Archivos para el tag ‘Carlos González’

¿De quién es el Córdoba?

Francisco Merino | 29 de septiembre de 2011 a las 10:09

Mientras sobre el escenario brilla el equipo, que se ha entretenido en destrozar los pronósticos agoreros para trazar su mejor arranque de Liga en décadas, detrás del cortinaje se dibuja un inquietante panorama con demasiados puntos oscuros. El Córdoba marcha bien sobre el césped, entre otras razones, por la fidelidad con que ejecuta el ideario de su entrenador. En los despachos, sin embargo, todo se complica. Después de la última reunión de los rectores del club con los administradores concursales, en la que se abordó el desfase entre las previsiones de ingresos realizadas hace unos meses y la realidad actual, la entidad se ve obligada a revisar a fondo su plan de viabilidad. Los números que había no sirven ya. Todo lo que podía salir mal lo hizo. Y todavía peor. Se perdieron socios, se cayeron las inversiones publicitarias, huyó el patrocinador principal… Se han bajado los gastos a la mitad y aún así no es suficiente. Habrá que hacer nuevos recortes y aumentar los ingresos, sea como sea. La sensación general es que el embrollo no tiene una solución simple.

El propietario y presidente, Carlos González, se ha preocupado en los últimos días de usar todos los altavoces posibles para mostrar la situación del club en toda su crudeza. Más allá de sus apariciones en los canales oficiales, el empresario tinerfeño decidió convocar a representantes de los principales medios de comunicación para explicar sus agrias sensaciones sobre la respuesta de la ciudad y sus instituciones al plan de llevar al Córdoba a un lugar mejor. A Primera, se entiende. Porque ahí sí habrá negocio y los beneficios serán para todos. No hay que mirar muy lejos para entenderlo. Ayer se difundió un informe de la Cámara de Comercio de Granada sobre el impacto económico en la ciudad tras el ascenso de los nazaríes: 28 millones de euros. En Segunda no sólo no hay beneficios, sino que las pérdidas se dan por entendidas y el dolor permanente para afrontar los pagos es el pan de cada día. Y esas calamidades deben ser afrontadas por todos. ¿Por todos? ¿Y cómo? ¿Y por qué? Las situaciones de crisis llevan a las preguntas trascendentales. El próximo invierno puede convertir al cordobesismo en un drama shakesperiano.
¿Y de quién es el Córdoba CF? Tradicionalmente, de un mecenas. Y, si nos ponemos románticos, de todos los cordobeses. Ahora ni hay un filántropo de cartera alegre ni hay lugar para el sentimentalismo. “Si el Córdoba es un proyecto de la ciudad, vamos a sentarnos todos en una mesa para ver cómo se puede hacer viable. Pero si el Córdoba es un asunto sólo de Carlos González, pues entonces yo actuaré como lo hago con mis empresas”, explica González, quien ha apuntado directamente al alcalde, José Antonio Nieto, en un acerado cruce de pareceres librado en el ruedo mediático. “No quiero que me den pescado, sino la caña para poder pescar”, aseguró en unas declaraciones difundidas por la web oficial blanquiverde. José Antonio Nieto se mantiene a la expectativa. “Nuestro límite es la legalidad”, dejó caer el primer edil, incómodo por la exposición pública del desencuentro. Sea en la intimidad de un despacho o en medio de una plaza, parece evidente que es necesario un contacto y también una respuesta clara. La que sea. Y a partir de ahí, actuar.

El Córdoba CF está en ebullición. Las negociaciones con Caja Rural para que la entidad financiera se convierta en patrocinador del club siguen en curso. También está en estudio el borrador del convenio de cesión de El Arcángel, un documento en el que el Córdoba pretende lograr derechos de explotación comercial de algunos espacios de la instalación, una posibilidad que está siendo analizada por los técnicos. Por supuesto, todos los jugadores más apetecibles del club están en el escaparate. Y el primero de todos, el brasileño Charles.

Así están las cosas por aquí. Criterios empresariales y proyecto de ciudad. Dos formas de verlo que deben encontrar un punto de unión más allá de los gestos.

Un título, una esperanza y un alivio

Francisco Merino | 28 de agosto de 2011 a las 22:29

No le han ido mal las cosas al Córdoba en el primer fin de semana serio. Es una manera de hablar, claro. Por lo de la seriedad, digo. Todos los días anteriores también lo fueron y seguramente eso ha tenido mucho que ver en la amplia sonrisa que lucen ahora los blanquiverdes, dentro del club y en su entorno, en este final de agosto. Para poder festejar hay que tomarse las cosas muy en serio, por más que haya habido momentos y episodios que parecían una broma pesada. A veces parece -porque hay algo más que indicios- que todo se viene abajo en el Córdoba CF, condenado a vivir en eterna construcción. Pero también hay instantes en los que se producen chispazos prometedores, pistas que incitan a pensar que a lo mejor esta vez sí sucede algo. En las últimas horas se ha producido una conjunción de fogonazos que han iluminado al Córdoba, un equipo -un club- que pelea por levantarse con casi todo en contra.

Primero llegaron los chicos del juvenil, que pese al relevo generacional han cogido la estela de sus antecesores. De momento, se entretuvieron en derrotar al Real Madrid (y 24 horas después también al Benfica, ya en Pozoblanco) en El Arcángel para conquistar el Trofeo Ciudad de los Califas. Es el primer título que entra en las vitrinas del club durante el mandato del nuevo presidente, Carlos González, que contempló desde el palco cómo dieron dentelladas los cachorros blanquiverdes. Es la cuarta vez que el Córdoba consigue la copa en 32 años de vida del torneo juvenil más señero de nuestro país. Hay que seguir la pista a estos chavales.

Los jugadores del Córdoba aplauden al público de El Arcángel.

Después llegó la cita grande, el reencuentro con la Liga, la visita de un ex Primera -con el once repleto de jugadores recién caídos de la élite- como el Almería, con Lucas Alcaraz al frente. El Córdoba casi ganó. El público se marchó más feliz que otra cosa y el técnico granadino bastante mosqueado por un penalti no pitado a favor de su equipo en el último suspiro. El regreso de Paco Jémez trajo alegría, que no es poca cosa para un graderío que el curso pasado vio cómo se despoblaban sus asientos a un ritmo dramático. No iban ni los socios. Se ha cambiado el tiovivo por una montaña rusa.

Y en la tarde de ayer, por fin, llegó a la ciudad el guardameta boliviano Carlos Erwin Arias, después de una rocambolesca historia de permisos, visitas al consulado, vuelos anulados y otros contratiempos que hicieron pensar a algunos que se podrían repetir episodios dantescos como el de Gabriel Roth, aquel argentino que un día se fichó -y se pagó- pero que jamás pisó Córdoba. Aún sigue jugando en el Rangers chileno y en su historial hablan de un pasado en El Arcángel que nadie vio. Qué cosas.

Ilusiónate (y si lo consigues dime cómo)

Francisco Merino | 16 de junio de 2011 a las 19:11

La ilusión al aficionado, como el valor al soldado, es algo que se le supone. Pero todos sabemos (o debemos saber a estas alturas de la película) que eso es una mentira muy gorda. El consumidor de fútbol, y aún con más motivo en los tiempos que corren, necesita una buena razón para ilusionarse. Si no la encuentra tiende al pesimismo, a la depresión y al ritual de las tertulias en las que los profetas del desastre se encuentran a sus anchas. Y si hablamos del Córdoba, que lleva cuarenta años sin pisar la Primera División -como se ha encargado de recordar, no se sabe si intentando estimular o qué el nuevo dueño del club, Carlos González, en sus primeras entrevistas a fondo en los periódicos-, el asunto alcanza una dimensión muy particular. ¿Por qué se hace uno socio del Córdoba? ¿Cómo se mantiene la devoción por un club que despacha frustraciones al mismo ritmo que una fábrica de ordenadores taiwanesa? ¿Qué empuja a miles de ciudadanos a hacer cola en El Arcángel en pleno mes de agosto, a cincuenta grados a la sombra, para pagar un buen dinerito por un carné que da derecho a asistir, sentado donde sea menester, a las desventuras de un equipo que nunca termina de construirse?

La palabra clave ya se ha marcado. Ilusión. Nadie expone objetivos, para qué. Ilusión. El nuevo propietario y presidente, Carlos González, dice que todo lo irán marcando los resultados. Ilusión. Lo mismo han explicado Luna Eslava, el secretario técnico (nomenclatura que se queda corta para las numerosas atribuciones que el de Fernán Núñez asume), y Paco Jémez, el hombre apuesta de hace algo más de tres años que vuelve, más curtido (un ascenso a Segunda, una salvación en esta categoría, una destitución polémica… mucha vida ahí), al sitio donde empezó todo. Ilusión. Por una segunda oportunidad, por una carambola del fútbol, por el descubrimiento de algún chico con futuro en la cantera, por un proyecto acordobesado y realista, por conseguir que los medios le coloquen la etiqueta de “equipo revelación”, por la reconducción del complicado idilio entre un club y una afición que han tenido constantes desencuentros… Ilusión.

No es sencillo, no. Los que llegaron como figuras y los que ya estaban desempeñando ese papel se irán de aquí porque no hay dinero para pagarles. Quienes les sustituyan no llamarán mucho la atención. Seguramente usted se haya cruzado en los últimos días por la calle con alguno de los futbolistas que reforzarán el viejo sueño cordobesista de hacer ruido (positivamente, se entiende) en Segunda. Héroes anónimos para un desafío añejo. 

Este Córdoba de González y su armada cordobesa no ofrece ahora más que ilusión. “¿Quiere que diga que vamos a subir a Primera, a jugar la Champions y a ganarla? Si usted quiere, lo digo. Pero vender humo no es lo mío. No se trata de decir lo que la gente quiere oír”, asegura el recién llegado presidente. A realista no le van a ganar. El empresario tinerfeño no pone metas ni plazos. Se entiende que le han informado bien sobre cómo funciona en este sentido el microcosmos futbolístico cordobés, donde un titular periodístico tras una comparecencia en la sala de prensa se considera como una declaración jurada. Si uno dice que el objetivo es subir, el éxito o el fracaso, con todos los juicios mediáticos semanales, girará en función de la cercanía o la lejanía de ese listón. Si no hay baremo, sólo queda lo que queda. Ilusión.

El Córdoba se recompone y busca una identidad que casi nunca ha tratado de modelar mirándose por dentro, sino en el espejo de otros y siendo esclavo de las circunstancias. Unas veces tierra de oportunidades para imberbes, otras asilo para veteranos profesionales en el ocaso y, las más, refugio y paraíso de chavalotes que siguen creyendo que son tan buenos como alguien les dijo hace años (y casi nunca demostraron), el Córdoba se dispone a componer una nueva historia que vender a su descreída clientela. Vaticinar un duro panorama para el Córdoba no tiene ningún mérito. Es lo habitual. Y si las cosas son distintas será por sorpresa, casualidad o milagro. En el fútbol cualquier cosa es posible. Esa clásica muletilla es la razón principal por la que el cordobesismo, con la abnegación de siempre, desfilará hacia su desvencijado estadio con la esperanza de asistir a un episodio memorable. La esperanza en lo inaudito. De momento, no queda otra. Señores: Ilusiónense. Y si lo consiguen, díganme cómo.

Fotos: José Martínez .