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El tabernero auténtico

Carlos Navarro Antolín | 3 de enero de 2016 a las 5:00

Pepe Yebra
ACUSÓ recibo del tarjetón de la invitación a la boda y, una vez que, reunido en asamblea consigo mismo, decidió que sí era procedente la asistencia, decidió telefonear para confirmar su participación con un lenguaje parco, directo, sin concesiones y exento de alharacas.

–Muy honrado. Quería avisarte que sólo iré a la celebración.
–¡Qué alegría! Pues te digo de dónde salen los autobuses para la Hacienda y los horarios…
–¿Qué hacienda? Yo voy a la iglesia solamente, que es donde tiene lugar la celebración, ¿no?

Así de auténtico es José Yebra Sotillo (Sevilla, 1948), que forma parte de una minoría que no gasta ojana, que cultiva el arte de administrar las distancias (donde radica la verdadera buena educación), que huye del ruido, de la verborrea, del griterío, de la bulla, de los aspavientos y, en general, del mal gusto de las masas. Es tabernero de la calle Boteros, donde ha cotizado 52 años detrás de la barra del negocio que su padre adquirió en 1947. Pepe se jubiló recientemente. La taberna sigue igual, como si fuera a abrir cualquier día. Están el anuncio del viejo barbudo de Terry, los cinco barriles (blanco, mosto de Umbrete, tinto, fino y manzanilla), los dos taburetes en la trastienda y, por supuesto, las paredes sin pintar, porque cada vez que anunciaba reforma se barruntaba una recogida de firmas entre los allegados alegando que la Real Academia de Bellas Artes emitiría un dictamen contrario a la modificación sustancial de la estética del establecimiento. Hasta hay quien ha visto manchas en esos muros parecidas a las caras de Bélmez.

Pepe Yebra es un alguacil de la hostelería. De riguroso mandil y con el usted por delante con todos los clientes (muchos de ellos más parroquianos que clientes), siempre espera las peticiones alejado levemente de la barra, como el alguacil espera en la raya de picadores que sea el torero quien se acerce a recoger la oreja. El arte de la distancia, el respeto a los espacios propios. Jamás ha servido whisky. “Esto no es una barra americana ni aquí se pasean niñas”, se le oyó decir. De destilados, exclusivamente ginebra del Puerto y ron blanco. Nada amigo de la prepotencia capitalina (experimenta cierta irritación con el acento centralista) ni de los agradaores sevillanos. Si intuye guasa, pega el corte, como cuando una noche le pidieron de forma insistente una copa de Marie Brizard.

–Chucherías, al quiosco de la Alfalfa.

Si en lontananza aparece un borrachín, se le oye una sentencia en voz baja: “Éste viene de pasar la noche en San Onofre”. Y si es un grupo de jóvenes con evidente desaliño y camisetas a lo Errejón: “Ya está aquí el grupo joven de la Quinta Angustia”. El derecho de admisión no se reserva, se administra. ¿Cómo? Siempre lo ha tenido fácil para ahuyentar a la clientela incómoda. En corto y por derecho: “Ahora mismo no tengo vasos libres”. La leyenda siempre ha mantenido que en la taberna de Pepe sólo hay 24 vasos duralex, como 24 caballeros acompañaron a San Fernando en la entrada triunfal en Sevilla. La doble fila no sólo es cosa del tráfico, sino de la clientela de Pepe esperando a que se queden vasos libres para tomar la cerveza, siempre escoltada por una conchita de aceitunas que si se las deja en reposo unos minutos adquieren el tono reseco del bodegón que adorna la sala de espera ochentera de la consulta del endocrino de Virgen de la Antigua.

Jamás ha tenido un horario oficial de apertura.
–¿Cuándo abre Pepe?
–Cuando él quiere. Esto es como los almonteños y la Virgen.

Pero siempre abre, salvo el Viernes Santo, día para el exilio interior, revestido de ruan en la Costanilla tras el Nazareno caído. Si pasa una procesión por delante de la taberna, echa el cierre para evitar la clientela ocasional: “Vivo de mis socios, no del día del club”. Si intuye que hay riesgo de convertirse en receptor de cerveceros sabatinos del Salvador y el Tremendo, retrasa la hora de apertura para evitar esa peligrosa oleada pasada de fermentación a la búsqueda del trago largo económico.

Su padre, por cierto, abría de ocho de la mañana a doce de la noche, desde muchas décadas antes de que la novelería sevillana se admirara del horario ininterrumpido de los chinos. Hasta 32 personas fueron contadas en una ocasión en la calle Boteros a la espera de que Pepe pegara el persianazo hacia arriba. Si ha de cerrar un día señalado por algún motivo, avisa personalmente a los clientes incondicionales. Si no ha podido avisar a uno, renuncia al descanso. Se planta el mandil y abre, pero no se falla al cliente que no falla. En esa barra han convivido, tanto en tertulias como en sonoros silencios, una mezcla ordenada de profesionales de prestigio con personajes propios de la cafetería de La Guerra de las Galaxias. Catedráticos, médicos, funcionarios, solitarios profesionales, maniáticos, aristócratas venidos a menos, obsesivos del número de aceitunas, artistas, periodistas, economistas, militares, gente con la cabeza notoriamente ida, costaleros, capataces, camareros de los bares de alrededor (El Rinconcillo, Morales, Peregil) a la búsqueda de la última guarida antes del retorno a casa.

Gran amante del fútbol, vivió junto al palco del Bernabeu la final de Copa del Rey entre el Sevilla y el Getafe. Su acompañante asegura que Pepe recibió más saludos que Monteseirín y Zoido. Y cuando recorre la Alfalfa con su hermano, el eminente dermatólogo Ismael Yebra, son muchos los que comentan: “Ahí va Pepe con su hermano”.

La vida es disfrutar de las cofradías en soledad, como los viejos cofrades sabios. Es destinar las propinas de todo el año a la bolsa de caridad de la Exaltación, su otra hermandad querida. La vida es no echar a ningún cliente, sino usar el lenguaje del escobón. Si Pepe se pone a barrer, hay que ir abandonando el local. Es el código. La vida, hoy, es no entender del todo que se tiene derecho a una pensión sin trabajar, una suerte de mala conciencia en quien no ha hecho otra cosa más que trabajar desde que la familia se quedó descabezada y tuvo que ponerse al frente del negocio o, mejor dicho, detrás de la barra. La vida es el orgullo de estar en primera fila en el ingreso de un hermano en la Real Academia de Medicina, un hermano siete años menor por el que Pepe sacrificó sus estudios, abandonó las aulas, para sacarlo adelante con su esfuerzo cotidiano y hacer posible la forja de uno de esos profesionales, vecinos de la ciudad y gente que, como diría Muñoz Molina, hace cosas sustanciales por la sociedad. La vida es estar a las ocho de la mañana en la salida de la Virgen de los Reyes. “¿El Rocío? Yo me he criado en los pasos”. La vida es viajar a Liverpool, cuna de los Beatles, y devorar cada día periódicos hasta dejarse enlutadas las yemas de los dedos.

El humor hondo y de mano baja es marca de la casa en este sevillano nacido en la calle Herbolario. Un día le preguntaron por las reiteradas ausencias de un parroquiano habitual.Con la voz acelerada y la mirada caída a media altura, explicó la causa mientras tiraba un tanque de cerveza.

–No, no. Ya no viene hace meses. Se ha dado dado de baja.
–¿De baja? ¿Se han peleado ustedes? ¿Se ha muerto?
–Que se ha casado. Que ya no viene.

Siempre ha mirado por la economía de la clientela.
–Pepe, llénale a Jesús y la compaña. Y me lo anota usted.
–No, no, otro día. Hágame caso que Jesús viene hoy con seis o siete por lo menos.

A los desahogados que lo tutean nada más entrar en su casa, trincherazo rápido: “¿Nos conocemos de algo?”. Lista de tapas, jamás. Todo lo más, algún fruto seco, nunca publicitado que, al igual que los taburetes, debe ser traído expresamente de la trastienda.
Estuvo años recibiendo la barra de hielo pese a tener ya refrigeración propia. Pero como no sabía como decirle que no al repartidor, víctima del apuro, la seguía recogiendo y pagando hasta que la empresa cerró. El caso es que la barra se derretía sin uso cada día, durante lustros, formando ríos hasta la Pila del Pato.

Educado, prudente y selectivo. Es todo un google de la Alfalfa, controla a la perfección el quién es quién de su entorno. Hombre que vive en paz sus días, no le toquen los costados porque se defiende con garra. Enemigo de recibir “partidos de homenaje”, nadie duda que ha creado un estilo en la hostelería. Alguacil señorial detrás de la barra, fiel a su educación sin complejos, sevillano trajeado en las fiestas de guardar. No alquila el local después de jubilado. Sigue intacto, como el despacho de Manolete. Sólo le falta la barra de hielo, los fieles parroquianos y algún personaje de vida inconfesable. La mejor medalla al trabajo que ha recibido este guardián prematuro de la viña familiar ha sido la carrera de su hermano. Nobleza se llama. Autenticidad se pregona. En la ciudad de los gorrones hay quien acude sólo a la misa en las bodas. Y encima te manda el regalo. Señorío se ve.

  • Jesus montero

    El artìculo refleja fielmente la personalidad de don José. Èl es la prueba palpable de que se puede ser todo un señor atendiendo a los demàs en un ámbito tan cotidiano como un bar. Gracias, Pepe.

  • salvador casado sosa

    MAGNIFICO RETRATO DEL MEJOR TASQUERO, Y UNA DE LAS MEJORES PERSONAS,DE LA CIUDAD

  • Paco Gallardo amigo de Pepe

    Paco Gallardo amigo de Pepe el articulo dice verdades como templo es verdad que al cerrar nos dejo mas solos que la una a los contertulios gracias PEPE Mil gracia por tu amistad y por aguantarnos tantos viernes a mi a joaquin a los parrados y a pepe el ganga un fuerte abrazo AMIGO.

  • astrakhan

    Algo debe tener, para haber calado tan profundamente en la memoria de tantas personas. No es solo por ser un tabernero modelico, sino por la calidad humana que posee. Pepe es uno de esos personajes que permanecerá durante muchos años en nosotros. Ahora somos conscientes de cuantos buenos ratos hemos pasado gracias a él, en su local. Cervezas y mucha conversación, como una tertulia informal abierta, pero moderada y controlada por un artista.
    Dentro de su taberna, todo un mundo. Existen códigos como: “vaya ventolera que viene de la derecha”… y no sere yo quien lo revele, es solo para iniciados de una ciudad que muta, pero tambien desaparece.

  • Paulino Garcia

    Me alegro de haber sido compañero suyo en los Escolapios y todavía tomarnos algunas cervezas. Un saludo PEPE

  • Rafael Hidalgo

    Categoria maxima.

  • Alonso

    Pues os contare una anécdota que me ocurrió hace años. Hacía varios días que observaba a un joven que le pedía todas las noches un vaso de agua y un plato de aceitunas ( por supuesto Pepe no le cobraba ) pero a su vez los huesos de aceitunas ( cuando Pepe se daba la vuelta ) los intentaba encestar en unos trofeos que que Pepe tenía encima de los barriles. Un dìa harto ya del asunto me decidí a chivarme a Pepe, ” Pepe, te estás dando cuenta de esto,esto y lo otro?” Y esta fue su respuesta ” bueno hombre eso ya lo se hace tiempo. Lo que pasa que este está tocado del ala y me da cosa y me da cosa quitarle la ilusión” fíjense ustedes que gran persona es Pepe.
    Esta es una de las muchas anécdotas que nos sucedieron después de muchos años de conocerlo.

  • Gabyl Sanjuán

    Todo lo relacionado en el artículo son verdades como soles
    He nacido y crecido junto a él y puedo dar fé de ello y mucho más.
    Todo un señor “de categoría”
    Estas son las personas que se merecen un reconocimiento y no otros…
    Un abrazo Pepe

  • Juan Rubio

    Magnífica persona seria, recta y directa, el artículo refleja muchas realidades, yo lo conocí tarde pero también me ocurrió la anécdota de pedir un whisky… Y ya sabeis…. Tuve la suerte de vivir su despedida en el cual nos cerró su taberna y abrió una botella de champán, ahí estábamos mi amigo pepe, el yogurin, isla mágica…

  • José Carlos Jaenes

    Precioso articulo sobre una persona que todo el mundo quiere y ha querido. Deberia ser obigatorio estudiar en la escuela como ser una gran persona siguiendo su modo de ser y entender la vida.

  • Curro

    Tuve la suerte de estar bastantes años siendo habitual de Casa Pepe y confirmo todo lo escrito en el artículo. Me casé y al irme a vivir a un pueblo de la provincia tuve que “darme de baja”, pero inolvidables esas noches con las persianas ya medio echadas hablando de fútbol y, sobre todo, de Semana Santa, lo que nos gusta a los sevillanos

  • Antonio

    Lo mejor de Casa Pepe, los gintonic del guardia de la torre de Londres q ponía como ningún tabernero de Sevilla jamás aprenderá a poner y “la clave de acceso” q tenía Pepe, cuando echaba la persiana para saber si quien llamaba era parroquiano o no. Sólo para iniciados…

  • Lola garcia

    Un artículo que define a la perfección a Pepe al que conozco desde los 18 años cuando acudía a las tertulias dei hermano con su suegro y cuñados.Si que acudió a los bautizos de mis sobrinos y a algunas fiestas familiares y se le respeto en mi casa igual que él nos respetaba en la suya solo decir que jamás conocí a nadie tan educado y tan servicial y que saber estar detrás de una barra y de su hermano bien que aprovechó esos estudios por eso también es el mejor dermatólogo un abrazo a los dos Lola Garcia

  • AGUSTIN MONTOYA SOTO

    Quizas Pepe no me recuerde,porque entre otras cosas nunca he acudido a las reuniones por razones economicas, pero recuerdo que fue un gran compañero de 4C junto con Jose Ruesga.
    Un abrazo amigo Jose.

  • El Nieto de Pepe

    Yo crecí entre aquellos muros, y jugando en los adoquines de finales de la Alhóndiga. Con vasos de casera blanca y con la compañía del hombre mayor, que se sentaba en uno de los dos bancos, y se fumaba su pipa, bajo el cartel del año 95 en el que salía el Cristo del Amor.

    Pepe, llevaba las cuentas en la cabeza. Todas y cada una. Tenía el detalle de saber los cumpleaños y las efemérides de cada uno de la familia, y llamaba todos los fines de año para felicitar el año nuevo.

    Es un señor. Un referente. Y siempre un buen recuerdo.

  • Ignacio

    Como vereis soy familia de pepe e ismael yebra, estoy totalmente de acuerdo, y corroboro las opiniones y anecdotas y el cariño y afecto que compartimos todos…
    Un fuerte abrazo a todos los tertulianos de la bodega; en la cual mi padre tambie trabajo en su juventud…me siento orgulloso…..felizz año a todos!!!

  • Fran Arispon

    Un genio sin duda aun recuerdo cuando en mi juventud iba los viernes y sabado con mis amigos a tomar bacardi, noches inolvidables hasta el cierre, siempre serio pero atento, con respeto. Aun recuerdo como unos reyese regalamos 12 vasos de duralex, desde entonces siempre hubi vasos para nosotros aun estandoesperando para entrar como el decia los señores tienen aqui sus vasos.y como no su clasica frase esto no es una whiskeria, solo un bar de amigos.Genio y figura

  • F.J.Martin Juárez

    Pepe si no existiera…habría que inventarlo!!!!. Ünico y grande entre las leyendas de esta ciudad. Cuantas generaciones hemos pasado por tu casa??. Cuanta historia, anécdota de un lugar que ya venía reflejado en las internacionales guias de viajes, como un indispensable local que visitar en Sevilla….Pepe, abre ya!!!!!.

  • Ángel Rguez

    Inolvidable Pepe, y su cartel Centenario con esa frente llena de anticiclones

  • Juan

    Que decir de Pepe, grande entre los grandes y gran persona. Mi mujer y mis hijos los recordamos mucho y sobre todo mi hija que afortunadamente trabaja en un hotel cercano a su santa casa. Gracias Pepe soy Juan el del gas, seguro que sabe quien soy porque algo que no dice el articulo es su tremenda memoria

  • Andrés

    Magnífico homenaje al más grande, señorío y sevillanía bien entendida, el último resquicio de Historia tabernera de esta Ciudad invadida por “abacerías” y bares “de diseño”. Recuerdo el detalle que tenía con las clientes femeninas a las que permitía pasar al Servicio. Grandes noches de tertulia y sevillismo con mi amigo Rafa y Guasco, y lo de su memoria….prodigiosa. Un gran saludo, Pepe, de parte de Andrés el Policía.