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No retiréis las banderas

Francisco Merino | 28 de junio de 2011 a las 18:40

Después de demasiado tiempo creyendo que ganar era no perder más, Córdoba gritó con rabia su frustración tras el injusto final de la carrera por la Capitalidad Cultural de 2016. ¿Y qué quiere decir eso? ¿Qué hemos perdido? Apuesten (y ganarán seguro) a que la gran mayoría de los que ayer salieron a las calles con la intención de festejar y abrazar a desconocidos después de la ansiada designación no tenían ni la más remota idea. Pero qué más da. Todos nos sentimos parte de un proyecto de ciudad, como jugadores importantes en un partido en el que todos participaban. Cada cual desde su lugar y con su función. Hemos sido un equipo. No se debe perder ese espíritu. Lo que hemos ganado vale mucho más que la etiqueta que ayer, de modo inesperado y altamente sospechoso, se nos arrebató. Ése es el mejor estímulo y punto de partida para afrontar lo que viene por delante. Que no es, ni más ni menos, que la penúltima puerta para que Córdoba abandone esa espiral decadente que le ha llevado a mostrar a menudo una imagen anquilosada, ensimismada en su singularidad pero incapaz de avanzar, siempre con una excusa a mano para justificar la inacción.

La Córdoba milenaria se ha comportado, con dramática frecuencia, como una eterna adolescente. Mis padres no me entienden, mis profesores me tienen manía, mis jefes me quieren hundir, mis representantes no me representan… Entre el no nos quieren y el no nos dejan, el camino ha llegado hasta aquí. Esto es lo que hay. Una ciudad a medio hacer, perdida en ideas y proyectos que se quedan dormidos o, en el peor de los casos, se utilizan como munición para guerras políticas chusqueras. Aquí se empiezan muchas cosas pero no se termina casi ninguna. Ya va siendo hora de que eso cambie.  Debe hacerlo. No hay mejor momento que ahora.

Se necesitan decisión, compromiso, sensatez y capacidad para consensuar, cualidades propias de la madurez. Si han hecho falta una bandera azul y un sueño compartido durante diez años para que algo se mueva en esta ciudad, bienvenidos sean. La pelea por la Capitalidad ha servido para inyectar orgullo a los cordobeses en unos tiempos duros, en los que la ciudad ha visto caer a muchos de sus pilares económicos y sociales de las últimas décadas. No hay estadística (de empleo, de renta… hasta las deportivas) en la que Córdoba no salga malparada. Nos podemos poner a llorar por lo perdido y a idolatrar un pasado que siempre nos parece mejor o, de una vez por todas, mirar de frente al futuro y perseguirlo con nuestras armas. Serán mejores o peores, pero son las nuestras. Y son buenas armas.

No viene mal recordar al mundo lo que Córdoba fue, pero es imprescindible desde ya demostrar lo que quiere ser y qué papel quiere jugar en el mundo de hoy. Hay un fin, un método y unas ganas inmensas. La senda está marcada. No hace falta que nadie venga a decirnos lo que ya debíamos saber. Ahora nos toca a nosotros. No retiréis las banderas. Seguimos.

“Paso a paso. No concibo ninguna otra manera para lograr las cosas”.

Michael Jordan

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Sólo dame un autobús

Francisco Merino | 10 de mayo de 2011 a las 19:24

La temporada no fue tan buena como se podía esperar. Tampoco la pasada. Ni las anteriores. No corren buenos tiempos en Córdoba para el baloncesto, cuyo máximo representante en la capital pelea a dentelladas en una liga menor -la EBA- que no despierta precisamente el entusiasmo del público. Se trata de un campeonato casi clandestino, desprovisto del glamour de la ACB y de la categoría inmediatamente inferior, la Adecco LEB, en la que en su día Córdoba fue alguien. Y alguien importante. Algunos de los jugadores que por entonces estaban más cerca que nunca de la élite siguen hoy al pie del cañón, rodeados por chavales que quieren dejarse ver y por honestos jornaleros de segunda fila. El BC2016 necesita dejarse ver y comenzar a enamorar, de nuevo, a una afición que huyó despavorida en su momento pero que aún guarda sentimientos ocultos. El amor no se rompió del todo. Pero, claro, para reavivar la llama tendrá que seducir. El curso les ha ido nada más que regular. Para un aprobado holgado. Sin embargo, el destino les ha concedido una última oportunidad para abrillantar el expediente y, sobre todo, lanzar un mensaje crucial: que están vivos y tienen ganas.

El Cajasol Córdoba 2016, heredero de aquel Juventud de Córdoba que defendió el pabellón cordobés en divisiones nacionales desde 1974, ha protagonizado en las últimas horas su mejor partido de la temporada. No le ha hecho falta ni agarrar el balón. Con un comunicado, su plantilla ha anunciado que está dispuesta a jugar las eliminatorias por el ascenso a la Adecco Plata, pese a que deportivamente (terminó en quinta posición) no logró el billete para hacerlo. Quienes le antecedieron en la clasificación (entre ellos el novato Movimientos y Nivelaciones de Puente Genil) han renunciado a su derecho por motivos de planificación deportiva y económicos, fundamentalmente. El club de la capital, aunque su rotunda denominación pudiera hacer pensar otra cosa (Córdoba, ya saben, es ciudad de paradojas), no tiene un euro. Los jugadores aún no han cobrado algunas mensualidades pero han dicho que sí, que ellos van a donde haga falta para tratar de subir en el escalafón. Lo harán gratis, por amor al arte. Sólo piden un autocar y unos bocadillos o pizzas que echarse a la boca. Lo demás lo ponen ellos.

El vehículo ya lo tienen. Ahora, con poco más de un par de sesiones de entrenamiento, afrontarán un cruce a doble partido con el reputado conjunto del Alfaz del Pi. Comienzan el sábado en el Palacio Municipal de Deportes Vista Alegre. Pase lo que pase, estos tipos ya han dado una lección. Podrán tener más o menos cualidades, más o menos acierto, más o menos suerte. Pero han demostrado orgullo, que es la gasolina de las grandes hazañas. ¿Lo lograrán?

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