¿Tú vas a ir?

Francisco Merino | 3 de mayo de 2011 a las 15:36

No hay más que echar un vistazo a los comentarios en los foros de medios y peñas para comprobar que al socio del Córdoba le ha sentado fatal la declaración del partido ante el Betis como medio día del club. ¿Alguien esperaba otra cosa? Seguramente tengan su razón quienes aguardaban que, en un hecho sin precedentes, el club renunciara a cobrar a sus abonados en el partido del año -se sabía desde agosto- como una especie de desagravio por el desafortunado balance liguero, especialmente en casa. Pero esto es un negocio. Puede haber sido éste uno de los campeonatos más ramplones de la historia reciente: faltaron resultados, juego y, lo peor, se escenificó el desafecto entre el CCF y su clientela. Si hasta los más implicados lo admiten

El caso es que el domingo habrá que pagar por ver. En el caso de los verdiblancos, por ver a una formación que va en marcha imperial hacia la Primera División. Hay locura en Sevilla por hacerse con una entrada. En la trinchera blanquiverde, por ver a un conjunto con casi todo dicho en esta Liga y que tiene, francamente, poco más que ofrecer que una estadística: ha venido ganando cada temporada en El Arcángel de modo sistemático a alguno de los equipos que terminó ascendiendo directamente. En la campaña pasada, los de Lucas Alcaraz firmaron una de sus actuaciones más memorables ante la Real Sociedad. En cursos anteriores, el equipo logró dejar marcados en el recuerdo de sus fieles triunfos ante el Málaga, el Zaragoza… Siempre fue capaz el Córdoba de apuntar un encuentro de referencia, de firmar una tarde inspirada con material recordable. ¿Y si va a ser éste? El Betis comparecerá como favorito y estará arropado por varios miles de seguidores. El Arcángel puede convertirse en una sucursal de Heliópolis, una visión que causa cierta congoja a los cordobesistas más románticos pero que producirá, seguro, un ramalazo de satisfacción a los señores de los despachos. Los más veteranos aún recuerdan un Córdoba-Villarreal, con facilidades para la invasión amarilla, que le costó el cargo al presidente Manuel Palma Marín. El dirigente cañetero, al que amenazaron con una silla, se fue del palco, del Córdoba y del mundo del fútbol, en el que un simple detalle puede transformarse en una bomba. El partido contra el Betis de Mel, que es el domingo por la mañana y televisado en directo, es a día de hoy la gran esperanza del club para conseguir una última inyección de dinero con el que hacer frente a las nóminas.

¿Cómo responderá al final el público cordobés? ¿Irá seducido por la calidad del Betis? ¿Arrimará el hombro en estos eternos tiempos duros para ayudar a los suyos? ¿Pasará de la queja del principio de semana al bufido final antes de ponerse en la cola de la taquilla? ¿Mirará para otro lado? Por raro que parezca, la campaña de abonados para la Liga 2011-12 está empezando precisamente ahora. El partido contra el Betis puede valer mucho. Porque un buen final puede arreglar el guión más disparatado.

La transición

Francisco Merino | 26 de abril de 2011 a las 19:13

Salinas se reúne con los jugadores del Córdoba.

“¿Cuánto hay que poner?”, solía decir un presidente del Córdoba, ahora metido en la carrera hacia la alcaldía, cuando había que planificar una temporada del equipo no hace tanto tiempo. Cada campaña, invariablemente, tenía como objetivo el ascenso a Primera. Como campeón, por supuesto. Y dando espectáculo. Luego, claro, las cosas no salían como se había previsto y entraban las prisas. El entrenador tenía una esperanza de vida de dos o tres meses (alguno duró dos partidos, en serio), el director deportivo sólo aguantaba un poco más, en el mercado de invierno saltaba la banca para traer una nueva remesa de presuntas figuras y el drama se instalaba en la entidad hasta que llegaba la clásica fiesta de fin de curso: riada de autobuses hasta donde fuera menester, salvación en la última jornada y festejos por doquier.

Qué tiempos aquéllos. No iban menos de diez mil espectadores a cada partido y se sufría cantidad, pero era divertido. Hasta hubo un descenso con catorce mil almas en la grada, llorando de emoción y aplaudiendo a rabiar a un equipo que perpetró uno de los campeonatos más decepcionantes de la historia del deporte: el club construyó una plantilla para subir a Primera en el año del cincuentenario de su fundación y terminó descendiendo a Segunda B. Se gastó para protagonizar aquel desastre mucho más de lo que invirtió el Getafe en subir a Primera. Los azulones siguen en la élite y ahora los ha comprado un grupo de jeques de Dubai. Quién los pillara.

La transición blanquiverde se acaba de consumar con la ratificación por parte del consejo de administración del Córdoba de la entrada en el concurso de acreedores. Del “¿cuánto hay que poner?” se ha pasado al “¿quién paga esto?”. José Miguel Salinas aseguró a los futbolistas que tienen garantizado el cobro del cien por cien de la deuda que el club mantiene con ellos antes del 30 de junio. “Tenemos que creerle”, dijo tras la esperada reunión -reclamada incluso con carteles de “se busca” en el vestuario- el capitán del grupo, David Pérez Arteaga, antaño un chaval comedido y jabonoso y últimamente, como otros muchos, bastante más beligerante. Quizá tuvo mucho que ver la reciente visita de los responsables de la AFE a los jugadores para recordarles, por si alguno no lo tenía claro, que no hay convenio firmado con la patronal y que están totalmente desamparados. No es fácil la vida del futbolista hoy en día. Como la de casi nadie que dependa de una nómina para que la olla de su casa no deje de hervir. El caso es que las sonrisas de Salinas contrastaban con los rostros pétreos de los profesionales del club, que apuran las últimas semanas de una extraña temporada con la irritante sensación de que todavía quedan cosas por suceder. Y puede que duelan.

La careta de Salinas

Francisco Merino | 20 de abril de 2011 a las 19:12

Que el Córdoba tiende de modo natural hacia el despropósito es un hecho comprobable en episodios como el de ayer. Lo que ocurrió durante la toma de la foto oficial de la plantilla fue una pantomima que, francamente, no hay por dónde agarrarla. El presidente José Miguel Salinas, al que se esperaba para el típico posado con los trajes del club, no se presentó en El Arcángel. Sus razones tendrá y, si le apetece, las explicará en público o en privado a quien tenga que hacerlo. No es ése el caso. “Es posible que esté buscando dinero para poder pagarles”, contaban ayer desde los despachos nobles de la entidad, donde no sentó demasiado bien la bromita de Alessandro Pierini.

Foto oficial de la plantilla del Cordoba C.F. con los trajes oficiales de Miguel PerisEl italiano, segundo de Lucas Alcaraz, apareció en el césped con una careta de Salinas y, ante las carcajadas generales, posó ante los fotógrafos saludando a jugadores y colocándose en medio de la formación delante de las cámaras. Los representantes de la firma Miguel Peris, que suministra los trajes para los profesionales del club, no sabían a dónde mirar. El italiano, una figura emblemática para el cordobesismo (ha sido varios años jugador y capitán del equipo, con el que vivió un descenso y un ascenso), se transformó ante la sorpresa general en un actor cómico de primer orden, a tenor del nivel de los aplausos y risotadas del personal. La bufonada, que se produce en medio de un panorama duro por los contínuos retrasos en el pago de las nóminas, adquiere un tinte tragicómico.

Foto oficial de la plantilla del Cordoba C.F. con los trajes oficiales de Miguel Peris¿Una improvisación? ¿Una estrategia? Quién sabe. La cuestión es que el papelito fue de los que hacen época. En el Córdoba, definitivamente, nunca se ha visto lo suficiente como para decir que se ha visto demasiado. El gag duró unos minutos, los suficientes para dejar claro el sentir de los profesionales hacia la figura de su presidente. Recordemos: era el día de la foto oficial y allí estaban todos los miembros del plantel y el cuadro técnico, además de una representación del periodismo local convocado al efecto y de los propios medios oficiales del club. Si en un escenario así el máximo rector del club fue objeto de mofa, no quiere uno ni pensar qué retrato pueden hacer de él en la intimidad de un vestuario o en otras estancias del bendito Arcángel, un recinto que siempre se las apaña para ser la casa de los líos.

Fotos: Álvaro Carmona.

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La leyenda de Mingorance

Francisco Merino | 19 de abril de 2011 a las 21:50

Sólo ha habido en toda la historia un futbolista que haya alcanzado la internacionalidad absoluta vistiendo la camiseta del Córdoba. Se llama José Mingorance Chimeno y nació hace 73 años en la localidad zamorana de Castro de Sanabria. Fue durante poco más de media hora, en el Santiago Bernabéu, con motivo de un partido amistoso frente a Escocia el 13 de junio de 1963. Aquel ensayo amable terminó convertido en una pesadilla: 2-6. La mayor derrota jamás sufrida por La Roja en suelo español. Mingorance salió como titular y actuaba de defensa central. España se adelantó con un gol de Adelardo, pero pronto vio cómo todo empezaba a torcerse de mala manera. Gol de Law (15′). Gol de Gibson (16′). Gol de McLintock (19′). Gol de Wilson (34′). Aquello era un infierno. Cuando el seleccionador, Pepe Villalonga, decidió sacar a Mingorance del campo el resultado era de 1-4. Una mala tarde la tiene cualquiera. Él la padeció en el momento más inoportuno. Aquel episodio le dejó señalado y jamás volvió a vestir la camiseta de la selección. Tampoco regresaron a ninguna lista Vicente Train y Carmelo Cedrún, los dos porteros que aquella funesta jornada se pusieron bajo los palos en un escenario en el que, paradojas de la vida, España conseguiría unos meses después el título de campeona de la Eurocopa 1964 ante Rusia. De ese éxito estuvo viviendo hasta que 44 años después Iker Casillas levantara el mismo título en Viena, en la Eurocopa 2008.

E:userspmerinoEscritoriomi10001.JPG¿Y quién era Mingorance? “El mejor defensa que jamás haya tenido el Córdoba”, dicen quienes le vieron jugar en la década de los sesenta, la edad de oro de los blanquiverdes en Primera. Idéntica concepción del zaguero zamorano tienen en Granada, donde su nombre adquiere tintes heróicos cuando los más veteranos rememoran la campaña 59-60. Allí, en Los Cármenes, debutó en la máxima categoría a los 21 años. Estuvo dos cursos en la capital nazarí, tres en el Córdoba y cuatro más en el Español, todos ellos en Primera División, antes de retornar al Córdoba para despedirse, ya en Segunda, con 33 años. Antes de decir adiós, colaboró en el último ascenso de los cordobesistas a la máxima categoría. Por cierto, con Mingorance como eje de la retaguardia, el Córdoba consiguió en la temporada 1964-65 un récord inigualable: sólo encajó dos goles en los quince partidos que disputó en casa. Un promedio de 0’13. Uno se lo marcó en propia puerta y el otro lo firmó Alfredo Di Stéfano. Para que se hagan ustedes una idea de quién era Mingorance.

El Córdoba y el Granada se enfrentan en Segunda División después de décadas sin cruzarse. Mucho más tiempo hace desde que se vieron entre los más grandes. El último partido de los blanquiverdes en la élite fue precisamente en Los Cármenes, en mayo de 1972. Córdoba y Granada, dos ciudades que tienen en su historia el principal estímulo para sobrevivir en tiempos difíciles, comparten el sueño de volver un día a figurar entre los mejores. Como cuando tenían en sus filas a Mingorance.

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Formación del Córdoba en Segunda División, con Mingorance (el tercero de la fila de arriba, con balón).

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La moto de Lucas

Francisco Merino | 18 de abril de 2011 a las 11:35

Como tantas otras veces, Lucas dio en la tecla. Dijo en las vísperas del último desplazamiento -y aún con los rescoldos del mazazo del Alcorcón humeantes- que el papel de los suyos era elogiable por las circunstancias tan especiales que se padecen este curso de crisis. “Si alguien quiere vender otra moto, que lo explique él”, apuntó. Su compromiso estaba en garantizar la permanencia en Segunda, para lo que sin duda es necesario correr como motos. Así ocurrió en la última jornada y el reto está cumplido. Juego solvente, goleada incontestable y a otra cosa.

No saca pecho, pero podría hacerlo con las estadísticas en la mano, como ya se vio hacer a otros entrenadores en este club con muchos menos méritos acumulados que el granadino. El partido en Villarreal no parecía trascendente, pero ha podido convertirse en el choque crucial de la temporada: el 0-3 deja la permanencia virtualmente sellada. Doce puntos de ventaja, con la propina del coeficiente particular, parecen una ventaja insalvable para ese cuarteto de zombies que cierran la tabla y que corren torpemente hacia la puerta de la salvación mientras se les caen los miembros.

La impresión es que ya está todo dicho, aunque los protagonistas se empeñen en convencer de que todavía pueden ocurrir cosas. Para bien o para mal. Nadie va a apuntar al play off de ascenso por temor a quedar señalado como un iluso. Tampoco se discutirá ya sobre las opciones blanquiverdes de despeñarse a la Segunda B, que son remotísimas. “La permanencia está encarrilada, pero no conseguida“, se apresuró a decir Lucas en la sala de prensa del estadio castellonense después de que los suyos destrozaran al filial amarillo, en plena caída libre. Ahora llegan tres derbis consecutivos que se afrontan sin dramatismo, con un ojo puesto en el campo y otro en las gradas. Después de cuadrar las cuentas en la clasificación toca dar oxígeno a la tesorería. Granada, Recre y Betis, con nazaríes y verdiblancos en El Arcángel, se cruzarán en el camino de un Córdoba que redefine sus objetivos, que ahora se resumen en dos: mejorar hasta donde pueda la clasificación de la campaña pasada y cobrar el sueldo. Sería un buen punto de partida para empezar una nueva carrera… hacia quién sabe dónde.

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Tanto cobro, tanto corro

Francisco Merino | 14 de abril de 2011 a las 18:13

Pocas cosas peores le pueden suceder a un club de fútbol que comprobar cómo se instala entre sus seguidores (con más o menos motivo, por convencimiento o por inducción) la sensación de que se han bajado los brazos o, peor, que se dosifican los esfuerzos en el campo en función de las circunstancias fuera de él. Para entendernos: que los jugadores no corren porque no cobran. Esa argumentación, tan vieja como el mismo fútbol, se ha venido escuchando en los últimos días en un sector significativo del cordobesismo. La pifia ante el Alcorcón sirvió para alimentar esa leyenda negra que acompaña al gremio de los peloteros. Se trata, en cualquier caso, de una versión más de un clásico local: el “no quieren subir”. Pepe Díaz admitió que sufrieron mucho con el trato que recibieron por parte del público al final del lamentable evento con el Alcorcón, que el delantero de Almodóvar contempló desde el graderío por estar sancionado: “Yo me quería morir, imagínate el que jugó…”.

El personal deserta de las gradas, se desconecta sentimentalmente de un equipo al que percibe como ajeno y se convierte en espectador escéptico y, sobre todo, frustrado. Los jugadores no cobran sus sueldos y pierden. Puede ser discutible, pero no es raro que muchos aficionados establezcan una conexión de causa-efecto entre ambos hechos. ¿Qué hay de verdad en esta percepción? Para Lucas Alcaraz, absolutamente nada.

entrenamiento

“Hace muchísimas temporadas que el Córdoba no tenía un vestuario tan profesional y tan honrado como éste”, dijo el técnico granadino, quien resaltó ante los periodistas que “con las circunstancias que existen en la entidad, el Córdoba tiene que salvarse; el que quiera vender otra moto es problema suyo y que lo explique él”. La cuestión es que el Córdoba está a nueve puntos del descenso, una distancia lo suficientemente amplia como para que el técnico muestre su perfil más equilibrado. Con la estadística en la mano, hace muchísimas temporadas que el Córdoba no estaba tan lejos de los puestos fatídicos a estas alturas. Pero el calendario que se avecina es intimidante y cualquier tropiezo puede afear la situación. Mejor no tentar a la suerte.

¿A qué jugamos?

Francisco Merino | 13 de abril de 2011 a las 18:09

Al Córdoba hubo un tiempo en que se le amontonaban los pretendientes, o al menos eso nos hicieron creer los encargados de sacar al escaparate este indefinible producto (no tiene patrimonio, sólo un sitio donde estar sin garantía de continuidad y el sueño de subir en el escalafón sin demasiados argumentos) que, pese a todo, provoca adicción. Dicen que las llamadas continúan. Que el Córdoba resulta, por algún incomprensible mecanismo sentimental, atractivo para gente de muchos rincones del mundo.

Ahora, después de anunciar oficialmente dos veces que cambiaba de manos para acabar tragándose el sapo, se tiene que conformar con vanas esperanzas como las gestiones de un ex consejero con un grupo de empresarios y agentes, los rescoldos de aquella opción árabe con la que tanto se especuló en invierno, el ingreso como amigo patrocinado en la órbita del Sevilla o los intentos de Víctor Vico, un tipo peculiar que ha movido su candidatura a través de las redes sociales y cuya aparición en varios programas locales de televisión y radio resulta tiernamente conmovedora. Dice que el grupo al que representa –él se define como representante de jugadores “por hobby”- puede asumir los 9 millones de euros de deuda del Córdoba y, además, pagar 2 o 3 más a Prasa graciosamente. Dice que tiene un acuerdo con José Romero, pero que en el club no le quieren ni ver.

¿Un freak? Puede, pero seguramente no más que otros tantos que han llamado a las puertas del Córdoba para examinar cuentas y salir en los periódicos contando milongas. Nadie sabe por dónde andan ahora Alessandro Gaucci o Víctor de Aldama, cuyos niveles de crédito (financiero y personal) quedaron a un nivel subterráneo. Lo de Vico tiene una pinta extraña. Es altamente improbable que este señor termine como presidente del Córdoba, pero sólo basta echar un vistazo atrás (no me obliguen, por favor, a dar nombres) para encontrar a algún rector cuyo discurso era muy similar al que ahora usa Vico para tratar de encandilar al vendedor y a una afición que asiste, atónita, a un episodio más de esa eterna película de desastres que es el Córdoba, una mezcla entre El coloso en llamas y Aterriza como puedas.