Archivos para el tag ‘Luna Eslava’

Balsas y el aplauso final

Francisco Merino | 9 de febrero de 2012 a las 18:02

A veces el fútbol depara momentos extraños, que sólo pueden entenderse dentro de la complejidad que encierra un deporte cuya apariencia simple es sólo una mentira más. En el día de su adiós oficial Sebastián Balsas escuchó con emoción un aplauso sentido de sus compañeros en la sala de prensa. Es seguramente la mayor ovación que ha recibido el uruguayo en su periplo en el Córdoba, donde ha logrado tanto aprecio entre su entorno más cercano como desapego por la parte de la afición -toda, salvo puntualísimas excepciones- que no tuvo el placer de conocerlo.

Balsas solamente jugó unos ratitos, bastante intrascendentes, antes de acudir al despacho de Luna Eslava con una oferta debajo del brazo para marcharse en este mercado invernal. El club no le insistió para que se quedara y el futbolista tampoco regateó mucho para ponerlo fácil. Todo estaba muy claro. El Córdoba y Balsas no han cuajado, no han encontrado feeling. Nadie lo hizo mal. La culpa fue compartida. El chico puso en el césped todo lo que sabe hacer y Paco Jémez entendió pronto –a tenor de las convocatorias, claro- que la historia tenía poco recorrido. El Torero no era el hombre y punto. Para qué darle más vueltas. El entrenador cordobesista desgranó las virtudes humanas de un jugador que ha dejado huella en el vestuario. Jugó más en la caseta que fuera de ella y marcó otro tipo de goles, que también valen.

La imagen de los jugadores cordobesistas arropando a un conmovido Balsas refleja la singularidad de este Córdoba actual, en el que no hay ni divos ni apestados. En otro tiempo, el ariete uruguayo hubiera tenido que escapar del estadio como un forajido, esquivando las balas de las críticas por la odiosa comparación entre su caché y su rendimiento. Ahora el Córdoba ha encontrado el secreto de la perfecta comunión del grupo: los que se van lo hacen entre agasajos y los que llegan no son percibidos como una amenaza para el resto. Balsas no llegó ni a completar noventa minutos de juego oficial con la blanquiverde. Sólo se estrenó en un par de amistosos de pretemporada, cuando aún se le veía como un mesías para la vanguardia. Fue un buen inicio para una aventura que ha tenido un final inesperado. Él se marcha a Argentina y aquí se quedan sus compañeros peleando por un desafío del que a él le corresponde una parte. Siempre hizo lo que le pidieron y dio lo mejor de sí, ya fuera sobre el verde o animando en un perol. Puede que los buenos resultados no conviertan en buena a la gente, pero son el mejor inhibidor de las críticas a toro pasado. Balsas y el Córdoba se dieron el último capotazo con cariño. Quedan como amigos.

CCF 11-12: ver para creer

Francisco Merino | 2 de agosto de 2011 a las 15:25

Paco Jémez, entrenador del Córdoba CF.

Seguramente al Córdoba le faltan a día de hoy muchas cosas, pero por lo que dejó ver en su presentación ante el Sevilla hay un ingrediente del que anda sobrado. Llámenlo orgullo si quieren revestir su análisis de un tono poético; recurran a otros términos que suenan peor pero significan lo mismo si les van las apelaciones a la masculinidad, con toda su simbología y excesos. El Córdoba peleó con coraje contra el que, estadísticas en mano, es el mejor equipo andaluz de todos los tiempos. Perdió con un resultado bastante feo y los profesionales, empezando por el técnico Paco Jémez, no escondieron que el desenlace del partido les escoció. No es mal síntoma ése. El equipo se enoja por ceder ante una formación de élite, repleta de internacionales y algún campeón del mundo, y los aficionados justifican lo ocurrido con argumentos de manual. ¿Se imaginan que es al revés? Mejor no. Ya se han vivido, y no hay que remontarse muy lejos en el tiempo, situaciones en las que se escuchaban excusas en el campo y silbidos en la grada. Ver a un Córdoba acordobesado -siete de la tierra en el once titular- encontrando el respaldo, una vez más, de sus incansables devotos resultó conmovedor. El Arcángel no es un sitio cualquiera. Aquí adoran a los rebeldes. Y este año no hay pocos.

El Córdoba de Paco, de Luna, de González y de todos los cordobesistas que siguen soñando con que algún día les va a tocar ser felices no está completo aún. Le faltan piezas, es evidente. Tanto como que le sobran ganas de hacer algo sonado. En una categoría como la Segunda División, que no tiene piedad con los pusilánimes, suelen resultar más eficaces los futbolistas que buscan su progreso que los que despachan sus últimas peonadas tras una carrera en sitios de más fuste. Los del primer tipo son mayoría en el Córdoba actual. Los del segundo formaban la base en la formación que adiestraba hace cuatro años el propio Paco Jémez, con el resultado conocido por todos. Éste es otro Córdoba. Ésta es otra época. El ex internacional cordobés se ha tomado el reto como una cuestión personal y ya ha demostrado ser de los que se crecen ante la adversidad. Pero el valor no basta en esta guerra. Se precisan, mejor pronto que tarde, unos refuerzos fundamentales: en la portería y en las tareas de organización en el mediocampo

Es probable que el CCF tenga que abordar uno de los cursos futbolísticos más complejos de su historia con carencias. Será un equipo imperfecto, como todos. Pero tener conciencia de los propios límites no lleva implícita una renuncia a la lucha por los mayores objetivos. Algunos se van a reír. Allá ellos. Parece mentira que a estas alturas de la película aún no nos hayamos dado cuenta de dónde estamos y de qué hay que hacer para que a uno, como mínimo, le respeten. Todo empieza en casa. Para que al Córdoba no le toquen la ilusión es primordial recuperar la sensación de fortaleza en El Arcángel, donde se va a cocer todo. Cada vez queda menos para la Liga y ahí, por fortuna, nadie tiene una delantera con Negredo y Jesús Navas.

Etiquetas: , ,

Ilusiónate (y si lo consigues dime cómo)

Francisco Merino | 16 de junio de 2011 a las 19:11

La ilusión al aficionado, como el valor al soldado, es algo que se le supone. Pero todos sabemos (o debemos saber a estas alturas de la película) que eso es una mentira muy gorda. El consumidor de fútbol, y aún con más motivo en los tiempos que corren, necesita una buena razón para ilusionarse. Si no la encuentra tiende al pesimismo, a la depresión y al ritual de las tertulias en las que los profetas del desastre se encuentran a sus anchas. Y si hablamos del Córdoba, que lleva cuarenta años sin pisar la Primera División -como se ha encargado de recordar, no se sabe si intentando estimular o qué el nuevo dueño del club, Carlos González, en sus primeras entrevistas a fondo en los periódicos-, el asunto alcanza una dimensión muy particular. ¿Por qué se hace uno socio del Córdoba? ¿Cómo se mantiene la devoción por un club que despacha frustraciones al mismo ritmo que una fábrica de ordenadores taiwanesa? ¿Qué empuja a miles de ciudadanos a hacer cola en El Arcángel en pleno mes de agosto, a cincuenta grados a la sombra, para pagar un buen dinerito por un carné que da derecho a asistir, sentado donde sea menester, a las desventuras de un equipo que nunca termina de construirse?

La palabra clave ya se ha marcado. Ilusión. Nadie expone objetivos, para qué. Ilusión. El nuevo propietario y presidente, Carlos González, dice que todo lo irán marcando los resultados. Ilusión. Lo mismo han explicado Luna Eslava, el secretario técnico (nomenclatura que se queda corta para las numerosas atribuciones que el de Fernán Núñez asume), y Paco Jémez, el hombre apuesta de hace algo más de tres años que vuelve, más curtido (un ascenso a Segunda, una salvación en esta categoría, una destitución polémica… mucha vida ahí), al sitio donde empezó todo. Ilusión. Por una segunda oportunidad, por una carambola del fútbol, por el descubrimiento de algún chico con futuro en la cantera, por un proyecto acordobesado y realista, por conseguir que los medios le coloquen la etiqueta de “equipo revelación”, por la reconducción del complicado idilio entre un club y una afición que han tenido constantes desencuentros… Ilusión.

No es sencillo, no. Los que llegaron como figuras y los que ya estaban desempeñando ese papel se irán de aquí porque no hay dinero para pagarles. Quienes les sustituyan no llamarán mucho la atención. Seguramente usted se haya cruzado en los últimos días por la calle con alguno de los futbolistas que reforzarán el viejo sueño cordobesista de hacer ruido (positivamente, se entiende) en Segunda. Héroes anónimos para un desafío añejo. 

Este Córdoba de González y su armada cordobesa no ofrece ahora más que ilusión. “¿Quiere que diga que vamos a subir a Primera, a jugar la Champions y a ganarla? Si usted quiere, lo digo. Pero vender humo no es lo mío. No se trata de decir lo que la gente quiere oír”, asegura el recién llegado presidente. A realista no le van a ganar. El empresario tinerfeño no pone metas ni plazos. Se entiende que le han informado bien sobre cómo funciona en este sentido el microcosmos futbolístico cordobés, donde un titular periodístico tras una comparecencia en la sala de prensa se considera como una declaración jurada. Si uno dice que el objetivo es subir, el éxito o el fracaso, con todos los juicios mediáticos semanales, girará en función de la cercanía o la lejanía de ese listón. Si no hay baremo, sólo queda lo que queda. Ilusión.

El Córdoba se recompone y busca una identidad que casi nunca ha tratado de modelar mirándose por dentro, sino en el espejo de otros y siendo esclavo de las circunstancias. Unas veces tierra de oportunidades para imberbes, otras asilo para veteranos profesionales en el ocaso y, las más, refugio y paraíso de chavalotes que siguen creyendo que son tan buenos como alguien les dijo hace años (y casi nunca demostraron), el Córdoba se dispone a componer una nueva historia que vender a su descreída clientela. Vaticinar un duro panorama para el Córdoba no tiene ningún mérito. Es lo habitual. Y si las cosas son distintas será por sorpresa, casualidad o milagro. En el fútbol cualquier cosa es posible. Esa clásica muletilla es la razón principal por la que el cordobesismo, con la abnegación de siempre, desfilará hacia su desvencijado estadio con la esperanza de asistir a un episodio memorable. La esperanza en lo inaudito. De momento, no queda otra. Señores: Ilusiónense. Y si lo consiguen, díganme cómo.

Fotos: José Martínez .