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Principio de intransigencia

Magdalena Trillo | 14 de agosto de 2011 a las 10:01

César Molina se hizo artista por casualidad. Un día se acercó con un amigo a una chatarrería y comprendió que aquellas montañas de piezas metálicas debían ser el principio de todo. El desvirgamiento, un cuadro con unas bragas de su madre metidas en una escayola, fue un aviso previo que, unos años antes, no supo escuchar. El azar, y las letras torcidas de la vida, tumbaron sus sueños de ser futbolista y le desvelaron el camino para convertirse en creador. En artista del reciclaje. No es Chillida, pero su obra empieza a cotizar y a hacerse un hueco en Lisboa, Roma o Lyon. No es un artesano; no es un fabricante de granadas gigantes para colocar en las rotondas de la ciudad.

Esta semana ha vuelto al desguace. Allí reposan los restos de su obra Principio de incertidumbre junto a radiadores desvencijados y kilos de hierro y acero. El Ayuntamiento de Albolote ha aprovechado la tranquilidad de agosto para deshacerse de la obra que hasta hace unos días daba la bienvenida al municipio uniendo el polígono con el pueblo. La encargó en 2006 el anterior equipo de gobierno (PSOE) con un presupuesto de 70.000 euros. El PP ganó las elecciones al año siguiente y el proyecto quedó paralizado. Con la mayoría absoluta que logró en mayo ya no había ningún futuro que consensuar. La obra, a la basura. De forma arbitraria y unilateral. Sin comunicárselo al autor. Sin explicaciones públicas. Poder absoluto corrompido absolutamente. ¿Política, estética, ignorancia, incultura?

Recurro a un amigo experto en creación contemporánea y me recuerda cuando Duchamp colocó un retrete en medio de una exposición para fijar la mirada intelectual del arte sobre una pieza cotidiana: “Le robó la cotidianeidad y la convirtió en obra de arte porque expresó un debate intelectual: el de su propia significación. ¿Qué es el arte? Lionello Venturi le respondió que arte es todo aquello que los historiadores o los críticos dicen que es arte… Y, cuando reprodujo la Gioconda doce veces y la tituló 12, mejor que una, debatía también sobre arte y la pieza única”.

No tarda ni medio minuto en conectar la “salvajada” de Albolote con la famosa exposición Entartete Kunst de Goebbels. Arte degenerado hacía referencia a la creación moderna prohibida por los nazis y menospreciada por “no alemana”. Sancionaban a los artistas, les prohibían exhibir y vender su obra y terminaron por reunirla en una colectiva que itineró por Alemania y Austria ridiculizando a quienes se alejaban de lo tradicional y no exaltaban los valores de la sangre y la tierra.

Desde luego, la pieza de César Molina que ahora yace en el desguace nada tiene que ver con el “arte heroico”, la raza, el militarismo ni la tradición. Puede gustar más o menos, pero es difícil contradecir a quienes tildan la actuación municipal de “fascista” –¿alguien puede justificar que una institución democrática destruya arte?– y a quienes recuerdan que este PP que ha tirado a la chatarra la escultura es el mismo que se enfrenta a una ciudad para defender el valor de una estatua que rinde homenaje a Primo de Rivera.

Pienso en la impotencia del artista de Albolote. Aparte de exigir una indemnización, le propondría que volviera a la chatarrería. Que recogiera las piezas ultrajadas, una a una, como quien recompone las quebradizas hojas de un ramillete de flores secas del cementerio, y que volviera a crear. Ahora la llamaría Principio de intransigencia. Esa misma intransigencia que alimenta las actitudes fascistas y da alas, como la estatua de Bibataubín, al radicalismo. Lo pensaba esta semana leyendo los comentarios en la Red a la noticia falsa sobre Marruecos y la Alhambra. Rabat no exige la mitad de los ingresos del monumento nazarí pero a muchos les gustaría… No es casualidad que la última encuesta sobre inmigración advierta que ya más de la mitad los andaluces piensa que es “negativa, innecesaria y excesiva” y no es casualidad que sean los magrebíes uno de los colectivos que más “desconfianza” generan. Muchos borrarían nuestro pasado de mestizaje del mismo modo que borrarían la memoria histórica. Intransigencia. Sin principio; sin final.


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