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Las notas de la jornada 34

Francisco Merino | 16 de abril de 2012 a las 13:31

Sobresaliente: Gaspar Gálvez

Con él como jefe de la zaga se vive mejor. Aporta colocación, jerarquía y una buena dosis de confianza a todos sus compañeros de línea. Ante el Sabadell estuvo en su línea de siempre, aunque ni siquiera él pudo evitar el atribulado desempeño de su compañero Ximo Navarro, acentuado por el esperpéntico criterio del canario Hernández Hernández al enseñar las amarillas. Ximo acabó expulsado en el minuto 55 y a Gaspar le tocó multiplicarse. El equipo no encajó.

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Notable: López Garai

Otro de los jugadores que hoy por hoy son imprescindibles para mantener los niveles del Córdoba en lo más alto. El de Barakaldo retornó al once después de cumplir su partido de sanción por amarillas -se le echó de menos en el Miniestadi de Barcelona- y su aportación se notó. Abarcó mucho campo y distribuyó con criterio, aunque le costó zafarse de la presión de los jugadores sabadellenses. Mostró su polivalencia ocupando el centro de la defensa después de la expulsión de Ximo y hasta la entrada de Alberto Aguilar.

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Aprobado: López Silva

El onubense no se esconde ni en las situaciones más complicadas. Al contrario. Ante el Sabadell, en un partido raro y espeso, fue de menos a más. Buscó las entradas por dentro y el último pase a los puntas, aunque recibió una vigilancia estrechísima, lindando lo ilegal.

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Suspenso: Javi Hervás

Es evidente que no anda en su mejor momento de forma. Paco Jémez volvió a sustituirle en el descanso después de que el canterano tuviera una actuación intrascendente. Nunca se encontró cómodo ni tuvo presencia. Recibió pitos por parte del público, que le exigía más. Tiene calidad futbolística y fortaleza mental para superar este bache. El Córdoba le necesita en su mejor versión ante lo que se avecina.

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YA TE DIGO…

“Los voy a levantar muy fácil: les voy a enseñar la clasificación y van a ver que siguen quintos. Se van a venir arriba echando leches”.

Paco Jémez, entrenador del Córdoba, tras el empate ante el Sabadell (0-0).

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Las notas de la jornada 33

Francisco Merino | 9 de abril de 2012 a las 10:59

Sobresaliente: Ximo Navarro

Aunque Deulofeu le cogió la espalda en la jugada que propició el 1-0, fue mejorando sus prestaciones y terminó siendo el líder de una retaguardia que sufrió mucho con la movilidad de los puntas azulgranas y las veloces entradas por las bandas. Cuando el Córdoba actuó con tres atrás, se desdobló y estuvo siempre al quite, atento y concentrado. Su disposición para hacer lo que haga falta es encomiable.

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Notable: López Silva

Hasta en sus peores tardes es una amenaza constante para el adversario. No fue el del Miniestadi uno de sus encuentros estelares, pero el onubense al menos mostró mucho interés en revisar su posición para ser más útil a un equipo, el suyo, que lo pasaba francamente mal. Por las bandas encontró más tapones y se dedicó a intentarlo por dentro, aunque sin demasiada fortuna ni apoyo.

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Aprobado: Pepe Díaz

Llevaba muchos partidos sin salir al campo y Paco Jémez lo sacó en los últimos minutos, en un desesperado intento por revolucionar un duelo que ya estaba demasiado cuesta arriba. El de Almodóvar no fue determinante para un cambio de resultado, pero sí mostró su talante de siempre: se dejó el alma peleando por todos los balones, provocó alguna falta y jugó como si fuera el minuto uno. Da todo lo que tiene en cualquier circunstancia.

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Suspenso: Javi Hervás

En un partido exigente, el canterano estuvo perdido. Sin el balón y sin determinación para pelear por la recuperación, Hervás fue un elemento intrascendente. Paco Jémez decidió dejarle en la caseta en el descanso para alinear a Fede Vico. Era un buen escaparate y la luz se le apagó.

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YA TE DIGO…

Ha sido problema de que hoy no estuvimos lúcidos con el balón en los pies, ni siquiera en saques de banda. Conté seis o siete en los que les dimos el balón a ellos. Tuvimos el día tonto y eso nos llevó a prácticamente no tener opciones de ganar”.

Paco Jémez, entrenador del Córdoba, tras la derrota ante el Barcelona B (2-0).

 

 

Las notas de la jornada 32

Francisco Merino | 2 de abril de 2012 a las 12:30

Sobresaliente: López Silva

Su capacidad para convertirse en una amenaza ofensiva contínua es brutal. Desgasta al adversario con su movilidad y lo aniquila psicológicamente con acciones como su gol ante el Hércules, el segundo para los blanquiverdes y el que dejó la sentencia prácticamente firmada. Su toque sutil, elevando la pelota al palo contrario en el que Falcón rumiaba su desgracia, resultó una auténtica delicia. El onubense llevaba un largo listado de disparos al poste o al larguero en este campeonato. Ante los albiazules se desquitó y firmó otro tanto para enmarcar.

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Notable: López Garai

Ha alcanzado un grado de trascendencia dentro del equipo que ratifica su historial. Conoce la categoría como pocos pero, sobre todo, tiene un nivel de comprensión del juego excepcional. No realiza un solo movimiento inútil, todas sus acciones tienen un sentido. Da equilibrio, reparte el balón con criterio, es polivalente y aporta personalidad y empaque. En partidos grandes se crece. Ante el Hércules ofreció una lección más de saber estar.

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Aprobado: Dubarbier

Rindió a buen nivel como lateral izquierdo, supliendo al lesionado Fuentes. El argentino se ha tomado su incorporación al Córdoba como la oportunidad para regenerar una carrera que se había estancado después de sufrir un descenso a Segunda B con el Tenerife y un doloroso ostracismo en el Lorient francés. Se le notan las ganas en cada acción. Se come la pelota y hace kilómetros por su banda. A veces va demasiado acelerado. Desborda bien, coloca balones y no desdeña el disparo a puerta desde lejos si ve el hueco.

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Suspenso: Tote

No anda en su mejor momento un futbolista que figura, por expediente y sueldo, entre las estrellas del Hércules y de toda la competición. En Córdoba apareció poco en ataque y apenas dejó muestras de su talento con la zurda. Eclipsado, perdido y muy incómodo, fue sustituido en la segunda parte por su entrenador Mandiá. Su decreciente nivel futbolístico y sus críticas al club que le paga le convierten en un candidato firme a coger la puerta de salida dentro de unos meses.

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YA TE DIGO…

“Ahora empieza lo bueno y los errores se pagarán carísimos, porque llega el tramo de la liga en el que se pone a los jugadores y a los equipos en su sitio. No hay piedad con los que fallan. Para ello veo al equipo muy entero y con confianza”.

Paco Jémez, entrenador del Córdoba, tras la victoria ante el Hércules (3-1).

 

El gol de López Silva

Francisco Merino | 21 de noviembre de 2011 a las 18:40

La foto lo dice todo. Se trata de una de las secuencias del tercer gol al Alcorcón del Córdoba, un equipo que definitivamente está entrando en una nueva dimensión igual que el balón pasa entre las piernas del rival burlado. López Silva y Agus frente a frente. No es difícil caer en la tentación de apreciar en esta jugada una fuerte carga simbólica. El presente contra el pasado, la chispa que surge para el deleite y la reflexión cuando se rozan las trayectorias divergentes de dos jugadores convertidos en la encarnación de dos estilos, de dos realidades de un Córdoba metido un torbellino regenerador de ilusiones y cuentas pendientes. El nuevo orden contra el antiguo régimen. 

A López Silva no le esperaban hordas de periodistas en la puerta del estadio el día que llegó al club. Entró de forma clandestina, junto a Caballero y Astrain, por una de las puertas traseras de El Arcángel en un caluroso mediodía de verano. Era el primer lote de fichajes del nuevo Córdoba, un paquete con dos jugadores que participaron en la frustrada tentativa de ascenso del Cádiz en Segunda B y otro que buscaba nuevos horizontes desde el filial de Osasuna. El club envió luego a los medios de comunicación una foto con los tres chavales posando sonrientes, todos en camiseta y bermudas. El mayor del trío era José María López de Silva Sánchez, un interior zurdo de 28 años que acababa de padecer tres cursos turbulentos con la camiseta del Cádiz, al que había llegado después de recorrer España ganándose el jornal en plazas como Linares, Burgos, Alcalá y Orihuela. No levantó olas de entusiasmo la llegada de aquel chico onubense que tuvo sus principios en la cantera del Real Madrid

De allí precisamente llegó Agustín García Íñiguez en verano del 2009. A él si le esperaban las cámaras y una gran representación de la directiva, encabezada entonces por José Miguel Salinas. Muchos aficionados habían podido verle en imágenes de televisión o en las fotos de los periódicos al lado de Mourinho, Cristiano Ronaldo o Casillas, realizando la pretemporada con el primer equipo blanco. Sólo con eso bastaba para activar el resorte de la ilusión en el cordobesismo, habituado a celebrar como si fueran títulos las agónicas salvaciones de cada año. Agus era tan bueno, o eso parecía, que el Real Madrid lo quiso repescar cuando ya había sido presentado con la blanquiverde. Lo iban a mandar al Salzburgo austriaco. Después de una negociación de corte estrambótico, el Córdoba consiguió que el central permaneciera en la entidad con un contrato de tres años en el que se especificaba que compartía los derechos del jugador en caso de un posible traspaso. El zaguero de Bonete empezó bien, siguió regular y terminó fatal. Terminó viendo los partidos del Córdoba sentado en la grada. Este verano se acordó con él su marcha por no poder soportar el club, en concurso de acreedores, sus elevados honorarios. Y el Real Madrid sigue siendo uno de los grandes acreedores del Córdoba, que aún debe a los blancos el medio millón de euros pactado en su día.

Miren la imagen. Uno muestra determinación en su gesto, perfilado para ejecutar la acción definitiva de un partido soberbio. El otro gira el cuello mientras cae a plomo, desesperado y resignado ante el engaño de su adversario y la inminencia de un desenlace inapelable. López Silva, un tipo de estampa liviana, uno de esos estilistas que soportan la etiqueta de la intermitencia, parecía patinar sobre el barro. Agus, un central de los de toda la vida, fornido y contundente, es incapaz de mantener la verticalidad ante la impetuosa irrupción de un jugador que ya iba más que decidido a plasmar su idea. Un balón rebañado con fe, una carrera directa hacia el lugar donde se cuece todo sobre un piso gastado y con los músculos lastrados por el esfuerzo, un caño en carrera sobre el marcador que se interpone en el camino, una picada por encima del portero y el delirio en el estadio.

Los aficionados silbaron desde el comienzo a Agus. No se trataba de herir al chaval, que no es más que un profesional que va donde le llaman y cobra -o trata de hacerlo- lo que libremente se firma en el contrato. Los cordobesistas no podían evitar ver en él el reflejo de otra época, otros modos y otras expectativas. Por eso todo el mundo enloqueció en el estadio con el gol de López Silva.