El Córdoba que viene

Francisco Merino | 4 de julio de 2012 a las 19:53

Estadio de El Arcángel

El único fichaje confirmado oficialmente, Joselu, ha sido de impacto. Con apariciones en la Champions League en las filas del Villarreal, una temporada pasada más que notable -increíble su irrupción goleadora en la primera vuelta, menos productiva la segunda por estar a caballo entre el filial y la primera plantilla-, 21 años, un potencial ilusionante y una cotización en el mercado que supera el millón y medio de euros, su cesión a El Arcángel es una gestión brillante. La llegada del punta ha rebajado el nivel de ansiedad de todos los que -con bastante razón- andaban inquietos por la paradójica y negativa relación entre los goles firmados por el Córdoba y las ocasiones generadas. La celeridad en reclutar atacantes -también están ahí, a la espera de firma definitiva, Adrián Sardinero y el francés John Christophe Ayina- confirma que esa preocupación estaba enquistada en el seno del club, que perdió al brasileño Charles -está ahora rondando al Almería- y al tinerfeño Airam Cabrera. La vanguardia ha sido reforzada a conciencia. 

El nombre de Joselu estaba subrayado en las agendas de los principales clubes de la categoría, pero apenas unos días después de cerrar el curso 11-12 logró cerrar la operación el Córdoba. El Córdoba. Sí. El mismo. El que durante tantos años iba se paseaba durante el verano como alma en pena, siendo cruelmente rechazado por los futbolistas a los que pretendía, como un pagafantas que sólo era capaz de ofrecer como señuelo un sueldo decente y unas expectativas modestas. El fichaje de Joselu ha lanzado un mensaje: el Córdoba está cambiando. De cementerio de elefantes a vivero de talentos. De contratos excesivos y exigencias débiles a vinculaciones flexibles, con variables por objetivos y posibilidades de promoción. Joselu, Ayina y Sardinero tienen todos 21 años. Los mismos que Borja García, el referente hoy por hoy de la formación blanquiverde, y tres más que Fede Vico, que esta misma semana cumple los 18, la mayoría de edad. Futbolísticamente ya está maduro desde antes. El destino natural de estos dos -y seguramente de alguno más- es terminar en Primera División. Lo harán. De que salgan o no, y de la forma en que lo hagan, dependerá el rumbo que tomen las obras en el Córdoba. Después de apuntalar la línea de ataque, los técnicos se han centrado en la defensa: un defensa central y un portero vienen de camino. Finalmente se abordará el gran tema: el cerebro, el director, el tipo que mueve los hilos. En suma, el heredero de Javi Hervás. Su llegada está muy ligada al porvenir de Borja, cuyo representante no da abasto recibiendo propuestas. Al de Villaverde lo quieren en muchos sitios, pero habrá que ver quién puede pagar el precio en el que el Córdoba lo ha tasado, que ronda los tres millones de euros. Si surge el comprador, Borja se irá y otro llegará.

Ése es el Córdoba que viene. Gente joven para un equipo que era un viejo prematuro y que ahora, porque llevaba tiempo ansiándolo y porque los resultados le han dado la razón, anda enfrascado en dar un giro a su imagen. Acostúmbrense a ver entradas y salidas. Hubo un tiempo en el que el sueño del Córdoba -y de todos- era conseguir lo que se llamaba un equipo de futuro: se reclutaba un plantel y se confiaba en que el grupo rindiera durante el mayor tiempo posible con los mínimos retoques. Algunos lo han logrado alguna vez. Es algo bonito y reconfortante. Una ensoñación romántica. Y una utopía en el caso del Córdoba, una entidad cuya garantía de supervivencia y crecimiento reside hoy en los ingresos que sea capaz de generar con traspasos de futbolistas.

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