Reyes y guerreros

Francisco Merino | 31 de agosto de 2011 a las 14:45

hermanos reyes

Está uno o está el otro. A veces, hasta los dos. Desde 1995 hasta el día de hoy, la selección española de baloncesto siempre ha contado con el apellido Reyes en sus convocatorias para las grandes citas. Alfonso es el hermano mayor (1971) y Felipe el pequeño (1980). Pese a los nueve años de diferencia, las trayectorias profesionales de ambos han coincidido durante muchas temporadas, ya que Alfonso decidió cerrar su carrera en las canchas en 2007. Felipe ahora es el capitán del Real Madrid, equipo en el que militó su hermano entre 2002 y 2004, y de blanco ha roto marcas de históricos como Fernando Romay o Arvydas Sabonis. Los dos se forjaron en la cantera del Estudiantes, en Madrid, donde se criaron tras nacer en Córdoba, tierra de su madre, Lola. Ella, junto a su padre, Alfonso (natural de la localidad jiennense de Canena), han sido habituales en las gradas de cualquier pabellón del mundo en el que sus hijos defendieran la camiseta de España. Hace pocos días falleció de forma repentina, víctima de un infarto, el patriarca de los Reyes. La noticia conmocionó a toda la expedición de la ÑBA, concentrada en Murcia, y los apoyos al jugador cordobés resultaron conmovedores. “Felipe es un guerrero dentro y fuera de la cancha. Él ya tiene la medalla de oro antes de empezar el torneo”, dijo Ricky Rubio, el niño-hombre que quiere irse a Minesotta guardando en su maleta una medalla que irá, seguro, con una dedicatoria especial a Felipe y a toda la familia Reyes, cuya contribución al despegue del básket patrio nunca estará bien pagada.

Tres Juegos Olímpicos, tres Mundiales y nueve Europeos han sido las escalas, en los últimos 16 años, de una línea de progresión de este deporte como jamás nadie hubiera imaginado. Ambos coincidieron con la roja en los Mundiales de Atenas 98 e Indianápolis 2002, en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y en los Europeos de Turquía 2001 y Suecia 2003. En unos certámenes, los primeros, Felipe era el hermano de Alfonso; en los posteriores, Alfonso era el hermano de Felipe. Fue un relevo fraternal perfecto: el mayor dominaba por carácter, tenacidad e inteligencia en la zona, mientras que el segundo añadió a esas cualidades genéticas una habilidad creciente para actuar con eficacia desde posiciones más lejanas al aro.

Sin que le faltara nunca una buena dosis de sangre cordobesa (162 partidos de Felipe, 140 de Alfonso), España se ha convertido en una potencia mundial en básket experimentando una explosión brutal, ligada a una generación extraordinaria de jugadores –los chicos que conquistaron el Mundial Júnior de 1999 en Portugal ante Estados Unidos- que, en su madurez, desplegaron su talento en los mejores equipos y despertaron la admiración de todo el país. De aquellos chavales, que pasaron a la historia como los Júniors de Oro, sólo quedan tres supervivientes en la formación que desde ayer pelea en Lituania por revalidar su hegemonía en el viejo continente. Son Pau Gasol, Juan Carlos Navarro y Felipe Reyes. La estrella, el mago y el guerrero.

Las notas de la jornada 2

Francisco Merino | 29 de agosto de 2011 a las 13:54

Sobresaliente: Javi Hervás.

Se ha ganado un sitio en el once titular del Córdoba y no parece estar dispuesto a regalarlo. El mediocentro canterano fue de los mejores ante el Almería. Se ofreció, puso temple, abarcó campo y aportó seguridad a sus compañeros. Es un futbolista cuya brillantez reside en su fiabilidad. Sus errores, todos ellos corregibles, no solapan la gran cantidad de decisiones acertadas que tomó. Su puesto es para tipos listos. Y él demuestra que lo es.
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Aprobado: La afición cordobesista.

Habrá menos socios que en las últimas temporadas -por razones perfectamente entendibles-, pero El Arcángel continúa siendo un recinto concurrido. Al menos, mucho más que la mayoría de los campos de la categoría. Después del desapego sentimental del último curso, con silencio sepulcral en la mayoría de los partidos y deserción progresiva de los parroquianos, se detectó el ansia por volver a identificarse con su equipo. El estilo de Paco Jémez, más osado y vistoso que el de Alcaraz, contribuyó a hacer que afloraran sonrisas.
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Suspenso: La LFP.

Por la prohibición del acceso a los estadios de las emisoras de radio. Sin carruseles, el fútbol pierde arraigo social. La Segunda División, herida ya de muerte, se tranformará en una competición clandestina. ¿Quién pagará por consumir algo que desconoce?
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YA TE DIGO…

“Me voy muy contento con el juego que ha hecho el equipo, con y sin balón, por la valentía y por las ganas contra un rival de los mejorcitos de la categoría. Creo que la gente se ha divertido bastante, que era una de las premisas”.

Paco Jémez, entrenador del Córdoba, sacando conclusiones optimistas del estreno liguero en El Arcángel ante el Almería.

Un título, una esperanza y un alivio

Francisco Merino | 28 de agosto de 2011 a las 22:29

No le han ido mal las cosas al Córdoba en el primer fin de semana serio. Es una manera de hablar, claro. Por lo de la seriedad, digo. Todos los días anteriores también lo fueron y seguramente eso ha tenido mucho que ver en la amplia sonrisa que lucen ahora los blanquiverdes, dentro del club y en su entorno, en este final de agosto. Para poder festejar hay que tomarse las cosas muy en serio, por más que haya habido momentos y episodios que parecían una broma pesada. A veces parece -porque hay algo más que indicios- que todo se viene abajo en el Córdoba CF, condenado a vivir en eterna construcción. Pero también hay instantes en los que se producen chispazos prometedores, pistas que incitan a pensar que a lo mejor esta vez sí sucede algo. En las últimas horas se ha producido una conjunción de fogonazos que han iluminado al Córdoba, un equipo -un club- que pelea por levantarse con casi todo en contra.

Primero llegaron los chicos del juvenil, que pese al relevo generacional han cogido la estela de sus antecesores. De momento, se entretuvieron en derrotar al Real Madrid (y 24 horas después también al Benfica, ya en Pozoblanco) en El Arcángel para conquistar el Trofeo Ciudad de los Califas. Es el primer título que entra en las vitrinas del club durante el mandato del nuevo presidente, Carlos González, que contempló desde el palco cómo dieron dentelladas los cachorros blanquiverdes. Es la cuarta vez que el Córdoba consigue la copa en 32 años de vida del torneo juvenil más señero de nuestro país. Hay que seguir la pista a estos chavales.

Los jugadores del Córdoba aplauden al público de El Arcángel.

Después llegó la cita grande, el reencuentro con la Liga, la visita de un ex Primera -con el once repleto de jugadores recién caídos de la élite- como el Almería, con Lucas Alcaraz al frente. El Córdoba casi ganó. El público se marchó más feliz que otra cosa y el técnico granadino bastante mosqueado por un penalti no pitado a favor de su equipo en el último suspiro. El regreso de Paco Jémez trajo alegría, que no es poca cosa para un graderío que el curso pasado vio cómo se despoblaban sus asientos a un ritmo dramático. No iban ni los socios. Se ha cambiado el tiovivo por una montaña rusa.

Y en la tarde de ayer, por fin, llegó a la ciudad el guardameta boliviano Carlos Erwin Arias, después de una rocambolesca historia de permisos, visitas al consulado, vuelos anulados y otros contratiempos que hicieron pensar a algunos que se podrían repetir episodios dantescos como el de Gabriel Roth, aquel argentino que un día se fichó -y se pagó- pero que jamás pisó Córdoba. Aún sigue jugando en el Rangers chileno y en su historial hablan de un pasado en El Arcángel que nadie vio. Qué cosas.

Belén, sólo tú

Francisco Merino | 8 de agosto de 2011 a las 19:36

Campeonato de España Absoluto de Atletismo

“Esta medalla me la dedico a mí, a mi persona, por el grandísimo esfuerzo que he tenido que hacer en solitario durante dos años sin entrenador. También para demostrarle a todo el mundo que Belén Recio tenía mucho que decir y que lo he demostrado con mis piernas, con mi esfuerzo y con una forma física que me ha acompañado durante los últimos seis meses, en los que me he visto viva de nuevo”.

Belén Recio, atleta cordobesa, tras conquistar el oro en 200 metros lisos en el Campeonato de España.

 
Belén Recio, junto al río Guadalquivir.Ya tienes un sitio en la historia del atletismo. Nadie ha sido cuatro veces campeona de España de 200 metros lisos. Sólo tú. Y tú sola. Lo recordaste en Málaga, gritando ante la grada al final de la carrera, victoriosa y enloquecida, con esa mezcla de alegría y rabia que produce la conquista del triunfo cuando en medio hay obstáculos. Los que se dan por supuestos y los que llegan sin avisar, como si fueran puñaladas en las piernas. “¡Yo sola!”, soltaste a pleno pulmón, sacando de las entrañas toda esa carga de tensión que amenazaba con explotar. Este fin de semana lo hizo del mejor modo posible.

La gacela de Ciudad Jardín  no se rinde. Belén Recio, que esta semana cumplirá 31 años, protagonizó en la pista malagueña una de las actuaciones más brillantes de su carrera en el doble hectómetro.Su crono de 23:52 es la mejor marca del año. Le sirvió para subir al cajón principal del podio, igual que hizo en 2005, 2006 y 2007. Es la primera española que alcanza cuatro entorchados nacionales en esa distancia. Ahí queda eso. Ahora le aguarda un puesto en la selección que acudirá a finales de este mes a los Campeonatos Mundiales en Daewo (Corea), para integrar el equipo de relevos 4×100. Será el premio final, un triunfo íntimo para aquella niña que corría como el viento por las calles de su barrio y que un día soñó con con hacer precisamente lo que ha hecho.

Javi Flores ya no está

Francisco Merino | 5 de agosto de 2011 a las 19:37

Fotos para la previa

Demasiado viejo para ser joven y demasiado joven para ser viejo. Más veloz de pensamiento que de piernas. Chico para todo o para nada. Por la banda o por el centro. Pivote o segundo punta. Con libertad de movimiento o especializado en dar equilibrio. A la selección o a la calle. Ovaciones y broncas, filias y fobias, presente o futuro, caro o barato… Inclasificable, controvertido y finalmente denostado por quienes le construyeron un altar. Javi Flores, 25 años y desde los ocho con la camiseta  blanquiverde enfundada, capitán y símbolo de una etapa turbulenta y fundamental en la historia del fútbol en la ciudad, ya tiene los dos pies fuera del Córdoba.

Desde su debut con el primer equipo –quizá desde mucho antes-, cargó con la etiqueta de estrella en ciernes. Pero ese cartel de eterna promesa caducó sin que él pudiera hacer nada para remediarlo. La plantilla que logró el último ascenso a Segunda en El Alcoraz en 2007 ya es historia. No queda ni uno. Javi Flores fue el primero en llegar y el último en irse. Y lo ha hecho de un modo que nadie, ni siquiera el más furibundo de sus críticos, podía haber imaginado.

“No me preguntéis mucho porque no quiero llorar”, dijo a los periodistas cuando salía de El Arcángel con su adiós certificado en un documento. Ya se marchó. Habrá muchos que desde ahora anden buscando en la plantilla del Córdoba algún destinatario de sus puyas cuando la realidad no se ajuste a las expectativas. Ocurre en muchos equipos. En el Madrid tenían a Guti, al que cargaban con el muerto cada vez que el asunto no funcionaba porque otros eran intocables. Era el genio de la casa que aparecía cuando le venía en gana, el tipo que con una virguería ponía en pie el estadio y luego desaparecía hasta la próxima. Flores fue una especie de Guti acordobesado, un chaval que hacía cosas tan buenas que era imposible pensar que no guardara algo más. Hubo cariño excesivo al principio y demasiada saña al final.

Lo que en el arranque de su trayectoria le dio alas terminó siendo una losa. La indulgencia de los aficionados derivó en reclamaciones –seguramente desmesuradas- para un futbolista lastrado por las lesiones y convertido, a menudo, en un problema para sus entrenadores. Incluirlo en el once o sacarlo de él era entendido por el cordobesismo como una declaración de intenciones. Él hizo lo que pudo o lo que le dejaron hacer, como todo el mundo. La última temporada fue una colección de paradojas, una metáfora de su historia imposible, con momentos de gloria y de pesadilla. Javi Flores se va, pero los aficionados seguirán mirando de reojo cualquier cosa que haga en otro club, otra ciudad y otras circunstancias. ¿Volverá algún día?

Copa Davis: lo que nos faltaba

Francisco Merino | 3 de agosto de 2011 a las 19:54

Spain's Nadal jumps over teammates after Davis Cup semi-final doubles tennis match in Torre Pacheco

Después de engrosar con dramática persistencia su colección de fracasos y decepciones, Córdoba acogió su designación como sede de las semifinales de la Copa Davis con una explosión de euforia tan excesiva como comprensible. “Desde Almanzor no habíamos ganado nada”, bromeó el alcalde, José Antonio Nieto, tras anunciar la noticia a los medios. La competencia de Santiago de Compostela, que también pretendía ser elegida para el torneo, se mantuvo hasta el último instante. De hecho, se especuló durante los últimos días con un triunfo final de la ciudad gallega. La sensación de abatimiento se multiplicó en los últimos días cuando las filtraciones llegaron a algunos medios. Pero, como a menudo sucede en el deporte, las victorias saben tanto mejor cuanto más cerca se ha visto la cara de la derrota. Esta vez los abrazos fueron cordobeses. Tras los fiascos de las candidaturas olímpicas de Madrid para 2012 (se fue a Londres) y 2016 (a Río de Janeiro), en las que Córdoba era subsede, y el traumático 28 de junio que significó el adiós a la Capitalidad Cultural, el desenlace de la votación en la Real Federación Española de Tenis (RFET) provocó una emoción especial.

El Coso de los Califas, habilitado para la ocasión como cancha de tenis -menuda polivalencia la de esta plaza de toros, que también es cine de verano, escenario de festivales musicales, concentraciones gastronómicas o mercadillo solidario-, recibirá en septiembre a las figuras de la Armada Española con Rafa Nadal al frente. La presencia de uno de los mejores deportistas nacionales de todos los tiempos -¿el mejor?- moverá pasiones y, sobre todo, dinero. Los hosteleros esbozan una justificada sonrisa ante el panorama que se avecina, con unas doce mil personas que llegarán a la ciudad para pernoctar durante tres días. Una bendición en tiempos de crisis.

Hasta ayer la Copa Davis era uno más en el cajón de los sueños, una posibilidad para colocar a la ciudad en el mapa y otorgarle proyección. Tras la elección, el impacto mediático fue inmediato y mundial. Córdoba ganó una opción para seguir ganando.

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Una Copa estimulante

Francisco Merino | 2 de agosto de 2011 a las 20:25

Los jugadores del Córdoba festejan su clasificación para octavos de final de la Copa 2011 tras eliminar al Racing de Santander.

El Córdoba necesita, entre otras muchas cosas, algunas especialmente urgentes: ingresos, notoriedad y promoción de sus talentos. Todo eso se lo puede proporcionar la Copa del Rey, una competición que últimamente le reporta reconfortantes satisfacciones y que hoy, en Las Rozas, vive su primer capítulo con el sorteo de las primeras eliminatorias. Hay mucho que ganar por delante.

En los dos últimos cursos, la Copa ha servido al cordobesismo para encontrar un poderoso vigorizante. En los estertores del verano del 2009, la eliminatoria contra el Real Betis significó un espaldarazo brutal al inicio del bienio Salinas-Alcaraz. Cuando la mayoría de los aficionados lloraban de miedo ante el inicio de la temporada ante la poco motivante visión de una plantilla reestructurada a fondo y sin los tradicionales fichajes de renombre, al equipo le dio por noquear en el Benito Villamarín (por entonces aún Ruiz de Lopera) al potente conjunto heliopolitano. Pepe Díaz y Javi Flores dejaron muda a la grada hispalense y el Córdoba se sintió fuerte. En los dos siguientes meses protagonizó el mejor arranque de su historia reciente en El Arcángel, con una cadena de victorias que le garantizó una interesante cosecha de puntos y el respeto de toda la división. Además, jugadores como el delantero de Almodóvar elevaron su estatus. Aquella noche en Sevilla homologó el proyecto y espantó muchos fantasmas.

En la pasada temporada, la Copa llevó al Córdoba al borde del delirio. Después de eliminar en la prórroga sucesivamente al Numancia, al Rayo Vallecano y al Racing de Santander (con un penalti en el último suspiro del tiempo suplementario marcado por Jorge Luque), el equipo blanquiverde rozó el pase a cuartos de final. Se cruzó con el Depor y estuvo soñando con ir más lejos hasta que una acción lamentable de Jonathan Sesma, que tocó con la mano en el descuento, llevó el partido a la prórroga y Valerón lideró la remontada gallega. El Córdoba consiguió emocionar a sus aficionados, hacer de escaparate para algunos jugadores (empezaron a sonar como futuribles para otros equipos), realizar unos notables apuntes en su historial como club y dejarse ver en los medios nacionales con el clásico cartel de matagigantes. Ganar la Copa también es eso.

CCF 11-12: ver para creer

Francisco Merino | 2 de agosto de 2011 a las 15:25

Paco Jémez, entrenador del Córdoba CF.

Seguramente al Córdoba le faltan a día de hoy muchas cosas, pero por lo que dejó ver en su presentación ante el Sevilla hay un ingrediente del que anda sobrado. Llámenlo orgullo si quieren revestir su análisis de un tono poético; recurran a otros términos que suenan peor pero significan lo mismo si les van las apelaciones a la masculinidad, con toda su simbología y excesos. El Córdoba peleó con coraje contra el que, estadísticas en mano, es el mejor equipo andaluz de todos los tiempos. Perdió con un resultado bastante feo y los profesionales, empezando por el técnico Paco Jémez, no escondieron que el desenlace del partido les escoció. No es mal síntoma ése. El equipo se enoja por ceder ante una formación de élite, repleta de internacionales y algún campeón del mundo, y los aficionados justifican lo ocurrido con argumentos de manual. ¿Se imaginan que es al revés? Mejor no. Ya se han vivido, y no hay que remontarse muy lejos en el tiempo, situaciones en las que se escuchaban excusas en el campo y silbidos en la grada. Ver a un Córdoba acordobesado -siete de la tierra en el once titular- encontrando el respaldo, una vez más, de sus incansables devotos resultó conmovedor. El Arcángel no es un sitio cualquiera. Aquí adoran a los rebeldes. Y este año no hay pocos.

El Córdoba de Paco, de Luna, de González y de todos los cordobesistas que siguen soñando con que algún día les va a tocar ser felices no está completo aún. Le faltan piezas, es evidente. Tanto como que le sobran ganas de hacer algo sonado. En una categoría como la Segunda División, que no tiene piedad con los pusilánimes, suelen resultar más eficaces los futbolistas que buscan su progreso que los que despachan sus últimas peonadas tras una carrera en sitios de más fuste. Los del primer tipo son mayoría en el Córdoba actual. Los del segundo formaban la base en la formación que adiestraba hace cuatro años el propio Paco Jémez, con el resultado conocido por todos. Éste es otro Córdoba. Ésta es otra época. El ex internacional cordobés se ha tomado el reto como una cuestión personal y ya ha demostrado ser de los que se crecen ante la adversidad. Pero el valor no basta en esta guerra. Se precisan, mejor pronto que tarde, unos refuerzos fundamentales: en la portería y en las tareas de organización en el mediocampo

Es probable que el CCF tenga que abordar uno de los cursos futbolísticos más complejos de su historia con carencias. Será un equipo imperfecto, como todos. Pero tener conciencia de los propios límites no lleva implícita una renuncia a la lucha por los mayores objetivos. Algunos se van a reír. Allá ellos. Parece mentira que a estas alturas de la película aún no nos hayamos dado cuenta de dónde estamos y de qué hay que hacer para que a uno, como mínimo, le respeten. Todo empieza en casa. Para que al Córdoba no le toquen la ilusión es primordial recuperar la sensación de fortaleza en El Arcángel, donde se va a cocer todo. Cada vez queda menos para la Liga y ahí, por fortuna, nadie tiene una delantera con Negredo y Jesús Navas.

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No retiréis las banderas

Francisco Merino | 28 de junio de 2011 a las 18:40

Fotografía impactante, que hable por sí sola y sea capaz de mostrar el apoyo Córdoba 2016 Capital Europea de la Cultura

Después de demasiado tiempo creyendo que ganar era no perder más, Córdoba gritó con rabia su frustración tras el injusto final de la carrera por la Capitalidad Cultural de 2016. ¿Y qué quiere decir eso? ¿Qué hemos perdido? Apuesten (y ganarán seguro) a que la gran mayoría de los que ayer salieron a las calles con la intención de festejar y abrazar a desconocidos después de la ansiada designación no tenían ni la más remota idea. Pero qué más da. Todos nos sentimos parte de un proyecto de ciudad, como jugadores importantes en un partido en el que todos participaban. Cada cual desde su lugar y con su función. Hemos sido un equipo. No se debe perder ese espíritu. Lo que hemos ganado vale mucho más que la etiqueta que ayer, de modo inesperado y altamente sospechoso, se nos arrebató. Ése es el mejor estímulo y punto de partida para afrontar lo que viene por delante. Que no es, ni más ni menos, que la penúltima puerta para que Córdoba abandone esa espiral decadente que le ha llevado a mostrar a menudo una imagen anquilosada, ensimismada en su singularidad pero incapaz de avanzar, siempre con una excusa a mano para justificar la inacción.

La Córdoba milenaria se ha comportado, con dramática frecuencia, como una eterna adolescente. Mis padres no me entienden, mis profesores me tienen manía, mis jefes me quieren hundir, mis representantes no me representan… Entre el no nos quieren y el no nos dejan, el camino ha llegado hasta aquí. Esto es lo que hay. Una ciudad a medio hacer, perdida en ideas y proyectos que se quedan dormidos o, en el peor de los casos, se utilizan como munición para guerras políticas chusqueras. Aquí se empiezan muchas cosas pero no se termina casi ninguna. Ya va siendo hora de que eso cambie.  Debe hacerlo. No hay mejor momento que ahora.

Se necesitan decisión, compromiso, sensatez y capacidad para consensuar, cualidades propias de la madurez. Si han hecho falta una bandera azul y un sueño compartido durante diez años para que algo se mueva en esta ciudad, bienvenidos sean. La pelea por la Capitalidad ha servido para inyectar orgullo a los cordobeses en unos tiempos duros, en los que la ciudad ha visto caer a muchos de sus pilares económicos y sociales de las últimas décadas. No hay estadística (de empleo, de renta… hasta las deportivas) en la que Córdoba no salga malparada. Nos podemos poner a llorar por lo perdido y a idolatrar un pasado que siempre nos parece mejor o, de una vez por todas, mirar de frente al futuro y perseguirlo con nuestras armas. Serán mejores o peores, pero son las nuestras. Y son buenas armas.

No viene mal recordar al mundo lo que Córdoba fue, pero es imprescindible desde ya demostrar lo que quiere ser y qué papel quiere jugar en el mundo de hoy. Hay un fin, un método y unas ganas inmensas. La senda está marcada. No hace falta que nadie venga a decirnos lo que ya debíamos saber. Ahora nos toca a nosotros. No retiréis las banderas. Seguimos.

“Paso a paso. No concibo ninguna otra manera para lograr las cosas”.

Michael Jordan

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Ilusiónate (y si lo consigues dime cómo)

Francisco Merino | 16 de junio de 2011 a las 19:11

carlos

La ilusión al aficionado, como el valor al soldado, es algo que se le supone. Pero todos sabemos (o debemos saber a estas alturas de la película) que eso es una mentira muy gorda. El consumidor de fútbol, y aún con más motivo en los tiempos que corren, necesita una buena razón para ilusionarse. Si no la encuentra tiende al pesimismo, a la depresión y al ritual de las tertulias en las que los profetas del desastre se encuentran a sus anchas. Y si hablamos del Córdoba, que lleva cuarenta años sin pisar la Primera División -como se ha encargado de recordar, no se sabe si intentando estimular o qué el nuevo dueño del club, Carlos González, en sus primeras entrevistas a fondo en los periódicos-, el asunto alcanza una dimensión muy particular. ¿Por qué se hace uno socio del Córdoba? ¿Cómo se mantiene la devoción por un club que despacha frustraciones al mismo ritmo que una fábrica de ordenadores taiwanesa? ¿Qué empuja a miles de ciudadanos a hacer cola en El Arcángel en pleno mes de agosto, a cincuenta grados a la sombra, para pagar un buen dinerito por un carné que da derecho a asistir, sentado donde sea menester, a las desventuras de un equipo que nunca termina de construirse?

La palabra clave ya se ha marcado. Ilusión. Nadie expone objetivos, para qué. Ilusión. El nuevo propietario y presidente, Carlos González, dice que todo lo irán marcando los resultados. Ilusión. Lo mismo han explicado Luna Eslava, el secretario técnico (nomenclatura que se queda corta para las numerosas atribuciones que el de Fernán Núñez asume), y Paco Jémez, el hombre apuesta de hace algo más de tres años que vuelve, más curtido (un ascenso a Segunda, una salvación en esta categoría, una destitución polémica… mucha vida ahí), al sitio donde empezó todo. Ilusión. Por una segunda oportunidad, por una carambola del fútbol, por el descubrimiento de algún chico con futuro en la cantera, por un proyecto acordobesado y realista, por conseguir que los medios le coloquen la etiqueta de “equipo revelación”, por la reconducción del complicado idilio entre un club y una afición que han tenido constantes desencuentros… Ilusión.

No es sencillo, no. Los que llegaron como figuras y los que ya estaban desempeñando ese papel se irán de aquí porque no hay dinero para pagarles. Quienes les sustituyan no llamarán mucho la atención. Seguramente usted se haya cruzado en los últimos días por la calle con alguno de los futbolistas que reforzarán el viejo sueño cordobesista de hacer ruido (positivamente, se entiende) en Segunda. Héroes anónimos para un desafío añejo. 

Este Córdoba de González y su armada cordobesa no ofrece ahora más que ilusión. “¿Quiere que diga que vamos a subir a Primera, a jugar la Champions y a ganarla? Si usted quiere, lo digo. Pero vender humo no es lo mío. No se trata de decir lo que la gente quiere oír”, asegura el recién llegado presidente. A realista no le van a ganar. El empresario tinerfeño no pone metas ni plazos. Se entiende que le han informado bien sobre cómo funciona en este sentido el microcosmos futbolístico cordobés, donde un titular periodístico tras una comparecencia en la sala de prensa se considera como una declaración jurada. Si uno dice que el objetivo es subir, el éxito o el fracaso, con todos los juicios mediáticos semanales, girará en función de la cercanía o la lejanía de ese listón. Si no hay baremo, sólo queda lo que queda. Ilusión.

El Córdoba se recompone y busca una identidad que casi nunca ha tratado de modelar mirándose por dentro, sino en el espejo de otros y siendo esclavo de las circunstancias. Unas veces tierra de oportunidades para imberbes, otras asilo para veteranos profesionales en el ocaso y, las más, refugio y paraíso de chavalotes que siguen creyendo que son tan buenos como alguien les dijo hace años (y casi nunca demostraron), el Córdoba se dispone a componer una nueva historia que vender a su descreída clientela. Vaticinar un duro panorama para el Córdoba no tiene ningún mérito. Es lo habitual. Y si las cosas son distintas será por sorpresa, casualidad o milagro. En el fútbol cualquier cosa es posible. Esa clásica muletilla es la razón principal por la que el cordobesismo, con la abnegación de siempre, desfilará hacia su desvencijado estadio con la esperanza de asistir a un episodio memorable. La esperanza en lo inaudito. De momento, no queda otra. Señores: Ilusiónense. Y si lo consiguen, díganme cómo.

Fotos: José Martínez .