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La política del cangrejo

Magdalena Trillo | 11 de noviembre de 2012 a las 10:20

Me contaba anoche un compañero del periódico una conversación de bar. Diez de la mañana. El café, la chapata y el periódico. En la portada, el lío del AVE. Un cordobés, que lleva una década visitando Granada por motivos de trabajo, había llegado a una conclusión: no es la malafollá lo que define a esta ciudad; es la inercia a la parálisis. “Un paso adelante y siete atrás”. Consulten las hemerotecas y compruébenlo. Imagino que los periodistas no hacemos bien nuestro trabajo cuando no somos capaces de frenar esa insufrible política de declaraciones que está convirtiendo el manido ‘todo es posible en Granada’ en una terrible profecía. Una distracción interesada cuando no hay dinero que invertir ni promesas que vender.

Torres Hurtado todavía vive de las rentas del primer mandato, aquel en el que aún tenía sentido crear una Gerencia de Urbanismo y la gestión de suelo permitía cierto lucimiento. Basta recurrir a la Wikipedia para darse cuenta de lo difícil que va a tener cerrar con brillantez su legado a esta ciudad: ya en el segundo tiempo tienen que recurrir a las obras del Metro (¡de la Junta!) para llenar de contenido su etapa de gobierno y, salvo que la economía dé un vuelco espectacular a partir de 2014, lo único que podrá gestionar estos años es miseria. Y facturas.

Lo confesaba Ana Pastor esta semana en Jaén cuando dio por “inaugurada” la “factura” de la A32 entre Ibros y Úbeda. Ese mismo día, en un encuentro privado con un grupo de periodistas, reconocía la titular de Fomento las estrecheces y malabarismos a los que están obligando los recortes y el control del déficit y advertía del limitado margen con que cuentan no ya para afrontar nuevos proyectos, sino para hacer frente a los comprometidos. En su caso no está ayudando ni la ‘herencia’ recibida (40.000 millones de obras sin pagar) ni la política estrella de las obras públicas: “todos de todo en todas partes”. Rompo el off the record pactado sólo para declarar que, pese al coste mediático y social, hace bien en actuar de “forma preventiva”, si no hay dinero no se pone en la foto ni da el titular, y en seguir dos máximas que deberían estar en el catecismo del político: no mentir y hacer lo que se dice.

Lo que debería preocupar de tal estrategia es la rotundidad con que se posicionó contra las obras faraónicas y los costosos “soterramientos”. Hablábamos del AVE y, a la espera de que los técnicos de Adif y del Ayuntamiento se pongan de acuerdo, me vine de la reunión con una certeza: si vemos llegar en este mandato un tren de alta velocidad a Andaluces, será en superficie. No especularé con operaciones urbanísticas ni me perderé en el laberinto de los argumentos técnicos, pero sí quiero sumarme a los empresarios para denunciar el “hartazgo” que produce esta nueva vuelta atrás. No sé si nos equivocamos antes o ahora, no sé si estábamos perdidos o nos perdemos ahora, pero la política que se impone es la del cangrejo: desandaremos años de trabajo y echaremos por tierra un buen puñado de millones. Cangrejos y más cangrejos. Caminando de lado o hacia atrás, pero nunca hacia adelante.

Esta semana ha sido la Alta Velocidad pero la próxima será un nuevo “imprevisto” en la A-7, la maldición del Centro Lorca, el bloqueo del Nevada e Ikea, la paralización de la Segunda Circunvalación o el freno de la no comenzada Darro-Iznalloz. Recurrentemente, nos distraeremos creando comisiones técnicas que a ningún sitio conducirán, volveremos a hacernos las mismas fotos firmando protocolos de intenciones que –sin dinero- no servirán para nada y nos diluiremos en el pozo de la chistera con ascensores a la Alhambra y funiculares a la Sierra.

En Una soledad demasiado ruidosa, el novelista checo Bohumil Hrabal nos cuenta la historia de Hanta. Lleva treinta y cinco años triturando libros y papel viejo, toneladas de sueños y de saber. El protagonista de esta fábula del amor y la soledad, de la creación y la destrucción, termina escogiendo su caída pero no sin antes iluminarnos por los senderos de Lao Tse, Nietzsche, Kant o Hegel. La cita del filósofo de Stuttgart se la dedico a Granada: “La única cosa aterradora es lo fosilizado, rígido y moribundo. En cambio, la única cosa satisfactoria es cuando un individuo, una sociedad, consigue rejuvenecerse en la lucha, conquistar su derecho a una nueva vida”. Los versos de Sandburg, a quien los quiera escuchar: “Del hombre, al final, apenas queda nada más que el fósforo suficiente para una caja de cerillas”. Su frase del Talmud me la guardo para mí: “Somos como aceitunas, cuando nos chafan sacamos nuestro mejor jugo”.


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