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La cara amable del ‘aparato’

Carlos Navarro Antolín | 8 de febrero de 2015 a las 5:00

JUAN BUENO
EN política hay estereotipos que funcionan. O que operan, como se dice ahora. Los ministros de Hacienda son los que mandan, como los mayordomos en las cofradías o los tesoreros de las entidades ciudadanas. Quien maneja el taco, maneja el cotarro. El presupuesto es el hilo maestro que sirve para manejar las marionetas del poder. Y los aparatos de los partidos son los que deciden cuánto dura la carrera de un político. Los aparatos son esas estructuras de presidentes y secretarios generales, provinciales o de medio pelo a los que cualquier crío retrataría con cara de malajes, un cuchillo en la boca y siempre dispuestos a coger un teléfono para decirle a un concejal o a un diputado el punto preciso de la diana al que debe lanzar el dardo. Los miembros del aparato son los malos de la película, señores terroríficos y sin escrúpulos. Un tío bien colocado en el aparato vive sus meses de gloria en los procesos de confección de las listas electorales, más feliz que un cardenal en vísperas de cónclave. Extra omnes. Hay tiempos en los que la política es de los buenos oradores, de célebres parlamentarios. Yhay otros tiempos en los que la política es de los aparatos, de quienes están forjados para conseguir el poder y perpetuarse en los cargos, quienes tienen aguante y vocación de permanencia, quienes gozan de la virtud de ser capaces de aguardar en la puerta de su casa, ese lugar donde siempre se espera contemplar el paso del cortejo fúnebre del enemigo.

Juan Bueno (Sevilla, 1963) es el presidente del PP de Sevilla y no sólo no tiene el perfil de Saturno con hambre de Carpanta, sino que goza de grandes protectores. Usted hace cualquier comentario de Juan Bueno o escribe cualquier anécdota sin mayor alcance político y es muy probable que reciba una amonestación de Javier Arenas o Ricardo Tarno, cariñosa y afectuosa, eso sí, “como amigos”. Javié es un padrino que ejerce como tal, le encanta seguir amamantando a sus criaturas. O presumir de que lo hace, que ya se sabe que la política es como el parchís:se avanza una casilla, pero se cuentan veinte. Dicen que la clave es que Arenas lleva mal haber quitado de la secretaría provincial del PP de Sevilla en su día a Juan Bueno para colocar en ese puesto a Lola Rodríguez, componente de la maripandi que entonces frecuentaba el campeón. Juan estaba con la brocha colocando carteles electorales en esos pueblos que nunca serán del PP,cuando Arenas le birló la escalera para ponérsela a su amiga, que ya se sabe que al amigo todo, al enemigo nada y al indiferente, la legislación vigente. Las pandillas son colectivos muy influyentes, sobre todo si en ellas estaban la duquesa de Alba, Curro Romero y otras hierbas en aquellas noches y mediodías que perdimos (a lo Romero Murube) en El Espigón o Portarrosa. Aquella fue una decisión equivocada. Y Arenas, como Julio Iglesias, lo sabe. Por eso no pierde oportunidad de congraciarse con Juan Bueno, Juanito para los selectos arenistas. Dicen que a Arenas le persigue desde entonces una psicofonía mucho peor que las confesiones de Bárcenas: “¡Javieeeeeé!, ¿qué hiciste con Juanitoooo?”. Juan Bueno es un niño de Arenas, pero de la segunda generación. De la primera son José Luis Sanz y Ricardo Tarno.

Tarno es un punto más vehemente en la defensa de Juan Bueno, su gran protegido. Quien ose tocar al presidente provincial recibe un sms como tarjeta amarilla del alcalde de Mairena del Aljarafe. Tarno es la versión gaviotera de Belén Esteban con su hija: “Por Juan Bueno ¡mato!”.

Juan Bueno se ha forjado en las cocinas del partido desde los puestos técnicos, cuando entró en el PP después de que Soledad Becerril encargara a Antonio Fontán que creara un grupo de jóvenes que asumieran funciones de agentes electorales en los pueblos. Destacó mucho en esa faceta. Pepe Torres lo hizo su jefe de gabinete en la sede de la Delegación del Gobierno en Andalucía. Y fue Ricardo Tarno quien lo sacó del ámbito técnico para meterlo en el político.

Cuando Arenas lo quitó de la secretaría provincial del PP sevillano, cualquiera hubiera dado un portazo. Pero aguantó. Y eso en política tiene costes, claro que los tiene, pero también genera beneficios, sobre todo porque en política prima el estar por encima de todo. Tanto aguantó, tanto estuvo, que volvió a ser secretario provincial y hoy es el presidente del PP en la provincia más difícil para este partido en toda España, a excepción de las circunscripciones del País Vasco.

De técnico a presidente, siempre sin generar problemas, sin hacer enemigos. ¿Que había que ir a pegar tiros al territorio hostil de la Diputación Provincial? Allí que se iba Juan Bueno a estudiar expedientes de gasto. Siempre con disciplina, siempre con buena cara. Por eso dicen que es la cara amable del aparato. Juan Bueno escucha, dedica un minuto a casi todo el mundo y sonríe con facilidad. Distinto es si ofrece o no soluciones. Dicen que es el más claro ejemplo del estilo Rajoy en Sevilla, porque si hay algún problema, Juan Bueno mira el reloj, deja pasar el tiempo y, como los antiguos obispos, musita aquello de “Dios proveerá”.

Cuando Zoido arrasó en las elecciones locales, Juan Bueno estuvo a punto de quedarse relegado a edil de distrito, pero alguien advirtió que un secretario provincial debía tener más peso en el gobierno. Y el alcalde le dio la portavocía del grupo. A la mitad del mandato, Zoido le pasó el marrón de la Delegación de Seguridad y Movilidad después de que una sentencia del TC obligara a prescindir del edil Demetrio Cabello. Y esa encomienda de Zoido equivalía a lidiar con el sindicato mayoritario de la Policía Local, el miura tobillero que siempre aguarda en los chiqueros de la gestión municipal.

Cuando el dedo de Rajoy señaló a Juan Manuel Moreno Bonilla para presidir el PP andaluz en lugar de a José Luis Sanz, Bueno se bebió uno de los cálices más amargos en su trayectoria política. En menos de 24 horas pasó de recoger las firmas que avalaban la candidatura de su amigo Sanz, a tener que echar los pliegos por la trituradora y recabar apoyos en favor del político malagueño. El fútbol es así, la política es así.

Su agenda siempre tiene señaladas en rojo las noches de los jueves. Si ustedes quieren fastidiar a Juan Bueno de verdad, no es necesario recordarle el error de Arenas ni preguntarle qué hay de lo mío, sólo tienen que invitarle a un acto o a una cena un jueves por la noche, pero tienen que hacerlo con mucho interés, como si a usted le fuera la vida en contar con su presencia, porque esa noche la tiene reservada desde hace años para sus amigos más íntimos, un sanedrín donde se relaja y no habla de política. La noche de los jueves es tan clave en su vida como Zahara de los Atunes, su particular paraíso donde frecuenta el restaurante Antonio. Allí se le puede ver alternando con el peperío del barrio de Salamanca.

Hay dos secretos poco conocidos de Juan Bueno. Sus hijos le pidieron vestirse de nazarenos. Se decidió por el Carmen Doloroso cuando esta cofradía hacía estación los Viernes de Dolores, lo que le permitía tener libre toda la Semana Santa para sus escapadas a Zahara. Pero su plan se fue al traste, porque el Carmen consiguió entrar en la nómina del Miércoles Santo. Y ahora, fiel a su disciplina y al principio de no generar problemas, se pone el chaqué y recibe a la cofradía carmelita en los palcos de la Plaza de San Francisco. El otro secreto es que también es padre de dos preciosos niños seises que danzan ante el Santísimo Sacramento de azul inmaculada.