Es de Ronda y se apellida Telmo

Carlos Navarro Antolín | 15 de mayo de 2016 a las 5:00

CARLOS TELMO
CUESTA imaginar que existe gente que se gasta cien mil euros en carpas, cortinajes y decoración variada para revestir el recinto de celebración de una boda. El exceso de dinero suele tener dos consecuencias: Hacienda mete más el cucharón en el perol y la excentricidad se dispara. Se aprecia en muchos eventos. La palabra evento ha tenido dos momentos de claro apogeo en Sevilla. El primero fue la Exposición Universal, el evento por antonomasia de la Sevilla moderna. Todo el mundo se refería al evento de la Cartuja, incluso aderezado con el adjetivo magno por influencia de la magna hispalensis de Francisco Navarro, el canónigo que creó el modelo de visita turística de la Catedral que ha llegado a nuestros días. Hoy se diría de forma machacona que Navarro “puso en valor” el templo metropolitano. El segundo empuje a la palabra evento lo dio un rondeño afincado en Sevilla desde, precisamente, aquel año en que los sevillanos aprendieron a hacer cola y todavía no se les ha olvidado, de tal forma que un sevillano llega a la sucursal del banco, a las cajas de Supersol, a la oficina de renovación de sillas y palcos, y se coloca directamente en la cola más larga. Después del 92 todo fueron eventos. Carlos Telmo es especialista en la organización de todo tipo de actos sociales, desde una boda de tronío hasta la presentación de un libro, pasando por la inauguración de un comercio con alfombras rojas en la puerta o cualquier fiesta privada. Es un relaciones públicas, experto en protocolo de alto nivel y con un máster en la organización de eventos. El evento es el término baúl donde caben todos los saraos de la ciudad que se pirra por figurar en el mailing de este ciudadano hiperactivo para tener ocupación de cierto postín a partir de las ocho de la tarde.

La Exposición Iberoamericana trajo afamadas sagas de taberneros a Sevilla, procedentes de Cantabria o de la provincia de Huelva. El 92 nos dejó al comisario del pabellón de Canadá metido a costalero, Gary Bedell, y a Carlos Telmo, director de relaciones externas y servicios VIP de la Expo 92.

Telmo es la garantía de éxito tanto para el famoseo como para los particulares con aspiraciones (o ínfulas) que quieren controlar todos los detalles de sus celebraciones. ¿Usted quiere camareros con pelo para la inauguración de su negocio en el centro? Telmo tiene la lista de camareros sin alopecia. Conocemos uno que, siendo estudiante universitario, se hartó de servir en las citas más selectas. Siempre era convocado por Telmo en detrimento de los demás compañeros de la bolsa de trabajo, que eran relegados a otro tipo de actos.

–¿Todavía no te has enterado? Te llama siempre porque ese cliente no quieren calvos.

¿Acaso los necesita sin tatuajes? También los tiene. Pida sus deseos que Telmo le hará feliz. Eso sí, este relaciones públicas inquieto, un punto maniático y siempre perfeccionista, accede a las peticiones de los clientes, pero no se deja un gato en la barriga dentro. Si considera un disparate el gasto de cien mil euros en una decoración efímera, lo dice abiertamente con esa exquisitez que es marca de la casa. Telmo es un tipo de educación refinada, cuyo broche es que parla francés con notable fluidez.

Tiene verdadera obsesión por mantenerse en su peso ideal. Usa los colores oscuros para vestir, que alegra con tirantes, bufandas y pañuelos de seda coloridos, según la estación del año, sin olvidar las gafas de sol ovaladas. De vez en cuando se permite alguna extravagancia, como acudir a la plaza de toros con un pantalón de camuflaje en los días que Canal Plus le encomendó las relaciones públicas de su palco.

Siempre se ha cuidado mucho en no aceptar trabajos que no ve nada claros. Por mucho que sean rentables para el bolsillo, si no le gustan los compañeros de viaje, no acepta la empresa. Aprieta los dientes –otro de sus rasgos característicos– y dice mientras emite un sonido de rechazo:“Eso no es para mí, eso no es para mí”. Al fin y al cabo se puede proclamar que es un romántico de las relaciones públicas. Pudo haberse forrado de plató en plató contando sus décadas de convivencia e intimidad con la familia Ordóñez, pero jamás ha aceptado ninguno de esos ofrecimientos. Los Ordóñez lo han tratado siempre como uno más de la familia. Le dicen “cateto” con todo el cariño. Yél también los considera familia. “Belén Ordóñez es la hermana que no tuve”. Organizó las dos bodas de Francisco Rivera Ordóñez:la primera con Eugenia Martínez de Irujo, todo un reto al ser retransmitida por TVE, y la segunda con Lourdes Montes. Cuando coordina un acto social, Telmo es el típico manojo de nervios con pretensión (fijación) por controlar todos los detalles. Hasta tal punto quiso controlar aquella primera boda que expidió acreditaciones en función de los tres lugares claves:la Casa de las Dueñas, de donde salía la novia; el Hotel Colón, de donde salió el novio con su madre vestida con una llamativa mantilla azul en consonancia con el traje, y la Catedral, en cuyo trascoro se ofició la ceremonia.

Como siempre busca la originalidad, siendo relaciones públicas de Isla Mágica en los años noventa, apostó por difundir la nueva atracción del parque, basada en un náufrago abandonado a su suerte en una isla, enviando a las redacciones la nota de prensa dentro de una botella. A más de un redactor jefe se le oyó:

–¿Esto qué es? […] Las cosas de Telmo…

Cuando creía su carrera en un declive natural por razón del paso del tiempo y casi pensaba en crear un cáterin con su firma personal, fue requerido para trabajar en el pabellón de España en la Exposición Internacional de Shangai, donde estuvo más de seis meses y de donde se trajo información, contactos y material como para abrir un bazar pijo en la calle Regina, un comercio al que acudió varias veces la duquesa de Alba.

Hay quien afirma que este rondeño de cuerpo enjuto y piel blanquecina podía haber hecho carrera en Madrid, Nueva York o cualquier ciudad con mucha más proyección que Sevilla. Pero se quedó aquí, donde construyó su círculo de confort y donde sus ambiciones se encuentran satisfechas. En muchas ocasiones prima su bienestar personal antes que la rentabilidad de los negocios. Es tal vez demasiado pasional para los negocios y poco duro a la hora de exigir. No pocas veces hay quienes le previenen de la necesidad de ser más pragmático.

–Carlos, no pierdas tanto tiempo en tomar café con esa marquesa que ahí no hay negocio.
–Pero hay que estar, hay que estar.

Cada vez que llega la goyesca de Ronda, su teléfono echa humo. ¡Qué de amigos tiene Telmo así que llega septiembre! ¡Y cuántos se quieren colar a su vera en casa de los Ordóñez a pegar el mangazo de cena tras la corrida!.

La vida es perderse por San Lorenzo, en las barras de la antigua Casa Ovidio o del Eslava. Es recordar los días de Navidad en Ronda, cita con la memoria más entrañable. La vida es exhibir con orgullo y alegría su condición de usuario de Tussam cuando la vespa descansa. Es enviar ramos de flores a los jugadores de fútbol sevillanos que debutan en la selección española para cuidar la imagen de su agencia. Es mantener su papel de contertulio ameno en los medios de comunicación. La vida es pegarse un “chutazo” en la consulta de Carmen Sarmiento para tener el rostro más hidratado. ¡Cómo le espanta la sola idea de tener el rostro arrugado! Quien conversa habitualmente con Telmo sabe la de veces que cita a Sarmiento en su vida cotidiana. Y perderse en charlas de barrio en el estanco, la panadería o la farmacia de San Lorenzo. La vida es comer caracoles en un bulevar en compañía de un grupo de gente que no viste precisamente al sevillanito modo. La vida es cortarse el pelo en Bruno Pantoja, su peluquero de siempre de la calle Bailén. Telmo, además, forma parte de la gran cofradía de ilustres despistados de la ciudad, a los que hay que darles el adiós en voz alta por la calle para que deje de escrutar escaparates y salude al interlocutor que reclama su atención.

Quizás su mayor mérito no sea guardarle lealtad a la familia Ordóñez desde hace cuarenta años. Ni tener un mailing que valdría aún más fuera de Sevilla que en esta ciudad. Tampoco que tenga un gusto refinado, un sentido de la estética reconocido, y carácter emprendedor para abrir un hostel en la calle Calatrava. Ni siquiera que sea un vanguardista de la metrosexualidad. Su mayor mérito es que triunfó en Sevilla hace años y se ha ganado el perdón de la ciudad. El hacerse perdonar los éxitos en Sevilla es cosa que no se enseña en las universidades privadas ni en ningún instituto de empresa.

  • ciudadano libre

    Lo conocí personalmente,debido a mi trabajo,y solo puede decir una frase sobre él,un señor de los pies a la cabeza,educado y correcto. Salud y Libertad

  • sincero

    Yo también lo conocí hace años y lo corroboro: es un caballero y una persona muy amable y amena. Eso sí, como no le intereses, te despacha rápido. Yo no sufrí ese despacho, pero alguno que había a mi alrededor, sí. Tiene mucho mundo y no va de ese palo. A mí la verdad es que me cayó muy bien (y no es del tipo de personas a priori que tendería a hacerlo)y me demostró además que es un gran profesional en lo suyo. Saludos cordiales.

  • Keka

    No abrió su chino
    Pijo en la calle Becquer sino en la calle Regina y los vecinos lo echamos muchísimo de menos

  • jean philippe RICHARD

    Siguo llevando en mi memoria y en mi corazon lo fantastico de esos eventos que hicimos juntos en Francia y por supuesto en Espana .. Madrid ,Barcelona , Sevilla !Carlos es un verdadero “gentleman” y un amigo de toda la vida . Un fuerte abrazo !


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