La hora de los valientes

Magdalena Trillo | 12 de junio de 2011 a las 11:04

Todo es susceptible de empeorar. Los socialistas sufrieron el 22 de mayo en Granada la derrota más severa de la democracia. La prueba de que esta aseveración no es exagerada la vivimos ayer. El PSOE se ha quedado fuera de los grandes pactos de gobierno en la provincia. Perdió por mayoría absoluta la capital, Motril y Guadix, tendrá que hacer mudanza después de treinta años en la Diputación y se ha dejado ‘quitar’ Loja, Almuñécar y Armilla. Se han quedado al margen. Marginados. Es pronto para saber si los socialistas se excedieron de soberbia o si no había nada que hacer ante el dominio que tienen los ‘populares’ de los tiempos y modos de la conspiración.

Hay una realidad: la marca PSOE está en decadencia y el viento sopla a favor del PP. Los independientes huyen del Titanic, UPyD irrumpe sin deber nada a nadie y hasta Izquierda Unida se desmarca de los antiguos ‘compañeros’ para evitar que la ola los arrastre al naufragio. Aunque signifique desoír la consigna nacional. Total, política de izquierdas no está haciendo el PSOE. ¿A quién se traiciona? ¿Al FMI? ¿A los mercados internacionales? ¿A Angela Merkel?

El teléfono de Sebastián Pérez echaba humo. De felicitaciones. Javier Arenas, eufórico. No se lo esperaban ni ellos. La enorme victoria. Me lo confesaba justo al terminar el acto de constitución de la nueva corporación municipal en la capital. Hace unos días era imposible hablar con él. No dejaba de comunicar, por los pactos. Ayer, por la celebración del triunfo. A partir de mañana, por los relevos. Hay muchas cajas con la foto de los niños boca abajo listas para el embalaje y otras muchas pendientes colocar.

Que “Granada nunca falla” lo dice Arenas siempre que viene. Ayer fue verdad. Si analizamos el nuevo reparto de poder provincial, tendríamos que concederle al PSOE de la capital casi un triunfo. Paco Cuenca, Chema Rueda y su equipo han mantenido el tipo. ¡Sólo han perdido un edil en una provincia teñida de azul!

Transparencia, eficacia, diálogo, austeridad. Unos lo exigen; otros lo ofrecen. Salvo un momento de reproche por los “ataques personales injustificados” al candidato socialista y otro de sonora tensión por las denuncias de las trituradoras de la Diputación destruyendo a todo gas “facturas y papeles oficiales”, hay tres mensajes del agitado acto que ayer se vivió en la Plaza del Carmen que, seguramente, se repitieron en los cientos de ayuntamientos andaluces.

El primero, que tendremos que apretarnos más el cinturón. Mucho más. Lo advirtió García Montero como nuevo portavoz del equipo de Gobierno del PP. Con o sin agenda oculta, llevaba razón el alcalde cuando decía que “es más necesario que nunca” que se apruebe el Pacto Local y se culmine la transferencia de competencias a los municipios con su “correspondiente financiación”. Será fundamental para el día a día; para el control de déficit, el pago a los proveedores y las promesas de rebaja de impuestos. Para los grandes proyectos, Torres Hurtado se encomienda a Griñán. Todos pasan por la Junta: los accesos mecánicos a la Alhambra, el Cierre del Anillo, el nuevo recinto ferial, el Banco de España como Museo de la Ciudad… Mañana mismo le pedirá al presidente andaluz, una vez más, que lo reciba. Si no, tendrá que esperar que llegue Arenas. Tal vez en marzo; responderá…

El segundo mensaje del día fue que la “democracia real” se vivió arriba, con los 27 concejales elegidos libremente por los ciudadanos, y no abajo, en la plaza, con los gritos e insultos de quienes se arrogan la voz del pueblo. El supuesto 15M no deja de perder apoyo, respeto y legitimidad: ¿“Alcalde cabrón”?

El tercer mensaje es una ilusión. Que se gobierne con responsabilidad. Que no se hagan cazas de brujas. Que no se ejerza el poder a golpe de auditorías mirando al pasado. Que se trabaje por el futuro. Por hacernos, a todos, la vida un poco mejor. Es la hora de Granada. Es la hora de los valientes. No de las revanchas.

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