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El gol de López Silva

Francisco Merino | 21 de noviembre de 2011 a las 18:40

La foto lo dice todo. Se trata de una de las secuencias del tercer gol al Alcorcón del Córdoba, un equipo que definitivamente está entrando en una nueva dimensión igual que el balón pasa entre las piernas del rival burlado. López Silva y Agus frente a frente. No es difícil caer en la tentación de apreciar en esta jugada una fuerte carga simbólica. El presente contra el pasado, la chispa que surge para el deleite y la reflexión cuando se rozan las trayectorias divergentes de dos jugadores convertidos en la encarnación de dos estilos, de dos realidades de un Córdoba metido un torbellino regenerador de ilusiones y cuentas pendientes. El nuevo orden contra el antiguo régimen. 

A López Silva no le esperaban hordas de periodistas en la puerta del estadio el día que llegó al club. Entró de forma clandestina, junto a Caballero y Astrain, por una de las puertas traseras de El Arcángel en un caluroso mediodía de verano. Era el primer lote de fichajes del nuevo Córdoba, un paquete con dos jugadores que participaron en la frustrada tentativa de ascenso del Cádiz en Segunda B y otro que buscaba nuevos horizontes desde el filial de Osasuna. El club envió luego a los medios de comunicación una foto con los tres chavales posando sonrientes, todos en camiseta y bermudas. El mayor del trío era José María López de Silva Sánchez, un interior zurdo de 28 años que acababa de padecer tres cursos turbulentos con la camiseta del Cádiz, al que había llegado después de recorrer España ganándose el jornal en plazas como Linares, Burgos, Alcalá y Orihuela. No levantó olas de entusiasmo la llegada de aquel chico onubense que tuvo sus principios en la cantera del Real Madrid

De allí precisamente llegó Agustín García Íñiguez en verano del 2009. A él si le esperaban las cámaras y una gran representación de la directiva, encabezada entonces por José Miguel Salinas. Muchos aficionados habían podido verle en imágenes de televisión o en las fotos de los periódicos al lado de Mourinho, Cristiano Ronaldo o Casillas, realizando la pretemporada con el primer equipo blanco. Sólo con eso bastaba para activar el resorte de la ilusión en el cordobesismo, habituado a celebrar como si fueran títulos las agónicas salvaciones de cada año. Agus era tan bueno, o eso parecía, que el Real Madrid lo quiso repescar cuando ya había sido presentado con la blanquiverde. Lo iban a mandar al Salzburgo austriaco. Después de una negociación de corte estrambótico, el Córdoba consiguió que el central permaneciera en la entidad con un contrato de tres años en el que se especificaba que compartía los derechos del jugador en caso de un posible traspaso. El zaguero de Bonete empezó bien, siguió regular y terminó fatal. Terminó viendo los partidos del Córdoba sentado en la grada. Este verano se acordó con él su marcha por no poder soportar el club, en concurso de acreedores, sus elevados honorarios. Y el Real Madrid sigue siendo uno de los grandes acreedores del Córdoba, que aún debe a los blancos el medio millón de euros pactado en su día.

Miren la imagen. Uno muestra determinación en su gesto, perfilado para ejecutar la acción definitiva de un partido soberbio. El otro gira el cuello mientras cae a plomo, desesperado y resignado ante el engaño de su adversario y la inminencia de un desenlace inapelable. López Silva, un tipo de estampa liviana, uno de esos estilistas que soportan la etiqueta de la intermitencia, parecía patinar sobre el barro. Agus, un central de los de toda la vida, fornido y contundente, es incapaz de mantener la verticalidad ante la impetuosa irrupción de un jugador que ya iba más que decidido a plasmar su idea. Un balón rebañado con fe, una carrera directa hacia el lugar donde se cuece todo sobre un piso gastado y con los músculos lastrados por el esfuerzo, un caño en carrera sobre el marcador que se interpone en el camino, una picada por encima del portero y el delirio en el estadio.

Los aficionados silbaron desde el comienzo a Agus. No se trataba de herir al chaval, que no es más que un profesional que va donde le llaman y cobra -o trata de hacerlo- lo que libremente se firma en el contrato. Los cordobesistas no podían evitar ver en él el reflejo de otra época, otros modos y otras expectativas. Por eso todo el mundo enloqueció en el estadio con el gol de López Silva.

Una Copa estimulante

Francisco Merino | 2 de agosto de 2011 a las 20:25

El Córdoba necesita, entre otras muchas cosas, algunas especialmente urgentes: ingresos, notoriedad y promoción de sus talentos. Todo eso se lo puede proporcionar la Copa del Rey, una competición que últimamente le reporta reconfortantes satisfacciones y que hoy, en Las Rozas, vive su primer capítulo con el sorteo de las primeras eliminatorias. Hay mucho que ganar por delante.

En los dos últimos cursos, la Copa ha servido al cordobesismo para encontrar un poderoso vigorizante. En los estertores del verano del 2009, la eliminatoria contra el Real Betis significó un espaldarazo brutal al inicio del bienio Salinas-Alcaraz. Cuando la mayoría de los aficionados lloraban de miedo ante el inicio de la temporada ante la poco motivante visión de una plantilla reestructurada a fondo y sin los tradicionales fichajes de renombre, al equipo le dio por noquear en el Benito Villamarín (por entonces aún Ruiz de Lopera) al potente conjunto heliopolitano. Pepe Díaz y Javi Flores dejaron muda a la grada hispalense y el Córdoba se sintió fuerte. En los dos siguientes meses protagonizó el mejor arranque de su historia reciente en El Arcángel, con una cadena de victorias que le garantizó una interesante cosecha de puntos y el respeto de toda la división. Además, jugadores como el delantero de Almodóvar elevaron su estatus. Aquella noche en Sevilla homologó el proyecto y espantó muchos fantasmas.

En la pasada temporada, la Copa llevó al Córdoba al borde del delirio. Después de eliminar en la prórroga sucesivamente al Numancia, al Rayo Vallecano y al Racing de Santander (con un penalti en el último suspiro del tiempo suplementario marcado por Jorge Luque), el equipo blanquiverde rozó el pase a cuartos de final. Se cruzó con el Depor y estuvo soñando con ir más lejos hasta que una acción lamentable de Jonathan Sesma, que tocó con la mano en el descuento, llevó el partido a la prórroga y Valerón lideró la remontada gallega. El Córdoba consiguió emocionar a sus aficionados, hacer de escaparate para algunos jugadores (empezaron a sonar como futuribles para otros equipos), realizar unos notables apuntes en su historial como club y dejarse ver en los medios nacionales con el clásico cartel de matagigantes. Ganar la Copa también es eso.

Doce meses, doce frases

Francisco Merino | 6 de junio de 2011 a las 21:09

Las virtudes de José Miguel Salinas para dibujar con su poder de oratoria escenarios ilusionantes ante la opinión pública quedaron pronto expuestas en el Córdoba CF. Un aire de modernidad, tras la etapa del octogenario Rafael Campanero, impregnó su acceso en verano de 2009 a un cargo muy inestable (nueve inquilinos en los últimos 15 años) y desde el que trató, sin demasiada fortuna, de enganchar sentimentalmente a una afición que terminó hastiada. En dos años de gestión el equipo logró el hito de su mejor clasificación en los últimos 40 años (un décimo puesto, con 55 puntos sumados y una salvación matemática en la penúltima jornada) y su entrenador fetiche, Lucas Alcaraz, ha sido el cuarto de la historia en ocupar el banquillo durante dos temporadas consecutivas en la entidad sin ser cesado y el primero en longevidad en el puesto sin un ascenso de por medio. El abogado y economista malagueño llegó al club simultáneamente con el técnico granadino y ha anunciado su adiós dos días después que él. El tiempo y la perspectiva que otorga juzgarán su labor. “Será una evaluación positiva”, dijo convencido ayer Salinas en la hora de su adiós. En el último curso, uno de los más complejos en los 57 años de vida del Córdoba, dejó frases con marca de la casa.

15 de junio de 2010

“Lógicamente, con este formato aspiramos a pelear por el play off”. Con una plantilla mejorada en teoría y el cambio de reglas en la categoría, el presidente lanzó un reto más ambicioso que en la Liga anterior. A los responsables de la parcela deportiva no les gustó demasiado. A los seguidores les inyectó ilusión.

4 de julio de 2010

“Queremos dar el salto en todas las parcelas, y para eso necesitamos once mil abonados”. Ante el renovado reto, incitó a los seguidores a abonarse al club. Su llamada no tuvo el efecto deseado. Una pretemporada poco lucida tampoco ayudó demasiado. El club no llegó ni a los diez mil.

21 de noviembre de 2010

“Lo digo con toda sinceridad, el comportamiento del público me ha parecido miserable, porque desde los primeros minutos han ido a por él, así que quien hace eso muy cordobesista no puede ser aunque se lo crea; me parece que eso no es así. Es una actitud cobarde el ir a hundir la moral de un jugador que es de aquí y que lo entrega todo”. Primeras fricciones serias con los aficionados. Durante un Córdoba-Villarreal B (0-0), un sector de la afición silbó las acciones de Javi Flores, que no tenía un buen día. Salinas calificó esa actitud de forma dura y en cuestión de horas los foros echaban humo. El término “miserable” entró de modo inmediato en los cánticos del estadio.

 17 de noviembre de 2010

“La voz del club soy yo y soy ambicioso porque, que se miren las hemerotecas, he dicho que vamos a superar la clasificación del año pasado y en el presupuesto he metido el primer partido de play off. Ese es el objetivo del club, que no es otro que estar en la franja de estar entre los que luchen por el ascenso”. En la asamblea general se empiezan a conocer los dramáticos datos económicos. La única vía del club para generar ingresos es la prosperidad deportiva y los resultados no terminan de ilusionar. Los fichajes estelares del curso languidecen en el banquillo.

22 de noviembre de 2010

“Los objetivos se ganan domingo a domingo, no se ganan porque los diga el presidente”. Con los puestos altos cada vez más lejos y una sensación de frustración creciente, el cordobesismo pide cuentas. Salinas no marca los goles.

14 de diciembre de 2010

“La operación es de alto riesgo para Alessandro Gaucci, porque en el Córdoba no hay nada que pueda llevarse. Sólo falta que venga mañana (por hoy) o el jueves (por mañana) a Córdoba. La documentación ya está lista”. El club anuncia oficialmente un acuerdo, después de semanas de negociación a la vista del público, con el grupo Augusta Business Capital, liderado por el italiano Alessandro Gaucci con financiación de Nino Pulvirenti, dueño del Catania. En apenas unas horas, el mecenas italiano se desmarca de la operación y ésta se frustra.

11 de enero de 2011

“Por fin hemos cumplido el objetivo fijado. Con la venta, la SAD consigue restablecer el equilibrio patrimonial y dotar al Córdoba CF de viabilidad económica en todos los compromisos de la temporada. Se inicia un proceso de futuro en cuanto a lo económico. Quisiera agradecer tanto a Prasa como al grupo Signum todas la facilidades ofrecidas para llevar a buen puerto esta negociación”. Anuncio oficial de la segunda venta del club, esta vez al empresario madrileño Víctor de Aldama. El nuevo dueño del club comparece en la sede de Prasa en una conferencia de prensa y plantea su proyecto.

19 de enero de 2011

“Sí, el señor De Aldama es el propietario del club según las escrituras, pero en el documento también se lee un pequeño detalle: hay que pagar. Y eso aún no lo ha hecho”. Apenas una semana después de anunciar la venta, Aldama no aparece por Córdoba ni tampoco el dinero prometido. La propiedad, después de una moratoria, dedice dar por roto el acuerdo y anuncia que seguirá al frente.

14 de mayo de 2011

“Esto no es una directiva, sino un consejo. Ojalá los que gritan pudieran hacerse cargo de las acciones y perdieran el dinero en lugar de Prasa. No es cuestión de directiva. Si nosotros fuéramos una directiva, las decisiones serían muy diferentes. Yo respeto todo lo que digan, salvo que sea un insulto. La afición tiene que expresarse como le apetezca. El fútbol es así”. Después de una humillante derrota por 5-1 en Valladolid, el Córdoba comparece en El Arcángel para vencer por 5-1 a un descendido Albacete. Pese a la goleada, el público recriminó a los jugadores y a los rectores con gritos de “¡Directiva, dimisión!”.

6 de junio de 2011

“Los acontecimientos no han salido así, pero la frustración de nuestra afición va mucho más por no haber estado en ese escenario del play off que por haber temido por el descenso”. Una visión positiva del desenlace de la temporada. Entiende la frustración del cordobesismo, pero valora el papel global.

6 de junio de 2011

“El Betis, con mucho mayor nivel de desconcierto, intervenido judicialmente, cambiando y echando a los anteriores propietarios y con concurso de acreedores ha sido campeón de liga. Y el Rayo Vallecano, con el pequeño detalle de no haber cobrado la ficha del año pasado y sin cobrar este, ha quedado segundo y se va a Primera. Todas esas cosas distraen, pero la capacidad de aguantar la presión también mide la calidad de los profesionales. Hay quien es capaz de aguantar mejor la presión que otros”. Una postrera puya a los jugadores, un gremio con el que no tuvo una relación precisamente fluida. Los retrasos en los pagos y el incidente de la careta (el segundo entrenador, Pierini, salió cubriéndose el rostro con una foto del presidente para una foto oficial ante la ausencia del mandatario) no ayudaron a atar lazos.

6 de junio de 2011

“Mi gestión será bien evaluada por la historia”. Una despedida y un sueño. La última.

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La careta de Salinas

Francisco Merino | 20 de abril de 2011 a las 19:12

Que el Córdoba tiende de modo natural hacia el despropósito es un hecho comprobable en episodios como el de ayer. Lo que ocurrió durante la toma de la foto oficial de la plantilla fue una pantomima que, francamente, no hay por dónde agarrarla. El presidente José Miguel Salinas, al que se esperaba para el típico posado con los trajes del club, no se presentó en El Arcángel. Sus razones tendrá y, si le apetece, las explicará en público o en privado a quien tenga que hacerlo. No es ése el caso. “Es posible que esté buscando dinero para poder pagarles”, contaban ayer desde los despachos nobles de la entidad, donde no sentó demasiado bien la bromita de Alessandro Pierini.

Foto oficial de la plantilla del Cordoba C.F. con los trajes oficiales de Miguel PerisEl italiano, segundo de Lucas Alcaraz, apareció en el césped con una careta de Salinas y, ante las carcajadas generales, posó ante los fotógrafos saludando a jugadores y colocándose en medio de la formación delante de las cámaras. Los representantes de la firma Miguel Peris, que suministra los trajes para los profesionales del club, no sabían a dónde mirar. El italiano, una figura emblemática para el cordobesismo (ha sido varios años jugador y capitán del equipo, con el que vivió un descenso y un ascenso), se transformó ante la sorpresa general en un actor cómico de primer orden, a tenor del nivel de los aplausos y risotadas del personal. La bufonada, que se produce en medio de un panorama duro por los contínuos retrasos en el pago de las nóminas, adquiere un tinte tragicómico.

Foto oficial de la plantilla del Cordoba C.F. con los trajes oficiales de Miguel Peris¿Una improvisación? ¿Una estrategia? Quién sabe. La cuestión es que el papelito fue de los que hacen época. En el Córdoba, definitivamente, nunca se ha visto lo suficiente como para decir que se ha visto demasiado. El gag duró unos minutos, los suficientes para dejar claro el sentir de los profesionales hacia la figura de su presidente. Recordemos: era el día de la foto oficial y allí estaban todos los miembros del plantel y el cuadro técnico, además de una representación del periodismo local convocado al efecto y de los propios medios oficiales del club. Si en un escenario así el máximo rector del club fue objeto de mofa, no quiere uno ni pensar qué retrato pueden hacer de él en la intimidad de un vestuario o en otras estancias del bendito Arcángel, un recinto que siempre se las apaña para ser la casa de los líos.

Fotos: Álvaro Carmona.

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