Cheques psicológicos

Magdalena Trillo | 3 de mayo de 2009 a las 10:52

EL drama del paro lo sufren los desempleados, pero también quienes ‘resisten’ en sus puestos con el doble de trabajo y el salario congelado y aguardando temerosos a que un burofax o una intempestiva llamada de teléfono les sitúe al otro lado del cristal.

En la manifestación del 1 de mayo de este año, miles de granadinos han salido a las calles bajo el eslogan “frente a la crisis: empleo, inversión pública y protección social”. Está claro que ni el hambre da tregua (basta echar un vistazo a los periódicos y rastrear las continuas noticias sobre robos famélicos) ni los bancos te perdonan el pago de la hipoteca (que se lo digan al parado de Casería de Montijo que ha permanecido 23 días en ayuno sin que haya logrado ‘salvar’ su casa) ni abundan los anuncios por palabras que solucionarían la vida a las familias que ya se ven sin prestación y con todos sus miembros apuntados en las listas del INEM.

Pero nos olvidamos de la otra cara de la crisis, la que golpea calladamente. ¿Ansiedad? ¿Depresión? Es esa otra crisis que desanima y ‘bloquea’ a quienes prosiguen su vida sin mayores altibajos y que llena de ‘desesperados’ los divanes de los psicólogos. La crisis del miedo a lo que pueda pasar…

Lo saben los franceses y empiezan a saberlo las instituciones y empresas españolas. En el país vecino acaban de poner en marcha el llamado cheque-psicológico. Después del cheque-restaurante y del cheque-vacaciones, los empresarios franceses han decidido ‘premiar’ a sus trabajadores unos bonos para que puedan pagar al psiquiatra. Y parece que funciona.

En Granada, el Ayuntamiento va a obligar a todos los cargos directivos a que reciban un curso específico sobre riesgos psicosociales en el trabajo. El objetivo, como anunciaba esta semana el concejal de Personal, no es otro que conseguir que los altos funcionarios eviten las bajas laborales. Un plan de choque contra las ‘contagiosas’ depresiones. ¿Riesgos emergentes? Riesgos en todo caso capaces de echar abajo la estabilidad de cualquier empresa. Y es que, si hay una enfermedad poco controlable, esa es la del espíritu. La del alma. Tan contradictoria como imprevisible.

Frente a la crisis real, la del estómago, la del parado de la zona norte, está la subjetiva. En este grupo podríamos incluir, por ejemplo, el caso de El Güejareño. Ayuna porque no lo incluyen en el cartel taurino del Corpus. Porque el empresario no ha cumplido su palabra. Huelga de hambre por dignidad.

Y luego están los ‘Albert Casals’. .. Este chaval catalán rompe los esquemas de la crisis, de la real y de la psicológica. Un tratamiento de leucemia le salvó la vida pero le dejó sin movilidad. Hoy, sin un euro en el bolsillo, ya se ha recorrido más de 30 países en silla de ruedas y ha publicado un libro en el que relata su periplo: El mundo sobre ruedas. En su rostro, más que el llamativo pelo verdiazul, destaca su sonrisa. Imperturbable. Sincera. Le escuchas confesar que todo lo hace para ser feliz. ¡Asegura que es feliz! Y contagia…

Lo peor es que te hace pensar qué haces tú con tus crisis, y el parado de Casería de Montijo con su ayuno, y El Güejareño con su huelga de honestidad… El mundo siempre ha sido, y siempre será, de los valientes. Hasta los gorriones que sobreviven lanzándose por una pizca de pan en los chiringuitos de la playa lo saben.

  • Ignacio

    una explicación de la crisis…, negro panorama