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In memoriam

Magdalena Trillo | 14 de septiembre de 2010 a las 18:17

“Cuando pinto me siento como un combatiente de la resistencia buscando libertad ”. “En un plano simbólico, incluso espiritual, el arco o el óvulo significa refugio, promesa de protección, amparo”.  El “combatiente” es José Guerrero. Con estas palabras describió en 1972 uno de los lienzos de su serie Solitarios. Quien habla de su búsqueda de “amparo” y “protección” es María Dolores Jiménez Blanco. Ilustra con esta reflexión la fascinación del pintor granadino por las líneas paralelas de las cerillas. Por el orden y el ritmo. Persiguiendo, atrapando, los rayos de luz que llevan de la oscuridad a la claridad.

El legado de José Guerrero saldrá de Granada esta semana. Solitario y desamparado. Con el silencio cómplice de todas las administraciones. En dos días se ha zanjado una negociación de tres años. Una rueda de prensa y un ultimátum han sido suficientes. Izquierda Unida ya tiene una página con la que engrosar la historia de despropósitos de esta ciudad y con la que culminar su paso por el gobierno de la Diputación: el certificado de defunción del Centro Guerrero (13 de junio de 2000-15 de septiembre de 2010).

Ha hecho el trabajo sucio. María Asunción Pérez Cotarelo compareció ante los medios con cara de víctima. “La Diputación no puede ceder más”, sentenció. En frente, ya saben, unos artistas elitistas e intransigentes. “La aristocracia”, evitó decir. Pero por principios, esos que ya nadie traiciona, debió haber presentado su dimisión.

Juan Vida pedía hace unos días“explicaciones”. Se preguntaba por las posturas de unos y otros. ¿Dinero, reparto de poder, representatividad? Planteaba si la letra del contrato era demasiado pequeña… No hay acuerdo cuando no hay voluntad. Esta ha sido la historia de un matrimonio en decadencia. Primero fueron los roces y las desavenencias, luego llegó la incomprensión y ahora estamos asistiendo a la ruptura. No hay más caminos.

Y es honesto, hasta legítimo, terminar lo que se ha quebrado. Lo dicen los propios herederos cuando reconocen que la posibilidad de acuerdo queda “de momento” excluida, aunque dejan la puerta abierta (no a esta Diputación, pero sí a otras instituciones) para que el legado del pintor permanezca en Granada.

Por eso tenemos que seguir pidiendo explicaciones. ¿Dónde están los garantes de la cultura y el patrimonio? Los que pueden (deben) intervenir y mediar. ¿Dejaría la Junta que Málaga perdiera el legado de Picasso? ¿Permitiría la Generalitat que Barcelona se quedara sin la obra de Tàpies? ¿Se imaginan qué ocurriría en Euskadi si salieran la esculturas de Chillida?

Al día siguiente de conocer la respuesta de la familia al escrito de la Diputación (¿es posible otra respuesta a un ultimátum?), cogí el autobús para despedirme de Guerrero. Tardé cinco minutos en llegar. No tuve que hacer colas ni pagar entrada porque ‘celebramos’ su décimo aniversario. Me deslicé por los fondos de su color puro, me llené de energía con sus ‘penitentes’, me dejé perder por los enormes campos de azules, negros y amarillos. La apoteosis del color de José Guerrero… Compré varios libros y los traje a casa pensando que, seguramente, la próxima vez que quiera ver un Guerrero tenga que montarme en un avión y hacer miles de kilómetros.

A pesar de la miopía de algunos, el Centro Guerrero se había convertido en uno de los museos de arte contemporáneo con más prestigio del panorama nacional. Ahora tocará empezar de cero. Y no nos equivoquemos, el Centro Guerrero es la obra de Guerrero, su legado, la gestión que se ha llevado a cabo en la última década. El Centro Guerrero no es el edificio de la calle Oficios. El edificio es un (magnífico) continente que llenar de arte o sumir en la mediocridad.

Pero en Granada no pasa nada. Hoy iremos todos a Fray Leopoldo y celebraremos sus milagros en una ciudad que se muere de granadinismo.


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