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De café y oro

Carlos Navarro Antolín | 19 de abril de 2015 a las 5:00

JOAQUÍN SAINZ DE LA MAZA
De Despeñaperros para arriba hay costumbre de estereotipar la forma en que ciertos sevillanos se emperifollan en Semana Santa, Feria y otras fiestas de guardar. Basta ver una boda en Zaragoza, Vitoria o Salamanca para ver las diferencias abismales, con trajes sacados de los escaparates antiguos de Puente y Pellón, sin prestancia alguna y, por supuesto, sin camisas de doble puño ni pasadores con gracia. La verdad es que cierto personal de estos lares se cuida a la hora de elegir el terno y de usar ciertos complementos como florituras, desde los cinturones hasta los pasadores. El sevillano se viste, por eso se habla del estilo “sevillanito” con cierto desdén. Y por ahí arriba, más que vestirse, se lo cuelgan todo cual árbol de Navidad cuando se trata de ir a una de esas bodas donde el sable corta la tarta. ¿Se han fijado en los pasadores que se gastan muchos sevillanos? Chaquetillas de toreros, toros de Osborne en oro, catavinos, tamboriles, nazarenos, las iniciales del usuario, estribos… Hay un sevillano que usa granos de café para cerrarse el puño doble de la camisa. Granos de café en oro en recuerdo de una empresa familiar que forma parte del imaginario colectivo de la ciudad, una empresa con rótulo cerámico elegante a la espalda de la Anunciación. Joaquín Sainz de la Maza (Sevilla, 1950) cuida ciertos detalles como buen sevillanito. Su nombre huele a café, evoca verdes de Esperanza y recuerda aquellas tardes de penitente en Los Estudiantes en compañía de su amigo José León-Castro a finales de los sesenta. Entonces tenía 17 años. Era un joven osado que prometió que siempre llevaría una cruz más que su amigo. El problema es que León-Castro decidió llevar tres. Y Sainz de la Maza no tuvo más remedio aquel año que portar cuatro. Aquella noche del Martes Santo se vio a dos penitentes tirados en el patio de una facultad. Estaban destrozados. La promesa quedó rota aquel mismo día.

El joven se hizo adulto y habitó en el atrio. Sainz de la Maza es un hombre de Iglesia. Pero en el mejor sentido de la expresión, sin la guasa con la que se usa esta definición para etiquetar al cofrade o a una de sus subespecies:el pregonero. Sabido es que la forma más certera de meterle un navajazo a un pregonero de la Semana Santa es decir que ha pronunciado el pregón propio de un hombre de Iglesia. Pues no. Sainz de la Maza es un hombre de Iglesia al mismo tiempo que es un hombre de la calle, de su tiempo, de sus homenajes culinarios. No está encerrado en una sacristía aludiendo al “pastor” cada dos minutos. No es un beato en la ciudad del beaterío, que sustituye pasos por crucifijos en la tómbola de las excentricidades. De esos tíos abonados al “pastor” conviene huir como de las torrijas apergaminadas en la semana de Pascua. Esos tíos son otra subespecie del cofrade: los pastoreños, pero no de autenticidad y gloria cantillanera, sino de ojana barata de la capital.

A Sainz de la Maza lo llama el cardenal, o el actual arzobispo, y está en dos minutos con su traje y sus pasadores cafeteros plantado ante Su Eminencia o ante Su Excelencia. Que hay que poner orden en una hermandad de gloria, allí está Sainz de la Maza. Que hay que presidir Manos Unidas necesitada de un impulso, allí está Sainz de la Maza. Que hay que meter a las nazarenas en la Macarena, allí está Sainz de la Maza reformando las reglas, guiado por la sabia mano de Juan Garrido Mesa, y saliendo en los telediarios nacionales el mediodía de aquel domingo.

Hombre de Iglesia leal, que no pelota ni místico. Porque el místico es otra subespecie. El místico suele ser jurista. Jurista es el término que iguala a abogados con magistrados, sean éstos por oposición (pata negra) o sin oposición (salami). Estos juristas se revisten de borregos cuando en realidad llevan verdaderos halcones en su interior y un tropel de gatos comiendo pijotas en el vientre. Cuestión de saber cogerles el perfil. Estos juristas han olido que Sainz de la Maza podría ser candidato a la Presidencia del Consejo de Cofradías, ese objeto del deseo del cofraderío de tiradora que ya se ha quedado sin cargos y anda revoloteando por San Gregorio a la espera de la caída de Bourrellier, el hombre que prefiere ir a la inauguración de un hotel antes que a la recepción del pregonero de las Glorias. Pues los místicos cortejan ahora a Joaquín Sainz de la Maza repitiendo la palabra “Quino”, para ganar en proximidad con el personaje. Y dicen “Quino” casi las mismas veces que dicen “pastor”. La gente de buena fe que le pregunta por la calle a Sainz de la Maza si será presidente recibe siempre la misma respuesta:“Mire usted, señora, si me presentara, tenga claro que antes hablaría con el señor arzobispo”. Ysigue su camino hacia el despachito de Manos Unidas, asido a la carpeta de turno y con el abrigo cerrado hasta arriba si hace frío de enero. Ir por la calle con Joaquín Sainz de la Maza conlleva pararse más que un vía crucis. Se para con un cura barbudo sin clériman, con un empresario, con un tabernero…

Chapado a la antigua, es hombre de palabra más que de documento firmado. Si hace falta, sabe sacar un punto de vehemencia en la tertulia. Dicen que tiene trajes de todas las tallas, porque es aficionado a hacer el acordeón con la báscula por efecto de su condición de tragón. Los trajes van cambiado en función de la silueta, los granos de café permanecen. Si refresca, se coloca la chaqueta simplemente sobre los hombros a modo de capa. Si aprieta mucho el calor, se sube al barco de Javier Criado a hacer Las Marbellas. Y allí resuelven el mundo de las cofradías entre chapuzones, botellines y empanaditos envasados, recordando Madrugadas de los años ochenta y noventa, evocando antiguos hermanos mayores y reviviendo bullas imposibles.

Un día cedió el manto camaronero para una exposición privada, sin importarle las posibles críticas. Cuando era hernano mayor tenía fama de mandón. Y eso es bueno. Porque ahora hay hermanos mayores que no mandan, como hay fiscales de paso a los que se les hace menos caso que a una tajada de coco en un puesto ambulante. Ahora mandan los capataces y ciertos grupos de costaleros. Pero Sainz de la Maza gobernaba. Ypor eso soportó los pañuelos verdes del Tendido 7. Su pequeño remanso de paz en los años de hermano mayor de la Macarena era el patio del Hotel Alfonso XIII, una vez aparcado el coche en el mismo hotel. Una cerveza sin alcohol, unas patatas fritas y un buen interlocutor. En ese lugar coincidía alguna vez con Javier Arenas, que cuando quería discreción para hacer las listas electorales se reunía allí con los afectados o con los beneficados, según los casos. Los beneficiados salían del hotel hablando de un Javier “encantador”, ese adjetivo tan devaluado. Los orillados de la lista no llegaban a la Puerta de Jerez cuando ya estaban largando de que encima les había costado el café porque Arenas había vuelto sacar el billete grande: “Lo que siempre hace para no pagar”.

Sainz de la Maza está muy por encima de la media de la clase dirigente cofradiera actual. Oveja fiel del rebaño con independencia del pastor, forma parte de ese selecto grupo de diocesanos que se llevaba bien con Don Carlos y se llevan bien con Don Juan José. Tiene derecho a llevar un palermo en la Macarena, que en la procesión de gloria del pasado mayo soltó en la Lonja de la Universidad para concederse una pausa con pitillo. Tiene palermo porque ha sido de todo en la hermandad, no de los que llevan tres años pagando cuotas (si las pagan) y trincan una vara delante de la Virgen de la Esperanza. Que haberlos los ha habido. Nadie podrá negarle ni el ejercicio de la autoridad sin complejos, ni una labia utilísima para la resolución de conflictos. Cuídense de darle la palabra, porque Sainz de la Maza no la suelta yse le nota tanto su afición por la política como su vasta cultura litúrgica y religiosa en general, rara avis en un mundo de las cofradías que ignora las partes de la misa, pero se harta de decir amén. Y de tanto decir amén, la misa no sale bien.

  • Fran

    especialmente inspirado hoy señor fiscal

  • Adolfo

    Un articulo mi agradable de leer, imaginativo y real a la vez. La reflexion del juristas místico, es realmente el calificativo que lo denomina “subespecie”. Una personajillos que que se identifican como personajes no primero como cofrades de a pie, sino como hombres del Consejo, y que a su vez ultimamente se postulan como posible Presidente del Consejo. Personajillos que les gustan hacer oposición tipo halcon, que buscan reciben halagos de cuadritos, medallas etc. de Hdad y instituciones para su curriculo personal, medallas que se deberían devolver como la de la Pantoja a la Junta

  • Fidel

    Cada dia me parece usted mas interesante. Si a su Sastreria le pone ahora humor fino, sus articulos seran cada vez mejor. Porque mientra habla de su protagonista, no deja de describir a la otra fauna puebla esta ciudad.