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Ilusiónate (y si lo consigues dime cómo)

Francisco Merino | 16 de junio de 2011 a las 19:11

carlos

La ilusión al aficionado, como el valor al soldado, es algo que se le supone. Pero todos sabemos (o debemos saber a estas alturas de la película) que eso es una mentira muy gorda. El consumidor de fútbol, y aún con más motivo en los tiempos que corren, necesita una buena razón para ilusionarse. Si no la encuentra tiende al pesimismo, a la depresión y al ritual de las tertulias en las que los profetas del desastre se encuentran a sus anchas. Y si hablamos del Córdoba, que lleva cuarenta años sin pisar la Primera División -como se ha encargado de recordar, no se sabe si intentando estimular o qué el nuevo dueño del club, Carlos González, en sus primeras entrevistas a fondo en los periódicos-, el asunto alcanza una dimensión muy particular. ¿Por qué se hace uno socio del Córdoba? ¿Cómo se mantiene la devoción por un club que despacha frustraciones al mismo ritmo que una fábrica de ordenadores taiwanesa? ¿Qué empuja a miles de ciudadanos a hacer cola en El Arcángel en pleno mes de agosto, a cincuenta grados a la sombra, para pagar un buen dinerito por un carné que da derecho a asistir, sentado donde sea menester, a las desventuras de un equipo que nunca termina de construirse?

La palabra clave ya se ha marcado. Ilusión. Nadie expone objetivos, para qué. Ilusión. El nuevo propietario y presidente, Carlos González, dice que todo lo irán marcando los resultados. Ilusión. Lo mismo han explicado Luna Eslava, el secretario técnico (nomenclatura que se queda corta para las numerosas atribuciones que el de Fernán Núñez asume), y Paco Jémez, el hombre apuesta de hace algo más de tres años que vuelve, más curtido (un ascenso a Segunda, una salvación en esta categoría, una destitución polémica… mucha vida ahí), al sitio donde empezó todo. Ilusión. Por una segunda oportunidad, por una carambola del fútbol, por el descubrimiento de algún chico con futuro en la cantera, por un proyecto acordobesado y realista, por conseguir que los medios le coloquen la etiqueta de “equipo revelación”, por la reconducción del complicado idilio entre un club y una afición que han tenido constantes desencuentros… Ilusión.

No es sencillo, no. Los que llegaron como figuras y los que ya estaban desempeñando ese papel se irán de aquí porque no hay dinero para pagarles. Quienes les sustituyan no llamarán mucho la atención. Seguramente usted se haya cruzado en los últimos días por la calle con alguno de los futbolistas que reforzarán el viejo sueño cordobesista de hacer ruido (positivamente, se entiende) en Segunda. Héroes anónimos para un desafío añejo. 

Este Córdoba de González y su armada cordobesa no ofrece ahora más que ilusión. “¿Quiere que diga que vamos a subir a Primera, a jugar la Champions y a ganarla? Si usted quiere, lo digo. Pero vender humo no es lo mío. No se trata de decir lo que la gente quiere oír”, asegura el recién llegado presidente. A realista no le van a ganar. El empresario tinerfeño no pone metas ni plazos. Se entiende que le han informado bien sobre cómo funciona en este sentido el microcosmos futbolístico cordobés, donde un titular periodístico tras una comparecencia en la sala de prensa se considera como una declaración jurada. Si uno dice que el objetivo es subir, el éxito o el fracaso, con todos los juicios mediáticos semanales, girará en función de la cercanía o la lejanía de ese listón. Si no hay baremo, sólo queda lo que queda. Ilusión.

El Córdoba se recompone y busca una identidad que casi nunca ha tratado de modelar mirándose por dentro, sino en el espejo de otros y siendo esclavo de las circunstancias. Unas veces tierra de oportunidades para imberbes, otras asilo para veteranos profesionales en el ocaso y, las más, refugio y paraíso de chavalotes que siguen creyendo que son tan buenos como alguien les dijo hace años (y casi nunca demostraron), el Córdoba se dispone a componer una nueva historia que vender a su descreída clientela. Vaticinar un duro panorama para el Córdoba no tiene ningún mérito. Es lo habitual. Y si las cosas son distintas será por sorpresa, casualidad o milagro. En el fútbol cualquier cosa es posible. Esa clásica muletilla es la razón principal por la que el cordobesismo, con la abnegación de siempre, desfilará hacia su desvencijado estadio con la esperanza de asistir a un episodio memorable. La esperanza en lo inaudito. De momento, no queda otra. Señores: Ilusiónense. Y si lo consiguen, díganme cómo.

Fotos: José Martínez .

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