Mesas y garajes

Magdalena Trillo | 8 de enero de 2012 a las 1:17

No es un artículo costumbrista; aunque podría… Los funcionarios son unos vagos, en los hospitales se dedican a robar medicinas, en los colegios se tiran medio año de vacaciones y, entre los cinco millones de parados, más de uno se añade ceros de extranjis a la prestación y demasiados presumen de rechazar un empleo apostados en la barra del bar, jugando al dominó y comiendo de papá Estado; o sea, de usted y de mí. No es una parodia; aunque podría… Cayetano es un señor impresentable, como Durán i Lleida, pero ambos llevan razón cuando dicen que en Andalucía no tenemos ambición, cuando denuncian los efectos narcotizantes de la política de la subvención y cuando atacan a los rehenes de las paguillas. No son cuentos; son historias de Navidad… La abuela que se indigna porque la gente del pueblo no quiere trabajar en la aceituna (si no es por los rumanos se queda en el árbol), la cuñada que fue testigo del chantaje de un tipo a su jefe para que no lo sacara del paro, el vecino que tuvo que arreglar en negro la calefacción, la sobrina que practica ya lo del minijob (en el sueldo, no en las horas) sirviendo copas en un pub.

Todo esto se dice alrededor de una mesa. No veo detrás a Almodóvar, pero sí a Azcona. Mesas azules de resignación y de culpabilidad por los excesos del pasado. Mesas de conformismo ante los dolorosos pero “inevitables” tijeretazos del gabinete Rajoy. Mesas de estoicismo ante los capítulos dos, tres, cuatro… del docudrama que nos anuncian para 2012. ¿Usted no vivió por encima de sus posibilidades? ¿Usted no votó al PP para redimir sus pecados rascándose el bolsillo?

Será de mala educación hablar de política en las reuniones familiares, pero poco resulta ya tan barato como el pataleo. En España, nos lo recordaba el dueño de Abades en una entrevista explicando el éxito de su negocio, todo se hace en torno a una mesa. Comer, beber, celebrar, discutir, cerrar un buen trato, perder la casa jugando al monte y hasta arreglar un país. Alrededor de una mesa, los ministros de Rajoy han aprobado el mayor recorte de la historia (empezamos con una primera tacada de 8.900 millones y llegaremos a los 36.000) y se disponen a saciar a Europa (ahora sí) cueste lo que cueste… Sobre una mesa, Iñaki Urdangarín y su socio Diego Torres han escrito un verdadero manual de cómo ser millonario sin aflojarse la corbata… ¡696.000 euros cobraron al Villarreal por un estudio sobre esponsorización de 13 páginas! ¡A nueve millones de pesetas la hoja plagiada de internet! Y, frente a una mesa, ¿cuántos nos hemos privado de firmar aquellas golosas hipotecas-trampa con las que sobrecomprar la casa, amueblarla y escaparnos de crucero sin saber que tenemos un Jaguar en el garaje? Mesas de noble nogal,de mármol, de hierro forjado, dm, chapa o cartón. En las mesas se han escrito todos los capítulos de la historia (con mayúscula y con minúscula), se han urdido fraudes de libro y se ha calumniado y conspirado sin descanso.

Mesas en lujosos despachos y en mugrientos garajes. Leía esta semana que Google tiene un ‘garaje’ en Israel donde trabajan 250 ingenieros para mejorar Google+, Gmail, YouTube o digitalizar los Manuscritos del Mar Muerto. Lo hacen en su tiempo libre, en ese 20% que la empresa ofrece a cada empleado para que lo invierta en el proyecto que quiera. ¿Se lo imaginan? En lugar de escaquearse una hora para desayunar (y otra para adelantar la compra), ¡siguen trabajando! Tampoco pierden un mes al año chateando y navegando furtivamente como revelaba un estudio de Domeus que ya ha disparado todas las alarmas en las empresas; ¡innovan! Construyen nuestro futuro, crean para usted. Como han hecho durante siglos los grandes visionarios.

Pero la tentación del atajo fácil está ahí. Cercano. Cotidiano. Es una cuestión de esfuerzo y de valores. A lo Steve Jobs o a lo Francisco Camps… Bienvenido el plan del nuevo Gobierno contra el fraude, pero es sólo una gota en el mar; una pequeña esperanza para los que no van (o no quieren ir) de listos por la vida ni ser esclavos de la codicia. Usted elige.

  • Pedro Ruesca

    Un gran artículo, mezcla de cela, marquez y un poquito de indignación, debe ser como tu dices que “Somos así” y lo bueno o malo lo llevamos en nuestra naturaleza.
    En cuanto a la elección final “dificil respuesta”.