En las trincheras del 25-M

Magdalena Trillo | 18 de marzo de 2012 a las 9:35

HACE tres semanas, Rafael Escuredo era investido doctor Honoris Causa en la Universidad de Almería; este viernes, el ex presidente de la Junta de Andalucía se ponía el birrete electoral e irrumpía en campaña llamando “gilipollas” a los populares. Lo hacía con toda ‘solemnidad’, en un acto organizado por los socialistas para entregar las distinciones Clara Campoamor a mujeres que han destacado en la lucha por la igualdad. Sus palabras saltaron a Menéame y encendieron las redes sociales: “Algunos no lo saben, pero el PSOE va a ganar las próximas elecciones regionales (…) El problema es qué hay que cambiar. ¿Para qué? Ésa es la pregunta. Lo tienen escrito en el corazón, en el alma y en un programa que están esperando al 26: desmantelamiento del estado de las autonomías y del Estado del bienestar (…) Son tan gilipollas que van ‘sobraos”.

A siete días de la votación, las encuestas internas que maneja el PSOE le dan cierto margen para el optimismo: el PP tiene prácticamente atada la mayoría absoluta pero a los socialistas sólo les falta un “empujón” para terminar de movilizar y reagrupar a los electores de izquierdas. La partida está completamente abierta. Y aquí el discurso de encefalograma plano de Griñán no funciona. Llega la caballería con el mensaje del miedo y, a la espera de que descabalguen junto a Rubalcaba los Guerra, Chaves o González, la arenga apocalíptica la ha empezado Escuredo: “Hace 30 años lo teníamos peor: paro, analfabetos, sin derechos de las mujeres, el Gobierno en contra; los andaluces y los socialistas nos cogimos de la mano y dijimos no pasarán”.

Ahora lo tendrán más difícil. El martes, la juez Alaya ha citado a declarar al chófer del ex director general de Empleo. El de las fiestas y la cocaína. Sus palabras acapararán las portadas de los periódicos y las tertulias. Puro morbo. Tal vez sea ese “pellizco” del que hablan los socialistas para desestabilizar la balanza, aunque lo hará a favor del PP o acrecentará aún más el hartazgo entre los ciudadanos y empujará a demasiados andaluces a no ir a votar.

Basta con bucear unos minutos en los duros y ofensivos vídeos que los dos grandes partidos están moviendo en Youtube. Las #mentirasdeGriñán compiten con las #mentirasdeArenas y, junto a los tropiezos y contradicciones de los dos candidatos, las imágenes más anacrónicas de sus carreras; desde aquel Griñán que fue ministro de Trabajo con Felipe González hasta ese Arenas señorito andaluz que se deja limpiar las botas y vende renovación cuando lleva 33 años en política.

Javier Arenas, quien no te conozca que te compre es especialmente agresivo: “Estuviste en contra de la autonomía de Andalucía, mentiste sobre el 11-M y la guerra de Iraq, eres empleado público sin hacer oposiciones, te has presentado a tres elecciones y has perdido…” Tan provocador como El 25 de marzo elige quien te defienda con un sumiso Arenas tragando en papilla todas las recetas de Rajoy: subida de impuestos, copago en la sanidad y la educación, paralización de la ley de dependencia, despidos mucho más baratos…

Y no menos sarcástico que la campaña ‘popular’ en torno a fraude y los intrusos en los expedientes de regulación de empleo con los “EREvisión”, la “EREcorrupción” y los “politongos” para descargar en el móvil recordando que 30 años de PSOE es suficiente. Desde los “30 años de socialismo, 30% de paro” al “Griñán, presidente del fondo de reptiles” pasando por la ‘inesperada’ ayuda de los propios socialistas con el eslogan difundido en Tuenti con un “elije” (¡sí, con jota!) que bien valdría un suspenso en cualquier curso de Primaria.

Si dejamos de lado la guerra de trincheras que se libra en las redes sociales, lo cierto es que estamos viviendo un angustioso, agónico e interminable epílogo del 20-N. No encuentro a un solo elector ilusionado. En aras del pragmatismo, se mantiene un discurso apático y de perfil bajo incapaz de infundir algo de optimismo y esperanza. ¿No queríamos unas elecciones independientes para hablar de Andalucía? ¿Tan ‘sobraos’ van todos que no importa si los ciudadanos no tienen ni un solo motivo positivo, sólo temores, para ir a votar?

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