los sevillanos siempre estaremos eternamente agradecidos de la gran feria que tenemos gracias a el.

    Un saludo

  • José Alvarez Ponce

    Conocí a este señor a través de un amigo común cirujano plástico, como compañero funcionario recuerdo que me pareció realmente atípico, pero desde el primer contacto me impresionó su trato cordial, afable y sencillo, y me dio la sensación de estar ante una persona honesta que sin duda amaba su trabajo.

  • Manuel

    Decirle, si es que me lee.., que la feria tiene que mejorar esteticamente, pero mucho!!

  • Miguel

    Un tipo con capacidad de gestión y de trabajo, ciertamente; pero que estuvo poco afortunado cuando lo del escudito del Betis en la portada del centenario del Sevilla F.C. En esa ocasión, además de poco tacto y poco respeto, demostró lo cargado de razón que estaba aquél que, cuando le preguntaron qué era un malaje, dijo: ¿Un malaje?, pues qué va a ser, un “gracioso”. Pues eso.

  • victor

    Y se permitió el lujo “en su Feria” de colocar el escudito del betis en la portada dedicada al Sevilla F C, y no pasó nada, bueno si , nos enfadamos y al año siguiente ganamos la UEFA.
    Puro estilo Betis ,sea el guardacoche de la Avda. de Las Razas o algún expresidente de la Junta de Andalucía, al final todos respiran igual.

  • El ángel de la feria

    muy pocas personas conocen el esfuerzo y el trabajo que tiene la organización de las fiestas mayores y lo que se le debe a este señor.

  • daniel

    muy buen profesional

  • Jorge

    Carretero:Un tio de los pies a la cabeza.

  • Ana

    Don Rafael Carretero: ante todo humano. Como feriantes de atracciones le estamos totalmente agradecidos.

  • Antonio Ceballos

    No sé si a Rafael lo han nombrado alguna vez Sevillano del Año. No sería lo correcto, porque lo que hay que hacer es nombrarlo Sevillano de Todos los Años.