El partido está en juego

Francisco Merino | 8 de febrero de 2012 a las 18:43

FUTBOL, CORDOBA C.

Hay equipos de fútbol que viven con sus aficionados una relación de amable cordialidad. Se citan el día de partido y comparten la experiencia. Se alegran, se entristecen o simplemente pasan el rato juntos en un ritual cuya trascendencia se desvanece a las pocas horas de finalizar el encuentro. El equipo y su afición se conocen, se tienen cariño por el roce y quedan por costumbre, como esas parejas de novios eternos que encuentran la felicidad en la rutina. No andará desencaminado quien vea al club como empresa y al aficionado como cliente, pero pobre del equipo que sólo cuente con seguidores de ese tipo. El Córdoba, por fortuna para él, no es de esos.

El equipo blanquiverde y sus aventuras por ser alguien reconocido dentro del fútbol español siguen teniendo un peso social sobresaliente. Su increíble fortaleza para sobrevivir a las peores calamidades y su rara habilidad para hacer justo lo contrario –para bien o para mal– de lo que le auguran los pronósticos le proporciona un extraño atractivo. El curso 11-12 está resultando ideal para que se produzcan episodios de compromiso enternecedores. El llamamiento para la quinta Marcha Blanquiverde es ya un éxito por su simple convocatoria, más allá de que sean treinta, trescientos o tres mil los que se den el sábado una caminata desde Las Tendillas hasta El Arcángel exhibiendo su esperanza de ver tiempos mejores. En las cuatro ocasiones anteriores, el objetivo era evitar tiempos peores. El panorama ha cambiado, pero el sentimiento se mantiene intacto. Sea expresado con vehemencia o con sosiego, el cordobesismo está tomando una posición activa en una batalla apasionante, dura y cruel. El gran partido está en juego y no va a terminar el sábado.

Los comentarios están cerrados.