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Sobre mi competencia (IV)/ About My Competition (IV)

John Julius Reel | 21 de mayo de 2014 a las 7:26

Historias de Nueva York (2006), de Enric González: Me ensenó mucho sobre la historia cruel de mi ciudad nativa.  Es periodismo puro y duro, escrito con gran concisión y destreza.  Al principio, González dice: “Nueva York me gusta más allá de lo razonable.  Amo a esa ciudad.  Por otro lado, Nueva York tiene mucho de amante fatal y en este momento prefiero amarla a distancia.  No creo que vuelva a verla.”  Pienso exactamente igual.  Los mejores momentos del libro vienen cuando la personalidad del autor sale a regañadientes.  Me quedo con una sola frase, más bien un inciso.  Cuando muere un ex compañero y amigo mientras ejerce su oficio en Haití, González escribe: “No pude llorar, como no pude, y no puedo, por la muerte de mi hija.  Sí lloré cuando murió Enough, mi gata.  Debo de tener averiado el mecanismo de la lágrima”.  No pudo llorar, y no puede, por la muerte de su hija.  No da más detalles.

(Nota: este viernes, entre las 19,00 y las 21,00 firmaré ejemplares de ¿Qué pinto yo aquí? Un neoyorquino en la ciudad de nunca jamás en la Feria de Libros de Sevilla (Plaza Nueva), en el stand de La Extra-Vagante)

Historias de Nueva York (Stories of New York) (2006) by Enric González: It taught me a lot about the cruel history of my native city.  The book is no-nonsense investigative journalism, written with great concision and skill.  At the beginning, González writes: “It’s beyond reasonable how much I like New York.  I love that city.  On the other hand, New York has a lot of the femme fatal about it, and right now I prefer to love her from afar.  I don’t think I‘ll ever see her again.” My sentiments exactly.  The book’s best moments are when González’s personality emerges, unwillingly it seems.  There’s one sentence in the book, or rather an aside, that says it all about the author’s style.  When one of his fellow correspondents dies while doing his job in Haiti, González writes: “I wasn’t able to cry, like I wasn’t able to, and am not able to cry, about the death of my daughter.  I did cry when my cat Enough died though.  My tear-making mechanism must be out of order.”  He couldn’t, and can’t cry about the death of his daughter.  He doesn’t provide any other details.              

(Note: This Friday, between 7 p.m. and 9 p.m., I’ll be signing copies of ¿Qué pinto yo aquí? Un neoyorquino en la ciudad de nunca jamás at Seville’s book fair (Plaza Nueva) at the bookstand of La Extra-Vagante.)

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