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Todo por el partido

Carlos Navarro Antolín | 15 de julio de 2018 a las 5:00

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SEGURO que muchas veces ha hecho usted de Paco Lobatón con personajes de la sociedad sevillana o andaluza a los que un buen día dejó de ver y de pronto se pregunta qué habrá sido de ellos. Alguna vez habrá entonado ese quién sabe dónde para preguntarse como aquel célebre programa de televisión, una interrogante que es como un certificado de defunción expedido por adelantado. “Habrá fallecido y se me pasó la esquela”, pensamos sin saber que a lo mejor nuestro personaje anda simplemente retirado. Tal decía el compositor Manolo Garrido: “Ya no me llaman, creerán que me he muerto”.

Dice el tabernero Jesús Becerra que no hay mejor publicidad que darse varios paseos por el centro a media mañana para que la gente se acuerde de que el negocio existe. Ese recurso es mucho más eficaz que cualquier cuña de radio de las que emiten sobre su restaurante cuando está uno en pleno afeitado y anuncian los menús especiales, esos anuncios que terminan con un señor hablando muy rápido –a lo Antonio Ozores– para precisar que las consumiciones en barra no están incluidas. Por cierto, después de esos anuncios matinales siempre ponen la cuña publicitara del Opel Divisa con un señor que tiene toda la voz de Javier Arenas, ¿se han fijado? ¡Cómo nos vende el coche! Sobre Arenas, por cierto, no hay que entonar ese quién sabe dónde. Todos sabemos dónde está Javié: moviendo los peones andaluces en el tablero del nuevo PP que saldrá del congreso extraordinario del próximo fin de semana.

Pero, por ejemplo, dónde están sus predecesores Gabino Puche y Hernández Mancha. ¡Quién sabe dónde! ¿Y qué fue de socialistas como Escuredo? ¿Dónde está, por cierto, uno de los grandes fontaneros del PSOE sevillano, Curro Rodríguez?

Curro Rodríguez (Sevilla, 1946) no estuvo en la histórica foto de la tortilla. Especulan con que estaría detenido por la Policía en aquellos años del No&Do. Sí aparece su mujer, Mari Martín, la única impar en la instantánea de aquellos jóvenes que hicieron la Transición y a los que Manuel del Valle inmortalizó en un pinar de La Puebla del Río a mediados de los años 60. Él está en otra foto histórica, la de la primera corporación democrática del Ayuntamiento de Sevilla, donde con ilusión y la experiencia adquirida en la empresa privada pilotó la modernización de la institución, esos retos que ahora se hacen con planes estratégicos y entonces se hacían casi con las manos y pagando algunos materiales del bolsillo particular, ¿verdad Javier Queraltó?

Curro es la fidelidad al PSOE por encima de todo, el partido al que llega de la mano de Alfonso Guerra. Es de esa vieja guardia que dice “el partido” a secas. Y no hacen falta más precisiones. Esa identificación absoluta con el partido ha sido fundamental para sobrevivir a los diferentes dirigentes. Hay quien dice que tiene las propiedades del corcho, como hay quien sostiene que su caso es simple y llanamente el de alguien que es fiel a las siglas por encima de secretarios generales circunstanciales. Si el PSOE cambia de dirección, Curro adapta el rumbo. Y punto.

Ha tenido diferentes trabajos en Madrid, desde en una imprenta hasta en una empresa distribuidora de bebidas espirituosas. En este segundo empleo se comenzó a forjar el perfil del Curro más exquisito. Un día alguien, viendo cómo este socialista dominaba el catálogo de licores escoceses, le espetó con sorna: “A los sociatas os gusta los buenos whiskys, ¿eh?”. Y Rodríguez sentenció en clave gaditana: “Yo soy rojo, no carajote”.

Su mujer es junto al PSOE su otra gran clave. Cuando Mari comenzó a tratar con los políticos de derecha en la primera corporación municipal, se le oyó afirmar: “Pues son buena gente”. En el Ayuntamiento fue concejal de 1977 a 1991 En una primera etapa fue delegado de Gobierno Interior y Escuelas. Muchos recuerdan que entonces confió en José Moya Sanabria las labores de director de área, una suerte de jefe de personal en un Ayuntamiento donde estaba casi todo por hacer. Moya no era un hombre precisamente del partido, sino un bético de derechas y hermano de la Esperanza de Triana. Y Curro era y es un sevillista, agnóstico y, al mismo tiempo, macareno. Cada cual tiene derecho a sus contradicciones.

En los años de la clandestinidad vivió junto a Alfonso Guerra un episodio de los que no olvida jamás. Estaban los dos una noche de invierno en los alrededores de Madrid manipulando una multicopista para preparar un reparto de propaganda política cuando la tinta de la máquina literalmente se congeló por el frío. El grajo volaba bajo en la capital.

En ese tramo final del franquismo, precisamente, fue detenido varias veces. En una una ocasión recibió una bofetada de un policía que le dejó afectado un oído para el resto de su vida. Curro siempre ha dicho que aquellos años veía que en las comisarías siempre le zurraban a los obreros y nunca a los “niños universitarios”. Ironías del destino, el mismo agente que le agredió terminó siendo su escolta en una procesión de la Virgen de los Reyes en la que participó como concejal. No sólo se negó a ir acompañado por aquel señor, sino que admitió que así fuera alegando su carácter democrático.

También en esos años complejos guardó discreción de los amores de un sacerdote con una feligresa en una barriada periférica. Incluso hizo de emisario entre las partes. El cura acabó colgando los hábitos. Mari le preguntó uin día a Curro: “Hijo, ¿tú sabías algo?”. Y cuentan que su mujer se llevó las manos a la cabeza cuando se fue enterando de los detalles: su marido había sido clave para que aquella relación de alto riesgo acabara cuajando. Esa capacidad de discreción ha sido clave para ser el fontanero de larga trayectoria que ha sido en el PSOE.

De Curro dicen que era un rojo que esos años se entendía muy bien con los concejales de la derecha, sobre todo con Manuel García y Javier Arenas. Siendo concejal de Policía y Tráfico (que así se denominaban las áreas), García hizo una pregunta por escrito al gobierno de Manuel del Valle. Era la corporación de 1987 a 1991. El correoso edil de la oposición se interesó por el número de patrulleros que cubrían la seguridad nocturna de la ciudad. Era obligatorio responder esas preguntas por escrito y leer las contestaciones en el Pleno. Rodríguez fue un día antes de la sesión plenaria a ver a García para avanzarle el contenido de la respuesta. Se llevó una sorpresa: ¡sólo dos patrulleros cubrían el servicio nocturno en una gran capital! El concejal del PP entendió que aquello provocaría una gran alarma. Cuando el alcalde Manuel del Valle pidió en el Pleno que se leyera la pregunta, García declinó la propuesta y alegó que su solicitud de información ya había sido atendida satisfactoriamente. Ahí quedó el asunto. El talante de estos dos concejales, uno del PSOE y otro del PP, se ve hoy como una reliquia en el mundo de la política de hoy.

Tras la etapa municipal asumió los planes de seguridad de la Exposición Universal. Este veterano del PSOE ha ido y vuelto tanto de la política como de la empresa privada con bastante facilidad. Rafael Vera, secretario de Estado de Seguridad, le confió la fundación de un sindicato de izquierdas dentro del cuerpo de la Policía Nacional. Fruto de aquella tarea, culminada con éxito, Curro controlaba el quién es quién de la Policía. Cuentan que llegó a hacer prácticas de tiro. Y que aquel período le generó posteriormente un empleo en una empresa del ramo. Ha sido tanto senador de relumbrón por Sevilla como asesor discreto y leal del alcalde Monteseirín. Se ha sabido llevar siempre muy bien con el empresariado, sobre todo con Ramón Contreras.

La vida es disfrutar del menú degustación de tapas en Casa Yebra, donde le guardan la mesa del rincón, la que está al fondo a la derecha. Come de todo menos garbanzos, porque dicen que estas legumbres le recuerdan un episodio trágico. Y para regar las viandas, siempre tinto. La vida es ser siempre ese señor de aspecto apacible, bajito como casi todos los de su generación y con la barba propia de un socialista moderado. Tan apacible que casi nadie se lleva mal con él. La vida son recuerdos de la conocida todavía como banda de los cuatro, la que elevó a Pepote Rodríguez de la Borbolla a su cima política: Pepe Caballos, Guillermo Gutiérrez, Miguel Ángel de Pino y el propio Curro Rodríguez. La vida es ilusión por una casa en Higuera de la Sierra, concebida como el retiro del guerrero, el lugar de recreo, tertulias, excursiones y lecturas de Jonh Le Carré. Este Curro tiene una notable inquietud cultural sin necesidad de haber pasado por las aulas universitarias. Se le nota su formación en las juventudes obreras católicas, donde se convirtió en lector de la obra de Santa Teresa y, a partir de ahí, incluso comenzó estudios en Teología. De las cosas divinas a las terrenales, tiene también afición por la cocina. Sólo los muy amigos de Curro han sido distinguidos con un plato de su receta de fabes.

Hoy es vicepresidente de la Fundación Persán, la compañía que preside José Moya Sanabria, aquel señor en el que confió para que la estructura del Ayuntamiento pasara del blanco y negro a la versión en color. Por supuesto, es el hombre de máxima confianza del PSOE en el consejo de la RTVA. Y para muchos sigue siendo Curro, el fontanero por excelencia de un partido que él conoció como defensor de la socialdemocracia y que hoy no es reconocido ya ni por la madre que lo parió. A veces, precisamente, se podría preguntar quién sabe dónde quedó aquel PSOE de Felipe y Guerra, aquel partido que se entendía con los curas y con los sectores conservadores de la sociedad. Como este Curro.

El poder de la fruta

Carlos Navarro Antolín | 8 de noviembre de 2015 a las 5:00

Manolo García
EN Sevilla hay gente que conoció los mercados de abasto abiertos de domingo a domingo, sin frigoríficos y con el pescado envuelto en papel de periódico. Gente que estuvo en el antiguo mercado de la Encarnación, antes del provisional que duró cuarenta años de acuerdo con la vocación de permanencia que en esta ciudad adquiere todo lo provisional. Que vio de cerca a Queipo de Llano. Que conoció una Iglesia en la que la misa del sábado no servía para cumplir el precepto dominical. Que compró y vendió en reales.

Manuel García (Sevilla, 1933) dejó muy pronto las aulas del San Francisco de Paula para ponerse a trabajar junto a su padre en el puesto de frutas y verduras de la Encarnación. Él y su entrañable hermano Pepe eran la cuarta generación de la familia al frente del negocio. Hoy es hermano mayor de la Macarena. Y en 1999 remató un período de cuatro corporaciones seguidas como concejal: ocho años en la oposición y ocho en el gobierno. Pero antes del brillo del poder en los meses de la Exposición Universal, cuando alternaba con jefes de Estado de muy diferentes ideologías y culturas por su cargo como responsable de la seguridad ciudadana; antes que ajustarse el chaqué de pura lana virgen en las procesiones, sudando la gota gorda cada 15 de agosto; antes que coger la vara de las capillas en el atrio macareno y antes que disfrutar de tantas madrugadas con la capa de merino al vuelo como diputado mayor de gobierno, mucho antes que toda esa montaña rusa de emociones y vivencias, Manolo García se curtió durante más de treinta años en la otra madrugada de Sevilla, la que comienza todos los días con el toque del despertador a las cuatro de la madrugada, antes en el Mercado de Entradores del Arenal y ahora en Mercasevilla; la que huele a lonja de pescado y aguardiente, la que tiene el tacto de la verdura fresca y la música del vocerío anunciando género y los rifirrafes del regate, la de ventas selladas con coñac para mitigar el frío del invierno.

La juventud son recuerdos de la casa familiar de la calle José María Izquierdo, desde la que había que ir a pie hasta el Arenal, en plena noche, por unas calles de persianas cerradas en unos tiempos en que la juerga a deshoras se despachaba en las ventas; cruzando la mirada con los secretas de la Policía Armada, oyendo el sonido de las propias pisadas por Enladrillada, Peñuelas, San Pedro, hasta llegar por Reyes Católicos a Pastor y Landero, para estar sobre las cinco entre los corrillos de los mayoristas y cumplir la liturgia aprendida de su padre, Manuel García Balmaseda: no aceptar nunca el primer precio. Precios en reales: veinte reales, diez reales… A las siete y media tenía que estar el puesto de la Encarnación listo para su apertura, con toda la mercancía descargada ya de los mulos que portaban las frutas y verduras por la carrera oficial cotidiana desde el Arenal a la Encarnación. No había tiempo para el desayuno, nunca; tan sólo para un café bebido, habitualmente frío porque la clientela apretaba más que un fin de mes. Un industrial de plaza de abasto suele reunir tres características en su biorritmo: dormir poco por la noche, no desayunar y hacer siestas largas. Acabado el mediodía, Manolo García se echa a descansar muchos días sobre el mismo tablero del puesto, para dedicar la tarde a ordenar el género no perecedero y tenerlo a punto para el día siguiente.

La única ventaja de los fruteros era que no tenían que sufrir las humedades de los compañeros del pescado, obligados a las grandes botas de goma para aislarse de la nieve que refrigeraba el género. En las siestas de tablón se fue curtiendo este macareno que logró terminar el Bachillerato por las tardes.

Del puesto de fruta del padre de García se abastecían todos los cuarteles militares de la ciudad, que en los años de racionamiento habían gozado de una preferencia demostrada en vales especiales. Ytambién se abastecían los mejores hoteles: el Alfonso XIII, el Biarritz, el Cristina, el Inglaterra, el Madrid… Había hoteles que hacían pedidos de 20 kilos de guisantes pelados, que había que pelar a mano. La frutería de los García, junto con la Frutería Tetuán, fue la primera en traer a Sevilla las coles de Bruselas, que la clientela confundía con alcauciles diminutos; las endivias, las piñas tropicales, los aguacates, las lombardas…

El frutero Manolo García está afiliado a Alianza Popular por su admiración por Fraga desde muy joven. Paga religiosamente sus cuotas, pero no hace vida en la sede más que cuando es requerido para hacer de interventor en las elecciones. Mientras sigue potenciando el negocio, presidiendo la cooperativa del mercado y ejerciendo de vocal del gremio de fruteros en el sindicato. Hasta consigue la decisiva mediación de Bueno Monreal para que el gobierno del alcalde Pérez de Ayala acepte cerrar los mercados los domingos. Le explica al cardenal en una audiencia privada que la venta de los domingos es residual al ser el género de peor calidad porque los mayoristas no suministran desde el viernes. Yse le ocurre poner una guinda.

–Además, Eminencia, los placeros podríamos así ir a misa.
–Le recuerdo que la misa del sábado por la tarde ya es válida.
–Pero lo del sábado ni es misa ni es ná, Eminencia. A misa hay que ir los domingos.

El cardenal apoyó la causa en una carta remitida al alcalde. Y la denominada Tenencia de Alcaldía de Subsistencias del Ayuntamiento de Sevilla decretó el cierre dominical.

Cuando el médico Ricardo Mena Bernal alcanza la presidencia de AP de Sevilla, tira de García, al que conocía por medio de Salvador Dorado El Penitente, para completar la lista de las elecciones locales de 1983 que lidera Pedro Albert.

–Pero en un puesto que no sea de salida, Ricardo; que yo estoy hasta la corcha en el mercado.

Quedaron en que Manolo iría de quince. El Miércoles Santo previo a las elecciones, Mena Bernal le comenta por la Avenida, señalando al Ayuntamiento: “Yas vas a estar ahí”. Lo había colocado de diez. Y la coalición AP-PDP-UL saca exactamente diez ediles. Aunque el décimo bailó durante un par de meses entre AP y el PCE. El comunista que se queda sin acta es un tal Juan Ramón Medina Precioso, que con los años fue rector de la Universidad de Sevilla y con algunos años más llegó a consejero de Educación del gobierno autonómico de Murcia… por el PP.

García pasa del puesto de frutas y verduras a sentarse en el Pleno del Ayuntamiento. Durante más de un año alterna ambas actividades. El negocio había crecido con nuevos puestos en los mercados de Las Palmeritas, Bellavista, el Tiro de Línea y Pino Montano. Pero el Ayuntamiento absorbe. Por aquellos años de oposición había un edil jovenzuelo que llegaba al Ayuntamiento a media mañana, preguntaba qué asunto había para zurrar al gobierno, tomaba tres notas con rotulador y daba una rueda de prensa de una hora. “Este muchacho llegará lejos”, decía García de un tal Javier Arenas. Aunque García siempre dice Javié. Y Javié lo ha invitado a tinto en sus altos despachos de ministerios.

El grupo municipal de AP encarga en El Corte Inglés los fajines de gala. Las medidas se toman a Manolo García, entonces un concejal muy orondo, de tal forma que hay ediles como Arenas y Melgarejo a los que el fajín da más de una vuelta. García siempre se lleva mejor esos años con los concejales de la izquierda socialista y comunista que con sus compañeros de filas. El alcalde Manuel del Valle le pide varias veces que medie ante Soledad Becerril para que los populares voten con el gobierno algunas iniciativas y no tener que depender de unos comunistas de los que Valle recela como un cofrade de la lluvia. Cuando alcanza el gobierno, García monta a la alcaldesa, Soledad Becerril, en una furgoneta de la Policía Local para que vea los efectos de la movida juvenil en las plazas de San Lorenzo y la Gavidia.

–Qué horror, Manolo, qué horror… Hay que acabar con esto.
–Si tú me autorizas…

Y Manolo, ayudado por un cabo de la Policía Local, persuade a los tres bares claves para que cierren a las once de la noche. Los ríos de orines nunca más traspasan la puerta de la basílica del Gran Poder.

En el 92 alterna con Fidel Castro, los Príncipes de Gales, Lech Walesa… En el 93,con Juan Pablo II. En la Macarena gana dos elecciones, ambas con rivales. Cada triunfo ha estado precedido de una cuesta arriba. Uno de sus rivales fue Juan José Morillas, hoy estrecho colaborador suyo con una conducta ejemplar de la que el cofraderío debería tomar nota. En la procesión extraordinaria de 2014 le cedió unos instantes la vara de las capillas al socialista Juan Espadas, curiosamente la misma vara que de niño vio portar al general Queipo.

La vida hoy es llegar a los 200.000 euros anuales destinados a asistencia social. La vida es hoy una oración a solas con la Virgen de la Esperanza, es acercar la intimidad de las ceremonias de bajada de la Virgen a quien ha perdido a un padre, a quien quiere ser madre, a quien sufre marejadas en las aguas particulares de la fe o al niño al que aguarda el quirófano. Este Reagan del Arco gobierna con 82 años una hermandad con dieciséis empleados, más de 11.000 hermanos y con una proyección social que genera una apretada agenda de compromisos. Y todo sin más coaching ni escuela de negocios que las siestas sobre el tablón, el sacrificio de los madrugones y las enseñanzas del padre del que aprendió a oír, ver y callar durante los regates con los mayoristas. Ni se acepta el primer precio, ni se queda uno en tierra al primer traspiés de la vida. Manolo es hijo de Esperanza, su madre.