La Sevilla del guiri » Archivo » La cruz de mi arrogancia/ The Cross of my Arrogance

La cruz de mi arrogancia/ The Cross of my Arrogance

John Julius Reel | 26 de junio de 2014 a las 7:22

_MG_2361 copia

Yo no sería escritor si no me viera capaz de tratar algunos temas mejor que cualquier otro escritor en la faz de la tierra.  Que mi creencia sea verdad o no, no viene al caso.  La cuestión es que la vivo ciegamente.  La arrogancia es la fuerza más potente detrás de mi vocación de escribir. 

En las semanas antes y después del lanzamiento de mi libro, ¿Qué pinto yo aquí?, publiqué en este blog seis reseñas consecutivas en alabanza a otros escritores y sus libros.  Que nadie se equivoque.  Han sido homenajes, pero también disparos de aviso: un salvo de seis cañonazos, diciendo: “¡Mira quién ha llegado!” 

Los reuní bajo el título, Sobre mí competencia.  Puede significar o “Sobre aquellos contra (y con) los que compito”, o “Sobre mi capacidad y competitividad”.  Quería decir que no tengo dudas en cuanto ni al uno ni al otro.

Mirad la foto (tomado por la talentosa Lourdes Ramírez Mota) con la que adorno esta entrada.  Estoy a punto de salir del marco, tal como una de aquellas bailarinas de Degas, pero en mi caso piso fuerte, con mis blocs y bolis debajo del brazo.  Mis párpados están medio cerrados, como un pugilista enfrentándose a su rival en el centro de un cuadrilátero.  Llevo más de veinte años esperando la campana, para que el combate comience.

“Visto.”  Este comentario de una sola palabra aparece en respuesta al texto promocional de ¿Qué pinto yo aquí?, publicado en el blog Books & Co.

La arrogancia de aquel comentarista, que cree que ha visto mi libro sin verlo, no ha contado con la arrogancia titánica del autor.  El comentarista cree que lo que él o ella dice sobre mi libro, aunque sea una sola palabra, importa a los demás.  ¡Mil leguas se extienden entre esta arrogancia y la mía!  Yo creo que lo que digo sobre mi vida, aunque sea 50.000 palabras, importa a los demás.

El tema de un extraño que se asienta en tierras lejanas y echa raíces allí y después cuenta sus aventuras y desventuras, eso sí está visto, como lo están todos los grandes temas de la literatura.

¿De qué tema puedo tratar mejor que cualquier escritor en la faz de la tierra?  ¿El de Sevilla?  ¡Qué va!  ¿El de Nueva York?  ¡Ni mucho menos!  ¿El de la experiencia de un emigrado y del choque cultural?  Tampoco.  ¿Entonces cuál?   Pues, el tema más sencillo y complicado de todos para un escritor: sí mismo.  Si no estoy en el libro, si el libro no soy yo, más vale que escriba guías turísticas u otro tipo de texto o tomo de los que hay a patadas.

Mientras lo escribía, mi arrogancia me susurraba en el oído: “Cada ser humano es único.  Demuéstralo en tu libro, tomándote a ti mismo como el ejemplo estrella y como la carga de la prueba.  Muéstrate en tu libro hasta la saciedad.  Solo así podrás dar la talla.  Eres tú lo nunca visto.  Para cada escritor que se aprecie, esta es la regla de oro”.

En la foto, fijaos en mi halo de neón: una cruz de farmacia, emanando la promesa de salud y bienestar, subvencionados por el Estado.  Este halo es la baliza de mi arrogancia, diciéndome: “Sígueme y te llevaré a la tierra prometida.”  Tal como aquellas cruces que nunca se apagan, la baliza de mi arrogancia me va a perseguir siempre.

(Nota: el jueves, el 3 de Julio a las 20,00, habrá una presentación de ¿Qué pinto yo aquí? Un neoyorquino en la ciudad de nunca jamás en Fnac, Sevilla)

***

I wouldn’t be a writer if I didn’t believe myself capable of tackling certain subjects better than any other writer on the face of the earth.  This belief could be true or not; that’s irrelevant.  What matters is that I believe it blindly.  Arrogance is the most powerful single force behind my vocation to write.

In the weeks before and after the launching of my book, ¿Qué pinto yo aquí?, I published, in this blog, six consecutive reviews praising other writers and their books.  Make no mistake about it.  They were not only tributes, but warning shots: a six-gun salute, saying, “Look who’s on the scene!”

I brought the entries together under the title “About My Competition”.  The translation to Spanish, Sobre mi competencia, is richer.  Competencia” can mean both “competition” or “competence”.  I wanted to say that I have no doubts about either one.

Look at the photo (taken by the talented Lourdes Ramírez Mota) that adorns this entry.  I’m about to come out of the frame, like one of Degas’ dancers, only, in this case, my step is firm, and I’ve got my pads and pens snug under my arm.  My eyes are lidded like those of a fighter facing down a rival in the center of the ring.  For more than twenty years I’ve been waiting for bell to sound, for the bout to begin

“Visto” (old hat).  That one-word comment appears in response to the promotion copy of ¿Qué pinto yo aquí?, published in the blog Books & Co.

The arrogance behind the comment pales next to the arrogance of the author.  The former believes that what one says, be it just a single word, about a book that one hasn’t read, is of interest to others.  I believe that what I say, be it 50,000 words, about my life and thoughts is of interest to others.    

A stranger who settles down in a far-away land, puts down roots there, then tells of his trials and tribulations, of his adventures and misadventures, that’s old hat, as old hat as are all the classic themes of literature.

What subject do I think I can tackle better than any other writer on earth?  The subject of Seville?  Not a chance.  The subject of New York?  Even farther out of my range.  The subject of the American expat experience?  Not even that.  Which one then?  The most simple and complex subject of all for a writer: oneself.  If I’m not in my book, if the book isn’t me, I might as well write tourist guides or any other type of text or tome that is and always has been a dime a dozen.  

While writing ¿Qué pinto yo aquí?, my arrogance kept whispering in my ear: “Every human being is unique.  Show that in your book, using yourself as the principal example and the burden of proof.  Put yourself in your book until you believe the reader can’t take any more.  That’s the only way you’ll ever measure up.  You’re the only thing that’s not old hat.  You’re the only thing no reader will ever have seen the like of before.  Any writer worth his salt knows that’s the golden rule.”  

In the photo, look at the halo of neon: a pharmacy’s blinking cross, emanating the promise of state-subsidized health and well-being. That halo is the beacon of my arrogance, saying: “Follow me and I will lead you to the Promised Land.”  Just like those pharmacy crosses that never go out, the beacon of my arrogance will follow me forever.

(Note: On Thursday, July 3rd, at 8 p.m, I’ll be presenting ¿Qué pinto yo aquí? Un neoyorquino en la ciudad de nunca jamás in Fnac, Sevilla)

 

 

 

  • Fernando

    Yo creo que lo que digo sobre mi vida, aunque sea 50.000 palabras, importa a los demás.

    Y tienes toda la razón joder
    Por lo menos a mí sí que me importa
    Saludos