Don Pelayo sin teleférico

Carlos Navarro Antolín | 19 de julio de 2015 a las 5:00

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EN la serie ochentera Fama, la profesora de danza de la Escuela de Arte de Nueva York agitaba la vara de mando: “Para triunfar hay que sufrir”. Y todos los alumnos –estética de sudor, mallas ajustadas y calentadores en las piernas– atendían la arenga en silencio, hieráticos, en posición de disciplina marcial. Algo parecido hizo un día el padre natural del PP andaluz, Javier Arenas. No es que cogiera la vara de mando, porque la trae puesta de fábrica cuando se trata de Andalucía y el PP, pero sí reunió a todos sus hijos políticos en los sótanos de la sede regional, donde se llevan años rodando los capítulos de Canción triste de San Fernando Street, para comunicarles sus nuevos destinos, a modo de capitán general en la entrega de despachos a la nueva promoción: Tomares, Mairena del Aljarafe, Palomares, Guillena… Mandó a sus centuriones a las campañas municipales de la provincia con el objetivo de sumar losetas de poder municipal para aspirar a pisar el pavimento palaciego de San Telmo. Los muchachos de Arenas se iban al frente, como Mambrú se fue a la guerra, qué dolor, qué dolor, qué pena.

José Luis Sanz (Sevilla, 1968) era el coordinador, o como se llamara el puesto, de la presidencia del PP andaluz. Era un chico de Arenas, que era el cargo que realmente importaba entonces. Y Arenas lo mandó a Tomares: “Para estar en este partido hay que aprender a sufrir, José Luis”. El druida del centro derecha andaluz, sin marmita pero con raqueta de pádel, lo clavó. ¡Anda que no lleva José Luis sufriendo un tiempo! Si casi me lo dejan herniado para la política. Cuando recibió la encomienda de Tomares, no es que Sanz sonriera, porque es un tipo sacado de El nombre de la rosa –un monje no debe reirse– pero cumplió con disciplina un encargo que suponía un cambio de aires, no sólo porque iba a estar más fresquito gracias al microclima aljarafeño que tanto apreciaban los musulmanes, grandes buscadores de la sombra urbana hasta que Monteseirín se la cargó y Zoido fue incapaz de arreglar el desaguisado, sino porque salía así de la exclusividad de Javié, cuya hiperactividad no da lugar a un respiro.

–Con Zoido al menos da tiempo a hacer vida familiar y se puede tomar uno una cerveza.
–Y hasta con tapa, José Luis.

Javié es de los que no dejan vivir, pega continuos demarrajes que sólo aguanta Antonio Sanz.

–Antonio, Antonio… Hay que estar mañana a primera hora en Madrid, tenemos que llegar a Génova antes que Lola Cospedal, y me dice Patricia del Pozo que ya no queda ni un Ave.
–Tranquilo, Javié, cojo el coche y nos vamos ya. Tú te duermes y yo conduzco.
–Gracias, Antonio. Por cierto, hoy te he visto más delgado en la ejecutiva.

José Luis Sanz se hizo con la Alcaldía de Tomares en 2007. Prometió un teleférico para comunicar el municipio con la capital en los años del boom inmobiliario en que regía aquello de tonto el que se no compre un adosado. Nunca hubo un teleférico, pero la Real Academia de la Lengua Española siempre agradecerá a Sanz su intención de adecuar la realidad al uso del lenguaje. Hay tanto tonto aljarafeño que dice lo de subir y bajar a Sevilla, que Sanz se empeñó en que fuera verdad a base de montar a los vecinos en cabinas de verdadera subida y bajada: los tomareños bajaban directamente a la zona nacional de Los Remedios y los sevillanos subían hasta Casa Esteban a jamar los célebres huevos fritos con patatas, que es como el Lucio de Madrid, pero sin catetos esperando ver al Rey con Zapatero sin corbata.

Este político de apariencia amodorrada mantiene hoy el cargo de alcalde de Tomares pese a las circunstancias. Es un sevillano de ruán que sólo se ríe en la distancia corta. Y lo hace hacia dentro. Por ejemplo, un día le contaron que Zoido le prometió a un vecino pasar una noche en el Palacio de las Marismillas de Doñana, donde pernoctan los jefes de Estado, para que conociera in situ este inmueble de Patrimonio del Estado. Cuando Sanz oyó el relato de semejante promesa, no pudo reprimirse: encogió los hombros, esbozó una sonrisa blindada a lo Gillete y emitió un sonido que era una suerte de carcajada difundida por un transistor con la batería baja. A lo perro Risitas, pero sin dolo.

Debe ser verdad que Sanz gana en la distancia corta, que es el elogio que se hace de los tímidos. El zoidismo emergente de 2012 lo convirtió en secretario general del PP andaluz. Cuando llegó al despacho regional no había banderas: ni española, ni andaluza. La señora de la limpieza le dijo que se las había llevado su antecesor, Antonio Sanz: “Don Antonio dijo que eran suyas, que se las llevaba para Cádiz”. Desde ese nuevo despacho trató de renovar el partido como si fuera un plato de la nueva cocina: Solomillo del PP andaluz a la reducción de Arenas. Y, claro, como diría Calvo Sotelo, esa receta equivalía a un metafísico imposible. Y Javié no se lo perdona desde entonces. Porque el PPandaluz, o es Arenas o sencillamente no es PP andaluz.

La falta de fuerza de Zoido en Madrid, las andanzas del zorro de Javié en la Sierra de Génova y una fiscal con cara de pocos amigos, le metieron a Sanz un cornalón que lo dejó sin aspiraciones a la presidencia regional del partido. Game over. Sanz se acostó Papa en las vísperas del cónclave del PP andaluz, con sus amigos Juan Bueno y Eloy Carmona recogiendo avales para su causa, y se despertó cardenal, con Juan Bueno y Eloy Carmona pasando los avales por la trituradora. La sotana blanca era para un malagueño llamado Moreno Bonilla. Y dicen que el sastre que le tomaba medidas tenía cierto parecido a Javié…

–Oiga, ¿todo es culpa de Arenas en el PP andaluz?
–Todo, mientras no se demuestre lo contrario.

Algún acto público se celebró aquellos meses de zozobra, aquellos días sin cargo regional y con el aliento de la justicia en la nuca, donde sus camaradas ya no se le acercaban como antaño. Hasta decían que una victoria electoral en Tomares no es una contienda que merezca medallas, pues el municipio tiene la renta per cápita más alta del Aljarafe y ni siquiera tiene la población del distrito más pequeño de la capital. Pero es alcalde con mayoría absoluta. Yeso en el PP de Sevilla actual es de premio, de fin de semana en Zahara de los Atunes con todos los gastos pagados y derecho a almuerzo con Mayor Oreja. La última noche electoral dejó al PP hecho unos zorros, pero Tomares se convirtió en una especie de Covadonga para el centro derecha. Y su alcalde, en un Don Pelayo sin teleférico.
Quién se lo iba a decir a este José Luis que suena a aperitivo en la Plaza de Cuba. Enviado por su emperador a morir en el frente electoral de 2007, consiguió la victoria con la muleta andalucista tras los escándalos de la socialista Antonia Hierro, aquella que puso escolta de la Policía Local en la boda de su hija.

–¡Óle ahí!

Tomares es ahora la aldea gala que resiste al invasor socialista y a las nuevas modas políticas. Tomares es el santuario al que peregrinan tanto fieles como desengañados del arenismo. Sanz aguantó como nadie desde la tribuna los falsos reconocimientos a su persona el día del congreso regional que certificó su caída. Puso la cara de palo de siempre, el carro de la nieve por delante. Su venganza fue el 22 de marzo. Aquella noche se oían risitas interiores al compás de unos hombros que se mecían con levedad. El PP de Sevilla estaba como Cartago: Delenda est. “Hemos perdido Sevilla, pero siempre nos quedará Tomares, presidente”, le dijo Arenas a Rajoy. Todo está perdido, todo menos un ramillete escuálido de pueblos donde Tomares brilla por estar en esa Gran Sevilla que algún día diseñaron los socialistas.

–Malditos roedores… Son hasta peores que Javié.

La vida no es una noria, es un teleférico que sube y baja. Y por el camino, una trituradora se lleva los avales de apoyo y los angustiosos autos judiciales. Sólo se salvan los huevos fritos. Ponga usted más patatas. Y un dedito de Ginebra London con Fever Tree.

  • Antonio

    Yo soy uno de los tontos aljarafeños. Lo de subir y bajar no es un modismo, es una forma de hablar desde tiempo inmemorial y hace justicia a una realidad. Para ir a Sevilla desde esta meseta, hay que bajar. Y al contrario…ya sabes.
    Jose Luis que no tiene un pelo de tonto pero si muchos de buena gente y de crédulo en los que se dicen sus amigos comprobó esta realidad y quiso hacer algo diferente que desde luego hubiera sido menos traumatico que el palo ese pinchado en el suelo, que llaman torre Pelli y ha desfigurado el paisaje al BAJAR del Aljarafe.

  • mapashe

    Bajarse…al moro!!