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Todo por el hábitat

Carlos Navarro Antolín | 21 de junio de 2015 a las 5:00

muñoztraje
La troly es un símbolo. La pana y los cuellos vueltos lo fueron durante la Transición como las hombreras en los ochenta. La troly otorga estatus de magistrada estrella con rostro de cerámica trianera, de futbolista recién fichado que llega por primera vez al aeropuerto de San Pablo, o de concejal en la oposición que se marcha de fin de semana a partir del viernes. Las mochilas son malas para la espalda, pero la troly permite desplazamientos largos con comodidad en la ciudad de las personas y los veladores. La troly es como los trajes desestructurados, que aportan una imagen de frescor y soltura que contrasta con los Dustin herméticos, rectos y duros. Antonio Muñoz Martínez (La Rinconada, Sevilla, 1959) es un concejal socialista experto en turismo y al que apasionan los viajes . En este caso se trata de un lagarto que entiende de Ciencia Natural: viaja y domina la gestión de viajes. Pero el nuevo alcalde, Juan Espadas, le ha endiñado tres cruces que lo dejarán sin escapadas los fines de semana: urbanismo, turismo y cultura. A esas tres patas del gobierno se le denomina el área de Hábitat Urbano, Cultura y Turismo, en esa manía de la clase política por rebautizar las cosas. Verbigracia, lo que toda la vida de Dios (que está en San Lorenzo) fue el tráfico, ahora se denomina movilidad, por mucho que nunca se oiga en la barra de un bar: “Un agente que llevaba las gafas de sol subidas por encima de la frente me ha puesto una multa por una infracción de Movilidad, hay que ver que los tíos del PP se han ido sin aprobar el reglamento que iba a imponer la compostura en la Policía Local”. Pero sí oímos a los barandas hablar de las medidas de movilidad que se implementarán de forma transversal hasta alcanzar un modelo sostenible que contribuya a la intermodalidad, toma del frasco… Que nadie dice: “Vengo de Rochelambert en el 25 de Tussam, me he bajado en San Bernardo para para pillar el tranvía hasta la Plaza Nueva en mi apuesta por el transporte intermodal”.

Sigamos. A Muñoz le han endosado un hábitat que dejará la troly aparcada (en zona roja) varios meses. Este hijo de empresario de la construcción se sentará en el despacho principal de las caracolas de la Gerencia de Urbanismo, que fue el despacho nada menos que de Jacinto Pellón, el cántabro que hizo posible la Exposición Universal. Estudió en el instituto de San José de la Rinconada y se marchó a Málaga a sacar la licenciatura en Ciencias Económicas y Empresariales. Muy joven fue teniente de alcalde de su pueblo, en la corporación presidida por Enrique Abad. En esa misma bancada de concejales estaba Alfredo Sánchez Monteseirín, vicepresidente de la Diputación Provincial para los asuntos de Hacienda. A Muñoz se le quedó pequeña esa entrañable concejalía de su tierra. Voló pronto a un cargo de la Diputación, ese organismo que va a resistir más que los dinosaurios. Algunos no pierden la esperanza de que llegue el meteorito que acabe con las Diputaciones Provinciales… En el antiguo cuartel de la Puerta de la Carne, Muñoz se reveló como un experto en la gestión del turismo, en esos años en que ni los ayuntamientos ni la Junta dedicaban responsables específicos al sector.

Como empleado público de la Junta, se fogueó en asuntos de medio ambiente, donde conoció a un tal Juan Espadas. Muñoz, que parece primo hermano del Varoufakis griego, era vecino de la Plaza de la Encarnación hasta que se decidió a restaurar una casa de la Alamenda de Hércules, de la que hablan divinamente todos lo que en ella han recibido posada. Lo más chic del tardozoidismo es haber estado en la casa de Antonio Muñoz . Si usted no ha estado nunca, hágaselo mirar en el médico del seguro, porque entrará en depresión si se queda marginado en esas tertulias donde se ensalza el buen gusto y el estilo cool de algunas veladas organizadas a la vera de la efigie de Julio César. Antonio Muñoz simboliza la transformación urbana de la Alameda, la de un lugar decadente a una zona de esparcimiento y revitalización, como le gusta presumir a Monteseirín, uno de sus primeros mentores. Cuentan, por cierto, que Monteseirín y Muñoz viajaron a Alemania para conocer el muro antes de su derribo.

Muñoz es un socialista con hábitos propios de un canónigo de la Catedral. No cocina, pero le gusta yantar. Tiene una hermana que le abastece de ensaladilla en táper. Ymerienda a base de tortas de aceite. Eso sí, dicen las malas lenguas que come como una lima sorda, pero mantiene el tipo estilizado y fibroso de un banderillero antiguo. En eso, la verdad, no es como los canónigos.

Los historiadores no se ponen de acuerdo sobre en qué momento termina la Transición en España. Hay debate sobre si se da por concluida en el octubre rojo de la victoria de Felipe en 1982, o si en la mayoría absoluta de Aznar en 2000. En el caso de Sevilla, hay quien defiende que la Transición estará completada cuando el PP forme gobierno en Dos Hermanas y Antonio Muñoz desfile con chaqué de concejal en una procesión del Corpus o de la Patrona. Y apuntan: “Pero será un chaqué muy fresco, muy moderno, muy cool… Como su casa alamedera”.

Aunque a muchos no lo parezca, este socialista de provincias ejerce de sevillano, pero sin dar la barrila. No es que lo vayan a ver comprando el boletín del Consejo de Cofradías, que hace bien en no comprarlo, pero su curiosidad e inquietud por el entorno (o hábitat, mejor dicho) le llevan a conocer a pie de calle la Semana Santa, a dejarse ver por la Feria y, por supuesto, a ejercer de sevillista en la final de Varsovia, una de las últimas veces que ha sido avistado con la troly que perdimos por el hábitat que ganamos.

Cuentan que una concejal del grupo, caracterizada por su elevada capacidad de montar follones, proclamó que había que estar en los barrios: “¡Vamos todos a la calle!” Las voces alteraron el despacho ordinario de Espadas y Muñoz. Cuando este Vaorufakis hispalense se la encontró después en las escaleras y fue interrogado por su destino, Muñoz respondió: “¿Qué donde voy, guapa? ¡A los barrios, a los barrios!”.

En 2012 se alegró mucho del cuarto tropiezo de Arenas por alcanzar el Palacio de San Telmo. Ahí comenzó a ver la luz al final del oscuro túnel de la oposición. Quizás haya inventando con Espadas un modo distinto de hacer política: el dontancredismo, por el que con el mismo resultado (once concejales) se puede tocar fondo o alcanzar el gobierno, todo depende del pacto con que se mire. “No pactaré con Podemos”, dijo Espadas en una intervención en el CEU.

Los concejales del PP tienen la sastretría de O´Kean como referencia de moda. Dicen que los del PSOE son más de Rico Sardelli. Muñoz es como el cura Chamizo a la hora de vestir: ninguno de los dos usa el clériman y los dos, aunque no lo parezca, miran mucho cada prenda que compran. El día de la toma de posesión, no pocos comprendieron que esos trajes tan ajustados, entallados al máximo y que parecen en los escaparates para cuerpos imposibles, no sólo los lucen los toreros cuando recogen trofeos a la mejor estocada, sino Antonio Muñoz cuando recoge la medalla de concejal con derecho a caja para su conservación. Torero, para estar en el hábitat, hay que ser torero…

Muñoz es el relaciones públicas de Juan Espadas, el hombre del que existe un 0,1% de posibilidades de que se lo encuentre usted tomando una cerveza en el Salvador. Es tremendamente afectivo. Cuando Zoido daba un discurso en temas de turismo y lo saludaba públicamente como edil y experto en la materia, a Muñoz se le apagaba el fiscalizador que todo concejal en la oposición debe llevar dentro. Así es él. Nunca esperen agresividad de este concejal, pero sí contundencia y una mijita de acidez, con cuarto y mitad de colmillito, como se puede apreciar en los artículos de su blog personal.

Gran consumidor de la agenda cultural de la ciudad, es un habitual de los conciertos, salas de teatro y exposiciones de pintura, tanto los convocados para el gran público como para sectores minoritarios. Siendo concejal de su pueblo (“La Rinco”, como le gusta decir) hizo las gestiones para que Alaska ofreciera un concierto. Yfue un éxito. Está en contra de lo que se denomina la catetización de Sevilla, materializada en una ciudad consagrada al sector terciario. Se levanta a la hora de las gallinas para hacer deporte, cuando aún se oyen los ecos del último chunda-chunda en algún garito tardío de la Alameda. Ha tenido buena relación con algunos concejales del PP, como Maximiliano Vílchez. Cuando los Plenos se alargaban, ya no había periodistas presentes y había que evacuar el Salón Colón para dejar espacio para las bodas, se sentaban juntos en la nuevo estancia y comentaban la actualidad de suspartidos políticos.

Muchos creemos que su meta política no es el manejo del hábitat que le ha endosado Espadas, sino ser alcalde de la Rinconada y luchar ante Fomento por la construcción de la Rinco-30. La de viajes que se iba a dar a Madrid con la troly en la mano…